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¡Es simple, estás soñando! — capítulo 1
Estaba caminando por los terrenos de Hogwarts, sintiéndome realmente animado por mi libertad. De solo imaginarme la cara que tendrían en este momento los inútiles del Ministerio, me dieron ganas de ponerme a reír como un loco. Sí. Yo, Sirius Black, quería reír. Eso era algo completamente nuevo, después de todos estos años.
Lo único que arruinaba mi pequeño momento de buen humor, era que me sentía desesperadamente cansado. Me dolían las patas, hacía mucho frío y tenía un hambre de los mil demonios…
¿Dónde diablos conseguía comida? No podría soportar tragarme una rata más…
Continué mis divagaciones sobre la comida que no tenía, mientras caminaba.
—Hola, amiguito—dijo una voz de pronto. Una voz inesperada que no imaginé escuchar. Alarmado, di un salto y comencé a mirar a todos lados, tratando de encontrar a la persona que me había hablado. Cuando conseguí tranquilizarme, y pude enfocar bien las cosas… la vi.
De haber estado en mi aspecto humano, seguramente me hubiera visto como un auténtico idiota viendo la luz después de haber estado encerrado por mucho tiempo en un lugar oscuro, el cual, de hecho, sí era mi caso.
La miré durante aproximadamente dos minutos y supe que por más que se parecía mucho a Evans, no era—no podía ser—, ella. Algunas diferencias eran claras, la primera era el cabello. Sus ojos—del mismo esmeralda—, eran los mismos, quizá un poco más grandes, pero eso no cambiaba que era una copia exacta de su madre.
¿Qué estaba haciendo aquí? No era natural que saliera del banquete de bienvenida—tenía entendido que aquella era la primera noche del curso, si mis cálculos no me fallaban— a dar unas vueltas, además de que ya estaba oscureciendo…
—No te asustes—me pidió ella, mientras se aceraba otra vez. No, ella no me daba miedo, sería gracioso que una chica así asustara a alguien. Sin embargo, no podía moverme. Sentía como si estuviera viendo un fantasma, como me sentí la primera vez que la vi a ella, junto con Harry, en aquella calle muggle…—Ven, no voy a lastimarte...
Sonreí para mis adentros en ese momento. Decidí que aunque no era seguro, me quedaría allí. Ella me observaba, parecía estar examinándome de una manera minuciosa y delicada.
— ¿Quieres algo de comida? —me preguntó, haciendo que mi cola comenzara a moverse en señal de aprobación. ¡Comida! Escuchar esa palabra era sinónimo de entrar en el paraíso…—Ten—me dio un bocadillo que yo reconocí como uno de esos que venden en el expreso de Hogwarts. Lo recibí agradecido, y luego decidí que sería mejor irme. Lo último que me faltaba era que alguien más me viera esa noche...
— ¡Eh! —la oí gritar, había algo en su tono de voz que me indicó que estaba molesta, sonreí de nuevo y no me detuve. — ¡Regresa aquí! — Había decidido ir a la Casa de los Gritos, así que me apresuré a entrar debajo del Sauce Boxeador.
El solo sentir el pequeño bocadillo en mi boca era como si de pronto estuviera en la gloria. Su sabor, tan poco parecido a la porquería de comida que servían en Azkaban… ¡Merlín, era maravilloso!
Entré a aquél lugar al que estaba tan acostumbrado, como si estuviera ingresando en mi propia casa. Caminé aún como perro con total libertad, hasta que escuché un ruido sordo procedente detrás de mí…
Me volví y lentamente regresé por donde había entrado. Por un momento creí que solo era mi imaginación, pero entonces, escuché un suspiro y unos pasos.
¿Qué diablos…? ¿Me había seguido hasta aquí? Aparentemente así era…
Esperé a que me adelantara, para poder seguirla desde atrás. No entendía por qué había entrado aquí… Estuvo un rato caminando por el lugar, hasta que llegó al vestíbulo que tenía los muebles hechos pedazos. Recordé cómo eran las transformaciones de Remus en aquél entonces, y me pregunté dónde estaría el único amigo vivo que me quedaba…
La vi subir las escaleras y entrar a la habitación que tenía la vieja cama que seguramente para este momento debía ser más polvo que otra cosa…
—Tonterías, Lily—la escuché decir, de pronto, sacándome de mis ensoñaciones— Te estás volviendo paranoica—se reclamó. ¿Estaría asustada? Entonces, ¿por qué había entrado aquí? Era ilógico…
—Perrito…—No entendía por qué había venido aquí a buscarme. Me puse detrás de ella, cuidando de no quedar completamente expuesto— ¿Estás aquí?
