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Historia 96173 — capítulo 35
A la mañana siguiente, sin embargo, la nevada que había empezado a caer por la noche se había transformado en una tormenta de nieve tan recia que se suspendió la última clase de Herbología del trimestre. La profesora Sprout quiso tapar las mandrágoras con pañuelos y calcetines, una operación delicada que no habría confiado a nadie más, puesto que el crecimiento de las mandrágoras se había convertido en algo tan importante para revivir a la Señora Norris y a Colin Creevey.Harry le daba vueltas a aquello, sentado junto a la chimenea, en la sala común de Gryffindor, mientras Ron y Hermione aprovechaban el hueco dejado por la clase de Herbología para echar una partida al ajedrez mágico y Abby reflexionaba junto a el.—¡Por Dios, Harry! —dijo Hermione, exasperada, mientras uno de los alfiles de Ron tiraba al suelo al caballero de uno de sus caballos y lo sacaba a rastras del tablero, consiguiendo un bote involuntario por parte de Abby—. Si es tan importante para ti, ve a buscar a Justin.De forma que Harry se levantó y salió por el retrato, preguntándose dónde estaría Justin, Abby lo acompañó, ya que no tenía otra cosa que hacer.El castillo estaba más oscuro de lo normal en pleno día, a causa de la nieve espesa y gris que se arremolinaba en todas las ventanas. Tiritando, Harry y Abby pasaron por las aulas en que estaban haciendo clase, vislumbrando algunas esce¬nas de lo que ocurría dentro. La profesora McGonagall gritaba a un alumno que, a juzgar por lo que se oía, había convertido a su compañero en un tejón. Aguantándose las ganas de echar un vistazo, los dos siguieron su camino, pensando que Justin podría estar aprovechando su hora libre para hacer alguna tarea pendiente, y decidió mirar antes que nada en la biblioteca.Efectivamente, algunos de los de Hufflepuff que tenían clase de Herbología estaban en la parte de atrás de la biblioteca, pero no parecía que estudiasen. Entre las largas filas de estantes, Harry y Abby podían verlos con las cabezas casi pegadas unos a otros, en lo que parecía una absorbente conversación. No podían distinguir si entre ellos se encontraba Justin. Se les estaban acercando cuando consiguió entender algo de lo que decían, y se detuvieron a escuchar, ocultos tras la sección de «Invisibilidad».—Así que —decía un muchacho corpulento— le dije a Justin que se ocultara en nuestro dormitorio. Quiero decir que si Potter lo ha señalado como su próxima víctima, es mejor que se deje ver poco durante una temporada. Por supuesto, Justin se temía que algo así pudiera ocurrir desde que se le escapó decirle a Potter que era de familia muggle. Lo que Justin le dijo exactamente es que le habían reservado plaza en Eton. No es el mejor comentario que se le puede hacer al heredero de Slytherin, ¿verdad?Harry detuvo a Abby para que no se les echase encima.—¿Entonces estás convencido de que es Potter, Ernie? —preguntó asustada una chica rubia con coletas.—Hannah —le dijo solemnemente el chico robusto—, sabe hablar pársel. Todo el mundo sabe que ésa es la marca de un mago tenebroso. ¿Sabes de alguien honrado que pueda hablar con las serpientes? Al mismo Slytherin lo llamaban «lengua de serpiente».Esto provocó densos murmullos. Ernie prosiguió:—¿Recordáis lo que apareció escrito en la pared? «Temed, enemigos del heredero.» Potter estaba enemistado con Filch. A continuación, el gato de Filch resulta agredido. Ese chaval de primero, Creevey, molestó a Potter en el partido de quidditch, sacándole fotos mientras estaba tendido en el barro. Y entonces aparece Creevey petrificado.—Pero —repuso Hannah, vacilando— parece tan majo... y, bueno, fue él quien hizo desaparecer a Quien-vosotros-sabéis. No puede ser tan malo, ¿no creéis?Ernie bajó la voz para adoptar un tono misterioso. Los de Hufflepuff se inclinaron y se juntaron más unos a otros, y Harry tuvo que acercarse más para oírlas palabras de Ernie.