Quizá era mejor así — capítulo 1
¿Por dónde debería empezar? Ah, sí.. Por el principio. Desgraciadamente, el principio fue hace mucho tiempo; demasiado, incluso. Por eso, empezaré diciendo que mi nombre es Jayden T. Prince, y tenía, en aquél momento, veintiún años.
—¡JAYDEN, IMBÉCIL, VEN!— Esa voz, de idiota, pertenecía a mi amigo Thierry. Él tenía el pelo rizado, tan rizado que llega a parecer una escarola, de color negro. Sus ojos eran verdes y llevaba dos pendientes. Su hermana, Nathalie, es mi mejor amiga, pero eso lo diré más tarde.
Conocí a Thierry por equivocación, quizá incluso, por estúpido. Le conoció a orillas del río Támesis, en Londres, cierto día de enero hace ya tres años. Después; tuvieron que pasar varios meses hasta que lo volviera a ver, nuevamente, a cerca de un río, pero esta vez, en Francia; justo en el Pont Neuf, en París. Encontrarle fue una gran sorpresa, pues yo, acababa de llegar a la capital francesa en busca de.. ¿Qué? ¿Amor? No, más bien, de desamor. La cuestión era, que yo no sabía nada de francés, a excepción de alguna palabra que había escuchado a la menor de los Petterson decir. Thierry, natural de París, fue quien me ayudó. Me acogió en su casa -y ahí fue donde conocí a Nathalie-, y me enseñó lo que vendría a ser un "francés para tontos", que más tarde perfeccionaría en una academia.
Hacía un año, que en una borrachera, Thierry y yo habíamos decidido abrir una cafetería. En honor a los lugares donde habíamos coincidido por casualidad -o quizá por destino, como decía la loca de Nathalie-, le habíamos llamado Près de la rivière. Nos iba bastante bien, de hecho, teníamos bastantes clientes.
Precisamente por eso, y con motivo del primer cumpleaños de dos cifras de Lily, mi hermana menor, quien, efectivamente, cumplía diez años, viajaría a Chicago. Thierry, por ser un imbécil sin corazón, -mentira, pero alguien debía quedarse a cargo del bar-, no me acompañaría. Quien si lo haría, sería Nathalie.
Nathalie era alemana, pero sus padres se habían divorciado cuando ella tenía siete años y esta, se había ido con su padre -por motivos que jamás quiso revelarme-, a Francia. Ahí, su padre había conocido a Genieve, la madre de Thierry y.. Se habían casado. Nathalie, era realmente preciosa. Tenía un largo cabello oscuro, y unos ojos de color marrón claro. Su físico, no era para nada un típico alemán, sin embargo, su tez pálida en exceso y su acento, la delataban.
—¿Nos vamos de una maldita vez?—Me dijo ella.
Agarré las maletas y nos subimos al coche, Thierry nos llevaría al aeropuerto. Y tras trece horas de vuelo, Chicago llegó a nosotros. Nunca había estado tan feliz por nada, pero odiaba los aviones, por eso, siempre los evitaba.
Mike, mi mejor amigo, y su novia, una muy embarazada Tallulah, nos recibieron.
Mike no había cambiado, seguía llevando un pelo corto, oscuro y ojos pequeños. Tallulah tampoco es que hubiera cambiado demasiado.. Excepto por el hecho de que una enorme barriga de embarazada la delataba. Lucían muy felices ambos y eso, me encantaba.
—¿Y ella, quién es?—Preguntó, celosamente Tallulah. Hacía mucho tiempo ya que nos conocíamos, y desde entonces se mostraba muy celosa en cuanto a mi. Quizá por el hecho de que Mike le había contado toda la historia, nada más conocerse.
—Se llama Nathalie.—Les dije, y ambos entrecerraron los ojos.
—¿Qué intenciones para con Theodore?—Preguntó, Mike. Entrecerré los ojos ante la mención de mi segundo nombre.
—¿Para con quién? Amor, ¿Te llamas Theodore?
—¿A-Amor?—Preguntó Tallulah, con los ojos desmesuradamente abiertos. Cualquiera que la viera se asustaría.—¿Cómo ha pasado esto?
—¡DIME QUE NO TENEMOS QUE HACERTE MÁS PRUEBAS DE PATERNIDAD!—Pidió Mike, con susto. Y es que, yo jamás permití a nadie llamarme amor, siempre dije que la única persona que me llamaría así acabaría siendo la madre de mis hijos, si no me moría antes de tanto vomito de arcoíris.
