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Historia 99806 — capítulo 8
Hola! ante todo, antes de leer... ADVERTENCIA: ESTE CAPÍTULO ES COMPLETAMENTE (+18) así que menores, abstenerse. Se que no me harán ni puñetero caso xD pero, al menos lo avisé!:
Capítulo 7: Arte:
Los secos golpes de los tacones de Rose repiquetean por las adoquinadas y desiertas calles. La muchacha avanza con una horrible sensación de nervios en el pecho, todo fruto de la frustración por la increíblemente estúpida tarea que le han encomendado llevar a cabo. Todavía no puede creer que tenga que hacer esto… le parece completamente fuera de lugar. Ella no debería estar haciendo este tipo de cosas, debería estar dirigiendo el departamento, por algo fue la mejor de su promoción en Hogwarts, además de premio anual, llegando incluso a superar a su madre y a su tío Percy en ciertas asignaturas. Pero así era la vida para los jóvenes, y a pesar de tener ya veintitrés añazos, a pesar de llevar cinco años comiéndose todo el trabajo sucio en el ministerio, y por mucho que su currículum o su expediente fueran los mejores que se habían visto en la institución en décadas, los estúpidos jefes colocados ahí por enchufe no le dejaban avanzar por las buenas. Mucho menos entendía por supuesto, que tuviera que ir a llevarle los malditos papeles al engreído ese de Draco Malfoy. "De tal astilla tal palo" solía decir Rose refiriéndose a él, pues conocía perfectamente a su hijo Scorpius, y tenía la seguridad, por lo que su madre le contaba, de que su padre era igual de insoportablemente engreído e inútil. Esos dos debían pensarse que ser quienes eran les daba derecho a que el resto de la población mágica fueran sus criados. Pues bien, si Rose supiera con seguridad que no se iba a quedar sin trabajo por negarse a llevarle los papeles a eseengreído, bien a gusto lo hubiera hecho. Pero su plan era fácil: entraría a la dichosa mansión, le entregaría los malditos papeles, y sin mirarlo siquiera, daría media vuelta. No pensaba entretenerse ni un segundo más de lo necesario, y esperaba realmente no tener que encontrarse con el estúpido de Scorpius.
Rose Weasley llega al lugar donde se encuentra la opulenta mansión, y la observa con desprecio y resentimiento en la mirada. Odiaba a la gente que se comportaba como si fueran viejos señores feudales, dueños del destino de todos cuanto osaran mirarles. Si tenían dinero, podían emplearlo para vivir como malditos marqueses si les daba la gana, pero al menos podían no pavonearse de ello y tratar mal a los demás por creerse superiores. Ya era bastante triste que lo creyeran ellos mismos.
Rose esperó a que le abrieran, y un estirado elfo doméstico la acompañó hasta la entrada. Incluso el elfo parecía creerse superior al resto de las criaturas terrestres.
Una vez en el vestíbulo, le fue imposible no admirar las impresionantes y lujosas obras de arte que adornaban las espléndidas paredes. Le vino a la cabeza el avergonzante e inapropiado pensamiento de que el señor Malfoy tenía un gusto exquisito para el arte.
-El señor le espera en el salón- la irritante voz del pequeño elfo la despierta de sus ensoñaciones, haciéndole dar un brinco, y Rose avanza con reticencia, y regañándose a sí misma por haberse dejado encandilar por la altiva decoración de ése lugar que destilaba arrogancia por todos los poros.
Rose entra en la sala previamente anunciada por el extraño elfo, y lo ve, sentado en un mullido sillón, leyendo el periódico, con una copa de wiskey en la mano. Al principio no parece dar muestras de enterarse de la presencia de la chica, y eso la irrita más aún.
Malfoy cambia de posición, apoyando su peso sobre la pierna contraria a la que antes tenía cruzada, y pasa de página el periódico, con aspecto de creerse dueño y señor del universo. Ella bufa, incapaz de disimular su disgusto.
De pronto él fija sus ojos en los de ella, y la respuesta de Rose es inmediata: siente aquella mirada en apariencia fría, pero realmente abrasadora que le hace vibrar, dejando una demasiado placentera sensación de cosquillitas en su bajo vientre…Rose baja la mirada de inmediato, se siente confusa, no entiende demasiado bien qué le ha ocurrido, ha sido todo demasiado rápido. Siente sin embargo que su cuerpo sí parece haberlo entendido, pues la sensación persiste, y nota sus mejillas al rojo vivo. Se auto-desprecia a sí misma por haberse dejado llevar de ese modo, por haber sentido todas aquellas extrañas cosas... ¿cómo podía un hombre hacerla sentir así con una sola mirada?
