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Historia 97869 — capítulo 42
El epílgo. Dedicado a cada uno de los lectores, que me siguieron hasta el final ♥
Los rayos del sol se propagaban con poca fuerza por el ambiente. Los suaves vientos fríos contrarrestaban el poco poder de los rayos y hacían que todo se sintiese fresco. Luego de un vasto y frío invierno blanco, la primavera entraba casi con dificultad dejando un paisaje muy armonioso por todo el lugar. Hermione se apareció en la calle con extrema cautela de no ser vista por un muggle. Acomodó su cabellera al tocar suelo y revisó todos los costados antes de seguir caminando.
Giró en una esquina y caminó con más rapidez hasta llegar a una casa no muy ostentosa, subió unos escalones cortos y procedió a tocar el timbre, esperó tranquila hasta que la voz de una mujer le habló del otro lado:
—Ya voy —un fuerte chirrido siguió a la puerta que se abría con dificultad—. Disculpa Hermione, no tengo mucho tiempo para arreglar la puerta, era una de las cosas que con Ted siempre hablábamos… —No se preocupe Señora Tonks —respondió Hermione para evitarle a Andrómeda el atormento de recordar a su fallecido marido.
Andrómeda pasó la mano a Hermione invitándola a pasar adentro, Hermione le asintió con una sonrisa y caminó a gusta hasta llegar al vestíbulo donde se detuvo al ver a un pequeño niño de cabello rubio que llegaba corriendo detrás de un gato muy peludo, gritando muy divertido. Andrómeda llegó hasta el lugar y tomó al pequeño Teddy entre sus brazos y ahuyentó al gato para que saliera de la casa. Caminaron juntas hasta llegar a la sala.
—No creo que tarde —dijo Andrómeda con una sonrisa—. Ahora si nos disculpas alguien tiene que darse un profundo baño —Teddy empezó a reírse tímidamente. —Adiós Teddy —resopló Hermione para ver como el niño cambiaba el color de su cabello a rojo y decía adiós con sus manitas.
De las escaleras se oyeron unos pasos e inmediatamente luego de que Andrómeda y Teddy desaparecieron de la vista de Hermione ella se giró para mirar, Draco Malfoy descendía del piso superior abotonando los botones de la manga intercaladamente sin desviar en ningún momento la vista hacia Hermione. Vestía completamente de negro: su traje negro, su camisa negra y la corbata negra. Al bajar el último escalón soltó su muñeca y alzó la vista, ella sólo sonreía.
—Llegas temprano —dijo con tono natural mientras colocaba ambas manos en cada bolsillo de su pantalón. —¿Es motivo de recriminación? —preguntó Hermione sonriendo. —O… mejor vamos ¿no? —respondió Draco arqueando las cejas sacando una de sus manos del bolsillo, agarrando la mano de Hermione. —¿Ellos no van a ir? —preguntó Hermione entrelazando sus dedos. —¿No tienes nada mejor qué hacer que preguntar? —preguntó Draco con sarcasmo y Hermione frunció el seño—. ¡No lo sé! —Ya te doy la razón, mejor vamos.
—Sólo quiero que me des una señal —dijo Hermione con los ojos hinchados—. Una de que si lo intentamos no vamos a terminar heridos. Draco levantó la mirada que tenía en el suelo hasta llegar a los ojos de Hermione, su seño estaba fruncido pero como si estuviera confundido, de todas las miradas que Hermione esperaba ésa era la que no quería ni ver, él dudaba y ella no quería dudas. —Vamos a darnos una oportunidad —suspiró con fuerza—. Vas a pensar que cambié y luego vas a acordarte de todas las cosas horribles que te hice, luego vas decirte que ya no soy así… —Parecía estar obligado a decir esas cosas así que Hermione abrió la boca para decir algo, pero él prosiguió bajando la mirada de nuevo—. Y luego voy a volver a hacerlas, te vas a dar cuenta de que no cambié y vas a engañarte a ti misma, vas a decidir que esto no tiene ningún fin y vas a dejarme, y ambos vamos a salir heridos… —No puedes solo… —Dime que las cosas no van a ser así y entonces podremos intentarlo. —Draco… yo… —Sólo responde y veremos —dijo con potencia en su voz. Hermione bajó la cabeza rendida, ya no sabía qué hacer. Ella quería intentarlo, de verdad quería, pero él siempre tenía un motivo para dejar caer todos los sueños que ella tenía. Tal vez era cierto, él no había cambiado, pero ¿Cómo hacerle saber que un cambio no era imprescindible? Quedaron en silencio por varios segundos. —Yo sé que eres un imbécil, un elitista, egoísta, narcisista, cruel y engreído —respondió Hermione sin pensar después de varios segundos—. Pero pensar en que cambiaste nunca ocupó mi mente. Aún así con todo eso yo te acepté, y si quieres intentarlo estoy segura que no ocurrirá eso, porque jamás quise que cambies…