—¿Más? ¡JAYDEN!
—Nada, Natty, nada..—Le dije, tímidamente.—Olvidémoslo. ¿Cómo va tu preñe, Lulah?
—¿Mi preñe? ¡Dentro llevo un engendro del que vas a ser padrino!—Dijo riendo.—Tanto si te gusta como si no.
—Yo no tengo problema, lo sabéis. Sólo.. Intentad que el bautizo no coincida con el de Evan, que acabaré muerto si tengo que volver a hacerme Minessota Chicago en un día.
—No entiendo nada..
—¿Seguro que no eres hermana de Thierry de verdad?—Le pregunté riendo.
—¡Vete a la mierda, Jayden!
—¿Te quiero?—Pregunté mientras me pegaba con el bolso.
—Sí, y una mierda. Vete a darle besitos a Monique y déjame en paz, inmaduro.
—Dijo la más madura del mundo, ¿Eh?
—¡Malvado!
—Sabes que te adoro.—La abracé por los hombros, mientras Mike y Lulah nos miraban como si estuviéramos locos.—¿Podemos marcharnos, por favor?
—Sí, que es muy difícil hacer un interrogatorio en un aeropuerto.—
La casa de los Petterson seguía igual a como la recordaba. Había estado todo el último año en París, y anteriormente, seis meses en Londres, justo después de visitar Roma y Venecia. Sí, lo cierto es que me había perdido muchas cosas de las que habían sucedido en Chicago, pero no podía evitar odiar tanto esa ciudad que me había visto crecer, casi tanto como la amaba.
Amaba a la ciudad del viento porque ahí había nacido, ahí había crecido, y probablemente, de tener que morir, preferiría que fuera ahí. Amaba desde el barrio hasta el museo de arte contemporáneo que siempre visitaba con mi madre. Amaba también el blues, el jazz y el house de la ciudad. Incluso, después de haberme ido, había comenzado a amar el gospel, que siempre había repudiado, pero de una forma u otra, me recordaba tanto a mi ciudad. Incluso había estado en el teatro de París escuchando a la Orquesta Sinfónica de Chicago, para sentirme un poco más cerca de casa. Había estado viendo a los Chicago Fiers en todos los partidos de liga que había podido.
Todo por el hecho de que no me atrevía a volver. Había estado al tanto de las cosas que pasaban en sus vidas, especialmente en la de Lily, quien seguía siendo, por encima de todo, la persona que más me importaba en el mundo, porque al fin y al cabo, era mi hermanita. Y precisamente por eso, había vuelto a la ciudad del viento. Mi hermana había pedido a Papá Noel que yo estuviera con ella en su cumpleaños.
Una vez en el barrio, mi estómago parecía a punto de estallar. Todo parecía tan igual.. Y tan diferente a la vez. Los niños de las calles ya no eran los mismos, algunos, la última vez que yo les había visto, apenas sabían decir su nombre. Ahora, jugaban en el parque en el que tantas veces yo había jugado. Los amigos de Lily corrían riendo por la acera de la que era mi casa, de la cual venía música festiva infantil.
Sonreí.
—Alto, Jay—Me paró Mike. Le miré—Antes de nada.. Que sepas que Abigail está ahí dentro. Y pase lo que pase, te voy a apoyar.
—Lo sé.
—¿Abigail es la chica a la que rompiste el corazón?—Habló Nathalie. Mike y Tallulah la miraron.
—¿No te lo contó?—Preguntó Mike mirándome con reproche, antes de mirar a mi mejor amiga.—Abigail es mi hermana, y sí, le rompió el corazón. Aunque eso hizo que se lo autorompiera a si mismo.
—Una relación adulta se basa en la confianza..
—No somos novios.—Dijo ella.—Jayden lleva intentándolo decir desde hace un buen rato..
—¿Ah no?
—No, soy la hermana de su.. ¿Qué es Thierry para ti?—Me miró.
—¿Mi amigo?
—¿Entonces tú eres la chica que Jay dice que le roba comida?
—Oh sí, esa soy yo. Y no les robo comida. Porque siempre les estoy soportando. Y supongo que sabéis que soportar a Jay es difícil..
—Mucho.—Habló Mike.