—Nadie sabe cómo pudo sobrevivir al ataque de Quien-vosotros-sabéis. Quiero decir que era tan sólo un niño cuando ocurrió, y tendría que haber saltado en pedazos. Sólo un mago tenebroso con mucho poder podría sobrevivir a una maldición como ésa. —Bajó la voz hasta que no fue más que un susurro, y prosiguió—: Por eso seguramente es por lo que Quien-vosotros-sabéis quería matarlo antes que a nadie. No quería tener a otro Señor Tenebroso que le hiciera la competencia. Me pregunto qué otros poderes oculta Potter.-¿Y que hay de su hermana?-preguntó entonces la chica-es la heredera de Gryffindor, y ella tambien sobrevivió al ataque.-Su hermana es un caso muy distinto-comentó este-hay muchas historias sobre hermanos totalemente opuestos, este podría ser un caso, pero… ¿la visteis en el club de Duelo atacando al de Slytherin? Parecía estar poseida, en cuanto a como sobrevivió… nadie sabía que existia, pobablemente tuvo un golpe de suerte, o…Harry no pudo aguantar más y salió de detrás de la estantería, carraspeando sonoramente, Abby salió tras el serenandose ¿es que la gente estaba ciega o que?. De no estar tan enfadados, les habrían parecido divertida la forma en que lo recibieron: todos parecían petrificados por su sola visión, y Ernie se puso pálido.—Hola —dijo Harry—. Busco a Justin Finch-Fletchley.Los peores temores de los de Hufflepuff se vieron así confirmados. Todos miraron atemorizados a Ernie.—¿Para qué lo buscas? —le preguntó Ernie, con voz trémula.—Quería explicarle lo que sucedió realmente con la serpiente en el club de duelo —dijo Harry.Ernie se mordió los labios y luego, respirando hondo, dijo:—Todos estábamos allí. Vimos lo que sucedió.—Entonces te darías cuenta de que, después de lo que le dije, la serpiente retrocedió —le dijo Harry.—Yo sólo me di cuenta —dijo Ernie tozudamente, aunque temblaba al hablar— de que hablaste en lengua pársel y le echaste la serpiente a Justin.-¿Tu eres tonto, o te diste un golpe al nacer?-preguntó Abby molesta.—¡Yo no se la eché! —dijo Harry, con la voz temblorosa por el enojo—. ¡Ni siquiera lo tocó!—Le anduvo muy cerca —dijo Ernie—. Y por si te entran dudas —añadió apresuradamente—, he de decirte que puedes rastrear mis antepasados hasta nueve generaciones de brujas y brujos y no encontrarás una gota de sangre muggle, así que...—¡No me preocupa qué tipo de sangre tengas! —dijo Harry con dureza—. ¿Por qué tendría que atacar a los de familia muggle?—He oído que odias a esos muggles con los que vives —dijo Ernie apresuradamente.—No es posible vivir con los Dursley sin odiarlos —dijo Harry—. Me gustaría que lo intentaras. Y no quiero volver a oir a nadie hablar sobre mi hermana ¿queda claro?Dio media vuelta y salió de la biblioteca, seguida de Abby que miraba al grupo con asco e incredulidad, provocando una mirada reprobatoria de la señora Pince, que estaba sacando brillo a la cubierta dorada de un gran libro de hechizos. Furioso como estaba, iba dando traspiés por el corredor, sin ser consciente de adónde iba. Y al fin se dio de bruces contra una mole grande y dura que lo tiró al suelo de espaldas.—¡Ah, hola, Hagrid! —dijo Harry, levantando la vista.Aunque llevaba la cara completamente tapada por un pasamontañas de lana cubierto de nieve, no podía tratarse de nadie más que Hagrid, pues ocupaba casi todo el ancho del corredor con su abrigo de piel de topo. En una de sus grandes manos enguantadas llevaba un gallo muerto.—¿Va todo bien, Harry? —preguntó Hagrid, quitándo¬se el pasamontañas para poder hablar—. ¿Por qué no estais en clase?—La han suspendido —contestó Abby, levantándo¬se junto a su hermano—. ¿Y tú, qué haces aquí?Hagrid levantó el gallo sin vida.