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Historia 96782 — capítulo 1
Cuando estabas de pie en la estela de devastación
Cuando estabas esperando en el borde de lo desconocido
Y con el cataclismo que llueve
lloras por dentro, "sálvame ahora"
Tú estabas allí increíblemente sola
Lo veía allí, temblando a pocos centímetros de su boca. El agua estaba fría, helada, congelada. Nunca antes había experimentado una temperatura como la que corría por todo su cuerpo. El viento que soplaba a las 2:30 a.m no ayuda en nada. Pocos conscientes se habían arrojado al mar en un momento de desesperación. Era increíble como el mejor barco construido por la humanidad, llamado el "Insumergible" podía perecer de tal forma. Primero fue la proa, luego la popa. Vidas pérdidas en el medio del océano; niños huérfanos y mujeres con su hombre muerto. Y todo ello por un estúpido error.
Pero también era insoportable pensar cómo dos vidas se podían conectar en menos de cinco días arriba de un gran barco, repleto de pasajeros de distintas clases. Un solo viaje de Inglaterra a Nueva York podía cambiar toda la vida de la persona, y eran dos las que dieron un giro de 360º. Definitivamente nunca pensó que se enfrentaría a su prometido, quien la trataba de muñeca de trapo; a su madre, la más egoísta que conoció por siempre; a los tripulantes… al silencio. Había crecido como una niña educada, de primera clase, bien respetada y con una gran fortuna a su paso.
Le dedicó una mirada al joven que no apartaba sus ojos verdes de ella. Temblaba de pies a cabeza. Titiritaba de frío. Aunque ella estaba en una tabla lo suficientemente fuerte como para soportar su peso y no tocar el agua, no podía imaginar ni siquiera en sus peores pensamientos lo que se sentiría estar en el medio del océano. Pasó su lengua por los labios, tratando de darles un poco de calor y hablar sin ningún castañeo de dientes.
-Te Amo, Jack - sollozó, bajando la cabeza para tocar las manos de él, las cuales estaban unidas a las de ella.
-No… - pudo responder él en el mismo momento que le dedicaba una mirada de amor - No digas eso… - continuó -, no te despidas de mí. Aún no ¿Me has entendido? - la pelirroja asintió como pudo. Ambos chocharon sus frentes.
Sientes frío y perdida en la desesperación
Construyes la esperanza, pero el fracaso es todo lo que conoces
Recuerda toda la tristeza y la frustración
Y dejarlo ir
Déjalo ir
-Tengo mucho frío. - sollozó.
Sentía calor al ver la mirada de Jack, de su amado. Pero, aún así, no podía dejar de tiritar. Necesito un par de segundos para darse cuenta que estaba comenzando a derramar lágrimas. Cruel destino. ¿Acaso había posibilidades de que Jack se salvara? ¿Podría seguir viva junto a él, casarse y tener hijos?
-Escucha Rose, vas a salir de esta. Seguirás adelante. - tragó saliva como pudo - Vas a tener muchos bebés y les verás crecer. - él cerró los ojos, deseando que todo aquello que decía su cumpliera - Morirás siendo una viejecita adorable en tu cama. - sonrió débilmente - No aquí, no esta noche, no de este modo, ¿me has entendido? - su voz se tornaba suplicante.
-No siento mi cuerpo - masculló entre dientes
-Ganar el pasaje, Rose, es lo mejor que me ha ocurrido jamás. Me ha llevado a ti. - una sonrisa cálida surcó por su rostro - Estoy agradecido a eso, Rose, muy agradecido. Debes hacerme ese honor. Debes prometerme que sobrevivirás, que no te rendirás no importa qué ocurra. No importa lo desesperada que estés. Prométemelo ahora, Rose, y no rompas nunca esa promesa. - más lágrimas invisibles por las mejillas de la joven.
-Lo prometo - se acercaron lo más que pudieron para sentirse el uno al otro, aunque sea los dos últimos minutos de sus vidas.
-No te rindas jamás - susurró Jack mientras trataba de darle calor a las manos de Rose con su aliento.
-No me rendiré jamás, Jack. No me rendiré. - sentenció Rose, rompiendo en llanto.