—Pues yo soporto a Thierry y Jay 24 horas tiene el día, pues 18. Siete días a la semana. TODOS los días del año.
—Que infierno.—Murmuró Tallulah.
Yo no les escuchaba, para ese momento. Había comenzado a caminar hasta el interior de la casa, y Mike me había seguido. Subí a mi vieja habitación y me senté, unos minutos en silencio, hasta que Mike me avisó, haciendome una perdida, de que iban a soplar las velas.
Bajé las escaleras de dos en dos, para poder presenciar ese momento. Mi hermana, sin ninguna duda, había crecido demasiado. La ilusión que yo veía por internet, no se asemejaba, en lo más mínimo a ella. Estaba mucho más linda.
—¿Qué vas a pedir?—Preguntó Tallulah.
—Que Jayden venga pronto.—Dijo con su voz, aún infantil, pero algunos tonos más agudos. Lily sopló, con todas sus fuerzas, hasta apagar todas las velas.
Tomé aire.
—Deseo concedido, Lil.—Le dije, entrando por detrás de ella, al salón.
—¿JAYDEN?—Chilló, antes de girarse y correr hacía mi. Saltó, como había hecho desde que era una bebé.—¡ESTÁS AQUÍ!
—Sí peque. —Reí, y ella me abrazó más fuerte.
—¡Mi deseo se ha cumplido! ¡Te ha teletransportado desde París!
—Sí puedes hacer eso, ¡Hazlo! Porque he pasado trece horas en un avión con una morena insoportable.
—¡Yo también te quiero, maldito!—Dijo Nathalie, al lado de Abigail.
Aquello era extraño. Mi mejor amiga junto a mi primer amor.
—¿Ella es tu novia?—Preguntó curiosa mi hermanita.
—Ajá, soy su novia.—Dijo Nathalie. La miré con cara extraña, y ella me hizo un gesto para que me callara.—Y tu debes ser su princesita. ¿Supongo que no he de preocuparme de que me quites a mi novio, o sí?
—Sí, porque no lo voy a soltar. Es mío. —Se agarró más fuerte y yo reí.
—Lil, necesito respirar. Tu sabes, se llama función vital.
—Bueno, pero lejos de esta.. Chica.
—Me siento ofendida de que no les hayas hablado de mi, amor.
—Ya sabes nena, no me dan tiempo. Siempre me hacen muchas preguntas y no me dejan nunca acabar.
—¿NENA? ¿EN SERIO, JAYDEN PRINCE, NENA?—Chilló mi hermana.—¡Eso es un apodo horrible!¡Y machista!
—¡Tallulah, te dije que nada de meterle ideas raras!—Le grité a mi amiga, girando el cuello.
—¿Te volviste un retrógrado, Jayden?
Esa voz.
Esa maldita voz.
Esa maldita voz que me dejó sin respiración durante varios segundos.
Había evitado mirarla.. Y ahora, me hablaba. Quizá por masoquismo me giré y sonreí con arrogancia y probablemente, algo de cinismo.
—En ningún momento, pequeña Petterson.—Mike me miró, extrañado de mi tranquilidad. —Simplemente, no olvidemos que Lily tiene, desde hoy diez años.
—Eso no influye.
—Por supuesto que lo hace. Por si no te das cuenta, es mi hermana. Y creo que soy lo bastante capacitado como para saber que puede influir a una niña de su edad.
—Lo único que demuestras al dar ese argumento es que no sabes nada.
—Quizá no esté sacándome la carrera de profesor, pero te aseguro que conozco lo suficientemente bien a mi hermana, como para saber que es lo mejor.
—Te recuerdo que tu siempre fuiste liberal, incluso a los diez años.
—Una cosa es ser liberal, otra cosa es ser idiota. —Comenzaba a enfadarme, y no sabía porque.—Nena, es una palabra como otra cualquiera. No implica nada más, que el hecho de que es una fémina.
—Es degradante.
—¿Por qué? Me parecen más degradante otras cosas. No le veo la importancia.
—Eres un estúpido, Prince.
—Gracias. Y ahora, si no te importa, es un cumpleaños.
Dejé a Lily en el suelo, y acerqué a Nathalie, sin saber muy bien que hacer. Nunca le había presentado una novia a mi hermana menor. Sonaba hasta estúpido.
—Así que sales con mi hermano.—Dijo.
—Sí.
