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Historia 100272 — capítulo 19


El amor es una simple fantasía,

 una magia tan divina que alumbra cada

espacio de nuestro mundo, y lo que somos.

Por  ello…

Arthur Weasley                                                                                                Pierre Delacourt

Molly Prewett Weasley                                                                               Apolline Portmercy Delacourt

Tienen el placer de comunicarles el enlace de sus hijos

Bill y Fleur

Y le invitan a la ceremonia de dicha unión a celebrarse el próximo

20 de Agosto a las 18 hs, en la casa del novio.

Se ruega confirmas asistencia vía lechuza.

-Así que Bill y Fleur al fin se casan- comento Sirius al terminar de leer la invitación que había llegado vía lechuza hacía pocos minutos.

-Una boda…¡Que buena excusa para bailar y tomar en exceso- dijo Kathleen pasando por al lado de su padre quitándole el pergamino de las manos, para luego sentarse cómodamente frente a él y leer la invitación ella misma.

-¿No estarás hablando en serio?- pregunto Harry, mirando de reojo la expresión que había puesto su padrino.

-No, solo lo dije para molestar a mi viejo- admitió la muchacha restándole importancia al asunto.

-¿A quién le estás diciendo viejo?- inquirió Sirius algo ofendido.

-A vos. Abuelo.- bromeo la chica, dejando la invitación sobre la mesa y levantándose de la silla.

-¡Solo te llevo veintiún años!- se quejo- No deberías… ¡Ahh! ¡Gato de mierda!- exclamo sobresaltado, ay que Serafina había pasado por entre sus piernas.

-¡Pobrecita mi bebe!- se lamento la adolescente, caminando hacia la gata y alzándola en brazos, mientras Harry se reía de Sirius- ¿Querés un poquito de leche?- con su varita apunto a la heladera, de donde salió una botella de leche, la cual vertió su contenido en una cazuelita, que fue flotando al encuentro de la chica. - Aquí tienes.

-Tratas mejor a Serafina que a Sirius- observo Harry divertido.

-No es cierto, solo me gusta molestarlo- explico agarrándole un cachete a su padre y pellizcándoselo.

-¡Ay, Merlín!- exclamo exasperado mirando al techo- Remus tenía razón, "algún día mis hijos me van a atormentar como yo lo hice con él y los demás"- agrego dramáticamente.

-Y bueno, eso es problema tuyo- se defendió Kathleen mirando la hora en su reloj pulsera- ¡Uy, me tengo que ir…!

-¿No te parece que te estás juntando demasiado con ese chico Charlie?- le reprocho Sirius algo resentido.

-Papá, voy a entrenar quidditch con Ginny- anuncio enarcando una ceja.

-Ahh, bueno, que te diviertas- le deseo notablemente incómodo.

Era un día algo soleado, la cercanía al otoño permitía que el sol no escociera tanto como antes y la brisa ya no era tan cálida, sino que comenzaba a refrescar el ambiente. La hojas de los arboles aun no había caído, pero ya se podía ir apreciando algunas que otras ya resecas, esperando que la gravedad las hiciera caer o el viento se las llevara. Cada pocos minutos, alguna que otra nube, pasaba por delante del sol proporcionándole algo de sombra a los trasuntes del Londres muggle.

Faltaban tres días para la boda y Kathleen caminaba serenamente, ocultando el estrés que iba acumulando con el pasar del tiempo, tras una fachada calma y sosegada. Tenía un problema, uno bastante grave si lo miras desde el punto de vista de una mujer, y ese era que aun no había conseguido el vestido para el casamiento de Bill y Fleur. Sus opciones se estaban acabando, Hermione había elegido un vestido rojo, de torso ajustado hasta la cintura con la falta algo acampanada; Ginny, uno suelto, gris con encaje negro; sabia que la novia de Fred usaría un vestido negro y la de George un vestido verde; la hermanita de la novia usaría el de dama de honor, que era rosado. Por lo tanto, le quedaban pocas opciones, ya había probado un vestido amarillo estilo globito, pero no le había convencido; luego, una celeste suelto y largo hasta el piso, no era su estilo. En fin, había recorrido muchas tiendas de ropa, mágica y muggle, pero no encontraba nada que le llamara la atención.

Ya se estaba dando por vencida, cuando decidió intentarlo por última vez. Sin ganas paso percha por percha, observando vestidos largos y cortos, rojos, negros, azules, blancos, nada que le gustara. Hasta que una de las empleadas se le acerco sonriendo con una caja.