Y en una ráfaga de luz que cegó a todos los ángeles
Como si el cielo se había volado al cielo en estrellas
Sientes la gravedad de la gracia templada
Cayendo en el vacío
Nadie allí para atraparte en sus brazos
Y pasó el tiempo… Rose se había acostado en la tabla, aún sosteniendo la mano de Jack con mucha firmeza. No lo dejaría ir, ni siquiera si fuera el fin del mundo. Se iría con él hasta el propio infierno. Pero Rose se lo había prometido. Le había prometido a Jack que sería una superviviente del desastre del barco.
De repente, un grito de un hombre humilde (<< ¡¿Hay alguien aquí?! ¡¿Hay alguien vivo?! >>) la despertó. Era su salvación… y la de Jack. Por fin, alguien los iba a rescatar. Aún sentía el frío correr por sus venas, aunque eso no la dejaría rendirse. Como pudo, y con mucho esfuerzo, quedó boca abajo encima de la tabla, enfrentando la cara pálida y los ojos cerrados de su amor. Todavía sujetaba la mano, no la iba a soltar, ni siquiera en la muerte. No pensaba en nada hasta que más gritos se escuchaban a la deriva. Los botes salvavidas se estaban alejando.
De nuevo, pasó su lengua por los labios, esperando comprobar que pudiera hablar. Se acercó al rostro de Jack.
-Jack, - lo llamó con delicadeza. Al ver que no abría los ojos, se desesperó y comenzó a zarandearlo. Lágrimas de miedo se escurrían por su cara - Jack, despierta, despierta ya vienen los botes - comprendió al instante.
Sientes frío y perdida en la desesperación
Construyes la esperanza, pero el fracaso es todo lo que conoces
Recuerda toda la tristeza y la frustración
Y dejarlo ir
Déjalo ir
Él estaba muerto. Había muerto. Sintió su corazón detenerse con un solo latido. Ya no tenía sentido vivir sin el gran amor de tu vida. Ya nada sería como antes.
Vio pasar su vida por delante en el momento que cerraba los ojos para morir. Desde sus primeros años de vida hasta el día que le entregaron el pase para subirse al gran Titanic. "Ni siquiera Dios puede hundir este barco", "El Insumergible"… ¡Malditos tarados! ¡Habían desafiado a los Dioses! ¡Y como consecuencia, cientos de vidas pérdidas! Por un segundo, sintió pena por la vida. "Haz que cuente", las palabras de Jack resonaban en sus tímpanos como una maldición. Podía sentir su voz entre el miedo, la desesperación y el frío. En el medio de la oscuridad, distinguió su rostro, aquellos ojos que la hipnotizaron, ese rostro hermoso… El mismísimo Apolo en persona.
Abrió los ojos. Su promesa. Le había prometido. No lo podía defraudar. Sujetó fuertemente su mano, deseando que todo aquello fuera una pesadilla… Lo soltó. Vio caer su cuerpo al frío océano. En ese instante, sintió una parte de su alma, irse como arte de magia. Otro grito la hizo volver a pensar y aclarar la mente, aunque el llanto no aliviaba en nada.
Decidida, bajó de la tabla. Se congeló todos los miembros, pero ya no podía hacer nada. Nadó con cierta dificultad hacia donde estaba, muerto, un Oficial. Se sujetó de su cuerpo y sopló en silbato. Una vez. Y otra. Otra vez. De nuevo. Otra vez. Al principio, medio débil, pero luego fue con más fuerza. Luces salían de la oscuridad, apuntándola. Ya la localizaron. Otra vez. Otra vez. Otra vez.
Jack. Fue el último pensamiento y sentimiento que pasó por su mente antes que se desmayara, dándole peso al hombre que la salvó, quien trataba de subirla al bote salvavidas.
…Mil quinientas personas perecieron en el mar, cuando el Titanic se hundió bajo nuestros pies, hubo veinte botes con supervivientes y solo uno regresó para ayudar, uno; seis personas pudieron ser salvadas con vida del mar incluyéndome a mi, seis.. de mil quinientos; después las setecientas personas de los botes tuvieron que resignarse a esperar, esperar a morir, esperar a vivir, esperar una absolución que nunca llegaría…
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Diganme como Le Pareció... Ultimamente Mi Obseción Por Titanic esta crecinedo, por lo que se me ocurrió esto...
Espero que les haya gustado... Y que Comenteen! :P
Besootees!
Los Ama, Sky!