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Historia 9697 — capítulo 4
Capítulo IV: Afrontar la verdad.
Después de lo sucedido, de estar en la enfermería con Lily, Remus meditó lo que debía hacer. Y llegó a la conclusión de que debía decirle la verdad. Sería un golpe duro para ella, pero era como tenía que ser, no haberse enterado por unos cotillas que no saben la mitad de la verdad.
La buscó, y le sorprendió, encontrarla con James, era algo asombroso que no estuviesen peleando. De todas formas, preguntó si podía hablar con ella y fueron a una sala en la que se impartían clases. Remus no sabía como empezar, y esto inquietaba a Lily:
-¿qué te pasa, Remus?
-Lily... Yo... Quiero decirte lo que sucedió. Es muy difícil decirte esto, no quiero que te duela, pero siempre prometimos sinceridad. Pero no quiero que cometas la locura de querer quitarte la vida de nuevo.
-Suéltalo...
El licántropo tragó saliva, e hizo un gran esfuerzo para mirarla a los ojos, a pesar de que no se sentía capaz.
-Mira Lily... Lo que pasó es que no pudiste soportar enterarte por los cotillas de Hogwarts que tú... Que tú eres la Portadora.
La pelirroja parpadeó, y miró al suelo, llegó a comprender lo que pasaba.
-¿Es eso por lo que...?
-Si
-Entiendo...
-Mira Lily, no debes hacer ninguna tontería, no quiero que sufras de nuevo como antes.
-¿Qué no sufra de nuevo como antes? Remus, piénsalo, me acabo de dar cuenta de que toda mi vida ha sido manipulada, no tengo infancia, mis recuerdos fueron teatro, ¡¡nadie en verdad me quiere desde que murieron mis padres!!
-Hay gente que si te aprecia -El licántropo intentaba calmar su voz-
-¡Contados con los dedos de una mano! Yo creí que la gente me hablaba porque le caía bien, porque querían conocerme, y ahora descubro que es solo porque... Soy el bombo que traerá al Salvador? ¡¡Que se vayan todos a la mierda!!
-Tranquilízate, yo...
-¿Tú qué, Remus? Tú también eres una marioneta? ¿Tú querías que me quedase en la urna de cristal que es mi vida? Por favor, ¡dejadme en paz!
La pelirroja se fue corriendo, hecha un mar de lágrimas. Y volvió de nuevo a su habitación. Los elfos la habían limpiado, no quedaba rastro de sangre alguno. Fue hasta su baúl. Ahí tenía los recuerdos más preciados de su vida, regalos que le hicieron personas a las que apreciaba.. Furiosa, cada muñeco, cada escrito, y cada bola de cristal destruyó. Nada en su vida era cierto, ¿cómo no se había dado cuenta antes?
Vio de nuevo aquello. Esa magnífica espada, perfecta arma blanca con la que cometió anteriormente su acto de liberación. ¿Se atrevería a repetirlo de nuevo, definitivamente? La cogió... Una fina y afilada hoja, de plata, tan hermosa y dañina a la vez...
La volvió a dejar en su sitio... No creía que tuviese motivos para hacerlo de nuevo, y si fue salvada, sería por algo.
Se sentó en su cama, y analizó cada palabra que le dijo su mejor amigo... La Portadora. Era ella. Uno de los enigmas había sido aclarado... Siempre quiso saber por qué le decían que era especial. Y ahora lo sabía. Pura farsa y mentira, no era especial, era un objeto, con un destino, y que debería ser cumplido. Pues bien... No lo iba a cumplir tan fácilmente. Se vería todas las profecías respecto a ella, y no se dejaría controlar por algo dicho por una estúpida bruja de tres al cuarto.
Pensando en aquello, se durmió, con el uniforme aún puesto y con la extraña espada aún en su cama.
Al día siguiente, sábado, Lily se fue a preparar para su “encuentro” con James Potter. Se puso una túnica sencilla que le ajustaba bastante , pero lo suficiente cómoda. Se recogió el pelo, pero al mirarse al espejo, convino que era mejor soltárselo. Y después dos coletas... Vencida, dejo su cabello suelto. ¿Tan nerviosa estaba? Eso no quería decir nada... ¿o sí?
Anduvo hasta la puerta principal del colegio, donde había quedado con Potter. A los pocos segundos llegó, pasándose la mano por su cabello rebelde, dándole un aire de lo más seductor, a los ojos de Lily. Detrás suya, y molestándole, aparecieron su mejor amigo, Sirius Black, acompañado de Pettigrew, un chico regordete y bajito, con cara de asustadizo.
-¡¡Ohhhh!! ¡¡James tiene otra cita!! ¿Quién es la víctima, Prongs?
-Déjame en paz, Padfoot...
-¿Te has echado colonia? ¡¡¡JUAJUAJUA!! ¡Debe estar buenísima, James!
-¡no seas superficial, joder!
-¿Por qué? Tú lo eres
-¿Qué..?
Estuvieron un rato discutiendo, hasta llegar delante de Lily
-Hola Potter
-Evans -hizo un gesto seco con la cabeza en señal de saludo-
-Bueno, Evans, lo siento, pero deberías irte, James está esperando a una nenita muy mona con la que liarse hoy, así que ya te estás pirando
-No seas maleducado Sirius... Lily, ¿nos vamos?
-Bien
Ambos, se fueron caminando, a una distancia prudencial, mientras Sirius se quedaba anonadado mirando a esos dos que se iban, a la par que Pettigrew iba mordisqueando una tableta de chocolate sin hacer más caso a otra cosa.
En Hogsmeade, las nubes se estaban amontonando, creando grandes nubarrones de color negro, pero esto, en principio no influyó mucho en Potter y Evans, que iban hablando de trivialidades:
-... Y entonces... Plaff!! El cubo de excremento de dragón en la cabeza
-¡jajajaja! ¿y qué hizo Snape?
-mirarnos furiosos y decir: ¡¡me las pagaréis sucios merodeadores!! -dijo imitando la voz de Snape.
-¡¡jajajaja!!
-¿Te parece si entramos aquí?
Lily echó un vistazo a su alrededor por primera vez en todo el camino... Era un lugar donde no había estado antes, parecía muy... Cursi. En la entrada, ponía en letras rosas luminosas: “Salón de té de Madame Pudipié”. Todo estaba adornado con flecos y lazos, pero tampoco importaba mucho.
-Bueno. Mientras se pueda tomar algo caliente...
Entraron, y James pidió dos tazas de té. Enseguida se sentaron, y se con rapidez, apareció en su mesa lo que habían pedido, acompañado por un plato de pastitas.
-Ahora que estamos más en familia, podrías hablar tú de ti un poco.
-¿De mí? Creo que lo único que le importa a la gente ya lo sabes. Soy la Portadora.
-Pero antes que eso, eres simplemente Lily.
-Eso creía.
-¿Qué te ha llevado a creer otra cosa?
-Las circunstancias
-Que tú lo sepas no tiene por qué afectarte. -puso después un tono de sorna- yo sé que soy el más encantador de los merodeadores, el tío más macizo del colegio, y el mejor buscador de todos los tiempos, el más honrado, bueno, humilde... ¿qué te decía?
La pelirroja rió. Y en ese mismo instante, sus miradas se cruzaron. Por primera vez vio su sonrisa. Y le encandiló. James vio el brillo de los ojos verdes de Lily. Y se perdió en ellos.