Hubiera sido gracioso si yo le hubiera contestado. ¿Qué le habría dicho? ¿«No, no estoy aquí, es solo tu imaginación»? Seguramente le daría un infarto si le dijera algo como eso…
Vi como decidía que sería mejor salir de aquí, y lo que pasó después, a penas si pude distinguirlo.
Seguramente quiso bajar corriendo las escaleras, o algo parecido, pero lo único que conseguiría sería que su cara quedara aplastada contra el suelo.
Sin detenerme a pensarlo, me apresuré a dónde estaba a punto de caerse, y tomé mi forma humana para poder sostenerla.
La tomé por la cintura, y ella se apoyó en mí para no caer.
—Maldición…—gruñí, dándome cuenta que había mandado al demonio mi seguridad personal en Hogwarts. En menos de tres horas ya tendría una docena de magos aquí…
Entonces, levanté la cabeza, y ella también lo hizo. Por un segundo, lo único que vi fueron un par de ojos esmeralda que reflejaban desconcierto, y luego pasaron de eso a reflejar miedo. En un momento estábamos tranquilos en total silencio, y en otro sentí como ella me empujaba para tomar fuerzas, y alejarse lo más posible de mí.
Aunque yo sabía que esa reacción era la más indicada y la más lógica, no pude evitar que me doliera en el momento en el que me miró con cara de susto.
A pesar de que ella ya estaba considerablemente alejada de mí, dentro de la habitación, yo no pude moverme durante unos minutos.
Pude comprobar que estaba examinándome de la misma manera en la que había examinando a mi «lado perruno» cuando lo había visto hace un rato.
Era extraño poder verla allí, frente a mí. Había crecido mucho. Recuerdo cómo era la última vez que la había visto, era tan solo una pequeña…
Pequeña. Esa palabra trajo a mi memora varios recuerdos… Que preferí dejar en el olvido por el momento. Noté que se asustó aún más cuando vio que yo la seguía observando. Estaba comenzando a preguntarme si en realidad Azkaban habría hecho una total desgracia de mi aspecto, cuando caí en cuenta de que la razón por la que me miraba con miedo era porque seguramente ya habían corrido la voz de que yo era un delincuente peligroso.
—No voy a hacerte daño…—le dije, y me sorprendí por cómo sonó mi voz. ¿Hace cuanto que no hablaba con nadie…?
Su expresión se transformó rápidamente. Creo que tomó eso como si yo le hubiera hecho una amenaza de muerte completamente abierta.
Me miró, y luego recorrió con la vista la habitación. Por un momento estuve seguro de que probablemente se podría a gritar…
—Nadie te escucharía por más ruido que hicieras—murmuré, previniéndola. Sería completamente inservible que se pusiera a gritar. En el castillo nadiealcanzaría a oírla— Estamos bastante alejados del castillo—señalé, dejando al aire mis pensamientos—, por lo que dudo mucho que alguien venga.
En ese momento ella soltó un bufido, que me hizo soltar una pequeña sonrisa, queno advirtió. En aquél instante, sentí algo parecido a diversión. Si me hubiera puesto a analizar la situación desde otro punto de vista, podría deducir que era patético y deprimente que me estuviera divirtiendo en una situación como esta, pero como mi mayor momento de diversión había sucedido hacía más de una década, no le presté atención a eso.
Pude ver que algo pasaba por su mente, yhacía que se pusiera más nerviosa de lo que seguramente ya estaba. Eso me exasperaba. No me gustaba que sintiera miedo de mí.
—No te asustes—le pedí, tratando de que mi voz no delatara que estaba contrariado—. Ya te dije que no pienso hacerte daño—Yo jamás la lastimaría. En ese momento, hice un movimiento brusco con mi brazo derecho, el cual, tenía lastimado. No me había fijado en eso, pero en aquél instante me dolió.
