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Historia 99023 — capítulo 26
Hermione se despidió de Luna, y corrió en dirección hacia dónde Draco tan rápido como pudo.
—¡Draco! ¡Espera! —gritó hasta que dicha persona se detuvo y volteó a mirarla.
—Oh, hola.
—H-ol-a —dijo algo agitada—. Lamento hab-ber gritado, tem-mía que no me oyeras.
—Descuida. ¿Necesitas algo?
—En realidad, sí. Ojalá no te moleste, pero quería agradecerte por enseñarme Pociones. No recuerdo habértelo mencionado, pero el profesor Triguare me felicitó.
—Felicidades y de nada —dijo sonriendo—, ¿deseas algo más?
—Pues... no. No, no.
—En ese caso, te veré luego.
—C-claro... —dijo algo sorprendida.
Draco comenzó a caminar en dirección a uno de los pasillos que doblaban en la esquina, pero se detuvo.
—Hermione —dijo volteando—, ¿te gustaría ir a caminar? —preguntó como si nada.
—De acuerdo —dijo Hermione sonriendo pero algo asombrada.
........
Luna caminaba hacia la sala común de Gryffindor, ya que tenía período libre, pero decidió hacer algo que nunca hacía. Tomar un atajo.
Tomar un atajo era sinónimo de algo no muy bueno, ya que Peeves siempre andaba rondando por los pasillos, y si veía algo extraño, inmediatamente se lo diría a McGonagall. Pero Luna, no tenía ganas de caminar hasta el séptimo piso en ese momento. Así que, tomó el atajo más cercano hacia la torre de Gryffindor.
—¿Luna? —preguntó Theodore mientras aparecía por entre las sombras.
—¡Theo! Me asustaste, ¿qué haces aquí? —cuestionó mientras se acercaba a él.
—Tomaba un atajo hacia la torre de Slytherin, pero ya que estás aquí... —dijo con voz seductora mientras tomaba a Luna por la cintura.
—¿Tienes algo mejor en mente?
Theodore asintió y ambos salieron del pasillo hacia el lugar secreto de Theodore.
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—De verdad, ¡adoro este lugar, Theo! Aprecio mucho que me trajeras aquí... ¿cómo lo descubriste? —preguntó Luna curiosa.
—En realidad, es una historia graciosa. Mi padre trajo aquí a mi madre la primera vez que la vio.
—Oh, ¡qué romántico! —Theodore rió ante tal comentario.
—Luna, debo confesarte algo —confesó poniéndose algo serio.
—Dime —contestó sonriendo.
—No sé bailar vals.
—Oh, ¿de verdad? Bueno, no temas. ¿Quieres que te enseñe?
—¿Serías tan amable?
—Por supuesto que sí —dijo Luna con una amplia sonrisa en su rostro y acercándose a Theodore—. Debes poner tu mano aquí, en mi cintura. Y yo, debo tomar tu hombro izquierdo con mi mano derecha. Y juntos, yo con mi mano izquierda y tú con tu mano derecha, debemos entrelazar los dedos juntando nuestras palmas.
Así, una música de vals comenzó a resonar por el lugar.
—Aún recuerdo estos pasos —comentó mientras bailaban—, mi madre me los enseñó. Era una gran bailarina.
—La extrañas, ¿verdad?
—No voy a negarlo, la extraño demasiado. Siempre pasan cosas que… bueno, me gustaría contarle. Supongo que es normal, ¿no?
—Por supuesto que sí. Aunque no lo creas, este Slytherin tiene corazón, y también extraña a su madre.
—¿"Aunque no lo creas, este Slytherin tiene corazón"? Sé que tienes corazón, Theodore Nott. Y uno muy grande. Lo supe cuando tus labios tocaron los míos.
—¿Y cuándo fue eso? —dijo haciéndose el desentendido y sonriendo.
—Un día, en el campo de Quidditch—contestó Luna sonriente, siguiéndole el juego.
—Oh, ¿de verdad? ¿Quisieras refrescármelo? Es que, no recuerdo muy bien.
—Con gusto —confirmó Luna, soltando su mano izquierda con la derecha del morocho, y tomando su rostro con las dos manos, muy delicadamente. Se acercaba cada vez más, hasta que sus labios por fin hicieron contacto con los de Theodore, que se movían al ritmo de la música clásica.
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—Así que... ¿cómo está tu madre?—preguntó Hermione, mientras caminaban por uno de los jardines de Hogwarts.
—Está mejor que antes, si es eso lo que preguntas. No puedo ir a visitarla pero, le mando lechuzas muy seguido.
—Me alegro que las cosas estén bien, Draco. No me imagino lo que debe estar sufriendo tu madre aún.
—Sí, bueno... creo que lo superará. De todas maneras, presiento que estaremos mejor sin él —Hermione asintió no muy convencida—. Hermione... no te he traído aquí para hablar de mi madre.
—Ah, ¿no? —la castaña detuvo la caminata y Draco posó frente a ella— ¿Para qué, entonces?
........
—Lo siento —mencionó Joanne ante tal escena sonrojándose un poco.
— ¿Por qué?
—Por... esto. ¿Te lastimé?
—Por supuesto que no. Me dejaste encantado —dijo bromeando mientras ambos se sentaban sobre el pasto.
Joanne sonrió.
—¿Qué te pondrás para el baile? No quiero desentonar —bromeó Blaise.
—Llevaré un bello vestido salmón sin tirantes, ¿te pondrías un traje salmón sólo para entonar? —dijo riéndose a carcajadas.