—El segundo que matan este trimestre —explicó—. O son zorros o chupasangres, y necesito el permiso del direc¬tor para poner un encantamiento alrededor del gallinero.Miró a Harry y a Abby más de cerca por debajo de sus cejas espe¬sas, cubiertas de nieve.—¿Estáis seguros de que os encontrais bien? Pareceis preocupados.Harry no pudo repetir lo que decían de él Ernie y el res¬to de los de Hufflepuff.—No es nada —repuso—. Mejor será que me vaya, Hagrid, después tengo Transformaciones y debo recoger los libros.Hagrid miró a Abby, ella tenía la mente sumida en muchas cosas.-No es nada, solo que anoche tuve una pesadilla.-Oh, entonces no es nada serio, tranquila.Se fueron Abby en su mundo y Harry con la mente cargada con todo lo que había dicho Ernie sobre él:«Justin se temía que algo así pudiera ocurrir desde que se le escapó decirle a Potter que era de familia muggle...»Harry subió las escaleras y volvió por otro corredor. Estaba mucho más oscuro, porque el viento fuerte y helado que penetraba por el cristal flojo de una ventana había apa¬gado las antorchas. Iba por la mitad del corredor cuando tro¬pezó y cayó de cabeza contra algo que había en el suelo, Abby se detuvo entonces, y soltó una exclamación de horrorHarry se volvió y afinó la vista para ver qué era aquello sobre lo que había caído, y sintió que el mundo le venía encima.Sobre el suelo, rígido y frío, con una mirada de horror en el rostro y los ojos en blanco vueltos hacia el techo, yacía Justin Finch-Fletchley. Y eso no era todo. A su lado había otra figura, componiendo la visión más extraña que Harry hubiera contemplado nunca.Se trataba de Nick Casi Decapitado, que no era ya transparente ni de color blanco perlado, sino negro y neblinoso, y flotaba inmóvil, en posición horizontal, a un palmo del suelo. La cabeza estaba medio colgando, y en la cara tenía una expresión de horror idéntica a la de Justin.Harry se puso de pie, con la respiración acelerada y el corazón ejecutando contra sus costillas lo que parecía un redoble de tambor. Miró enloquecido arriba y abajo del corredor desierto y vio una hilera de arañas huyendo de los cuerpos a todo correr. Lo único que se oía eran las voces amortiguadas de los profesores que daban clase a ambos lados. Abby no era capaz de moverse casi, miraba a uno y a otro.Podían salir corriendo, y nadie se enteraría de que habían estado allí. Pero no podían dejarlos de aquella manera..., tenían que hacer algo por ellos. ¿Habría alguien que creyera que ellos no habían tenido nada que ver?Aún estaban allí, aterrorizados, cuando se abrió de golpe la puerta que tenía a su derecha. Peeves el poltergeist surgió de ella a toda velocidad.—¡Vaya, si son Potter pipí en el pote! —cacareó Peeves, ladeándole las gafas de un golpe al pasar a su lado dando saltos—. ¿Qué traman los Potter? ¿Por qué acechan?Peeves se detuvo a media voltereta. Boca abajo, vio a Justin y Nick Casi Decapitado. Cayó de pie, llenó los pulmo¬nes y, antes de que Harry o Abby pudieran impedirlo, gritó:—¡AGRESIÓN! ¡AGRESIÓN! ¡OTRA AGRESIÓN! NINGUN MOR¬TAL NI FANTASMA ESTÁ A SALVO! SALVESE QUIEN PUEDA! AGREESIÓÓÓÓN!Pataplún, patapán, pataplún: una puerta tras otra, se fueron abriendo todas las que había en el corredor, y la gen¬te empezó a salir. Durante varios minutos, hubo tal jaleo que por poco no aplastan a Justin y atraviesan el cuerpo de Nick Casi Decapitado.Los alumnos acorralaron a Harry y Abby contra la pared hasta que los profesores pidieron calma. La profesora McGonagall llegó corriendo, seguida por sus alumnos, uno de los cuales aún tenía el pelo a rayas blancas y negras. La profesora uti¬lizó la varita mágica para provocar una sonora explosión que restaurase el silencio y ordenó a todos que volvieran a las aulas. Cuando el lugar se hubo despejado un poco, llegó corriendo Ernie, el de Hufflepuff.