Aparecieron conjuntamente cerca de La Madriguera. Hermione miró a Draco por unos segundos con una sonrisa, en cambio él parecía preocupado más que feliz, no era el mejor de los lugares a donde Draco quisiera ir y eso se notaba en su cara, pero el simple hecho de que viniese con ella hacía que Hermione sintiera felicidad en sus adentros. —Así que una vez que estemos allá no habrán nada de cariñitos, ni besitos, ni manos juntas, ni… Pero antes de que pudiera terminar sintió como Draco soltó su mano y lo colocaba en su trasero y lo apretaba sin fuerza, Hermione levantó una ceja mientras lo miraba y él solo incurvó una media sonrisa. —Tengo que aprovechar el tiempo… —Me refería que aquí tampoco —dijo Hermione en tono de reproche mientras llevaba su mano atrás y tomaba la de Draco con rapidez—. Bueno creo que haré una excepción con las manos. —Podrías exceptuar para que mi mano siga aunque sea en tu cintura… —No, y ya camina. —Así que si quieres que esto pase no me dejes ir —dijo Hermione mientras se levantaba del sillón donde ambos estaban sentados, se cerró el cierre del abrigo que traía evitando mirar a Draco, y luego cuando dio un paso sintió como la mano de Draco la estiraba. —Podemos hacerlo —susurró Draco —¿Estás seguro? —Te amo —murmuró con voz apenas audible. Esa era la primera y única vez que Hermione escuchaba a Draco decir eso, se había estado sintiendo acomplejada por el simple hecho de que ella le hizo saber muchas veces y él nunca había dicho nada, era como si una suave briza de paz la ventilara. Lo miró ahí con los ojos en dirección a ella, y la frente arrugada, era una imagen de Draco que no quería quitarse de la cabeza. —No soporto que Weasley me hable como si fuera su mejor amigo —se quejó Draco antes de llegar al lugar donde todos estaban reunidos, el ocaso estaba pintando el momento en un dulce color nacarado agradable a los ojos de Hermione. —Pues díselo, eres bueno para hacer que las personas se sientan mal. —No es la clase de "Estímulo" que esperaba de parte tuya —dijo Draco haciendo enfoque con los dedos—. Pero ya que ambos llevemos la Marca Tenebrosa no significa que lo respete y mucho menos que lo quiera. —A veces me pregunto si te oyes porque eres verdaderamente cretino. —A veces me pregunto si te miras en el espejo porque tu cabello parece como si te hubieses despertado recién —dijo Draco—. Tssss. —Deberías aprender a callarte —respondió Hermione tocando su cabeza—. Claro que me peino. —Claro que me escucho —alegó con una media sonrisa.
Draco se levantó del sillón sin dejar de mirar a Hermione a los ojos, ella desvió su mirada al sentir como con la otra mano se levantaba la manga del brazo con el que la estaba sosteniendo, abrió grande los ojos al adivinar qué quería hacer: Mostrarle su Marca Tenebrosa. Quiso evitar que lo hiciera, no quería verla, sólo al recordar lo horrendo que fue al verla en Ron intentó evitar que lo hiciese pero no lo consiguió. Levantó toda la manga y el ya menos intenso tatuaje de una serpiente yacía en su brazo, no se movía, solamente parecía un tatuaje, no era ni macabro. Alzó su mano y lo masajeó sintiendo como el contacto con su piel hacían que él se estremeciera. Jamás había tenido un mejor plano de su Marca, y eso se debía principalmente a que él lo ocultaba, porque lo odiaba, y porque prefería mil veces mostrar su alma a mostrar el terrible pasado que lo marcaba.Hermione levantó la vista hacia Draco y sus fríos ojos grises le devolvieron la mirada, por primera vez desde todo el tiempo que pasaron juntos ella pudo ver lo que decían sus ojos, y ése era Draco, el que se dejaba ver ante ella.
