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Historia 100272 — capítulo 18

Cuando bajaron de la vuelta al mundo, no eran poco más de las once de la noche. Si bien, ninguno de los dos tenía un horario establecido de regreso a su casa, Charlie porque era ya considerado un adulto y Kathleen porque tenía un padre liberal, coincidieron en que sería conveniente regresar temprano, cada uno a su casa para no preocupar a sus padres en demasía. No importa que tan grande sea un hijo, un padre siempre se va a preocupar por él, es algo así como una ley natural de la vida. Recorrieron el largo trayecto desde la punta del muelle, que es en donde se encontraba el Gran Ojo de Londres o la Rueda del Milenio como la llaman algunos hasta el inicio del mismo, en donde Kathleen había dejado la moto de su padre aparcada.

-¿Y qué te pareció al final?- pregunto Kathy señalando a la vuelta al mundo.

-Me sorprendió de lo que son capaces de hacer los muggles sin magia- contesto pensativo y agrego.- Me gusto mucho, esta ingenioso para ver todo Londres desde semejante altura sin usar escoba.

-Reconozco que es genial poder hacer magia y todo lo demás, pero creo que sin ella nos la podríamos arreglar muy bien…- admitió la adolescente sonriendo divertida.

-Vos y tus costumbres muggles- bromeo Charlie sonriendo galantemente y dejando a una anonadada Kathleen- ¿Estás bien?- pregunto al ver que la chica lo miraba intensamente.

-De maravilla- contesto rápidamente saliendo de su ensimismamiento- ¿Vamos?- pregunto subiéndose a su moto a lo que el chico asintió y no dudo en subir detrás de ella aferrándose suavemente a su cintura, tan suave como una caricia.

Esta vez, decidieron hacer el recorrido muggle hasta el Caldero Chorreante, lo que les llevo severos minutos y varios cambios de dirección debido a los embotellamientos de las calles principales. Como era ya el último día de la semana, mucha gente aprovechaba para salir a divertirse por allí y regresar tarde a sus casas. Desafortunadamente, cuando iban a mitad de camino se largo a llover con mucha potencia, empapando a Kathleen y a su pelirrojo acompañantes, pero ellos divertidos, reían soportando el agua que los mojaba continuamente.

-Mira el lado positivo, no vas a tener que bañarte.- dijo a modo de broma el ojiazul, cuando ya se encontraban en la puerta del Caldero Chorreante.

-Ja, muy gracioso pelirrojo.- comento sarcásticamente.

En eso, Kathleen comenzó a sentir un extraño sonido, le era demasiado familiar pero no sabía que era, ni de dónde provenía, sumándole a esto que se escuchaba el paso de los autos, y el sonido de la lluvia al golpear con distintas superficies.

-¿Escuchas eso?- pregunto Charlie de repente.

-Creo que si…-contesto desconcertada.

-Es como un quejido…-explico el joven aguzando el oído.

En ese momento la chica capto el sonido por completo MIAU, MIAU. Era un gato llorando, pero ¿en dónde estaba? Cerró los ojos y trato de concentrarse en el sonido con todas sus fuerzas. Izquierdadijo una voz en su mente. Giro su cabeza y recorrió con la vista ese sector de la cuadra. No había ningún transeúnte, el lugar estaba desierto, los negocios estaban cerrados y no había nada fuera de lo común, o eso creyó hasta ver que algo desencajaba en la imagen. En el umbral de la puerta de una tienda de zapatos, que estaba a dos negocios de la taberna había una pequeña caja. Rápidamente se acerco a ella y escucho como el volumen de los maullidos aumentaba, de cerca la seguía Charlie. Llego a su destino y se acuclillo frente a la caja y la destapo.

-Aawww- exclamo con ternura y metiendo las manos dentro del cartón cuadrado, saco un pequeño gatito de aproximadamente un mes de vida, color gris atigrado, y se enderezo.- ¡Es un gatito!- exclamo con ternura acurrucándolo en sus brazos.

-Es muy lindo- opino el pelirrojo acariciándolo suavemente.

Al recibir tal atención el gatito dejo de llorar y comenzó a ronronear feliz.

-Creo que lo llevare a mi casa.- afirmo la chica, feliz.

-¿Te gustan los gatos?- pregunto Charlie sabiendo la respuesta con anticipación.

-Me encantan- admitió Kathy.

-¿Cómo lo vas a llamar?- pregunto divertido con esta nueva faceta de ternura y admiración que presentaba la chica y la hacía ver como una inocente nena de cinco años, pero sin perder su lado maduro.

Kathleen extendió el gatito frente a ella y lo observo detenidamente de arriba abajo como examinándolo, como si buscara algo. Suspiro feliz y lo volvió a acurrucar en sus brazos.

-Es nena- dijo al fin- Te llamaras Serafina.- afirmo hablando con un extraño acento y dirigiéndose a la gatita.

-Jajaja- reía divertido Charlie, esta nueva Kathleen le encantaba y le causaba mucha ternura.

-No entiendo de que te reis- comento simulando estar ofendida a la par que acariciaba a Serafina.

Seguía lloviendo cuando Kathy cerro de un golpe seco la puerta del numero 12 de Grimmauld Place, cuando llego a allí a las doce y treinta de la noche. Con brazo sostenía un pequeño y tembloroso bulto contra su pecho y con su otro brazo manipulaba la moto por el vestíbulo, hasta que cansada por el esfuerzo, saco su varita y con ella fue guiando la Harley hasta su garaje improvisado. Cuando la hubo guardado, reafirmo el sostén de Serafina, que estaba dormida debido a un hechizo que le había hecho para que no se asustara en el trayecto hacia su casa, y se dirigió a su habitación. Aun estaba empapada y, aunque fuera verano, las posibilidades de pescar un resfriado estaban presentes.

