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La familia Malfoy — capítulo 6
-"Mira Malfoy, primero necesito que te tranquilices."
-"¡Que me tranquilice! ¡Necesito saber que dice la profecía!" Grito fuertemente Draco. -"Mi hija esta involucrada en ella y quiero ver qué puedo hacer."
El hombre tomo una de las esferas de la sala de misterios y dejo que en ella apareciera una extraña imagen.
"Solo hay una persona que puede reconstruir las reliquias de la muerte solo esta persona podrá vencer a quien nosotros jamás creímos que regresaría, para eso tiene que ser muy astuta y controlar, controlar sus ansias para gobernar y así devolver la paz que el mundo mágico implora. Esa persona es el primogénito de quien se negó seguir al señor tenebroso y no a mancado sus manos de sangre ni a provocado ningún homicidio."
-"¿Feliz?"
Draco salió molesto de la habitación sin decir palabra alguna, nervioso, triste, enojado.
Al llegar a su mansión se sentó en la enorme sala y tomo un pergamino y una pluma. "Solo una semana para que sean vacaciones y los tengas aquí contigo." "Solo una semana."
Mientras tanto Eloise se encontraba admirando la varita que había encontrado, tratando de dominarla aunque sabiendo que le servía perfectamente.
Puso la varita de sauco en su bata y fue al castillo.
Camino hacia la biblioteca, y busco en los estantes algún libro que dijera algo sobre esa varita, tomo un libro con mucho cuidado tenia mucho polvo y en el titulo se podía leer perfectamente junto con un dibujo de un triangulo que tenía en medio un circulo y una línea.
El cuento de los tres hermanos.
Eloise abrió el libro lentamente y se sentó en uno de los sillones de la librería.
-"Recuerdo cuando mi padre nos los contaba a mi hermano y a mí de pequeños." Sonrió Eloise.
Había una vez tres hermanos que viajaban al atardecer por una sinuaria y solitaria carretera.
Con el tiempo, los hermanos alcanzaron un río demasiado profundo para vadearlo y demasiado peligroso para cruzarlo a nado. Sin embargo, estos hermanos habían aprendidos las artes mágicas, y con el sencillo ondear de sus varitas hicieron aparecer un puente sobre el agua traicionera. Iban ya por la mitad del puente cuando encontraron el paso bloqueado por una figura encapuchada. Rápidamente se dieron cuenta que la figura encapuchada era la muerte, la cual les habló. Estaba enojada porque le hubieran sido escatimadas tres nuevas víctimas, ya que los viajeros normalmente se ahogaban en el río. Pero la Muerte era astuta. Fingió felicitar a los tres hermanos por su magia, y dijo que cada uno de ellos había ganado un premio por haber sido lo suficientemente listos como para engañarla.
Así el hermano mayor, que era un hombre combativo, pidió la varita más poderosa que existiera, una varita que ganara siempre en los duelos para su dueño, ¡una varita digna de un mago que había vencido a la Muerte!
Así la Muerte cruzó hasta un viejo árbol de Sauco en la ribera del río, dando forma a una varita de una rama que colgaba, y se la entregó al hermano mayor
Entonces el segundo hermano, que era un hombre arrogante, decidió que quería humillar a la Muerte todavía más, y pidió el poder de resucitar a los muertos. Así la muerte recogió una piedra de la orilla del río y se la dio al segundo hermano, y le dijo que la piedra tenía el poder de traer de vuelta a los muertos.
Entonces la Muerte preguntó al tercer y más joven de los hermanos lo que quería. El hermano más joven era el más humilde y también el más sabio de los hermanos, y no confiaba en la Muerte. Así que pidió algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que la muerte pudiera seguirle. Y la Muerte, de mala gana, se arrancó un pedazo de su túnica y se la dio al mago, convirtiéndose así en una Capa de invisibilidad.
La Muerte se apartó y permitió a los tres hermanos continuar su camino, y así lo hicieron, charlando asombrados sobre la aventura que habían vivido, y admirando los regalos de la Muerte.
En su debido momento los hermanos se separaron, cada uno hacía su propio destino.
El primer hermano viajó durante una semana más, y alcanzó un pueblo lejano, acompañando a un camarada mago con el que tuvo una riña. Naturalmente con la Varita del Sauco como arma, no podía perder en el duelo que seguiría. Dejando al enemigo en el suelo el hermano mayor avanzó hacia la posada, donde alardeó en vos alta de la poderosa varita que le había arrebatado a la Muerte, y de cómo ésta lo hacía invencible.
Esa misma noche, otro mago se acercó sigilosamente al hermano mayor que yacía, empapado en vino, sobre la cama. El ladrón tomó la varita y para más seguridad, le cortó la garganta al hermano mayor. Y así la Muerte tomó al primer hermano para sí.
Entretanto, el segundo hermano viajaba hacia su casa, donde vivía solo. Allí sacó la piedra que tenía el poder de resucitar a los muertos, y la volteó tres veces en su mano. Para su asombro y su deleite, la figura de la chica con la que una vez había esperado casarse, antes de su muerte prematura, apareció ante él.
Pero ella estaba triste y fría, separada de él por un velo. Sin embargo había vuelto al mundo, pero ese no era su sitio y sufría. Finalmente el segundo hermano, impulsado por un loco anhelo desesperado, se mató para reunirse finalmente con ella.
Así fue como la Muerte tomó al segundo hermano para sí.
Pero la Muerte buscó al tercer hermano durante muchos años, y nunca pudo encontrarlo. No fue hasta que este, ya anciano se quito la capa, se la pasó a su hijo y saludó a la muerte como si fuera una vieja amiga y juntos se alejaron de la vida.
-"Las reliquias de la muerte, la capa de invisibilidad que posee Harry Potter, la piedra de resurrección que fue tirada en el bosque y la varita de sauco que fue destruida por Harry Potter y que solo el primogénito del que se negó a seguir a Voldemort y no a mancado sus manos de sangre podrá reparar. ¡O no!" Dijo Eloise fuertemente mientras soltaba el libro y salía de la biblioteca.
-"Soy la elegida."