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¿Quién dijo que amar es fácil? — capítulo 16
Capítulo 16
-Charlas y discusiones-
"Con nuestros ojos podemos ver todo, salvo a nosotros mismos"
*La música resonaba en el amplio local, el humo hacía casi imposible ver a las personas que se amontonaban, el olor a alcohol reinaba.*Era la típica noche en un boliche, una típica noche veraniega.
Pero dos chicos se destacaban de la multitud, en el medio de la pista bailando locamente y no muy bien.
Andrés y Agustina sonrieron ante las miradas incrédulas a su alrededor. Nada les importaba, solo eran ellos dos, la música y las ganas de divertirse.
Pocas eran las veces que la más grande de las mellizas Postaur perdía la cabeza pero definitivamente esa noche era uno de esos raros casos.
—¿Tomas? —preguntó Andrés tendiéndole un vaso con un espeso líquido rojo a la morocha que asintió efusivamente sin dejar de moverse—. Nunca te había vito así —comentó con una gran sonrisa.
Ella se encogió de hombros dando un trago a su bebida.
—Y no creas que vas a volver a verme —respondió, sonriendo.
Andrés soltó una gran carcajada divertido, estar con ella era genial. Se acercó y depositó un suave beso en los labios de la morocha que se sonrojó al instante.
—Te quiero —dijo en un susurro que se ahogo en el ruido de la fiesta.
La música comenzó a sonar más fuerte pero esta vez con una canción lenta.
Agustina cerró los ojos, escuchando, mientras el morocho la abrazaba por la cintura, se apegó a él aunque su cabeza estaba en otro lado.
<No se olvida, esos besos que me diste
No se olvidan>
*Respiró hondo, la canción la torturaba demasiado. Maldijo al DJ por ponerla, una vez que era feliz todo se había derrumbado y todo por él,**<>*pensó, escéptica.
Movió la cabeza negativamente, apretando su cuerpo con el de Andrés, pero no era lo mismo, porque él no era Sebastián y nunca lo sería.
Andrés sonrió, después de todo estaba con ella entre sus brazos, esa morocha que le había robado todos los suspiros. Se sentía tan bien tenerla así. Pero aun así algo estaba fuera de lugar, ese abrazo no transmitía todo lo que deseaba. La quería, no había dudas, pero… ¿Ralamente la amaba?, lo dudaba. Nada era como siempre soñó, nada era como quería, porque estar con ella no le transmitía todo lo que había pensado. Y eso tenía una única explicación, una explicación que él se negaba a aceptar.
La canción terminó y se separaron, parecía que la atmosfera que habían tenido hasta ese momento se había esfumado con una simple canción, con un simple recuerdo.
Agustina sonrió y comenzó a moverse nuevamente, él la siguió y de a poco las risas volvieron a invadirlos.
Pero algo estaba claro, se querían pero no se amaban.
Clara Postaur sonrió acercándose seductoramente hacia un castaño que permanecía sentado en la barra, con la mirada perdida.
—Hola —saludó tomando asiento a su lado, él sonrió.
—Hola —respondió dándole un beso en la mejilla.
Un incómodo silencio se cernió sobre ellos, roto solo por la música y las voces a su alrededor.
—¿Bailas? —preguntó Clara de repente, Gastón asintió tomándola de la mano.
Apenas pisaron la pista la canción cambió, como si todo fuera una jugada maestra del destino*"Tan solo tú"*comenzó a sonar y ellos a bailar. Se sentían tan bien así, abrazados, él con las manos rodeándole la cintura y ella su cuello.
Clara recostó la cabeza en el hombro de él mientras se dejaban llevar por la suave música, sonrió apenas recordando con nostalgia los días que estaban juntos, esos días que parecían tan lejanos, parte del pasado, como un precioso sueño.
Gastón acarició suavemente las pequeñas ondas que se formaban en las puntas de los negros cabellos de ella, jugando con estos entre sus manos, una sonrisa se formó en sus labios instantáneamente, sin que lo notara, tenerla así de cerca, con su perfume a rosas invadiendo cada parte de su ser, solo eso lo hacía feliz.
