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Nadie Lo Podía Remplazar... — capítulo 1
Minutos, horas, días, semanas, meses, años, siglos… Ya no tenía noción del tiempo. Ya no podía decir que el tiempo corrían. Ya no podía volver a hacer la misma de antes… Él se había ido. Ella lo trató de hacerlo recapacitar, pero era tarde… Él desapareció en la oscuridad del bosque. Se sentía vacía, con el corazón roto en miles de pedazon, los cuales se lo llevó él… Estaba sumida en un trance del que no podía despertar. Cada cosa que estaba a su alrededor, cada árbol, cada ramita, cada hoja, cada chispas del fuego, todo lo recordaba a él. Sus ojos azules marinos y su pelo rojo… Vagos recuerdos de él permanecían en su mente cada día.
Harry la notaba deprimente, fuera de la realidad, pero no podía hacerla volver. Triste y deprimente, llenando la carpa de un aire lastimero. La veia llorar en silencio, derramando lágrimas traicioneras. Lo extrañaba… y mucho. Aunque él no sabía qué hacer para despertarla. Se le acababan las posibilidades. Harry también extrañaba a Ginny, pero no se pasaba todo el tiempo lamentandose… Sin embargo, no se atrevía a contradecir a Hermione y decirle que siga adelante, que él ya se va a arrepentir… No podía. No quería, no aguantaba ver a su mejor amiga, a su hermana del alma, llorar y preguntandose qué había hecho mal para que él desapareciera.
Harry terminó su turno de guardia. Entró a la carpa con vagancia, dejando el fuego para ella. Se dejó caer en una silla cercana. Hermione estaba en frente de su mirada, acurrucada en pequeños escalones, con la radio en su oreja mientras sonaba una canción lenta. Se le partió el corazón al verla tan destruída. Oscuras ojeras se encontraban debajo de sus ojos miel y un par de lágrimas le caían por la mejilla. La contempló, lamentandose que el idiota de Ron la haya dejado de tal forma… Juró mentalmente que la vengaría, golpeando con fuerzas a Ron.
Se levantó del asiento y se dirigió hasta ella. Hermione levantó la cabeza con sus ojos llorosos. Harry le tendió la mano para que la sujetara y se pudiese levantar. Una vez que ambos estuvieron a la misma altura, el pelinegro le quitó el guardapelo del cuello y lo arrojó a la cama. Se miraron a los ojos por unos momentos. Las miradas se conectaron con intensidad. La música de fondo fluía en la carpa. Harry la arrastró de a poco, haciéndola mover los brazos de forma graciosa. Ella no se negó, si no que le siguió el juego. Una tierna sonrisa salió despedida del rostro de Hermione, pero pronto la volvió a reprimir. Sabía lo que Harry le estaba tratando de hacer… Trataba de volver a ver a la Hermione Granger que conocía. Sin embargo, Harry no se cansaba de intentar. La hizo girar, y luego a él. Bailaban como muñecos de trapos.
De pronto, la música tomó intensidad. Harry y Hermione seguían bailando como si no hubiese tiempo, sin pasado, presente o futuro… Ni siquiera Ron. Estaban totalmente a gusto juntos. Dos hermanos bailando, o tratando de hacerlo, en la carpa que estaba en el medio del bosque. Nada podía ser tan perfecto. Hermione ya comenzaba a dejarse llevar, a reír y sonreír. Carcajadas por parte de los dos. Harry hacía todo lo posible para parecer divertido, hasta giraba como lo tendría que hacer la mujer. La mirada de Hermione era más cálida.
La música parecía acabar, al igual que ellos. Estaban abrazados mientras seguían moviéndose. Hermione se apoyaba en el hombro de Harry, y él se escondía en su melena castaña. Ya no había risas, sólo un silencio nada incómodo. No articulaban ninguna palabra, no quería arruinar aquello. Pero, cuando el cantante cesó, ambos se separaron y se miraron a los ojos.
Harry contempló que ella no era la misma, que aunque solo dos minutos de diversión, no podía hacerle olvidar al pelirrojo. Mientras que Hermione vio la desesperación que tenía él en encontrar a Ginny salva y sana. Ambos tenían parejas, bueno, por lo menos Harry; sin embargo, lo que sentía la castaña era amor verdadero, sin saber que Ron también sentía lo mismo.
La respiración de ellos se mezcló en el aire. Estaban muy cerca de sus bocas. A pocos centímetros de tocarse… Hermione se separó bruscamente y se alejó de él. Caminó hasta la puerta de la carpa y desapareció tras ella para montar la guardia.
Y entonces Harry Potter comprendió que Hermione Granger no podría remplazar jamás a Ronald Weasley; que nadie lo podía sustituir.