— ¿Está bien? —si no la hubiera visto mover los labios, jamás hubiera creído que ella me había preguntado eso. Estaba realmente sorprendido… Simplemente no podía creer que ella me estuviera preguntando eso. Nadie, nunca había dicho algo queriendo saber sobre mi estado, ya fuera físico o sentimental—que si éramos sinceros, en las dos opciones me encontraba patéticamente mal—, en los últimos doce años.
Moví inconscientemente la mano en la que aún sostenía el bocadillo que ella me había dado.
— ¿Dónde está el perro? —la escuché preguntar, haciendo que mi buen humor, el cual era casi inexistente ya, aumentara. Levanté la mano para dejar plenamente a la vista la deliciosa comida que aún no había tenido la felicidad de probar. Como si la aparición de la comida nos hubiera llamado a los dos, escuchéun sonido que me recordaba al que usualmente tenía el estómago de alguien cuando quería comer.
—Así que tú se lo diste…—comenté, tratando de no romper a reír. Supuse que si me dejaba que la risa se escapara demis labios, sonaría algo espeluznante que haría que ella se asustara más—. Debo agradecerte por alimentar a mi perro—seguí, diciendo eso con total sinceridad, para un segundo después mirarla con un gesto de disculpa—, y lamento no poder ofrecerte algo para calmar a tu estómago—hizo una mueca ante eso—, pero a menos que te gusten las ratas—suprimí una mueca de asco—, no hay nada que puedas comer.
Vi como abría los ojos, y como ella sí hacía ese mueca de asco que yo había conseguido reprimir. Bueno, no podía culparla. El solo recordar todo el tiempo de Azkaban y la basura que allí llamaban «el almuerzo» me daba nausea.
Hice un gran esfuerzo por no suspirar. ¡Qué irónica era la vida!
—Si va a matarme, ¿le molestaría hacerlo rápido? —murmuró ella, sacándome de mis pensamientos. Esa pregunta me molestó. Yo no iba a matarla. Yo era inocente de todo. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había dicho eso.
—No voy a matarte—mascullé, cansado de intentar hacer que otras personas creyeran en mí. Luego, me percaté de que estaba hablándome de usted, como si yo fuera un anciano venerable, no sé por qué, pensé en Dumbledore… —, y, por favor, deja de hablarme de usted—hice una mueca—, me haces sentir viejo.
— ¿Así que no vas a matarme? —preguntó ella, hablándome, por fin, como yo recordaba que las personas se dirigían a mí— Oh, bueno, esa es una buena noticia—La burla que había en sus palabras me hizo sonreír, era como si los dos fuéramos unos adolecentes discutiendo sobre un tema tonto e irrelevante—. Entonces tengo que suponer que si escapaste de Azkaban fue simplemente para cambiar un poco de aires, ¿no? —Por un momento sentí como si James estuviera frente amí, una versión femenina y aún más testaruda, burlándose de mis argumentos— Tendrás que disculparme, Black…
—Sirius—la interrumpí, recostándome sobre la pared. Que me llamara por mi apellido me recordaba a cuando su madre, o la profesora McGonagall me llamaban, usualmente para regañarme o reclamarme por mi comportamiento.
—Sirius—se corrigió, diciendo mi nombre despacio, mientras el sarcasmo regresaba a su voz—. Bueno, tendrás que disculparme, Sirius, pero se me hace muy difícil creerte…
En vez de molestarme, comencé a reírme entre dientes. Por más que mi vida era más monótona y deprimente que un cementerio, en aquél momento casi me sentía… bien.
—No voy a matarte—repetí, preguntándome cuántas veces tendría que decirlo— Ni tampoco voy a hacerte daño—puntualicé, cayendo en cuenta de lo mal que se había tornado mi situación. La vi, de manera suplicante. Si ella decía algo, lo más probable sería que me atraparan…, bueno, no que me atraparan, pero sí habrían más dementores y eso me fastidiaba —. Pero eso no quiere decir que el hecho de que salgas de aquí no vaya a causarme problemas—di un paso adelante, tratando de averiguar si ella estaba comprendiendo lo que le estaba pidiendo—. Eso quiere decir que tengo que pedirte que no comentes nada sobre mí—no pude más, solté un bufido de exasperación. ¡No entendía cómo era que yo le estaba preguntando eso! Ella saldría de este lugar, y luego iría corriendo a gritar por todos lados que yo estaba aquí.