—Trata de no abusar, ¿sí? —dijo sonriendo— El negro entona con todo, ¿no es así? —Joanne rió y asintió—¡Grandioso! Entonces, iré con un elegante esmoquin negro. Todas se desplomarán en el suelo cuando vean con quién entrarás al baile de Navidad —dijo con tono soberbio.
—Oh, ¿tu crées? ¿En serio? —Joanne se acercaba cada vez más a Blaise.
—En se-erio... —alcanzó a pronunciar cuando de pronto se encontraban los dos en un profundo beso.
—Bien, no me gustaría que McGonagall apareciera por aquí nos dejara sin mi vestido salmón ni tu esmoquin negro. Así que, ¿qué tal si… te veo a la hora de la cena?
—Me parece fantástico —coincidió Blaise—. Adiós, princesa —le dijo sonriendo mientras depositaba un beso en la mejilla izquierda de la morocha, ésta sonrió.
........
—¿Dónde está Hermione? —preguntó Ginny a Harry y Ron.
—También la he estado buscando, ¿en la biblioteca?
—Acabo de venir de allí —apareció Ron—, Hermione no se encuentra en la biblioteca.
—Debe de estar con Hagrid, quizá—comentó Harry.
—¡Oh, claro! No hemos buscado allí, Ginny.
—Iremos entonces. ¿Vienes, Harry?
—No, vayan ustedes —propuso Harry—.Yo iré a los jardines, creo que eché de menos este lugar.
—Claro, amor —le dijo Ginny mientras besaba a Harry—. Nos veremos luego.
—Ginny, ¿puedes dejar de hacer esas cosas en mi presencia? ¡Te lo agradezco! —pudo escuchar Harry mientras salían en dirección a la cabaña de aislamiento.
Harry se fue hacia los jardines de Hogwarts en busca de paz y descanso. Pero no fue exactamente lo que encontró. Hermione y Draco estaban hablando, mientras que la castaña dejaba al descubierto una sonrisa.
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—Habla, Draco. Estás poniéndome nerviosa —dijo sonriendo.
—Bueno, de acuerdo —no, no podré. No voy a hacerlo. ¡Vamos, Draco! Anímate, ¡ya! Es inútil, jamás vendría conmigo al baile. Jamás sabrás si no lo intentas... ¿qué hago hablando con mi conciencia?—. Yo... sólo quería... saber si no necesitarías más... mi ayuda para Pociones.
—Oh, era eso... —contestó Hermione algo apenada— la verdad es que no, me has convertido en una excelente alumna.
Hermione lo pensó una vez, pero antes de pensarla dos, ya se encontraba abrazando a Draco muy cálidamente, dejándolo algo anonado y sin reacción.
Como si fuera poco, después del abrazo besó la mejilla derecha del rubio y se desprendió completamente.
—Te veré luego, Draco —dijo sonriendo y abandonando la escena.
Harry no podía creer lo que habían presenciado sus ojos. ¿Draco y Hermione eran amigos? Tenía que averiguarlo, de inmediato.
—¡Hermione! ¡Hermione! —gritó Harry para lograr alcanzarla.
—¡Harry! ¡Hola! Creí que estaban con Ginny y Ron en la sala común, justo iba...
—Necesitamos hablar —interrumpió Harry.
—¿Hablar? —preguntó nerviosa— Por supuesto, hablaremos cuando...
—No, Mione. Ahora. Ron y Ginny fueron a buscarte a la cabaña que compartes con Malfoy —volvió a interrumpirla con voz algo severa.
Hermione palideció. ¿Cómo es que Harry sabía eso? Por poco casi se desmaya, pero eso no pasó.
—¿A la c-cab-baña? ¿Quié-én te di-jo seme-jan-nte co-sa, Harry?
—Esa "semejante cosa", me la dijo McGonagall. Igualmente no fueron allí, fueron a ver a Hagrid. Les di la idea que podrías estar allí. Sin embargo, ¿algo que tengas para contarme, Hermione?
—Ay... ¡bien! Lamento no habértelo contado en una carta, Harry. Juro que iba a contártelo, cuando tuviera... ¡OH, POR MERLÍN, HARRY! ¡Dime que no se lo has dicho ni a Ginny ni a Ron! ¡Se pondrán furiosos!
—¿Crées que soy tan tonto como para decirle a dos personas que ante todo, son impulsivas? Claro que no, Hermione. Quise hablarlo contigo primero.
—Oh. ¡Gracias, Harry! Prometo contarte todo. Bien, todo comenzó...
—Aquí no. Podría oírnos cualquiera, Hermione. Vamos a la sala de menesteres.
Hermione asintió. Sintió como su corazón latía a mil por minuto, por suerte había sido Harry el que se enteró y no Ginny... o quizá Ron. El pelirrojo le hubiera dejado la cara deformada a Draco si supiera que al menos había tocado a Hermione.
Ambos llegaron hacia el gran muro hasta que una puerta se dibujó delante de ellos. Harry miró para ambos lados asegurándose que nadie estuviera espiándolos, abrió la puerta, y entraron hacia un lugar desconocido.
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¡Hola a todos! Pido miles de disculpas por no haber actualizado durante días, es que estuve sin internet, fuera de mi casa y la inspiración tocó a mi cerebro recién ahora, imagínense. Bueno, espero sepan disculparme y que les guste mi capítulo número veintiséis. Gracias por todas las lecturas, comentarios y favoritos. ¡Súper agradecida! Muchas gracias y adiós.