Draco se levanta, dejando su periódico a un lado, pero sin dejar de sostener su copa de licor. Sirve con parsimonia otra copa del mismo licor caro que él bebe, y se acerca a ella con expresión circunspecta. Rose, aturdida por su presencia, no puede evitar observar su elegante porte. Queda de sobras patente lo mucho que su hijo se parece a él, las únicas visibles diferencias parecen radicar en una figura ligeramente más estilizada que la del fortachón Scorpius, y de un inconfundible aire de inteligente madurez y experiencia que moldea el rostro de Malfoy padre. No obstante, Rose puede adivinar los tersos músculos que descansan bajo su elegante y distinguido traje, el cual se adapta perfectamente a sus bien definidos contornos, sentándole de muerte. Draco Malfoy se lleva la mano a su cuello, y desabrocha el nudo de su corbata. Pasa una larga y al tiempo robusta mano por su rubio pelo, dándole un aire de rebeldía juvenil sumamente atractivo. Compone una perspicaz sonrisa que hace que en sus ojos aparezcan unas sutiles arruguitas que no hacen sino darle un toque de atractiva madurez, y es entonces cuando Rose se da cuenta de que se ha quedado embobada mirando sus labios. El rubor vuelve hacer acto de presencia en sus mejillas, y lucha por combatir aquel humillante estado de sopor en el que se halla sumida desde que ha entrado a esa sala. Tose y sacude la cabeza con disimulo. Está muy enfadada consigo misma, y eso se le nota.
-Buenos días, señor Malfoy. No gracias, no me apetece beber nada- dice sin mucha paciencia. Draco Malfoy pronuncia más su sonrisa, y Rose se muerde la lengua con tanta fuerza que se hace sangre.
-No se negaría a tan caro licor, créame. Debe probarlo. Sería un desperdicio que una mujer como usted no apreciara algo tan excelente y delicado.
Rose queda impresionada por el hecho de que el señor Malfoy la llame "mujer". Normalmente todos la llamaban señorita. ¿Estaba diciéndole de ese modo que la consideraba una igual? Y de todos modos… ¿a qué se refería? Una mujer… una mujer ¿cómo? Rose tose desaprobadoramente, y aunque su mente le ordena otra cosa totalmente distinta, su brazo toma el vaso que Draco le ofrece. Cada vez se siente más estúpida, sus acciones siempre han sido escrupulosamente consecuentes con sus pensamientos. Hasta al parecer, ahora. Necesita salir de ahí. Da un largo trago, cuanto antes lo termine, antes saldrá.
El señor Malfoy sonríe complacido.
-Veo que tenía usted más sed de la que parecía. O quizá mejor gusto del que piensa- replica con mordacidad, y Rose frunce el ceño.
-He venido aquí para entregarle los papeles del Tribunal, señor Malfoy, nada más. Ahora debo volver al trabajo.
-A veces es necesario mostrar cierta rebeldía. Sólo de éste modo se darán cuenta del gran agravio que supondría perderla como empleada en su puesto.
Ahora sí, Rose no puede evitarlo, se queda boquiabierta. Draco finge educadamente no darse cuenta, a pesar de que está a punto de soltar una carcajada. Aquella muchacha era tan fácil de impresionar… y tan escandalosamente sexy… con esa figura de infarto. Esas curvas que hacían que la boca se le secara. Esos enormes ojos azules de formas exquisitas, y ante todo, esa enloquecedoramente atrayente melena rojiza llena de volumen.
-Creí además que una mujer tan preparada como usted podría ayudarme a revelar ciertas cuestiones que no alcanzo a comprender acerca del papeleo…
Rose sube una ceja incrédula. Draco va hacia su mesa, y toma de nuevo la botella. Apoyando su espalda contra la inmensa mesa arranca el tapón con la boca, sosteniendo el corcho entre los dientes al tiempo que rellena su copa. Deshace un poco más el nudo de su corbata, y se deleita al descubrir la adorable cara de desconcierto y deseo que aparece en los ojos de la joven. Desde el mismo instante en el que la misma ha pisado esa habitación, ha deseado tenerla. Se da cuenta de que es especial, hacía una eternidad que no sentía un deseo tan asfixiante. Sabe que lo logrará, como siempre lo hace con todo lo que se propone.