Entonces, tuve una idea. ¡Ya sabía que hacer! ¡Le contaría todo! ¡Sí, eso era! ¡Así ella comprendería todo lo que yo había pasado! Quizá incluso podría ayudarme a cobrar venganza con la maldita rata que alguna vez consideré mi amigo…
—Ven—le pedí, señalando la puerta. Noté como ella me miraba con horror— ¡No voy a lastimarte! —Gruñí, contrariado— ¡Solo ven!
Ella me siguió, nerviosa. Los dos bajamos las escaleras y llegamos al túnel.
— ¿Me prestas tu varita? —le pregunté, mirándola,mientras trataba de sonar persuasivo.
Me miró como si le hubiera pedido que saltara de un acantilado de más de cincuenta metros. Pero luego soltó un suspiro, y se encogió de hombros.
—Claro, toma—me tendió el pequeño trozo de madera y yo sentí como si algo se hubiera encendido dentro de mí. Una varita… Ah, me sentía estupendo.
—Gracias—murmuré, sintiéndome como el rey del mundo— Ahora, perdóname—sentí la necesidad de disculparme por lo que iba a hacer—. ¡Petrificus totalus!
Se quedó tiesa en ese momento. Sus ojos se abrieron mucho y me miró sorprendida y enfadada a la vez.
Bueno, era más seguro así. Entre más tranquila estuviera, mejor…
La tomé en brazos, tratando de encontrar una manera de que los dos estuviéramos cómodos. Estaba recta como una tabla. No pesaba nada, y eso era una ventaja. Así, salimos los dos, y nos internamos en el bosque prohibido. Solonecesitaba llegar a los límites del colegio y sería libre de aparecerme.
Por fin, llegué a un lugar donde ya no había impedimento para salir. La sujeté con fuerza, lo último que necesitaba era que se cayera…
Sentí esa desagradable opresión que uno siente en el momento que utiliza la aparición, y entonces, tan rápido como todo había comenzado, estuve plantado en tierra firme.
Había una especie de bar a unas cuantas calles. Como era de noche, no habría casi nadie. Decidí entrar en aquél lugar, que era el único iluminado a distancia.
Como me había imaginado, era un lugar con muy poca gente, y la mayoría bebía felizmente sin prestarme la mínima atención.
— ¿Puedo usar esa mesa? —le pregunté al hombre que se encontraba detrás de la barra,mientras señalaba una destartalada mesa de madera que tenía dos sillas.
— ¿Tú no eres el tipo que salió en el noticiero? —me cuestionó, después de mirarme porun segundo, para luego posar su vista en mi joven acompañante.
—Sí—confirmé—. Y ella—señalé a la Pequeña— es mi… amiga—me acerqué un poco más a él, y bajé la voz— está algo… enferma, así que no suele hablar mucho por algunos periodos de tiempo—luego me di cuenta de que la chica ni siquiera pestañeaba—. De hecho, hay veces en las que se queda completamente quieta sin hacer nada—añadí.
—Ah, bueno—aceptó el señor—, pasen a sentarse—nos sonrió con amabilidad—. ¿Qué les sirvo de beber?
Antes de pedir algo, me di cuenta de que no traía dinero muggle, y estaba seguro de que mi aún paralizada acompañante tampoco.
Bueno, después de todo yo era un fugitivo, así que el que no tuviera dinero no importaba mucho…
— ¿Puede darme… —No tenía ni la menor idea de qué servían en los bares muggles— dos cervezas?
Me las arreglé para sentar a mini Evans en una silla y luego me senté frente a ella. Me miraba aún enojada. Seguramente me armaría un lío en el momento en el que pudiera moverse…
El muggle nos trajo las bebidas, y después de mirarme de una manera para nada discreta, se volteó y regresó a hacer sus cosas.
Imaginé que las cervezas muggles eran iguales a las cervezas de mantequilla. Estaba muy equivocado. En cuanto probé un sorbo sentí un sabor completamente destino al que estaba acostumbrado.
— ¿Puedo saber por qué me trajiste aquí?
