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El regalo perfecto para James — capítulo 1
Para ti... Loca... Un regalo de Navidad para ti, eres increíble, espero que te guste, mi primer James/Lily... Nerviosa pero contenta...
-¡Es la última vez que te lo digo Potter! -le espetó la pelirroja- ¡Deja de seguirme!
-Evans, yo no te seguía... Es pura casualidad que tu ibas caminando, yo iba detrás de ti y en la misma dirección -habló el pelinegro, pasándose los dedos por el desordenado cabello, mientras sonreía con ironía.
-Muy bien, entonces es hora de que vayas por otra dirección... -repuso la chica, y volvió darle la espalda.
-¿Qué ocurre, Evans? ¿Me tratas así después de que no me das regalo navideño?
La chica rodó los ojos, aún dando la espalda a los ojos avellana. Mientras intentaba no perder la cordura, ya de por sí hace unas semanas había tenido que ir a la enfermería por la orden de la Profesora McGonagall para recibir un tranquilizante... Varios alumnos ya la habían tachado de bipolar y todo por la culpa del "Mr.Morgana-Engreído-Arrogante-Y muy apuesto" de James Potter...
*¿Qué? ¿James Potter apuesto? ¿Que rayos te ocurre, Lilian Evans?*se preguntaba la chica abrumada, mientras esperaba que sus piernas reaccionaran para que pudiera abandonar aquel escenario.
-Evans... -repitió el Gryffindor- Espero...
-¿Esperas qué? -se volvió, enfrentándolo y mirando aquella sonrisa que la descolocaba, pero ante lo infantil y estúpida que se oyó la pregunta, la muchacha se sonrojó y agradeció a Merlín el tener un pretexto para subir su bufanda un poco... Lo suficiente para cubrir su pena, de todos modos hacía un frío que calaba hasta los huesos y la nieve le llegaba a los tobillos...
Hogwarts estaba cubierto por una gruesa capa de nieve...
-Mi regalo... ¿Qué más? -por primera vez su voz sonó un poco frustrada, y ese sentimiento se vio claramente en su semblante moreno.
-No tengo nada para regalarte Potter ¿De acuerdo? -insistió Evans, entornando los ojos y desafiándolo a decir algo- Yo no me molesto en comprar regalos a chicos idiotas y acosadores...
-Eso debió dolerme ¿no? -musitó el joven, con una sonrisa torcida.
-Sí, supongo que esa era mi intención... -dijo Lily, cruzándose de brazos.
-Pues no lo lograste -se burló James.
-¿No? Bueno entonces quizá deba probar mañana... -se dio media vuelta, con la barbilla en alto, aunque no pensaba irse del todo, pero...
-Evans... -una mano cálida (lo cual sorprendió a Lily, por el horrible frío que hacía) le detuvo por la muñeca.
-¡Suéltame! -chilló la pelirroja casi mecánicamente e intento zafarse del agarre del joven quien mantenía una sonrisa.
-¿Me tienes miedo, Evans? ¿No eres una Gryffindor, acaso? -preguntó James, sonriendo con burla.
-¡Por supuesto que lo soy idiota! Pero... ¡Suéltame que demonios! Pareces un... acosador...
-¿Qué, irlandesita? ¿Tienes algún problema conmigo?
¿Qué si tenía un problema? ¿Ella? ¿Con él? ¡Aplausos! ¡Que guay! ¡Adivino!
-¡Woa! ¡Todo un vidente, Potter! ¿Tener un problema contigo? -eliminó su falsa sonrisa y se zafó por fin de su agarre- ¡Por supuesto que lo tengo! -le espetó furiosa.
-¿Por qué? -como todo un león, el chico rápidamente se puso frente a la chica- ¿Qué rayos tienes conmigo?
-¿Tan difícil es? -la voz femenina sonó cansina y en el rostro de Lily, el morenoatisbó una mezcla defrustración, rencor y ¿nerviosismo? -Supongo que lo es para ti... No me hagas perder el tiempo...
-Evans... ¿Me lo dices a mí? Llevó dos años, pidiéndote una cita...
-¿Eso es perder el tiempo? -parpadeó levemente ofendida.
-No, bueno... -parecía que quería decir algo, pero al ver la mirada esmeralda se estremeció y prefirió callar.
-Vamos, dilo Potter, si para ti es una perdida de tiempo pedirme una cita, de acuerdo... He esperado que lo entiendas desde hace tanto tiempo... -suspiró, y giró su cabeza concentrándola en el frío paisaje, miró con falso interés una fría neblina se extendía alrededor del lago.