Había una enorme carpa en el patio de La Madriguera en donde Hermione y Draco se encaminaron sin apresurarse, la ocasión era mérita. Después de tres años de acabarse la segunda guerra mágica Harry había decidido unir su vida a la de Ginny para siempre, y aunque a Hermione le parecía bonito, Draco no hacía más que decir que el "Para siempre" no existía, que era una invención del pueblo.
—¡Oh no! Ahí viene la comadreja —dijo Draco soltando la mano de Hermione—. Tal vez me encuentres debajo de la tierra. —¿Qué? ¿Cómo?... Espera —comentó Hermione confundida mientras veía que Draco se perdía entre las personas. —¡Hermione! —dijo Ron alegre al verla. Él tenía un traje gris oscuro con una camisa blanca, su corbata era de color plateado que hacía juego con los zapatos que traía. —Ron, te ves bien —expresó Hermione con una sonrisa—. ¿Cómo está Harry? —Nervioso, no sabes —comentó—. Por cierto Ginny está enfurecida porque según ella debías estar aquí hace como dos horas. ¡¿Cómo mi madrina se atreve a faltarme así!?! Eso dijo —reía mientras hablaba y Hermione dibujó una sonrisa al mismo tiempo — Ahora iré a verla…
Hermione entró a La Madriguera con rapidez, su zapato con tacones dificultaba mucho la intención de llegar a Ginny lo más rápido posible, aunque después de subir varios escalones llegó a dar con su habitación, dio unos golpecitos y la Señora Weasley procedió a abrirle la puerta
—Hermione, querida, creímos que te había pasado algo —comentó preocupada. —Estoy bien, no se preocupen. —¡Más te vale! No iba a dejar que me arruines la noche, señorita —agregó Ginny con un gran vestido blanco que dejaba su tono de piel pálido como si pareciese porcelana, su cabello rojo estaba atado en forma de medio rodete y dejaba caer en ondulaciones una cola, llevaba puesto el velo hacia atrás y se giró con una sonrisa radiante—. ¿¡Me lo puedes creer!? Esto es IRREAL. —Es real para ti —dijo Hermione con una sonrisa.
Una hora exacta después el bello sonido de un piano hacía que todos los presentes se girasen en dirección a la entrada, donde Ginny esperaba con todo su esplendor al lado de su padre, Arthur, la entrada magnífica. Molly los seguía de cerca y hacia el final la pequeña Victoire de un año de edad caminaba con pies regordetes por todo el lugar buscando desesperada a Fleur. Hermione entró y de inmediato se colocó al lado de Harry en el altar, donde era su lugar como Madrina. Harry se veía espléndido, con una sonrisa enorme figurada en toda su cara, eran hermosos, era increíble verlos tan contentos, pero ellos se merecían todo eso.
—Harry James Potter, ¿aceptas por esposa a Ginevra Molly Weasley para amarla y respetarla por el resto de tu vida? —Sí, aceptó —contestó mirando a Ginny. —Ginevra Molly Weasley, ¿aceptas por esposo a Harry James Potter para amarlo y respetarlo por el resto de tu vida? —Sí..sí —respondió tartamudeando levemente Ginny— Sí —respondió con seguridad. —Entonces los declaro Marido y Mujer. Lo que Dios unió en el cielo no pueda separarlo el hombre en la tierra.
El primer beso oficial como Marido y Mujer desató los aplausos y silbidos de los presentes, Harry y Ginny se quedaron abrazados ambos sonrientes por un momento. Hermione fue la primera en felicitarlos, seguidos de George, quien había accedido a ser el padrino de la boda, eran cuestiones de hermandad: Ginny siempre quedó muy destrozada después de que Fred partiera y dejara a George, así que quería hacerle saber que ella lo tenía bien presente ofreciéndole el puesto, que por supuesto Ron discutió bastante, aunque al saber la razón apoyó la elección.
El lugar en un principio muy elegante, con sillas decoradas con telas doradas, y el altar con flores muy tupidas habían sido cambiadas de repente: Las sillas desaparecieron dejando un amplio patio de baile al descubierto, y varias mesas se acomodaron en los alrededores (sin salirse de la carpa). La música empezó a sonar y varias personas se colaron a la pista para bailar sin vacilación. La prensa mágica también estaba presente, sacando memorables fotos del niño que se había encargado de terminar con Lord Voldemort.
