← Historia 100272 · de
Historia 100272 — capítulo 17
-¿Qué tal la pasaste ayer con tu amiguito?- pregunto despectivamente Sirius a Kathleen mientras recorrían las góndolas de madera, repletas de extraños materiales de pociones en la botica del callejón Diagon.
-Muy bien- contesto ignorando el tono que empleaba su progenitor- Voy a necesitar mas crisopos- comento tomando varios frascos de la estantería y pasándoselos para que los pusiera en el canasto en donde ya había bastantes y variados materiales con distintas formas y tamaños, algunos viscosos, otros resecos.
-No sé que tanto te gusta esa materia, yo la odiaba- dijo Sirius observando de cerca un frasco que contenía un molusco verde azulado flotando en una sustancia similar al aceite.
-Eso lo herede de mi mami- expuso con un dejo infantil y haciendo puchero con la boca.
-¡Pero si tu mama era muggle!- salto Sirius con sorpresa.
-Pero era farmacéutica…- replico la chica pasándole una bolsita en cuyo rotulo rezaba "bezoares".
-¿Qué era qué?- pregunto perplejo.
-Farmacéutica- repitió modulando bien cada silaba.
-Ahhh. ¿Y eso que es?- cuestiono en un susurro.
-A ver, te lo voy a explicar en términos que puedas entender- dijo haciendo gestos con sus manos.- Un farmacéutico es el que hace "pociones" curativas para los muggles.
-Ahh si ya se cuales son, los que hacen *mediquentos-*exclamo recordando.
-Medicamentos- corrigió la chica impaciente.
-Bueno, como sea.- asintió el adulto restándole importancia.
-¡Kathy!- se escucho la voz de Harry a dos o tres estanterías de distancia- Aca encontré el polvo de bicornio que querías…
-Genial Harry- contesto la adolescente y se encamino al encuentro de su amigo.
Siguieron buscando algunos materiales de pociones más, y luego se dirigieron al mostrador en donde los esperaba una simpática y regordeta señora de edad media, ataviada con una túnica purpura y un alto rodete en la cabeza.
-¿Ya encontraste lo que buscabas, querida?- pregunto amorosamente- A ver…Si , serian trece Galleons y tres Sickles- anuncio tras tomar el canasto con ingredientes que Sirius le había dado, los coloco cuidadosamente en una caja de carton y la envolvió en papel madera, atándolo con un hilo. Se lo entrego y acepto el dinero que le tendía Sirius, luego de colocarlo en su caja registradora, miro expectante a Harry.- Joven Potter, ¿usted no lleva nada?-
-No señora, yo solo acompañaba a mi amiga- explico el muchacho rápidamente.
-Ohh, de acuerdo, entonces… muchísimas gracias por su compra- dijo mirando a Kathleen y luego al padre de ésta.
-Hasta luego- se despidieron los tres y salieron del lugar.
El callejón Diagon estaba poco concurrido debido a ser un dia laboral, aunque como era de tarde y Sirius trabajaba en el turno de la mañana, había aprovechado la tarde soleada para hacer las compras para Hogwarts.
-No entiendo Harry, ¿no era que querías ser auror?- pregunto Kathleen desconcertada.
-Así es…
-Y entonces, ¿Por qué no cursas pociones?- volvió a cuestionar.
-No aprobé el TIMO- contesto consternado.
-Igual lo que tiene que hacer para entrar en la academia de aurors, es rendir un examen de pociones para anivelarse con los demás ingresantes- intervino Sirius tranquilamente.
-Si querés te ayudo- se ofreció la chica.
-Dale, total te va re bien en esa materia, si lograste conseguir la calificación que pedía Snape…
-¿Cómo sabes que calificación obtuve en Pociones?- pregunto extrañada.
-Snape solo toma estudiantes que hayan obtenido Extraordinario.
-Así que exigente…-observo Kathleen pensativamente.
-Suerte con Quejicus- le deseo Sirius e ingresaron en Madame Malkin.
La dueña del local los hizo esperan cuarenta y cinco minutos aproximadamente, debido a que había varios clientes antes que ellos, cada cual se tomo su tiempo, agrandando o acortando sus túnicas, algunos hasta había querido cambiar el color y la tela de la túnica a la que ya le había hecho el ruedo, exasperando a la ya frustrada Madame Malkin. Cuando fue el turno de Kathleen, la bruja la hizo subirse a una pequeña tarima de madera, alejándola veinte centímetros del suelo y enfrentándola a un espejo de cuerpo entero y marco de bronce. Le pregunto qué clase de túnica necesitaba, y se sorprendió al escuchar que quería una capa negra simple de broches plateados, algo que por lo general solicitaban los de primer año. Esto, sin embargo no la refreno demasiado ya que enseguida busco una capa y se la tendió, una vez que Kathleen se hubo puesto la prenda, la bruja agarro la cinta métrica que colgaba de su cuello y se dispuso a tomar medidas y colocar alfileres. Tras adecuar esa túnica para el uso cotidiano de la muchacha, convoco un par adicional y los arregló con un toque de su varita.