James la imitó y frunció el ceño al observar lo que mantenía la vista concentrada y esmeralda de Evans, el también estaba cansado de la situación... Y demasiado...
-Es necesario que me mires en estos momentos... -musitó el pelinegro.
-¿Cuál es la importancia de momentos como esté? -inquirió la pelirroja, volviéndose para mirarlo fijamente.
-Evans, de verdad que eres extraña... -soltó Potter.
La pelirroja (para grata y exasperante sorpresa del joven) no explotó, ni lo amenazó... Ni siquiera se molestó. Lo único que hizo fue parpadear repetidas veces y fruncir los labios... James arqueó una ceja preguntándose a que se debía esa actitud tan mansa e indiferente... ¡Evans no era así! ¡Vamos! Estamos hablando de la chica que fue capaz de arrojarle un caldero a la cabeza un día en la clase de pociones solo por que el se atrevió a decir que era sexy, de la chica que lo amenazó con golpearlo tan fuerte que no tendría descendencia si el volvía a espiarla mientras se duchaba, de la chica que.... Bueno, de acuerdo, de la chica con la que vivió desventuras de lo más variado... Pero que lo tenía loco desde hace dos años...
La miró de nuevo, ella ya no estaba ahí, si no a dos metros más allá debajo de un árbol, el bufó... ¿Qué clase de juego era ese? Siguió las pisadas de la chica, que se habían quedado en la nieve... Llegó frente a ella y arqueó ambas cejas con duda, era más que obvio que la chica planeaba hechizarlo o hacer algo que probablemente terminaría para siempre con su vida de casanova... Tragó saliva, esperando algún movimiento de la chica, un grito, un caldero volador... Algo...
Nada
Cinco minutos
¡Nada!
Diez minutos
¡¡Nada!!
Quince minutos
Na...
-¡Oye, Evans! ¿Que diablos tramas? -explotó, era raro de él, parecían haber intercambiado papeles, ella era siempre la que explotaba mientras él despreocupado usando un sencillo y práctico hechizo que leyó en el libro de Quejicus que acallaba los gritos de Evans... Trayendo a sus oídos unos suaves y adormecedores zumbidos...
-Tranquilo, Potter... -¡Rayos! Eso si que era extraño... ¡Esa es su frase! Y para ser sinceros, no lograba el objetivo que se pensaba... Tranquilizar...
-¿Cómo quieres que me tranquilicé? -continuó, asustado por su propia reacción... Ya parecía mujer...
-Solo quiero darte tu regalo, *James -*su rostro se iluminó con una chispa de júbilo y entonces...
James no supo que pasó, solo supo que lo llamó por su nombre, que se iba acercando que...
Unos labios como fuego se posaron sobre los suyos... Sus manos serpentearon la menuda cintura... Atraiéndola hacia él, los labios se mezclaron los carnosos y finos... La pasión reinó en el beso llevando a el moreno al séptimo cielo, su sueño, su sueño hecho realidad...
Y sintió como caía, caía...
-James... Cornamenta... James... Cornamenta...
-¡Evans! -saltó James, levantándose y dandole un golpe a Sirius quien estaba agachado frente a él..
-¡Oh, imbécil! -le espetó Sirius frotándose la frente.
-¡Evans! ¿Dónde está Evans? -decía James una y otra vez.
-¿Lily Evans? -se extraño Lupin, quién estaba sentado a su lado.- Lily está con Mary McDonald...
-¿A sí? Pero... Pero yo... ¿Qué es eso? -preguntó señalando un montón de regalos.
-De tus admiradoras... -rió Sirius- 249 en total, a mí me dieron 250... -rió mostrando una carta.
-O tal vez... Fue alrevés... -dijo Lupin arrebatandole la carta a Sirirus y tendiendosela a James.
James la cogió curioso, no contenía remitente en el pequeño sobre...
Querido James:
Te deseo una feliz navidad... Espero que todos los própositos para el próximo año se cumplan... Espero que pases unas buenas festividades... Ah, por cierto, nada de mencionar lo ocurrido entre nosotros... Espero que te haya gustado mi regalo...
P.D: No ha ocurrido nada entre nosotros... Yo seré Evans y tu serás Potter... ¡Feliz Navidad!
Lily Evans.
James sonrió mientras doblaba el pergamino y se lo metía al bolsillo.
-¿De quién era? -inquirió Sirius, comiendose una torta de melaza de uno de los regalos de su amigo.
-De una chica... Ya sabes...
Su amigo se encogió de hombros y continuó comiendo, pero James no iba dejar las cosas así...
-Algún día Evans... Algún día...
Espero que sea de tu agrado... Un gran beso, feliz Navidad y Próspero año...