← Historia 100272 · de
Historia 100272 — capítulo 20
Estaba en la boda de Bill y Fleur, con su vestido de seda roja tan largo que le cubría los pies. Miraba a su alrededor, y se encontraba en medio de la pista de baile, pero no había nadie, estaba sola. De repente, el sonido de un violín se empezó a escuchar, una melodía suave y romántica, entonces alguien la tomó de la mano y la hizo girar sobre si misma hasta enfrentarlo. Era Charlie, su pelirrojo, quien le sonreía cálida y dulcemente. Comenzaron a bailar al compas de la música, que en un momento dado comenzó a cambiar su ritmo por uno que desprendía lujuria con cada una de sus acordes, y Charlie la besó fervientemente, expresando cuanto la amaba. La música comenzó a subir y a acelerarse, al igual que el beso, hasta que súbitamente se detuvo y todo se sumió en silencio. Lentamente se separo del ojiazul, y lo que vio frente a ella, la horrorizó. Quien la acababa de besar no era Charlie, era un muchacho morocho y alto, de facciones afiladas que le sonreía con cierto grado de ironía y perversidad combinadas. *¡No!*Sabía quien era él, por lo que comenzó a alejarse con una mezcla de angustia y miedo, y choco contra algo. Se volteo y allí estaba de nuevo ese morocho, pero esta vez no le dio tiempo para reaccionar, que la sujeto fuertemente por ambas manos y comenzó a acercarse peligrosamente a su rostro mientras sonreía maliciosamente, mirándola con deseo y entretenimiento en sus ojos.
Dando un pequeño salto, volvió a la realidad. Se encontraba acostada boca abajo en su cama, con sus extremidades extendidas en diferentes ángulos y enredadas con la sabana. Todo le daba vueltas, y la cabeza le dolía tanto que hasta el sonido de cada gota que caía de la canilla del baño que estaba a tres metros de ella, la hacía sentir que explotaría en cualquier momento. Abrió los ojos y agradeció a todos los magos medievales haber cerrado las cortinas en cuanto había regresado a casa tras la boda de Bill y Fleur. Estiro la mano y palpo la mesita de luz buscando su reloj pulsera, lo acerco a su rostro y miró la hora: tres de la tarde. Si que había dormido, y como no, después de haber bailado con Charlie y bebido con los gemelos hasta el cansancio.
Se volteo, desperezo sonoramente y se sentó en la cama, depositando sus pies descalzos en el frio suelo.
-Dobby- llamo en un ronco susurro.
-Aquí estoy señorita Kathleen- dijo el elfo, tras aparecer, con su doloroso timbre de voz, haciendo que la chica se sujetara la cabeza, poniendo una expresión de pesadumbres.
-Si Dobby- afirmo tras pedirle que no hablara tan fuerte- ¿Podrías conseguirme un migral?
-Disculpe, ¿un qué?- pregunto perplejo inclinando la cabeza de lado.
-No importa- exclamo asimilando que le estaba pidiendo algo muggle a un elfo domestico, ¡por Merlin y Arturo! ¿En qué pensaba?- ¿Sabes si mi padre está despierto? ¿O Harry?
-El señor Sirius Black, esta recostado en su habitación desayunando. Y el señor Harry Potter no llego a la casa, creo que se quedo en compañía de la señorita Weasley.- contesto agregando un tono de complicidad a lo último.
-Okey, gracias- dijo Kathleen y el elfo se desvaneció.
Se levanto con parsimonia y se miró al espejo de cuerpo entero que había detrás de la puerta. Descartando lo demacrado de su rostro, su cabello parecía un nido de Augureys, por lo que se lo ató en una cola de caballo alta. Por pijama, tenía una remera color azul oscuro, dos talles más grande que ella con la inscripción "Women are bitches and witches", y un short verde claro muy cortito.
Salió de su habitación, aun descalza y camino por el largo pasillo hasta la escalera para así llegar al cuarto piso y por ende a la habitación de su padre.
Entró en el dormitorio lo mas campante, sobresaltando un poco a su padre que desayunaba, o más bien, merendaba.