-Este te va a gustar- le dijo sonriente, depositando la caja sobre el mostrador y sacando de ella una tela dorada.

En el probador, cuando se observo al espejo quedo fascinada, definitivamente ESE era el vestido. No lo dudo ni un segundo, cuando se hubo cambiado, salió del vestidor y compro el vestido. Regreso a su casa feliz y más tranquila, ya estaba lo más importante, ahora solo faltaban los zapatos y accesorios, pero tenía dos días más, antes de la boda, para encargarse de ello.

-¡Ahhhhhhh!- se escucho un grito en Grimmauld Place- ¡Maldicion! ¿¡No se cansan de despertarme de este modo!?- se quejo Kathleen. Nuevamente en encontraba flotando en el aire, boca abajo.

-No, es divertido ver tu expresión de susto por las mañanas- explico Sirius serenamente y conteniendo la risa.

-Yo no le veo lo gracioso- comento consternada, cuando la hubo soltado.- ¿Por qué me levantas tan temprano?- se quejo tras ver el reloj despertador en su mesita de luz.

-Nos vamos a La Madriguera a ayudar a Molly con los preparativos de la boda- anuncio.- Asique te quiero lista en quince minutos…

-Estás loco si crees que voy a estar preparada en quince minutos- lo interrumpió sobresaltada.

-Bueno, que sean veinte…- concluyo huyendo de la habitación riendo, porque Kathleen había agarrado su almohada y se la había lanzado.

-¡Que cara de dormida!- bromeo Fred o George, ya ni sabia con quien estaba hablando.

-¿Te caíste de la cama?- pregunto el otro riendo.

-Cuidado chicos, muerde cuando esta malhumorada- les advirtió Harry que justo pasaba por allí haciendo levitar una centena de copas de cristal.

Kathleen había llegado al hogar Weasley haría cosa de quince minutos, luego de que su padre la tuvo que ir a buscar a Grimmauld Place porque se estaba demorando mucho, y como no, si se había puesto a dormir nuevamente.

Estaba en la cocina de la casa, limpiando los platos, mientras Hermione pulía mágicamente los cubiertos y el resto de la gente iba a venia por todo el lugar. Algunos iban al patio, otros a los pisos superiores. La señora Weasley estaba notablemente acelerada y nerviosa, daba órdenes y corría de un lado a otros.

En un momento determinado, debido al silencio que había entre ambas chicas, se escucho una sonora carcajada proveniente del patio. A los pocos segundos, por la puerta, entraron Sirius y un alto y fornido pelirrojo, abrazados por los hombros, charlando entretenidamente y riendo de vez en cuando.

Sirius, al ver que su hija los observaba con una sonrisa incrédula, se acerco a ella, acarreando al muchacho con él.

-Kathleen, quiero presentarte a…-comenzó pero se vio interrumpido por la chica.

-¿Cómo estas Charlie?- pregunto ignorando totalmente lo que le comunicaba su progenitor, el cual se quedo pasmado ante la naturalidad y familiaridad con que su hija se dirigía a su joven amigo.

-Genial, ahora que te veo.- contesto galantemente el ojiazul, desconcertando al merodeador perruno, y acercándose a la chica para darle un sonoro beso en la mejilla.

-¿Ust…ustedes se conocen?- logro preguntar Sirius al fin, pero ni bien termino de enunciar la pregunta, se dio cuenta de lo que sucedía.- ¿Este es Charlie? ¿El chico con el que te vivís juntando?

-Ajá- contesto la chica perezosamente.

-¿No le habías dicho que salías conmigo?- inquirió extrañado el dragonolista.

-Por supuesto que le dije que me juntaba con vos, el nunca pregunto qué Charlie…-explico levantando las manos en gesto de defensa.

-Uff, ahora me quedo más tranquilo.- dijo Sirius- Por lo menos se que tu amigo es alguien de confianza…Como son las cosas hoy en día, uno nunca sabe…

-¿Te das cuenta de que acabas de hablar como un viejo?- le pregunto Charlie riendo y enarcando una ceja.

-¡Merlin! ¿Qué me está pasando?- exclamo melodramáticamente haciendo que los presentes rieran por su accionar.