—¡Te han cogido con las manos en la masa! —gritó Ernie, con la cara completamente blanca, señalando con el dedo a Harry y luego señaló a Abby-¡De ti no me lo esperaba!—¡Ya vale, Macmillan! —dijo con severidad la profesora McGonagall.Peeves se meneaba por encima del grupo con una mal¬vada sonrisa, escrutando la escena; le encantaba el follón. Mientras los profesores se inclinaban sobre Justin y Nick Casi Decapitado, examinándolos, Peeves rompió a cantar:—¡Oh, Potter, sois unos zotes, estáis podridos, os cargais a los estudiantes, y os parece divertido!—¡Ya basta, Peeves! —gritó la profesora McGonagall, y Peeves escapó por el corredor, sacándole la lengua a Harry y AbbyLos profesores Flitwick y Sinistra, del departamento de Astronomía, fueron los encargados de llevar a Justin a la enfermería, pero nadie parecía saber qué hacer con Nick Casi Decapitado. Al final, la profesora McGonagall hizo aparecer de la nada un gran abanico, y se lo dio a Ernie con instrucciones de subir a Nick Casi Decapitado por las escaleras. Ernie obedeció, abanicando a Nick por el corredor para llevárselo por el aire como si se tratara de un aerodeslizador silencioso y negro. De esa forma, Harry, Abby y la profesora McGonagall se quedaron a solas.—Por aquí, Potters —indicó ella.—Profesora —le dijo Harry enseguida—, le juro que yo no...—Eso se escapa de mi competencia, Potter —dijo de manera cortante la profesora McGonagall.Caminaron en silencio, doblaron una esquina, y ella se paró ante una gárgola de piedra grande y extremadamen¬te fea.—¡Sorbete de limón! —dijo la profesora.Se trataba, evidentemente, de una contraseña, porque de repente la gárgola revivió y se hizo a un lado, al tiempo que la pared que había detrás se abría en dos. Incluso aterrorizados como estaban por lo que les esperaba, los hermanos no pudieron dejar de sorprenderse. Detrás del muro había una escalera de caracol que subía lentamente hacia arriba, como si fue¬ra mecánica. Al subirse ellos y la profesora McGonagall, la pa¬red volvió a cerrarse tras ellos con un golpe sordo. Subieron más y más dando vueltas, hasta que al fin, ligeramente ma¬reados, Harry y Abby vieron ante ellos una reluciente puerta de roble, con una aldaba de bronce en forma de grifo, el animal mitológico con cuerpo de león y cabeza de águila.Entonces supieron adónde los llevaban. Aquello debía de ser la vivienda de Dumbledore.Dejaron la escalera de piedra y la profesora McGonagall llamó a la puerta. Ésta se abrió silenciosamente y entraron. La profesora McGonagall pidió a Harry y su hermana que esperaran y los dejó solos.Harry y Abby miraron a su alrededor. Una cosa era segura: de todos los despachos de profesores que habían visitado aquel año, el de Dumbledore era, con mucho, el más interesante. Si no hubieran tenido tanto miedo a ser expulsado del colegio, habría disfrutado observando todo aquello.Era una sala circular, grande y hermosa, en la que se oía multitud de leves y curiosos sonidos. Sobre las mesas de patas largas y finísimas había chismes muy extraños que hacían ruiditos y echaban pequeñas bocanadas de humo. Las paredes aparecían cubiertas de retratos de antiguos directores, hombres y mujeres, que dormitaban encerrados en los marcos. Había también un gran escritorio con pies en forma de zarpas, y detrás de él, en un estante, un sombrero de mago ajado y roto: era el Sombrero Seleccionador.Harry dudó. Echó un cauteloso vistazo a los magos y brujas que había en las paredes. Seguramente no haría ningún mal poniéndoselo de nuevo. Sólo para ver si..., sólo para asegurarse de que lo había colocado en la casa correcta, mientras Abby parecía haber encontrado una cosa que le llamó la atención.Harry se acercó sigilosamente al escritorio, cogió el sombrero del estante y se lo puso despacio en la cabeza. Era demasiado grande y se le caía sobre los ojos, igual que en la anterior ocasión en que se lo había puesto. Harry esperó pero no pasó nada. Luego, una sutil voz le dijo al oído:—¿No te lo puedes quitar de la cabeza, eh, Harry Potter?