"1 nuevo mensaje. Mike."
¿No era sólo tu bff?
Nathalie agarró el teléfono y escribió "Lo soy. Pero la forma en la que tu hermana se refirió a él no me gustó nada. Y sinceramente, su cara de celos me mató de risa."
Mike rió, mirando la pantalla del móvil.
Todo el mundo se acercaba a preguntarme donde había estado y cosas así. Algunos me abrazaban, otros me miraban como si buscaran algún cambio.
Una vez acabó el cumpleaños, Nathalie y yo nos pusimos a recoger con la ayuda de mi padre, Mike, Tallulah y Abigail. Por supuesto a Tallulah en cuanto tuvimos un segundo, la volvimos a sentar. Estaba en un estado avanzado del embarazo, así que se quedó hablando con Lily. Se llevaban muy bien.
Aquella misma noche, tras la ida de los Petterson a su casa y de mi padre a la cama, Nathalie, Lily y yo nos quedamos en el sofá, viendo la televisión. En un momento, la morena que fingía ser mi novia, se disculpó, para ir al baño y posteriormente, a por más palomitas.
Lily aprovechó aquél momento para hacerme saber sus pensamientos.
—Jayden.. Esa chica no es tu novia.— No preguntó, sino, que afirmó.
—¿En qué te basas?
—En tres simples cosas.—Hizo una pausa.—Primero, que sigues mirando a Abbe como si tu mundo girara a su alrededor o algo. Segundo, porque no le has dado ni un solo beso, y cuando salías con Charlotte siempre os estábais besando. Y tercero, porque soy una Prince, y, ya sabes, los Prince somos la intuición.
—Bien, estás en lo cierto.—Murmuré, en parte orgulloso de que mi hermana fuera tan inteligente. Eso le iba a ahorrar muchos problemas en el futuro.
Nathalie volvió, y Lily le hizo saber nuestra conversación. Yo me disculpé y dije que necesitaba aire puro, así que me coloqué la chaqueta y agarré las llaves, para después salir de casa.
Llegué al campo de fútbol en el que, tantas veces, había jugado. No pude evitar sentarme contra el muro de siempre, con la espalda pegada a este y las piernas encogidas. Fueron diez minutos tranquilos.
Hasta que llegó.
¿Cómo lo supe? No lo sé. Quizá porque mi corazón se había puesto a palpitar tan rápido que parecía que iba a morirme ahí mismo, llegué incluso a temerlo; quizá por el olor, que había cambiado ligeramente a mi alrededor; o también puede ser, porque simplemente, algo me lo decía.
—¿Qué haces aquí, Jayden?—Me preguntó, relajada.
—Soy mayor de edad, así que no tengo que pedir permiso a nadie.—La escuché bufar, aún sin mirarla.
—Siempre fuiste un maldito borde.—Me dijo. Yo me encogí de hombros.—¿Por qué no me miras?
—¿Por qué debería hacerlo?—Se había sentado a mi lado, y sentía como su abrigo rozaba mi chaqueta, lo que me hacía perder, durante unos segundos, la respiración y empezar a temblar.
—Quieras que no, tenemos una historia en común.
—Fue hace mucho tiempo.
—No el suficiente como para olvidar todo lo que hemos vivido juntos, Jayden Theodore.
—Abigail.. Sólo vete.
—¿Por qué?
—Siempre fuiste demasiado preguntona..
—Si no me contestas no me iré, también soy demasiado cabezota.
—Pues te diré, que simplemente quiero estar solo.
—No sé porque será, que no te creo. Seguramente querrías estar con esa noviecita tuya, dándote besitos.
—Olvídame, solo.. Olvídame.
—¿A ella también le dices que la quieres? ¿También juegas con ella?
—¡JAMÁS! ¡Y escuchame bien, Abigail Petterson, JAMÁS jugué contigo! Ni con ninguna mujer.
—Estabas a dos bandas. Y lo sabes.
—Sabes perfectamente que no fue así. Sabes también, que realmente me enamoré de ti.
—¿Por qué iba a creerte?
—¿Quizá por qué puse mi amistad con tu hermano, que es casi como si fuera mi hermano, por ti? ¿Quizá por eso, joder?
—Pero te acostaste con Charlotte.
—Sí joder, lo hice. ¡LO HICE VARIAS VECES! ¿Y qué más te da? —Me puse en pie.—No es como si hubiéramos estado juntos nunca, Abigail. Sabes que no habría funcionado.