Levanté la vista, y me encontré con que la Pequeña—había comenzado a llamarla así en mi mente—, me miraba fijamente, frunciendo los labios en espera de una explicación.
Me encogí de hombros, para luego sonreír ante su rostro contrariado.
—Pensé que sería más fácil contarte la historia aquí—confesé—. Si te lo decía en Hogwarts probablemente hubieras salido corriendo y gritando como una desesperada…—sacudí ligeramente la cabeza, sabiendo que Evans habría hecho eso exactamente—. Te pareces mucho a tus padres—comenté, haciendo que ella me mirara sorprenda—. Tú y Harry—sentí un nudo en la garganta al acordarme de mi ahijado. Me hubiera gustado tanto verlo…—, me recuerdan mucho a ellos…
En ese momento, como si una chispa se hubiera encendido dentro de mí, comencé a contarle todo como si mi vida dependiera de eso. Le dije lo mucho que sentía que ella y Harry hubieran estado sin sus padres, le conté de la gran amistad que tuve con su progenitor, de cómo Remus también era amigo nuestro, incluí el estúpido plan que había tenido para que la maldita rata fuera el Guardián de Lily y James, y también cómo Peter los había traicionado, como nos había traicionado a todos…
Por fin, terminé. En todo ese tiempo había estado mirando mi cerveza como si hubiera descubierto algo fascinante en ella. Pero en ese momento, decidí levantar la vista.
La Pequeña me miraba como si me hubieran salido monos bailarines en la cara, o algo por el estilo. Había tal incredulidad en su expresión, que casi me dolió…
—Muy bien—suspiré de pronto, mirando al techo, como si alguien estuviera allí, escuchándome— ¡Ya adelanté todo el libro! —Grité, mientras la Pequeña me miraba como si yo fuera McGonagall haciendo el baile del hipogrifo— ¡Ahora comencemos con el siguiente! ¡Y tengo que decir que lo mejor de todo, es que habrán dragones! ¡SÍ, DRAGONES!
«Dragones» «Habrán dragones»
Esa palabra retumbó en mi cabeza miles de veces.
«¡Ya adelanté todo el libro!»
¿Libro? ¿Qué libro?
«Traición. Peter nos traicionó a todos»
¿Pero qué estaba pensando? ¡Eso no puede ser…!
«Dragones»
— ¡Ahhh! —Se escuchó un grito desgarrador rompiendo el suave silencio nocturno— ¡Dragones!
James Potter estaba profundamente dormido, cuando escuchó aquél grito, que le perforó el alma. Saltó de la cama, completamente alarmado.
— ¿Lily? ¿Lily? —preguntó, en la oscuridad, desesperado— ¡Oh, demonios! ¡Lumos!
—Estoy bien, James—lo cortó la pelirroja, mientras se sentaba en su cama. Estaba empapada en sudor, y respiraba entrecortadamente—. Creo que tuve una pesadilla…
Ya había luz en la habitación, y James pudo ver perfectamente a su esposa, que aún respiraba con algo de agitación.
—Tranquila, cielo—suspiró, mientras se sentaba frente a ella y le acariciaba el rostro—. Fue solo un mal sueño—le dedicó una sonrisa asombrosamente dulce— ¿Quieres contarme qué sucedió?
—Sí, creo que hablar de ello me hará bien…—aceptó Lily, acomodándose en la cama— Verás, en el sueño, yo era Sirius…
— ¿Tú eras Sirius? —la cortó James, sin poder ocultar un dejo de risa en su voz— ¡Ya entiendo por qué era una pesadilla…!
—Atrévete a reírte, y jamás volveré a dirigirte la palabra, Potter.
—Lo siento mucho, cielo—se disculpó el hombre, sin poder ocultar una sonrisa—, supongo que soñar que eres Canuto no es una experiencia fácil…. —se mordió el labio, tratando de no echarse a reír—. Pero no tienes por qué ponerte así. Es simple, estás soñando, así que no dejes que tus sueños te asusten. —le acarició la mejía a su esposa—Vamos a dormir, ¿quieres? Mañana será otro día, y estoy seguro de que tu pesadilla ya pasó…
Lily le sonrió agradecida. A pesar de que estuvo segura de que en cualquier momento James perdería el control y se revolcaría de risa en la cama, estaba contenta por el hecho de que se mostrara tan comprensivo. Lentamente, acercó su rostro al de su esposo, queriendo darle un dulce beso en los labios…
— ¡AHHHH! —Sirius Black había despertado de pronto, completamente alarmado, mientras respiraba de manera violenta.