-Por favor, decime que tenés algo puesto ahí abajo- dijo señalándolo al percatarse que estaba desprovisto de prenda alguna en el torso.
-Sí, el pantalón pijama. ¿Por quién me tomas?-pregunto llevándose una tostada a la boca.
-Obvio, por Sirius Black- contesto divertida, yendo hasta la cama y acostándose en ella- ¿Tenés un migral?
-¿Un qué?- pregunto el adulto con la boca llena.
-Algo para el dolor de cabeza- explico con la voz sofocada debido a la almohada que estaba abrazando.
-Ahh, bueno, no tengo migral- contesto comprendiendo la situación- pero tomate esto, te quitará la resaca.- le ofreció el vaso del que estaba tomando, cuyo contenido era acuoso y de color ocre.
Kathleen se apoyo sobre sus codos y tomó el vaso y observo el contenido, cautelosa tomó la bebida. De inmediato sintió como un calor se expandía desde su pecho recorriendo casa una de sus extremidades y finalmente concentrándose en su cabeza. La sensación de resaca se disipo, pero igual seguía sintiéndose mareada y con frío. Supuso que era algún efecto secundario por lo que se acerco a Sirius, apoyo la cabeza en su pecho y lo abrazó.
-¿Estamos mamenga?- pregunto divertido acariciándole el cabello.
-Me dio frío- explico y sintió como su padre, algo inquiero, depositaba la mano en su frente.
-Y con razón, ¡estás hirviendo!- dijo alarmado, deshaciéndose del abrazo, y levantándose.
-¿A dónde vas?- pregunto la chica con voz apagada.
-A preparar el baño, te tenés que dar un baño para bajar esa fiebre- y dicho esto, salió de la habitación. Kathleen con un resoplido dejo caer su cabeza pesadamente, sobre la almohada.
Más tarde Kathleen salía del baño envuelta en una toalla y con su cabello chorreando agua. Su fiebre había descendido solo un poco, pero aun se denotaba ese tinte rosa, poco característico de ella, en sus mejillas. Termino de secarse y se puso su bata. En ese momento, Sirius entró en la habitación.
-¿Te sentís mejor?- pregunto algo serio, entregándole una taza de té.
-Sí, pero me sorprende estar así- explico algo frustrada.
-A lo mejor tomaste mucho frio…-sugirió el adulto.
-Imposible- objeto la muchacha- estuve con el saco de Charlie toda la noche.
Al escuchar esto, el rostro de Sirius se torno algo sombrío y serio- Después vamos a hablar acerca de eso…-le anticipo y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
-¿Y a este que mierda le pasa?- se pregunto Kathy, y se acostó a dormir nuevamente.
-Kathy, Kathy. Despertate- sintió que alguien la zarandeaba levemente. Con un débil movimiento de la mano, trato de espantar a esa "mosca" que la molestaba y se cubrió la cabeza con la sabana.- ¡Kathleen! Si no querés que use el levicorpus con vos, te conviene levantarte.
-Fohh. ¡Qué denso Harry!- se quejo la chica destapándose súbitamente.- ¿Por qué me molestas? ¿No ves que estoy convaleciente?- exclamó dramáticamente.
Harry la miro escépticamente, enarcando una ceja. Se irguió, le dijo que se cambiara y bajara a cenar, y salió de la habitación.
Bajó las escaleras rumbo a la cocina, pero se sorprendió de escuchar voces provenientes del comedor, entonces, entró allí y se llevó la grata sorpresa de encontrarse, además de su padre y Harry, a la familia Lupin.
Remus Jhon Lupin, se encontraba sentado en la parte lateral de la mesa, a izquierda de Sirius, que estaba en la punta. Se lo veía mucho mejor que en otras ocasiones, no estaba ni pálido ni ojeroso, su cabello castaño claro, estaba peinado pulcramente y su túnica color aguamarina le sentaba muy bien. Se lo veía sonreír jovialmente mientras hablaba con Harry y Sirius. Kathleen no lograba comprender los distintos estados en los que solía ver a su padrino, pero suponía que eran gajes del oficio.