Estuvieron un rato más charlando hasta que apareció la acelerada e histérica señora Weasley, quien los mando a cada uno a realizar una tarea diferente. Charlie a desgnomizar el jardín junto a George, Sirius a ayudar al señor Weasley a tender la carpa ceremonial y, por último, a Kathleen a buscar las hadas que estaría revoloteando por todo el jardín durante la noche. Una tarea bastante particular y fastidiosa. Es indescriptible la odisea por la que la hicieron pasar esas chillonas y revoltosas criaturitas, que no le hacían caso alguno y se iban todas disparadas en diferentes direcciones gritando en su ininteligible idioma y haciendo algunos que otros destrozos menores. Parecían más Duendecillos de Cornualles que hadas, y lo que más molestaba a Kathleen era lo sobrestimadas que eran,  todo el mundo las dibujaba como seres gentiles y con gracias, que desprenden destellante belleza y harmonía, ¿de dónde?, se preguntaba hastiada la adolescente. Finalmente, pudo concretar su labor al encantar a esas sabandijas con un inmovilus prolongado y dispuesto que flotaran harmoniosamente por el jardín.

Tras terminar esto, entro refunfuñando a la cocina de la madriguera, en donde la señora Weasley, alarmada se señalo la hora y la mando a cambiarse de inmediato. El tiempo había volado, y pronto los invitados llegarían al lugar.

En el camino a la habitación de Ginny, que es donde de alistaría, se cruzo con los habitantes de la casa y los que estaban ayudando, algunos caminaban perezosamente con su traje a medio vestir como en el caso de los gemelos, otros pulcramente ataviados como Percy y su suntuosa postura.

Tras darse una rápida ducha, se seco rápidamente con un movimiento de su varita, y se dispuso a peinarse el cabello, mientras observaba a Hermione untarse poción alisante en el cabello repetidas veces y Ginny buscar en su alhajero un par de colgantes. Cuando termino con su cabello se miro al espejo y sonrió satisfecha a su obra maestra, había sujetado sus mechones delanteros con invisibles y armado sus rulos para que se vieran rebeldes pero a su vez elegantes. Prosiguió con el maquillaje, solo un poco de delineador en la parte superior e inferior de sus ojos, rubor y lápiz labial transparente. Finalmente, se coloco el vestido, el cual era dorado con detalles en negro, bien ajustado al cuerpo y largo hasta por encima de las rodillas, muy sexy y elegante; y por último los zapatos de taco alto con plataforma, negros.

La carpa ceremonial era enorme y ocupaba todo el patio, se encontraba dividida en dos por la alfombra roja que llegaba hasta el altar improvisado, y a ambos lados de esta, había filas y filas de sillas de caño dorado. El ambiente estaba muy bien decorado, con flores y velas flotantes en distintos sectores y no faltaban las hadas que a pesar del odio que Kathleen les había agarrado en la tarde, debía admitir que le daba un toque muy mágico y romántico.

En la entrada, ya se encontraban los gemelos, ambos con sendas túnicas de gala azul marino, una sonrisa radiante y una lista en la mano. Eran los encargados de ubicar a los invitados en sus asientos.

Sintió que alguien le silbaba y se voltio para ver que detrás de ella venia su padre con su elegante túnica de gala negra, su cabello sin peinar, aunque le quedaba muy bien, una sonrisa de ganador intachable.

-¡Que hermoso bombón tengo por hija!- exclamo abrazándola por la cintura, y recibiendo de la chica una sonrisa alegre, y agrego- Es obvio que saliste a tu padre.

-Ya la tenías que cagar…- comento Kathleen negando con la cabeza. A lo que su padre rió.

Se acercaron a los gemelos, quienes estaban pasando por un momento difícil al intentar ubicar a Hagrid, quien queriendo sentarse en las sillas doradas rompió unas cuantas.

-Ehh. ¡Suegro!- exclamaron al unísono dirigiéndose a Sirius.

-Sí, sí. Sigan así ustedes y van a terminar mal- les medio-amenazó, medio-bromeó.

-Por nada del mundo haríamos enfadar a Canuto- contestaron insinuando justamente lo contrario.

-A ver…Black, Black…-Fred comenzó a buscar sus nombres en la lista- ¡Acá están! Black, Kathleen y Black Sirius. Por acá.- e ingresó a la carpa para indicarles su asiento.