—Eso no lo puedes saber.
—¡Por supuesto que puedo saberlo! —La miré, y sentí como me congelaba. Parecía tranquila, pero prácticamente podía sentir como temblaba, bajo esa mirada segura.—Las chicas como tú nunca se quedan con un chico como yo, Abigail.
—Jayden eso no es..
—No se te ocurra decir que no es verdad. Tú lo sabes, yo lo sé, Mike lo sabe, Tallulah también, Charlotte, Charlie, Andy, Jenny.. Todos ellos, también lo saben. Incluso Lily lo sabe.
—Tu hermana es muy lista, ya sabes, se parece mucho a ti.
—No me vengas con esas Abigail..—Estaba tan cansado en esos momentos, que habría cedido a admitir cosas que me negaba a mi mismo.
—¿Por qué no quieres estar cerca mío? En todo el cumpleaños me rehuiste.
—¿Te parece.. por el hecho de que, como tu dices, tenemos una historia juntos?
—No, no me parece.
—Pues es por eso. —Me giré, dispuesto a irme a mi casa, cuando Abigail me detuvo.
—Dime porqué..—Me rogó. Tragué saliva.
—Por esto.
La besé. Nuestros labios entraron en contacto una vez más, con la diferencia de que en ese momento, no había ternura alguna. Había una mezcla de ira, de furia, de lujuria, de violencia, de terror. Parecía que íbamos a devorarnos el uno al otro, por la forma en la que ella me agarraba del pelo y me clavaba las uñas en la espalda, mientras yo recorría su cintura de forma frenética con mis manos.
Me separé de golpe, al saber que estaba haciendo.
—Por eso, Abigail, por eso no quiero tenerte cerca.
—Tienes novia.
—Y tu novio y linda, no es que hayas opuesto resistencia.
—¿Me quieres?
—¿Y todavía lo preguntas? Abigail, me cortaría un brazo por ti.
—Yo..
—Tú nada Abigail, tú, nada. Lo supiste, que yo no era quien había dejado embarazada a Charlotte. Ella misma te lo dijo, en cuanto tuvo los resultados. Y los dos sabemos que corrí hasta tu casa e intenté hablar contigo y te negaste.
—Tenía diecisiete años..
—Aún así. Me dijiste que me alejara, que no me querías volver a ver, y, no lo hiciste. Me fui. Quizá porque soy estúpido.
—No eres ningún estúpido.. Sólo, te enamoraste de mi.
—Probablemente por eso soy estúpido. —Murmuré.— Abigail, dado que no te vas... Ya me voy yo.
—¿Podríamos quedar mañana?
—No solucionaría nada.
Volví a casa, casi corriendo. Pasé la noche mirando por la ventana, Nathalie pasó a ver si estaba bien antes de irse a dormir. Al día siguiente, Abigail volvió a Nueva York.
—Deberías hacer algo.—Me dijo el hermano de esta.
—¿Cómo qué?
—Escribirle algo. Siempre se te dio bien escribir.
—¿De qué hablas ahora, Mike?
—De mi hermana.
—¿Eh?
—Ayer, cuando volvió, temblaba. Más que temblar de hecho. Y sólo ha habido una cosa en esta vida capaz de hacer que mi hermana pase la noche llorando, abrazada a la almohada, contra la puerta y temblando.
—Sorpréndeme.
—Tú, imbécil, tú.—Me dijo.—Si hubieras sido cualquier otro pavo, ya te habría matado, loco.
—Sí, por desgracia soy tu mejor amigo.
—Te prefiero a ti, antes que a Fred. En serio. Y sé que ella también.
Hice caso a Mike. Le escribí una carta. Se la mandé el último día que pasé en Chicago, justo antes de ir al aeropuerto.
TRES DÍAS MÁS TARDE...
—Y bueno Jayden, ¿que harás?
—¿Qué haré con qué, Thierry?
—Vale, no me has escuchado.—Me dijo mi amigo.—¿Es por esa chica? — No contesté.—Deberías olvidarla.
—Quisiera, pero no podría hacerlo nunca.
—¿Por qué?
—Olvidarla, sería borrar gran parte de mi vida.
—Me refiero a olvidar ese affair que tuvisteis.
—Precisamente, eso es lo que menos puedo olvidar.