Al lado de su padrino, se encontraba su prima favorita, la única que conocía: Ninphadora Tonks Lupin, o mejor conocida como Tonks, ya que odiaba enormemente el nombre que le había dado su madre. Su cabello, estaba como siempre, de color rosa chicle y llevaba puesta una remera con el logo de alguna banda de rock. Estaba haciéndole morisquetas a su hijo, Ted Lupin, que justo en ese momento cambiaba su cabello de azul a violeta.
Harry estaba sentado a la derecha de Sirius, enfrentado a Remus, con su cabello azabache despeinado como siempre.
Kathleen se dirigió entonces, hasta la mesa, y tras saludar a los presentes, se sentó frente a su prima.
-¿Cómo te sentís?- preguntó Sirius algo serio, y explico al ver el desconcierto de Remus y Tonks- Hoy levantó fiebre…
-Mejor, algo mareada, pero bien- concluyó la muchacha encogiéndose de hombros.
En ese momento apareció la comida en sus platos y comenzaron a cenar, todos menos Kathleen que se dedico a jugar con la comida en su plato y de vez en cuando, daba pequeños sorbos a su vaso de agua. Nadie notó este comportamiento de parte de la chica, a excepción de su padre que la observaba de reojo. Pero espero al final de la cena para hablarle.
-Kathleen, andá a acostarte- le ordenó Sirius notablemente preocupado.
-¿Ehh?- pregunto la chica perdida- No, me quiero quedar.
-No era una sugerencia, andá a acostarte que estás enferma- recalcó con un tono severo, poco propio de él.
-Estoy bien- dijo testaruda.
-Kathy, estás temblando- observó Remus, también preocupado.
Y era cierto, no se había dado cuenta, pero estaba temblando, y comenzaba a ver todo borroso.
Sirius vió que su hija estaba cada vez mas pálida. Tras insistirle que se fuera a acostar, la terca, cedió y se levanto dificultosamente de la silla, sosteniéndose con la mesa. Pero no llegó a dar un paso, que se cayó desvanecida al suelo.
Todos allí, por acto de reflejo se levantaron de sus sillas, y Sirius, entre ellos, caminó rápidamente hasta donde estaba la chica y la alzó en brazos.
-Mandá a traer a Andrómeda- le dijo a Tonks, que envió un patronus, y salió del comedor.
Había terminado de depositar a Kathleen en su cama, cuando una bruja de aproximadamente cincuenta años, ingreso al cuarto. Era alta y delgada, de pómulos bien marcados y larga cabellera marrón oscuro. Iba ataviada con una túnica color vino y llevaba un maletín en su mano derecha.
-Primo, tanto tiempo sin verte- saludo acercándose a la cama.
-Gracias por venir Drómeda…-le dijo, saludándola con un beso en la mejilla.
-Es hermosa, Sirius- comento mirando a la chica yaciente, mientras se sentaba en su lecho y buscaba algo en el maletín.- Es una pena que no me la hallas presentado estando sana- le recriminó.
-Lo siento, pero ya sabes que nuestros horarios nunca coinciden- se excusó.
Seguido de esto, Andrómeda Black Tonks, le preguntó a su primo que era lo que había sucedido y éste le explicó todo, desde el mediodía, cuando había notado la fiebre en Kathy, hasta cuando se había desvanecido minutos atrás. Luego de escucharlo, se dispuso a revisar a la adolescente, midiéndole el pulso y tomándole la temperatura, pasó su varita por encima de ella, pronunciando unas extrañas palabras.
-¿Y bien?- cuestiono Sirius al ver que buscaba algo en su maletín.
-Intoxicación por exceso de inhalación de polvo de hada- sentenció con un tono profesional, pero al ver alarma en el rostro de Sirius, lo tranquilizó.- No es nada grave, solo tiene que tomar este antídoto- levanto la mano sosteniendo un frasquito en ella- y se va a recuperar enseguida. ¡Enérvate!*-*exclamo apuntando con su varita a la chica.