—Mmm, no —respondió Harry—. Esto..., lamento molestarte, pero quería preguntarte...—Te has estado preguntando si yo te había mandado a la casa acertada —dijo acertadamente el sombrero—. Sí..., tú fuiste bastante difícil de colocar. Pero mantengo lo que dije... aunque —Harry contuvo la respiración— podrías haber ido a Slytherin.El corazón le dio un vuelco. Cogió el sombrero por la punta y se lo quitó. Quedó colgando de su mano, mugriento y ajado. Algo mareado, lo dejó de nuevo en el estante.—Te equivocas —dijo en voz alta al inmóvil y silencioso sombrero. Éste no se movió. Harry se separó un poco, sin dejar de mirarlo. Entonces, un ruido como de arcadas le hizo volverse completamente.Vio a su hermana al lado de una criatura extraña, sobre una percha dorada detrás de la puerta, había un pájaro de aspecto decrépito que parecía un pavo medio desplumado. Harry lo miró, y el pájaro le devolvió una mirada torva, emitiendo de nuevo su particular ruido. Parecía muy enfermo. Tenía los ojos apagados y, mientras Harry lo miraba, se le cayeron otras dos plumas de la cola, Abby estaba embelesada mirandolo, Harry observó como acariciaba al pájaro y le hablaba en susurros, se dio cuenta de que estaba Harry y se separó del pájaro un poco colorada, luego vio al Sombrero Seleccionador, y como a su hermano, le picó la curiosidad.-¿Tu tampoco puedes descansar por la duda?-preguntó el sombrero cuando Abby se lo puso.-Mmm… me preguntaba…-¿Por qué sugerí Slytherin?-completó el sombrero-tu caso es muy curioso, pequeña Potter, en cuanto rozaste mi cabeza sabía que irías a Gryffindor.-¿Y por que tardaste tanto?-preguntó en susurros preocupada.-Porque vi que eras bromista-contestó el Sombrero divertido-al igual que tu padre… si, se nota mucho que eres su hija, sin embargo… aun siendo heredera del gran Godric, no habrías quedado mal en Slytherin.-No-dijo ella rapidamente con un acceso de terror quitandoselo y dejandolo en su sitio-ni de broma.El Sombrero Seleccionador no dijo nada, solo se quedó quieto, Abby volvió la mirada hacia el pájaro que tanto le llamaba la atención, era… como un hechizo.Mini Flash backDe pronto vio algo que le llamó muchisimo la atención, era un pájaro que parecía enfermo en una percha dorada, no sabía porque le atraía tanto el ave, era como… bueno, como si se enamorara (algo parecido, no enamorarse de verdad, pues ella quería a Fred) no pudo evitar acercarse a tocarlo, el ave hizo un curioso ruidito que Abby entendió:-Buenos días.Abby lo miró con los ojos como platos, miró en todas direcciones, vio a su hermano con el Sombrero Seleccionador, pero no vio a nadie mas.-¿Has… has hablado tu?-le preguntó estupidamente al ave.-Claro que si-respondió este, la cara de Abby debía ser todo un encanto porque el pajaro hizo un curioso ruidito, Abby se dio cuenta de que se estaba riendo y cambio su expresión descompuesta por una mas seria.-Pero los pajaros no hablan-replicó ella.-No soy un pájaro corriente-dijo este.-¿Estas bien?-preguntó Abby cuando vio el mal aspecto del ave-puedo curarte, bueno… puedo dejarte mucho mejor, casi curado, porque aun no he desarrollado bien mis poderes curativos, pero…-No hace falta, jovencita, puedo curarme a mi mismo, en seguida lo verás. Mi nombre es Fawkes, por cierto.