—¿Por qué?
—Porque como lo olvide, correré hasta Chicago tan rápido, que levantaré polvo. Eres un buen amigo, y supongo que entiendes que mi hogar para mi, siempre será esa ciudad.
—Supongo que si.
—Oye, Thierry, vuelvo en un rato, ¿Vale?
—Claro hermano, cálmate.
La torre Eiffel, fue el lugar escogido para soportarme como un deprimido ser humano. La torre de 330 metros y 1666 escalones, fue castigada con mi presencia y mi depresión. Subí cada peldaño hasta la cima, desde ese punto, París parecía más bonito que nunca.
Mi teléfono sonó.
Marqué el número telefónico de Jayden, a sabiendas de que me costaría la llamada, un precio que seguramente rozara las nubes. Me encontraba en un café, con la carta del chico justo delante.
Sabía que él probablemente no contestara. Sabía también, que si lo hacía, no sería capaz de hablar, pero no podía evitar intentarlo.
A mi pequeña Petterson;
Quizá el término pequeña ya no se ajuste a ti. Quizá, lo más probable es que hayas de ser la enorme Petterson. ¿Qué estoy diciendo? Ya ando divagando.
Eres.. Una de las personas más importantes de mi vida, jamás te permitas dudarlo. El problema es que tú y yo sabemos. Tú necesitas a alguien que sepa como solucionar cualquier cosa y no mintamos, yo solo sé dos maneras. A golpes o con palabras no demasiado bonitas.
No recuerdes que te ama, Jayden Prince.
Leí de nuevo, aquellas palabras mientras sonaba el típico piii interminable.
Mi móvil vibró, mientras lo sacaba del bolsillo. Abigail, decía. Colgué.
Él había colgado. Yo lo sabía, pero eso no impidió que marcara de nuevo aquél teléfono que tantas veces había mirado, antes de irme a dormir, pensando si llamar o no, al punto de aprendérmelo de memoria.
Llamé de nuevo.
Abigail, volvió a decir. Apagué el teléfono y lo guardé en mi bolsillo. Comencé a bajar los escalones de la torre Eiffel sin ninguna prisa. Pasaban los minutos, hasta que finalmente, llegué al primer nivel. Me giré, de pronto, y comencé a subir de nuevo, esta vez, corriendo. Una vez llegué arriba apenas podía respirar. Me agarré con fuerza de la barra de metal, antes de respirar hondo. Agarré mi teléfono y lo deposité en la basura que tenía al lado. Sin tocar nada. Y nuevamente, me dispuse a bajar andando. ¿Por qué no utilizar el ascensor? Sencillo; Abigail siempre había dicho que la mejor forma de olvidar un mal momento, era esa. Y la estaba poniendo en práctica, en mi primera visita a esa torre de 330 metros que adornaba la ciudad.
Volví a marcar, y esta vez, nadie contestó. Una lágrima, traicionera, escapó de mis ojos. Escribí un mensaje, corto, conciso y que esperaba que leyera. Este ponía "Yo también te amo" sin ningún adorno. Sólo la realidad.
Dejé el móvil en la mesa, mientras me tomaba lo que quedaba de mi café. Mi móvil comenzó a vibrar, y yo, emocionada, me dispuse a contestar.
Era Fred. Quizá era una señal, quizá el destino no nos quería juntos, quizá nuestro momento ya había pasado, quizá simplemente debía ser así.
Hablé unos minutos con él, para después colgar y dirigirme a la agenda de números. Jayden. Borrar. ¿Confirma que quiere eliminar Jayden? Sí.
Jamás olvidaría lo que pasamos.
Jamás olvidaría lo que pasamos.
Quizá era mejor así.
Seguro que era mejor así.
Bien, 3157 palabras, 10 páginas de word y muchas lágrimas por el camino. Ha costado, pero finalmente, un oneshot de "Who's that boy?" ha visto la luz. Supongo que se ha entendido que gran parte lo narra Jayden, excepto lo que se encuentra en georgia cursiva que lo cuenta Abigail. Algo deprimente, incluso para mi. Raro no haber matado a nadie, ¿Eh? Espero que al menos hayáis disfrutado leyendo, aunque sólo sea una décima parte de lo que yo he disfrutado escribiéndolo.. Con amor, only.
Dedicado a mi Palomita y Anna, que sé que ella ama a Jay,