Kathleen sintió que una fuerza externa a ella la obligaba a despertar, así que abrió los ojos un poco confundida. Se encontraba recostada en su dormitorio, su padre estaba parado junto a la mesita de luz, y una mujer que no conocía, le sonreía amablemente.
-¿Qué pasó?- preguntó perpleja., lo último que recordaba era haber estado haciendo algo en el comedor.
-Perdiste el conocimiento, cariño- le explico dulcemente.- Te intoxicaste con polvo de hadas…
-Engendros del demonio- la interrumpió despotricando contra esos bichejos, ahora los odiaba aun más.
-Ten esto, tomalo y te vas a recuperar de inmediato- le dijo entregándole un pequeño frasco con un liquido color ámbar.
Después de tomar ese antídoto, se recupero totalmente, pero de igual modo, debía guardar reposo.
Se enteró que la mujer que la había atendido, resultaba ser la madre de Tonks y la prima favorita de su padre. Se quedó un rato conversando con ella y su padre, y luego se marchó, alegando que al otro día ingresaba temprano al trabajo.
Cuando su padre se hubo ido, acompañando a Andrómeda hasta la chimenea, una lechuza de tamaño mediano y plumas color cobre, se apoyo en el picaporte externo de la puerta de vidrio que daba al balcón, y la golpeó con su pico para llamarle la atención a la chica.
Kathleen se levanto de la cama, y fue a abrir la puerta, viendo como la lechuza ingresaba y se dejaba caer en el respaldar de la silla del escritorio y como Serafina le bufaba desconfiada. Fue hasta ella y tomó el pergamino que le tendía.
¡Kathleen me acaba de avisar Harry de que te desmayaste! ¿Qué te paso? ¿Estas enferma? ¿Te vas a recuperar pronto? ¡Estoy muy preocupado! Avisame ni bien te recuperes asi te voy a ver.
Te extraño, y quiero verte.
Te quiere, Charlie.
Sonriendo, dio vuelta el pergamino y le contesto a su novio. Novio, sonaba tan extraña esa palabra para ella. Cuando pensaba que nunca más se volvería a acercar a un hombre, apareció Charlie en escena y le hizo tragarse sus palabras. El si era la excepción, y estaba feliz de haberlo encontrado.
-Sirius, ¿me llamaste?- pregunto tras golpear y abrir la puerta del estudio de su padre. Eso sí que era un desastre. No lograba entender cómo podía ser tan desorganizado, ella no podría trabajar en un ambiente así.
-Así es, Kathleen- asintió, y agregó- Y te agradecería que me dijeras papá, pareciera que no me tenés confianza cuando me llamas por mi nombre.- Estaba sentado detrás de su escritorio, mirándola fijamente y una extraña expresión en su rostro, era… ¿Seriedad?- Pasá, sentate, tenemos que hablar.
Kathleen, encogiéndose de hombros, ingreso tranquilamente al lugar, cerrando la puerta tras de sí, y se encamino hasta la silla que había frente a su padre. Saco la montaña de pergaminos que había sobre ella, y se sentó como chinito.
-¿Qué sucede padre?- dijo imitando el tono de Sirius, pero fallando en el intento, ya que una risita se escapó de sus labios.
-Kathleen, esto es algo serio. Ahora no estoy para bromas.- le aseguro inclinándose hacia delante.
-De acuerdo. ¿Qué pasa?- pregunto serenándose, algo preocupada. Temía que le fuera a hablar de la misión a la que iría cuando comenzara el ciclo lectivo. ¿Y si tenía que marcharse ahora? A pesar de que dijera que el sufría el trastorno de padre primerizo, ella también deseaba que la acompañara a la estación. Era lo que siempre había soñado de pequeña.
-Te vi besarte con Charlie Weasley en el casamiento de Bill y Fleur- dijo algo molesto.
-¡Ahhh, eso!- exclamo Kathleen aliviada, restándole importancia, hasta que vio la expresión de Sirius.- ¿De eso querías hablar?- pregunto incrédula.