—Clari —susurró, depositando un suave beso entre sus cabellos, la aludida levantó la cabeza observándolo con sus bellos ojos verdes expectantes—. Terminó la canción —agregó con una sonrisa divertida, la morocha se sonrojó al instante apartándose de él que aún la agarraba por la cintura.
Soltó un suspiro y sonrió acercándose de vuelta al chico que la observaba, lo amaba y era hora de admitirlo.
Clara se mordió el labio inferior delicadamente tomando las manos del chico entre las suyas y volviendo a colocarlas alrededor de su cintura.
—Sos linda, Clari —susurró Gastón, pensando en voz alta, ella contuvo una pequeña risita mientras los cachetes del castaño se teñían de un rojo intenso.
—Te amo —murmuró Clara con los ojos cerrados, rozando sus labios con los de él que la miraba totalmente embelesado.
Sus respiraciones se entrecortaban, entrelazándose entre ellas, sus labios se rozaban delicadamente, pidiendo permiso para avanzar. Clara enredó sus manos en los cabellos castaños de él y lo atrajo hacia sí cerrando los ojos. Sus labios se encontraron como dos viejos amantes que vuelven a verse, jugando entre ellos, volviendo a caer en ese interminable juego.
Caminaba por entre la multitud apretujada, tratando de zafarse, buscando una salida, un lugar donde la música no retumbara sus oídos, donde el humo no lo estorbara y donde pudiera respirar tranquilamente.
Observó a su alrededor, buscando la salida, pero sus ojos se desviaron a una pareja que destacaba de la multitud, una pareja que él conocía muy bien. Sintió una punzada de dolor en el pecho cuando Andrés se inclinó para besar los labios de Agustina con dulzura, dejándolo estupefacto.
Corrió la mirada, asqueado, nunca se hubiera imaginado lo que esa simple visión desataría en su interior. Desde un principio siempre supo que las cosas con Melody nunca serían como con ella, pero necesitaba probar, necesitaba sacarse esa pequeña duda.
<No pretendo ser distinto**Metí la pata mas de una ves lo sé Pero yo nunca te olvidé Porque eres de esas cosas que Por más que pasa el tiempo no se olvidan>
Las palabras parecieron perforar sus oídos, esa música que hasta ese momento había pasado completamente desapercibida para él, parecía calarle hasta los huesos, como si él mismo estuviera pronunciando la letra.
Respiró hondo, tratando de borrar esas palabras, tratando de ignorar que se habían grabado a fuego vivo en su mente.
La puerta apareció ante sus ojos maravillosamente, en el momento más oportuno, quizás demasiado tarde, quizás justo a tiempo.
El aire chocó contra su piel deliciosamente, enfriando su cuerpo, dejándolo respirar con tranquilidad. Tomó asiento en un precario banco colocado junto a la puerta donde millones de nombres permanecían escritos. Apoyó la cabeza entre sus manos, masajeándose la frente, tratando de no pensar en lo que había visto, en lo que había oído, en lo que había sentido. Solo dejar que el aire puro invadiera sus pulmones borrándolo todo.
—¿Sebas? —llamó una voz a su lado, una voz que conocía, una voz que deseó fuera de ella aunque sabía no lo era—. ¿Qué haces acá? ¾insistió, acercándose a su lado.
Levantó la vista de a poco, sin realmente querer hacerlo, sabiendo lo que iba a ver pero sin querer verlo.
Sus ojos se toparon con unos chocolates que exigían respuestas, sonrió apenas, con toda la falsedad que era capaz de poseer.
—Salí a tomar un poco de aire —soltó, una mentira a medias. Bajó la mirada nuevamente, sin poder mantener la mirada, simplemente porque no era la de ella.