Escuchó como alguien corría afuera de su habitación y abría la puerta de golpe.
— ¿Sirius? ¿Qué demonios te sucede? —Era Remus, y miraba a su amigo completamente desconcertado— ¿Qué ocurre? ¿Por qué estás así? —Sirius supuso que se refería al hecho de estaba completamente sudado, y aún conservaba una mueca de horror en el rostro.
—Tuveun sueño de lo más extraño—explicó el joven mago, mientras se ponía de pie y caminaba de un lado a otro por la habitación. Sin esperar una respuesta, le contó todo a su amigo licántropo de una manera apresurada y sin hacer ningún tipo de pausas.
—Déjame ver si entendí—pidió Remus, que se encontraba sentado, e intentaba ocultar una pequeña sonrisa— ¿Soñaste que eras Lily? —Sirius asintió— ¿Y soñaste que Lily, o sea tú, soñaba contigo? —asintió de nuevo— Y allí, vivías todo lo que ocurrió en el final del capítulo que leímos hoy, únicamente que desde tu punto de vista, y no del de Lily Ariana—Canuto movió afirmativamente la cabeza.
—Todo parecía tan real…
— ¿Y no sospechaste que estabas soñando en el momento en el que ella te dio su varita voluntariamente?—inquirió Remus, alzando una ceja.
— ¿La verdad? No.
— ¿Tampoco cuando el hombre del bar te preguntaba si tú eras el fugitivo, tú le decías que sí, y luego te invitaba como si nada a sentarse? —preguntó Remus, con la incredulidad asomándose por sus palabras.
—Tampoco.
—Bueno, Sirius, entiendo que es extraño, pero no veo por qué te despiertas y me despiertas a mí, con semejante alboroto…
—Lo que ocurre—puntualizó Canuto, haciendo una mueca—, es que cuando soñé que despertaba como Evans, hubo un momento en el que ella y James iban a besarse…
— ¡Está bien, estábien! —Lo cortó Remus, entendiendo por qué el tremendo grito de su amigo al despertar— Comprendo, no necesito más detalles…—se puso de pie, y se dirigió a la puerta—. Vuelve a dormirte, Sirius. Mañana tenemos que continuar con la lectura, y es mejor que descanses bien.
Le dio unas palmadas en la espalda a Canuto, para luego salir de la habitación.
Sirius se quedó solo, sentado en su cama, reflexionando. No había sido completamente honesto con Remus. Habían unas palabras que aún recorrían su mente, y que además, eran la principal razón de que él hubiera gritado…
«Traición. Peter nos traicionó a todos…»
Suspiró, y decidió que sería mejor olvidar eso. Era ridículo pensar que Peter pudiera traicionarlos.
Ya mucho más tranquilo, volvió a meterse en su cama. Curiosamente, antes de quedarse dormido le vino a la mente la imagen de mini Evans. Sonrió. Haberla visto enojaday sarcástica en sus sueños, además de haberla molestado con sus comentarios le había divertido bastante. Sin duda, la Pequeña Potter era una chica muy especial. Pensando en eso, poco a poco se fue quedando profundamente dormido.
*Suena música navideña *Alejandra aparece con una blusa roja, un gorrito parecido al de Santa y un letrerito que dice: Feliz Navidad, los quiero. **
¡Hola! :D ¿Qué tal están todos? ¿Bien? Espero que sí, porque ¡ya estamos muy cerca de que sea Navidad! Haciendo un poco de información sobre lo que acaban de leer: El personaje principal es Sirius, (ay, lo amo-), que tuvo un confuso sueño. A pesar de que en cuanto lo comencé, no tuve la intención de hacerlo, creo que quedó algo así como un Sirius/Ariana, ¿no les parece? No he pensado mucho en esta pareja, pero cuando leí lo que escribí la primera vez, se me hizo como que hacía falta algo, le agregué unas cuantas cosas más, y me pareció que sí parecía un S./A, aunque muy leve… Otra cosa: Como dato curioso, déjenme decirles que si al Sirius de mi cabeza le hubieran dejado elegir si quería ver a Harry o a Lily A., el hubiera elegido ver a Harry xD Y como soy una persona malvada (?) para molestarlo dejé que se encontrara con Ariana (sin contar que si hubiera dejado que viera a Harry, la historia del Prisionero no hubiera quedado igual). Una cosa más:
[ Lo que acaban de leer no sucedió en la historia realmente ]
¿Qué quiere decir eso de arriba? Quiere decir que lo único que se puede tomar como parte real , son los pensamientos de Sirius hasta que dice "Ella saldría de aquí, y luego iría corriendo a gritar por todos lados que yo estaba aquí." Lo que dice después de eso, no sucedió.
