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CAMBIOS PARA NOSOTROS, MALFOY — capítulo 13

-¡Vamos Hermione! ¡Despierta!- decía Draco entrado en la habitación de la Gryffindor- ¡Hoy nos vamos de vacaciones!

Hermione, que todavía estaba tumbada en la cama con los ojos cerrados se limitaba a asentir con la cabeza.

-Venga Herms como no te des prisa vamos a perder el tren- añadió el rubio mientras conjuraba un hechizo para recoger todas las cosas y meterlas en la maleta de Hermione.

-¡Ya voy pesado! No te cansas hasta que consigues lo que quieres ¿eh?

-No, ya lo ves.

Hermione miró el reloj.

-Imbécil.

-¿Qué?- pregunto extrañado

-Que aparte de pesado eres imbécil, ¿Sabes que hora es?

-Claro que sí, las 8:30- dijo orgulloso.

-¡Pues no! Son las 7:30 y el tren sale a las 9.

-Ups, lo siento, debo de tener el reloj mal.

-¿Qué lo sientes?- dijo la ojimiel riendo- pues me va a tener que indemnizar ¿sabes?

-¿A sí?- dijo el rubio acercándose y apartándole un mechón de la cara- ¿Cómo?

-No te preocupes, ya se me ocurrirá algo- dijo ella cogiendo su varita y guardándola en su bolso. Se vistió y bajaron a dar un paseo por los jardines.

Mientras, en el otro extremo del castillo…

-Venga Pansy, vamos a hablar con él- decía Zabbini.

-No Blaise, no vamos a hablar con él, es un traidor, un cobarde, un mentiroso y un muy largo etc- dijo la morena- además, ¿No has visto que ahora le gusta juntarse con la sangre sucia?

-Sí, pero es nuestro amigo, es mi mejor amigo…

-No, ya no lo es. También era mi novio y ya no lo es.

Eran las 8:55 de la mañana. Todos los alumnos que iban a pasar las vacaciones en sus casas se despedían de sus compañeros que no verían hasta después de las fiestas. Draco y Hermione se despidieron de Ginny y Harry y se metieron en un compartimento los dos solos.

-Herms- empezó Draco- tengo que decirte algo.

-Te escucho.

-Pues…que…yo…esto, tu… ¿quieres salir conmigo? Oficialmente digo- la castaña se abrazó a él- supongo que eso es un sí

-Supones bien- añadió besándolo.

La estación King Cross estaba repleta de gente el expreso de Hogwarts se detuvo en el andén   como solía ser habitual, y todos los muchachos bajaban a encontrarse con sus padres. El rubio y su acompañante fueron a encontrarse con dos hombres muy musculados, de traje negro y gafas negras.

-Bruce, Stephan, ella es Hermione Granger. Será mi invitada esta navidad. Hermione, ellos son los guardianes de la mansión.

Hermione estaba atónita.

-Señorito Malfoy, es un placer tenerle de nuevo con nosotros- dijeron los dos a la vez- vengan por aquí por favor.

Draco tomó de la mano a Hermione. Los hombres los condujeron hasta el aparcamiento, donde delante de sus ojos tenían un lamborghini gallardo negro.

-Señorito, su coche- dijo Stephan entregándole las llaves- nosotros iremos en el de su padre.

-De acuerdo, id delante- diciendo esto metió a Hermione en el coche- ponte el cinturón.

-¿Desde cuando sabes conducir?

-Desde que me saqué el carnet- dijo Draco riendo mientras sacaba el coche del aparcamiento.

-¡Pero si tienes 17 años! ¡No puedes tener carnet!

-Ahí te equivocas. Tú tienes 17, y yo soy 6 meses mayor que tú, por lo que tengo 18.

Hermione hacía caso omiso de la conversación y se centraba en observar el paisaje que se veía desde la ventanilla del coche. No sólo había grandes praderas con arboles y flores nevados, de vez en cuando aparecían pequeñas casitas con jardines encantadores.

-La gran mansión Malfoy- dijo Draco- supongo que, por desgracia, no te traerá muy buenos recuerdos.

Hermione se acordaba perfectamente de la casa donde había sido maltratada por Bellatrix Lestrange, pero aquella no se parecía más que en la forma. Sí, la cas era igual de grande, pero ya no era tan lúgubre y oscura. Era una casa con muchas ventanas, una fachada imponente y unos jardines espectaculares, a pesar de la época del año en la que se encontraban.