← Historia 96381 · de
Historia 96381 — capítulo 1
Miles de lucecitas le rodeaban, paseaba entre ellas maravillado, llorando lagrimas saladas. Caricias de arena, la brisa marina abrazándole, Ninfas de orejas puntiagudas y belleza innegableadornaban su cabello con conchas y algas de seda. Sin embargo, el joven no estaba interesado en ellas, estaba absorto con lo que veía a lo lejos. Al final de la playa, sobre el bravo mar, en el más puntiagudo de los acantilados, se atisbaba un castillo imponente, siendo adornando eternamente por inquietas Hadas poseedoras de pequeñas y transparentes alas. Sonriendo ante el mágico paisaje, se dejo arrastrar por los saltarines elfos, los cuales se habían asomado por esos lares, no sabría decir exactamente cuando, para tirotear curioso de su extraño pantalón. El muchacho, junto con sus enanos acompañantes, se dirigió ansioso hacia el camino de piedrecillas. Era una calzada mareantemente serpenteante, el ojinegro tenía serias dificultades para mantenerse en pie, y, al parecer, encaminaba a hacia el barranco.
Después de infinitas curvas, árboles mágicos gruñones, caídas estrepitosas, tirones de pelo a causa de la desesperación (imagínense horas sin en la más absoluta oscuridad con unos duendes bromistas como guía), un baño en los lagos ardientes (con los consecuentes gritos de sorpresa y dolor), bruscos empellones por parte de unos hiperactivos duendes; al fin podía atisbar un verdoso prado, el brillar del sol cegándole los ojos, con una sonrisa radiante pintada en su rostro gracias a la recién recuperada libertad.
Se despojo de cualquier atisbo de timidez que podría haber tenido hasta ese momento, la cual, de hecho, poseía; corrió como si su vida de ello entre los hierbajos, volando sin alas, acompañado por el pasto, con los gnomos siguiéndole cual corte. Llegaron sin aliento a una puerta de madera, con inscripciones talladas, el medio ahogado humano la rozo suavemente, de repente, se abrió.La brisa se llevó consigo a sus locos amigos, dejándolo solo contemplando aquel mundo fantástico, miles de pasillos se veían ante sí, todo tipo de seres paseaban entre ellos; sonreían, la felicidad bailaba en el ambiente.
Un reflejo llamó su atención, dirigió la vista en esa dirección, frunció el ceño medio curioso medio extrañado. Un conejo corría apresurado, con un reloj en la mano, nervioso por el acelerado tic tac de este, el animalito no reparó en el joven que le miraba maravillado. Perseguido por él salto a un agujero eterno, sin final aparente, guiándoles al brillante mar de Peter. Eterna niñez les fue otorgada al bañarse en esas aguas, el tiempo se rompió en miles de añicos, perdidos entre los sueños de Nunca Jamás…
… Despertó. Y lo hice sobresaltado, menudo salto que dio, qué había sido todo eso. ¿Un sueño? tal vez, o quizás lo había vivido realmente. Quién sabe, algún día, puede, y solo puede, volverá a la mansión de la Fantasía, en sueños o realmente. Pero, qué más da eso, si la vida es un sueño, y los sueños, sueños son.