Melody lo escrutó con la mirada, sabía que mentía, lo había visto absolutamente todo, sabía lo que estaba pensando pero de alguna forma se negaba a aceptarlo. Tomó asiento a su lado, acariciando una de sus manos entre las suyas delicadamente, él no pareció inmutarse y eso le molestó. Se acercó más, hasta unir sus labios con los de él que le devolvió el beso a medias, y ella lo notó, porque ella notaba cada uno de los pequeños detalles siempre.
—¿Pasa algo? —preguntó frunciendo el entrecejo delicadamente, alejándose de él.
Sebastián comprendió su error, comprendió que ella se sentía rechazada, pero no podía hacer nada, no podía besarla con intensidad sin que la imagen de Agustina rondara por su mente como un fantasma.
Negó con la cabeza, clavando su mirada en el horizonte por el que pequeños rayos de sol amenazaban con asomarse, rompiendo la perfecta oscuridad de esa noche de verano.
—Cuando te decidas a decirme la verdad hablamos —soltó ella tajante, parándose de golpe.
Él la tomó de la mano y la acercó hacia sí, respiró profundamente y le dio un beso en los labios, un beso que no era ni sería nuca de la pelirroja.
Caminaban por la palaya con las manos entrelazadas, con la arena rozando sus descalzos pies, con pequeñas sonrisas dibujadas en sus rostros.
Él la tomó de la cintura atrayéndola hacia sí, depositó un suave beso entre sus negros cabellos que permanecían completamente enmarañados, la cubrió con sus brazos de manera protectora, dejándose invadir por ese aroma a flores silvestres que ella desprendía.
—Te amo —soltó aún con la cara entre los cabellos de ella.
Una sonrisa se formó en los labios de Emilia, sin importar cuantas veces se lo dijera no podía dejar de sonreír al escucharlo.
—Te amo —repitió acercando su cara a la de él que tomó la suya entre sus manos, atrayéndola hacia sí.
Sus labios jugaban entre ellos, dejándose explorar delicadamente, las lenguas se divertían luchando lentamente, ese beso eterno que parecía invadir cada parte de sus cuerpos.
Alex suspiró lentamente en cuanto sus labios estuvieron a unos centímetros de los de ella, acarició sus largos cabellos entre sus manos y cerró los ojos por unos segundos para luego respirar profundamente, tomó asiento en la arena y tanteó a su lado indicándole a ella que lo siguiera, Emilia lo hizo y tomó una de sus manos entre las de ella, jugando distraídamente con sus dedos.
—Hay una historia que quiero contarte —comenzó, clavando sus ojos azules en los marrones de ella—. Una historia que pasó hace algunos años —añadió con una débil sonrisa. Por más que quisiera negarlo lo cierto era que recordar lo sucedido todavía le resultaba doloroso.
—Soy toda oídos —dijo ella sonriéndole de lado a lado, con esa sonrisa que él tanto amaba.
Alex comenzó a relatar la historia, esa historia que había marcado su vida pero de la que muy pocos tenían conocimiento. Emilia lo escuchó encantada, sin poder evitar sorprenderse ante el relato, sin poder evitar reír al pensar en un Alex parecido a Sebastián y sin poder evitar enfurecer contra aquella chica que tanto daño le había echo.
—Es una maldita puta —soltó con enfado la morocha, clavando sus preciosos ojos chocolates en los azules de él.
—Lo sé —respondió Alex con una pequeña sonrisa y un leve encogimiento de hombros—. Pero eso ya no importa porque ahora te tengo a vos.
Emilia se mordió el labio inferior con ternura, acarició la mejilla de él con su mano y sonrió de lado acercándose más.
—Yo no te voy a lastimar —dijo a centímetros de sus labios, acariciándolos con las palabras.
—Y por eso te amo —concluyó Alex besando esos rosados labios que tanto amaba una vez más.
Hola
A decir verdad creo que este es de los capítulos que más me gusta, tiene como ese "toque" que me gusta...en fin...
Este es completamente nuevo, lo escribí hace poco y de ahora en más son todos nuevos.
¿Notaron el cambio?
Yo creo que se siente...
Besos,
Paz