Draco soltó la mano de Hermione sin dejar de mirarla a los ojos, y ella tampoco había querido dejar de mirarlos, eran tan distintos e iguales a la vez, quería recordarlos siempre así, llenos. —Espero por tu bien que no te acostumbres a esto. —No te preocupes, no lo esperaré —respondió Hermione mientras colocaba sus brazos en su nuca y lentamente sentía como Draco colocaba las suyas en su cintura. Se acercaron lo suficiente para sentir sus respiraciones, luego de un corto juego se unieron en un beso. Draco paseaba sus manos en Hermione mientras ella atajada de su nunca lo mantenía pegado a sí misma. Sólo cuando sintieron que el oxígeno faltaba se separaron. —Eso sí puedes esperarlo. —Ya que ni fueras el mejor besando… —bromeó Hermione. —¿Qué hiciste con Hermione? ¿Ehh? —preguntó Draco—. La que yo conozco no hace bromas. —¿Quién dijo que lo era? —preguntó arqueando las cejas. —Por favor, soy Draco Malfoy, y te mueres por besarme. Hermione movió su cabeza en ambos costados negándose a la idea, Draco la apretó con fuerza entonces quedando ambos pegados muy cerca el uno del otro, hasta que Draco volvió a besarla.Hacía ya tres años de aquel momento.
—¿Has visto a Draco? —preguntó Hermione a Ron quien volvía de la pista de baile con la camisa suelta y la cara roja. —Creí que se escondía de mí, no de ti —respondió casi gritando porque la música no dejaba escuchar bien. —¿Esconderse? Claro que… —No soy idiota —respondió Ron con una sonrisa—. A mi tampoco me agrada, pero como noté que sigue sin soportarme y no es capaz de decírmelo entonces decidí que lo molestaría. —¡Eres un idiota, Ronald Weasley! —gritó Hermione—. Ahora te lo va a decir y vas a quedar… —¡¡Ahh.. ya… arruina-vidas tenías que ser!! Sabía que había una razón por la que no te lo contaba —agregó Ron en tono de broma—. Pero ya me voy a bailar, al cabo que ni quería hablar contigo de mis formas de joder vidas ajenas.
Ron se alejó de Hermione antes de que ella pudiera decir nada. Ella lejos de seguirlo a reclamarle sonrió ante la situación, sí, era divertido. Pensó que se debía a la forma tan cretina que tenía Draco de burlarse de todo y que eso era una especie de venganza. Abandonó los pensamientos y se salió de la carpa, el cielo brillaba de tantas estrellas que tenía, no recordaba una noche tan linda como ella, así que sin darse cuenta se quedó mirándola.
—¿Quieres irte? —¿Dónde te metiste? ¡¡Te he estado buscando!! —Te dije que me buscaras debajo la tierra —respondió Draco—. Por lo visto no sabes buscar. —Te perdiste la ceremonia. —No es gran cosa —agregó parándose al lado suyo mirando hacia adelante junto como ella estaba—. Pero Weasley va a pagar muy caro. —¿Así que no presencias la Ceremonia pero sí las charlas que tengo con Ron? —preguntó Hermione levantando una ceja. —Estaba probando que los panecillos no tuvieran veneno, deberías estar orgullosa porque me arriesgo por todos —dijo con sarcasmo Draco—. Así que… ¿Por qué no nos vamos? —Así que… quieres cambiarme el tema —respondió Hermione dando media vuelta hacia él. —No… sólo quiero irme —agregó Draco arqueando ambas cejas—. Vamos, sé que quieres irte. —¿A dónde? —Lejos. —¿Puedo saber dónde es "Lejos"? —No —Entonces no iré —expresó Hermione con voz ronca.
Draco no dijo nada más, pero en vez de ello se giró hacia Hermione con la mirada maliciosa, se acercó a ella y la tomó por la cintura, mientras ella, desprevenida, colocaba sus manos en las de Draco con intención de soltarse. Logró que Draco soltara su cintura, pero en vez de ello él se sujetó de sus manos y ambos caminaron.
Sólo caminado, juntos. Era la idea más loca que a Hermione se le pudo haber cruzado por la mente, pero confiar en ¿Draco?, sí, lo hacía. Decidió dejar la fiesta y caminar con él, hasta donde él quisiese.
FIN
Sólo espero haber podido llevar la magia que significa Harry Potter hasta cada uno de ustedes, tal vez esperaban más del epílogo, pero era preciso que terminara así, al menos así lo sentí. este es mi fic, es Dramione :D