-Mucho gusto-dijo Abby dudosa de si estaba loca por hablar con un pájaro-mi nombre es Abby PotterFin Flash Back. Harry estaba pensando en que lo único que le faltaba es que el pájaro de Dumbledore se muriera mientras estaba con él a solas en el despacho, cuando el pájaro comenzó a arder.Harry profirió un grito de horror y retrocedió hasta el escritorio. Buscó por si hubiera cerca un vaso con agua, pero no vio ninguno. El pájaro, mientras tanto, se había convertido en una bola de fuego; emitió un fuerte chillido, y un instante después no quedaba de él más que un montoncito humeante de cenizas en el suelo. Abby por su parte, había lanzado una exclamación y había retrocedido de un salto, pero luego pareció relajarse, enconces, la puerta del despacho se abrió. Entró Dumbledore, con aspecto sombrío.—Profesor —dijo Harry nervioso—, su pájaro..., no pude hacer nada..., acaba de arder...Para sorpresa de Harry, Dumbledore sonrió.—Ya era hora —dijo—. Hace días que tenía un aspecto horroroso. Yo le decía que se diera prisa.Se rió de la cara atónita que ponía Harry.—Fawkes es un fénix, Harry. Los fénix se prenden fuego cuando les llega el momento de morir, y luego renacen de sus cenizas. Mirad...Harry y Abby dirigieron la vista hacia la percha a tiempo de ver un pollito diminuto y arrugado que asomaba la cabeza por entre las cenizas. Era igual de feo que el antiguo, sin embargo Abby sonrió.—Es una pena que lo hayais tenido que ver el día en que ha ardido —dijo Dumbledore, sentándose detrás del escritorio—. La mayor parte del tiempo es realmente precioso, con sus plumas rojas y doradas. Fascinantes criaturas, los fénix. Pueden transportar cargas muy pesadas, sus lágrimas tienen poderes curativos y son mascotas muy fieles.-¿Es un fénix?-preguntó Abby sorprendida aferrando el medallón por la parte del fénix, Dumbledore sonrió.-Por eso puedes entenderlo-explicó el anciano.-¿Cómo sabe que…?-Era de esperar, cuando una persona como tu por ejemplo, ve a un animal tan parecido a el, no puede evitar sentirse atraído hacia el, en seguida se desarrolla un vinculo mas fuerte que cualquier magia, porque como te dije hace un año, es como si usted tuviese parte de la esencia del fénix.Con el susto del incendio de Fawkes, Harry se había olvidado del motivo por el que se encontraba allí, pero lo recordó en cuanto Dumbledore se sentó en su silla de respaldo alto, detrás del escritorio, y fijó en él sus ojos penetrantes, de color azul claro.Sin embargo, antes de que el director pudiera decir otra palabra, la puerta se abrió de improviso e irrumpió Hagrid en el despacho con expresión desesperada, el pasamontañas mal colocado sobre su pelo negro, y el gallo muerto sujeto aún en una mano.—¡No fue Harry, ni tampoco Abby, profesor Dumbledore! —dijo Hagrid deprisa—. Yo hablaba con ellos segundos antes de que hallaran al muchacho, señor, ellos no tuvieron tiempo...Dumbledore trató de decir algo, pero Hagrid seguía hablando, agitando el gallo en su desesperación y esparciendo las plumas por todas partes.—... No pueden haber sido ellos, lo juraré ante el ministro de Magia si es necesario...—Hagrid, yo...—Usted se confunde de chicos, yo sé que ellos nunca...—¡Hagrid! —dijo Dumbledore con voz potente—, yo no creo que Harry ni Abby atacaran a esas personas.—¿Ah, no? —dijo Hagrid, y el gallo dejó de balancearse a su lado—. Bueno, en ese caso, esperaré fuera, señor director.Y, con cierto embarazo, salió del despacho.—¿Usted no cree que fuimos nosotros, profesor? —repitió Harry esperanzado, mientras Dumbledore limpiaba la mesa de plumas.—No, Harry —dijo Dumbledore, aunque su rostro volvía a ensombrecerse—. Pero aun así quiero hablar con vosotros.Abby y Harry aguardaron con ansia mientras Dumbledore los mi¬raba, juntando las yemas de sus largos dedos.