Como ya se habrán dado cuenta, este es mi regalo de Navidad para ustedes :) La primera persona a la que agradeceré, será a:
JaaviPotter24*¿Por qué? Bueno, gracias a un comentario que me dejaste, yo tuve la inspiración para escribir este pequeño capítulo paralelo a mi historia. ¿Lo recuerdas? xD ¡Muchísimas gracias!*
También quiero agradecer a muchas personas más. Es una lista enorme, de hecho, así que si lo desean, no lo lean todo xD
**Oo__Rosalie__Oo:**Ella es una chica genial que me deja comentarios hermosamente largos, además que me divierten mucho. ¡Gracias, Rose!
miel-tonks: Muchas veces leer un comentario tuyo me sacó una sonrisa :) ¡Gracias!
**medina:**La primera vez que me enviaste un comentario, me alegraste el día. Supongo que lo recuerdas, ¿no? xD Y desde entonces, no has dejado de darme tu opinión acerca de lo que escribo. ¡Muchas gracias, medina! Eres una gran lectora :)
Angelica Sparrow:¡Leerte me anima mucho! No solo en mi historia, sino que en las tuyas propias. ¡Sigue así, como hasta ahora! :)
**Tania HPFan4ever:**Tus comentarios siempre me hicieron sentir apoyo, muchas gracias por eso.
Nea_Li_PotterLovegoo:¿Cómo no mencionarte? xD ¡Eres fantástica, Nea! Cada vez que te leía, me disfrutaba mucho, sin contar lo maravillosas que son tus historias.
**isabel-black & Cristin-Black:**Ustedes dos me divertían mucho con cada comentario. También me hicieron sentir mucho apoyo.:)
**Mll, hinata1, alioth akane, Dardo36, diana_lovegood:**ustedes fueron los primeros comentarios del fic, (ya saben a qué me refiero), y quiero agradecerles muchísimo por ello.
hechizera lily , kamille_malfoy tere la maga AmryPotterTwilight, natiicullen, Ginny-Potter-Weasly, mimiscullen , Foster000, martinayael, naina11, jazmin potter, LolaGryffindor, paula96, Ted_Potter, Sofia Potter Black, ne_poter, speranza Potter, 3vans, shofi weasley, Ryoukai Ikari, hijadelapixieloca, ginny_24, Laurentina, Lilianita, Ginny_keyla, bler3, cristal azul, lalo80, hermioneyharry15, luna salvatore, LORD PATRYN, tonks_tere, soniape, Cristin-Black, paupotterweasleynott, susan granger, Mayrandy, yanaisabells94, judi Potter, magicworld, fersita_z, Angelike Darkblack, ginevralilupotter, Camily_Rose, anna mary, bonniepotterwe, deniart_11, katiecullenmalfoy, Lily Lovegood, POPO, Lily_luna_pw, LilyPotter_W, martita23, andre_potter_weasley, karen yamile, Nataly_cullen, lillieblack, , Alma guerrera, celia potter, florinda, Marye-94, Poeta enamorada, miriam1992, Angela_Weasley_Lupin, gora_89. Elizaa Weasley, MariaPeralta, TrizLilyPotter.
Y, por último, pero obviamente no menos importante: ¡Gracias a todas las personas que agregaron mi fic a favoritos! Si tu nombre está allí, puedes estar seguro de que este regalo es para ti. :)
Como esto un regalo de Navidad, no les pediré que me den su opinión sobre el capítulo. Simplemente me conformo con que lo hayan disfrutado.
¡Travesura Realizada! ¡¡Felices Fiestas!!