Finalizando esto, envolvió las prendas, junto a otras que había requerido la chica, en papel madera y se las entregó, continuando su trabajo con Harry.
-Llegaste tarde- le dijo sonriéndole a modo de broma.
La adolescente miro el reloj en su muñeca y replico- Solo cinco minutos.- también sonriendo.
-Tanto tiempo sin verte Kathleen- la saludo irónicamente una vez que la chica se hubo bajado de la moto.
-Sí, pareciera que fue ayer la última vez que nos vimos Charlie. Espera… si nos vimos ayer- contesto la chica bromeando y ambos rieron.
Eran las ocho de la noche, en pleno centro del Londres muggle, y dos jóvenes se habían encontrado frente a un destartalado bar al que nadie, léase muggle, entraba. El primero, alto y apuesto; pelirrojo, de ojos azules; un poco más grande que su acompañante. Vestía un pantalón de jean y zapatillas, una remera de algodón azul oscuro y una campera de cuero de dragón. La segunda, también alta, aunque no tanto como el muchacho, y delgada, cuyos ojos eran color chocolate y su pelo ondulado y del mismo color, tenia puesto una pollera de jean y botas altas hasta la rodilla, una remera musculosa blanca y su inseparable campera de cuero. Se sonreían con familiaridad, hacia un par de semanas se habían conocido y se podría decir que eran amigos de toda la vida, por lo rápido que habían congeniado, aunque se miraban de diferente forma.
-¿Querés tomar algo?- invito Charlie señalando la puerta del Caldero Chorreante.
-Dale, antes de que nos vallamos…- asintió Kathleen.
-¿Y a dónde me vas a llevar esta vez?- pregunto curioso.
-Ya vas a ver- replico sonriendo con autosuficiencia.
Ingresaron al bar de los magos y pidieron dos vasos de cerveza de manteca, luego se sentaron en una mesa, enfrentados, charlando amenamente.
-…Así que por molestarlo, el dragón le lanzo una llamarada de fuego en el trasero, quemándole la ropa y dejándolo a la vista. No sabemos cómo nos reímos- concluyo el relato llorando de la risa, acompañado por una cantarina carcajada de la muchacha.
-¿Y a vos no te pasó nada?- pregunto riendo.
-No, yo cuando tomo no me acerco a las crías, Sean estaba demasiado ebrio.- explico riendo ligeramente.
-Debe ser genial tu trabajo, toda esa adrenalina a la hora de lidiar con los dragones…- comento Kathy soñadoramente.
-Sí, pero puede llegar a ser muy difícil a veces.- agregó Charlie, tomando lo último que le quedaba de cerveza.
-¿Vamos?- pregunto la chica. Charlie asintió, se levantaron y salieron de la taberna.
Sin que nadie los viera, Kathleen encendió su moto y se elevaron por los aires, dirigiéndose a toda velocidad hacia el Este.
Luego de cinco minutos, comenzó a descender hasta tocar suelo. Se encontraban en unos de los muelles de Londres con salida al rio Tamesis. Frente a ellos había una gigantesca rueda de hierro que giraba muy lentamente y muchos muggles haciendo fila ante la misma.
-¿Qué es eso?- pregunto Charlie perplejo.
-Eso, es el Gran Ojo de Londres.- el chico la miro sin comprender- Es una atracción turística muggle. Vos te subís a esta "vuelta al mundo" y podes ver TODO Londres. Es fantástico.
-¿Pero no es peligroso?- pregunto nuevamente el pelirrojo.
-Para nada.- replico sonriente.
-Entonces vamos a subirnos- dijo entusiasmado el pelirrojo.
-Es gracioso, sabes…cuando mi ex, era mi amigo, me llevo a un parque de diversiones y prácticamente me obligo a subir a una vuelta al mundo- explico pensativa- después de cómo termino todo, se supone que tendría que evitar todo lo que me recuerda a él… pero la verdad es que no me afecta en nada.- concluyo, mirando cómo la gente se hacía más pequeña a medida que se ascendían cada vez mas.
-Eso es porque no sos como las demás chicas de tu edad.- comento Charlie tomándola de la mano.- Sos más independiente, y no te dejas llevar por cosas sin importancia, que por que algo te recuerde algo doloroso, no significa que dejes de disfrutarlo, sino que seguís adelante. Eso me gusta de vos, que no sos la típica niñita adolescente que solo piensa en encontrar a su príncipe azul, sino que vez la realidad de la vida.
-Puede que tengas razón, igual sigo odiándolo.- agrego refiriéndose a su ex.
-Jajaja. Te creo.- dijo riendo y comenzó a hacerle cosquillas.
El resto de la vuelta, estuvieron charlando y riendo, pero nunca separaron sus manos.
Gracias por leer...Espero les haya gustado...Besos ;)