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Cuando todo cobra sentido — capítulo 8
Cuando llegué a la puerta vi a mi padre despidiéndose de la señora Loockbood, yo, para improvisar, me senté en las escaleras que acababa de subir, cuarenta y dos, nada mas y nada menos.
_¿Ever? ¿qué haces aquí?
_Esperarte, ¿nos vamos ya, no?
_En efecto. ¿Y tu hermano?
_No se, creí que estaba en la fiesta, o contigo.
_Pues no. Bueno, vamonos, el tiene llaves, móvil, carné de conducir y cerebro para pensar, creo que no cometerá ninguna locura, ¿no crees?
_Jaja, no se, es rubio, igual eso es un problema.
Reímos hasta llegar al coche, mi hermano no era responsable, ni mucho menos, pero era respetuoso y amable con padre. Nos subimos al coche y nos marchamos a casa.
Al entrar las luces estaban apagadas, las encendí. Era la una de la mañana. Uff que tarde. Subí a mi habitación a cambiarme. Esperaría a mi hermano hasta las dos. Una hora, no mas. Estaba cansada, y quería que fuera ya mañana, para ver a Matt y eso.
Bajé con el pijama puesto, los dientes labados, desmaquillada y con un moño a tomarme las pastillas. Tenía que tomarme cuatro:
Una roja, para la espalda. Una verde y blanca para que mis huesos no se rompieran. Otra gris que sabía amarga para la cabeza (para que no me estallase de dolor) y una última, rosita, que también estaba asquerosa, servía para mi metabolismo, para no quedarme anoréxica. Las tomé bebiendo un poco de agua. Al acabar, me subí a la cama:
_¿ya te vas a dormir?- me preguntó mi padre.
_Si, estoy muerta. ¿no ha venido todavía?
_No, mañana se la cargará si no le pillo esta noche.
_No seas muy duro, descansa.
_Igualmente, Ever.
Muak, dos besos. La relación con mi padre no era como debería ya que el no era mi padre, por así decirlo, era mi ¿como decirlo? mi padrastro. Mi madre era una poderosa vampira, de la que no se nada, solo eso. Se que es imposible de creer pero así es.