Su habitación estaba como la había dejado esa misma tarde, y con razón, porque nadie, ni siquiera Dobby, entraba a allí sin su previa autorización, Merlín si sabían cómo reaccionaría entonces en el caso de no pedir permiso. Deposito la gatita sobre su cama y retiro el hechizo que la mantenía dormitando. Enseguida, Serafina se incorporo y se dispuso a recorrer y olisquear su nuevo entorno para familiarizarse con él.

-Llegaste muy tarde anoche. ¿Qué te entretuvo tanto?- pregunto Harry a Kathleen mientras desayunaban en el salón. Esta vez había decidido ir a allí en vez de la habitual cocina.

-La vuelta al mundo tarda mucho en terminar su recorrido- explico restándole importancia al asunto mientras tomaba un sorbo de café.

-¿Y cuando me vas a presentar a Charlie?- cuestiono ansioso el ojiverde.

Kathleen lo miro sorprendida como si creyera que el muchacho estaba bromeando, ¡si el ya conocía a Charlie! Pero no pudo contestarle porque un terrible grito se escucho desde el piso superior.

-¡¿Qué significa esto?!- era Sirius, y al parecer estaba muy molesto. Se escucharon pasos fuertes en el techo seguidos de asustados maullidos y… ¿ladridos?

Kathleen deposito rápidamente la tasa sobre la mesa ratona, se levanto y corrió hasta el vestíbulo alarmada, seguida de un perplejo Harry.

Cuando llego al lugar vio que Serafina venia bajando por las escaleras corriendo en su dirección y de un salto se colgaba de ella, que por acto reflejo, la abrazó. Muy cerca de la gata venia un enorme perro negro ladrando enojado, que se detuvo derrapando en el vestíbulo tras saltar los últimos cuatro escalones, y al ver a la gata acurrucada en el pecho de la adolescente, adopto figura humana.

-¿Papa?- grito sorprendida Kathleen a descubrir la forma animaga de su padre.

-¿Qué demonios hace ese maldito ser en mi casa?- grito ignorando la sorpresa de su hija y apuntando a la pobre Serafina que temblaba contra el pecho de la adolescente.

-Ey, mas respeto con mi mascota- exigió irrita abrazando con más fuerza a la gatita.

-¿Tu mascota?- pregunto indignado- ¿Quién te dio permiso para traer a ese mugriento animal?

-Nadie, la traje porque quise y punto. - contesto con ímpetu.

-No lo quiero acá, odio los gatos y no voy a permitir que haya ningún felino bajo este techo- declaro obstinado.

-Bien, entonces juntare mis cosas- anuncio la chica entre enojada y triste.

-¿Ehh? ¿Te vas a ir por defender a tu gato?- pregunto Harry sorprendido e interfiriendo en la discusión.

Kathleen, con una expresión dolida, soltó a Serafina, dejándola caer de pie en el piso y en un brusco movimiento, cambio de forma.

Ante ambos hombres, apareció un hermoso ejemplar de tigre bengala, que miraba tristemente a Sirius. Este, por su parte, miraba boquiabierto al animal, sin saber que pensar. Su hija era animaga, era un tigre y por eso había dicho aquellas palabras juntare mis cosas. No, no permitiría que su aberración para con los felinos, le impidiera estar con su hija. Él sabía cómo se sentía ser animago, ese vinculo que tenia con una forma animal, era muy especial, y era normal adquirir hábitos de comportamiento del animal en que te convertías. Como él tenia ciertas costumbres y un enorme lazo con los caninos, su hija se sentía igual para con los felinos. Pero él sabía que era más importante.

Volvió a adoptar su forma animal y se acerco al tigre sigilosamente. Y le salto encima efusivamente, abrazándolo y lengüeteándolo juguetonamente mientras movía la cola. 

-Ya basta papa- imploro la chica que había vuelto a su forma humana y se encontraba debajo del perro que le seguía lengüeteando la cara- Esta bien, me quedo.

El perro la soltó y ladro con felicidad, nuevamente adoptando su forma humana. Le tendió una mano a su hija, que aun estaba en el suelo tirada, y la ayudo a levantarse.

-Tu gato se puede quedar también- dijo cariñosamente- Ahora, ¿desde cuándo sos animaga?

La chica comenzó a reír y Harry también, ella por la pregunta y el muchacho por todo lo que había pasado. Caminaron de vuelta al salón, Kathleen con Serafina en brazos y continuaron con el desayuno.

-Resulta que una tarde cuando estaba en segundo año…-comenzó a relatar la chica pero se vio interrumpida.

-¿Segundo?- exclamo sorprendido Sirius- Yo lo pude lograr en Quinto.

-Bueno que se yo, soy más inteligente que vos…- bromeo la chica.- Entonces, como estaba aburrida y había aprendido recientemente lo que era un animago…-

-¿Fue muy difícil? ¿Cómo lo lograste?- la interrumpió Harry intrigado.

-Si me dejan de cortar, tal vez te lo diga- comento algo irritada y continuó con su narración- Fui a la biblioteca y convoque un libro que tuviera la información necesaria para saber cómo convertirme, un enorme y viejo volumen apareció ante mí. Me tarde muchos meses leyéndolo e interpretándolo, pero cuando estaba a mediados de tercero lo logre.- finalizo como si hubiera explicado cómo se hace una torta.

-Saber Kathleen- dijo Sirius pensativo- A veces me pregunto cuándo vas a dejar de sorprenderme.

La chica solo sonrió divertida.


Estoy algo triste :( 

nadie comento el capitulo pasado, ¿tan aburrido fue?

Si eso les parece avísenme así veo que es lo que tiene mal y lo mejoro para hacer de esta, una lectura amena y llevadera. Acepto criticas constructivas...

Besos :)