Los invitados fueron llegando poco a poco, y la carpa de fue llenando. Luego a las ocho en punto, la banda comenzó a entonar la marcha nupcial y la radiante novia se dirigió, acompañada por su padre, al encuentro del novio. Era obvio que esa chica tenía algún parentesco con las veelas, era imposible que fuera tan hermosa y atrajera tanto a los hombres, pensó Kathleen. Su vestido, obviamente blanco, era simple y elegante, corte princesa y ceñido al cuerpo; su rubia cabellera estaba recogida y adornada con la diadema de la famosa Tía Muriel.

En su caminar pausado, Fleur sonreía felizmente y solo tenía ojos para su amado Bill, que la miraba ensimismado. Las damas de honor, Ginny y Gabrielle, y los padrinos, Charlie y Percy, observaban sonrientes, la escena desde sus posiciones.

La ceremonia transcurrió sin contratiempos, y en menos de lo esperado, la pareja ya estaba dando el sí.

La cena ya había terminado, y ahora todos los invitados se encontraban bailando. El ambiente era hermoso, todos divirtiéndose y festejando. Algunos bebiendo de mas y lanzando sonoras carcajadas por algún comentario, otros muy empalagosos bailando al son de la música romántica, y otros simplemente observando, como lo había Kathleen en ese momento. Se sentía abstraída, perdida en sus pensamientos, miraba a su padre charlando con su prima y padrino, este último con su niño en brazos; y miraba a Harry bailando a los tropezones con Ginny, aunque a esta no le importara, ambos muy enamorados, al igual que los recién casados.

Se sentía melancólica, pero sin saber por qué; se sentía extraña, vacía, como si algo le faltara y por más que buscara y rebuscara que era, no lograba hallarlo.

-¿Qué haces acá tan sola?- le pregunto Charlie, apareciendo de la nada e interrumpiendo la línea de sus pensamientos.

Kathleen lo miro y le sonrió cálidamente. Esa noche, el pelirrojo estaba muy atractivo. Su túnica de gala negra combinado con sus cabellos desprolijos, lo hacían lucir sexy junto a su sonrisa galante y aire despreocupado. Hacía poco la chica había caído en la cuenta de lo mucho que le gustaba el Weasley dragonolista, pero nadie lo hubiera descubierto, no era una chica que fácilmente se sonrojara.

-¿Queres bailar?- volvió a preguntar, cuando la banda comenzó a interpretar una balada romántica.

Me encantaría- contesto la adolescente sonriéndole.

Charlie la tomo delicadamente de la mano, y tras besársela, se encamino hacia la pista de baile, en donde se mezclaron con las demás parejas. El pelirrojo la acerco delicadamente a su cuerpo y la abrazo por la cintura, Kathleen poso sus manos en los hombros del chico.

-No tuve la oportunidad de decirte lo hermosa que estas…- le dijo suavemente mirándola con intensidad. Kathleen iba a hablar, pero él la interrumpió- Aunque eso no es ninguna novedad, siempre me pareciste hermosa, desde que te conocí…

-Charlie…yo…-

-Shhh.- la callo delicadamente.- Me gustas Kathleen Black, y eso no es ninguna novedad.- Lentamente se fue acercando a ella, hasta rozar sus labios con los de ella y la beso. Inmediatamente Kathleen le correspondió, abrazándose más fuerte a él, primero tímidamente, pero luego con más confianza.

En ese momento, olvido en donde se encontraba, y quienes la rodeaban. Se sentía feliz y enamorada. Sus sentimientos era correspondidos, y el chico había llegado a ser muy especial para ella.

Cuando se separaron, se sonrieron y abrazaron cálidamente. Kathleen, apoyo su cabeza en el hombro del chico, y siguieron bailando. Charlie sonreía enamorado, feliz de que la chica le correspondiera.

De repente sintió como si alguien lo observara detenidamente. Al alzar la vista, se encontró con una mirada que no supo descifrar, pero eso no le preocupaba, lo que le preocupaba era quien lo miraba…Sirius Black.


Si, si. Ya pueden amarme, vitorearme y tirarme flores, es el capitulo mas largo que he escrito hasta ahora. Sentía que se los debía y bueno acá esta... Espero que les halla gustado...Igual, no se acostumbren demasiado, si, voy a tratar de hacerlos mas largos, pero no me da tanto la cabeza.. entiendan, mi primer fic :$

Por otra parte muchísimas gracias por los comentarios, ellos fueron en parte los que me alentaron a escribir mas en este capitulo, espero que sigan asi...

Besos y hasta el miércoles que viene. Los quiere...

Chula