-¿Gusta un poco más, señorita? - A Rose no le pasa desapercibido que su trato ha cambiado. Ahora vuelve a ser señorita, y por algún motivo que no alcanza a entender se ofende por el cambio. Se acerca con decisión hasta la mesa.
-Sí, por favor. - Él vuelve a sonreír mientras rellena su copa.
-¿Sabe, señorita Weasley? No todo es trabajo en ésta vida. Una mujer hecha y derecha como usted ha de saber dejarse llevar de vez en cuando por placeres inesperados… - susurra, repentinamente muy cerca de la oreja de la muchacha.
Rose pega un brinco en su posición, ni siquiera es consciente de cómo Draco Malfoy ha podido llegar hasta allí tan sutil y rápidamente. Siente su mirada abrasadora, parece querer atravesarla con rayos X, y acepta desgraciadamente, que hace ya un buen rato que no es dueña de sí misma. Se pregunta cómo en tan poco tiempo ha podido pasar del más exasperante estado de odio y desprecio hacia él a éste escandaloso estado de lujuria incontenible. Comienza a notarse húmeda, y ni siquiera se preocupa de avergonzarse por ello. Cree que ya es tarde para eso. Quiere tenerlo aquí y ahora. Necesita sentirlo dentro. Quiere pecar con ése hombre, e ir directa al infierno.
Por su parte Draco Malfoy rodea a la excitada muchacha como un cazador a su presa. La acorrala contra el escritorio. La siente temblar bajo su pecho, y eso lo excita aún más si cabe.
-Dígame… dígame a qué se refiere señor… M…Malfoy- gime Rose. Pronunciar su apellido arranca una súbita sensación de placer. Rose lo observa asustada pero tremendamente extasiada, sabe que podría ser su padre, pero eso no la disuade en absoluto. El que sea algo prohibido acaso la excita más. Piensa en cómo se pondría su padre si se enterara de esto y una oleada de cosquilleos vuelve a atravesarla de pies a cabeza, gracias únicamente a ese mero pensamiento. Está haciendo algo prohibido, y se siente viva. Más viva que nunca.
-Me refiero a que tiene que disfrutar un poquito más de su juventud. De su belleza, de la experiencia y madurez que otros puedan aportarle…, y sobre todo, de los placeres que la vida, le puede ofrecer. Como por ejemplo, el arte - sonríe con malignidad poniendo énfasis en la última palabra mientras recuesta con delicadeza a Rose, apartando de un manotazo todo cuanto se halla encima de su escritorio. Rose siente su varonil aroma, y pierde completamente la cabeza. Sus movimientos se vuelven violentos y desesperados, no hay nada de delicadeza en sus acciones. Todo cuanto les molesta es arrojado al suelo sin miramiento alguno, y ambas bocas se buscan, devorándose con frenesí la una a la otra. La lengua de Draco dibuja excitantes formas en la piel de Rose, que es mordisqueada una y otra vez por el mismo en los puntos más increíblemente erógenos que ella haya podido llegar a imaginar jamás que existieran. Rose por su parte, presa del más ardiente deseo, olvida todo su habitual recato y arranca la ropa de Draco con toda la furia que es capaz. Observa su increíblemente varonil cuerpo y se siente en el séptimo cielo. Recorre su pecho mientras éste hace maravillas con sus manos, haciéndole gritar de placer. La muchacha se deja llevar, consciente de que jamás nadie le había hecho sentir tan extasiantes sensaciones. Piensa con ironía que realmente es arte, lo que Draco Malfoy hace. Ella lo siente dentro de él, y por primera vez en su vida se pregunta si es posible llegar a morir de placer. Ambos se abandonan a la pasión salvaje del instinto animal, y terminan chillando sus nombres a voz en grito, y sin ningún tipo de pudor. Pero cuando han terminado, y a pesar de haber disfrutado como jamás antes, él vuelve a ser el insoportable señor Malfoy, y ella la irresistiblemente atrayente señorita Weasley.
-Venga a disfrutar del arte cuantas veces desee, señorita Weasley.
Rose Weasley sale de la opulenta mansión con la carpeta vacía, y una repentina nueva afición: el arte.
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Hola hola!! pensaba que realmente lo iba a pasar fatal escribiendo a esta pareja y que no me iba a salir, pero me ha salido increíblemente fluído, y he quedado bastante satisfecha. Bueno, capítulo bastante hot, todo porque desde luego no me los imagino teniendo algo romántico si no todo lo contrario, algo loco y pasional, y ésto es lo queha salido. Espero que os haya gustado. Próximo capítulo: Neville/Luna!
Besitos!! ^^
Bea.