—Quiero preguntaros, si hay algo que os gustaría contarme —dijo con amabilidad—. Lo que sea.Ninguno de los dos supo qué decir. Pensaron en Malfoy gritando: «¡Los próximos seréis los sangre sucia!», y en la poción multijugos, que hervía a fuego lento en los aseos de Myrtle la Llorona. Luego pensó en la voz que no salía de ningún sitio, oída en dos ocasiones, y recordaron lo que Ron les había dicho: «Oír voces que nadie más puede oír no es buena señal, ni siquiera en el mundo de los magos.» Pensaron, también, en lo que todo el mundo comentaba sobre ellos, y en su creciente temor a estar de al¬guna manera relacionado con Salazar Slytherin...—No —respondió Harry—, no tengo nada que contarle.-Yo tampoco señor-respondió Abby cuando el hombre fijó sus ojos azules en los suyos.Antes de abandonar el despacho, Abby se volvió a Dumbledore.-Señor…-bajó la mirada un tanto avergonzada-yo… en fin, no quería pasarme tanto en el club de duelo,…-Lo se-la cortó el anciano con una sonrisa-pero me parece que no es eso lo que quieres pedirme ¿verdad?-No señor, yo quería pedirle… esto… ¿podría venir a ver a Fawkes alguna vez?-preguntó con un poco de vergüenza.-Por supuesto, Abby, ni siquiera hará falta que vengas aquí, Fawkes y tu ahora estais unidos por un lazo que va mas allá de la magia, solo con llamarlo, Fawkes te encontrará estes donde estes, recuerdalo.-Lo hare señor, muchisimas gracias.Bajó mas contenta y vio que Harry la estaba esperando al final de las escaleras.-¿Podrían ir las cosas peor?-preguntó Harry desalentado.-Mmm… es posible-pensó Abby-las cosas por muy negras que parezcan siempre pueden empeorar.-No creo que pueda ser peor-dijo su hermano.-Pues si ya hemos tocado fondo, solo puede ir a mejor-reflexionó su hermana, en ese momento, llegó Wings con una carta.-Es de Grace-dijo Abby al mirar la carta-llevaba esperando esta carta desde el principio de curso.Llegaron a la Sala Común y se sentaron a leerla juntos.Querida Abby:Lo primero siento mucho haber tardado tanto en contestar, pero no he estado mas liada en mi vida, para responder a tu pregunta, he tenido que esperar a que el profesor Dumbledore me diera un cita para poder hablar con el, es mas importante de lo que piensas, Abby, y no puedo revelártelo absolutamente todo.Por otra parte estan los mas pequeños del orfanato, han llegado cuatro niñas y adivina… Todas brujas, se han empezado a descontrolar los poderes, he tenido que hacer varios hechizos desmemorizantes, a ver si algún dia te puedes pasar por aquí y ayudarme. Y ahora que me acuerdo… ¿¡COMO SE TE OCURRE HACER ESTALLAR LOS LABABOS DE BRINGSTHONE!? Se que esa carta fue receptada, pero esta vez no te libras, no te mando un vociferador porque no tengo casi tiempo, pero te lo puedes imaginar, por lo que me han contado de Harry y tu nuevo amigo Ron.Bueno, vallamos a lo importante, tu recuerdo: Como decías en tu carta, ese hombre que estaba allí, es un mago que tus padres conocían, solo puedo revelar eso… y que te secuestró la noche en la que llegaste al orfanato, te recuperamos cuando lo detuvieron, pero no te preocupes por el, porque ahora mismo esta peor que muerto.Y eso es todo lo que te puedo contar, ya se que te gustaría saber su nombre y un millón de cosas mas, como por ejemplo porque te secuestró, sinceramente, nunca lo sabremos, lo mas extraño es que no te hizo ningún daño, posiblemente sabía quien eras y quería llevarte al Señor Tenebroso.Pero como ya te he dicho, no tienes porque tener miedo, esta en la prisión de magos y nunca nadie ha escapado de allí.Te quiere Grace. Abby y Harry se quedaron helados leyendo la carta.-¿Secuestrada?-murmuró Harry.Abby no contestó, era muy fuerte para ella.-Pero… ¿Quién era?-preguntó ella-¿Cómo sabia que era yo? ¿y por que me secuestró? ¿Qué tenía pensado hacer conmigo?-No lo se, Abby, pero no me gusta nada-dijo su hermano-aunque bueno, ahora no podrá escaparse.-Pero no creo que sea malo-dijo Abby recordando-en mi recuerdo, me estaba cuidando y me decía que viviríamos juntos, creo que tambien hablaba de ti.-Es muy extraño-comentó Harry-será mejor que vallamos a clase.