- Estas en lo correcto- asintió con un tono grave.
-¿Qué tiene de malo?- preguntó escépticamente.
-¿Malo? Tiene mucho de malo. Es muy grande para vos.- dijo impaciente.
-¡No es tan grande!- objeto excusándose.
-¡Kathleen, te lleva nueve años! Es muy grande para vos, y no quiero que estés con él.
-¿¡Y desde cuando me decís vos con quien puedo o no puedo estar!? ¡Por si no te diste cuenta, ya soy mayor de edad, no soy una bebita como vos pensas!- se paró gritándole enojada.
-¡A mí no me elevas el tono señorita!- exclamo Sirius levantándose también de su silla.
-¡Por Merlín! ¿Qué mierda te pasa? Yo pensé que te iba a alegrar- bramó exasperada- ¡Ya conozco tu faceta de padre celoso y me encanta, pero te estás pasando de la raya!
-No lo creas así. Yo sé muy bien qué es lo que quieren los chicos de su edad- le espetó Sirius.
-¡Es Charlie Weasley! ¡Vos lo conoces muy bien, a él y toda su familia!- gritó tomándose la cabeza con ambas manos en señal de incredulidad- ¡Y también es tu amigo!-Sirius intento decir algo pero Kathleen lo interrumpió de inmediato- Ya soy grande, y no tenés ningún derecho a prohibirme estar con alguien que de verdad me quiere. ¡Y no me vengas con "mi casa, mis reglas" porque bien sabes que me puedo ir cuando mierda se me cante!- concluyó y salió del estudio hecha una furia tras azotar la puerta.
La verdad, estaba hecha un remolino de sentimientos. Primero enojo, mucho enojo, no podía creer el planteo arcaico con el que le había salido su padre. ¿A quien le importaba la diferencia de edades hoy en día? ¡A nadie! Ciertamente, se había ido al carajo cuando insinuó que Charlie quería estar con ella solo para tener sexo. ¿Estaba ciego o qué? Él mismo conocía que clase de persona era Charlie, el era muy bueno y respetuoso. A ella le agradaba la idea de aceptación de su padre para con sus relaciones, no podría haber elegido a nadie mejor que Charlie… ¿Y le salía con eso?
Segundo, bronca, hacia poco que había llegado a la vida de su padre, que él mismo sabía de su existencia ¿y ya quería darle órdenes? Entendía que su padre se sintiera mal por perderse su infancia, y quisiera recompensarla por ello, pero no era posible que le planteara cosas desubicadas, porque no había otra palabra para describirlo, sabiendo y siendo consciente de que ella ya era grande, legalmente mayor de edad y que solo vivía con él porque él le había insistido, además de que quería que él fuera su figura paterna.
Hacía varias horas que se había ido de Grimmauld Place, no habría soportado estar por más tiempo en esa casa, no si él no reflexionaba. Además de que necesitaba despejarse. Siempre se había definido como un alma libre, sin preocupaciones sin nadie que la molestara. Estaba acostumbrada a hacer lo que se le cantara la gana. Y obviamente no aceptaba que alguien le viniera a dar órdenes de ese tipo. Nunca nadie lo había hecho, a lo sumo sus padres adoptivos, pero ellos habían sido muy permisivos. Y cuando se vio huérfana nuevamente, se las arregló como pudo para seguir adelante y había adoptado un estilo de vida despreocupado, libre.
Ahora las cosas habían cambiado, tenía un padre, SU padre y vivía con él y su casi hermano, Harry. Amaba todo esto, era muy parecida a Sirius en cuanto a su forma de ser, y la verdad es que la había decepcionado que hubiera hecho eso, se había puesto a la altura de esos padres ortivas y autoritarios y lo odiaba por ello.
Se hizo de noche y comenzó a refrescar, lo que obligo a Kathleen a volver a la casa de su padre. Ella sabía que él era tan o más terco y orgulloso que ella, y dudaba que siquiera le dirigiera la palabra, por más que haya entrado en razón. Caminó por el lúgubre vestíbulo, directo hasta donde estaban las escaleras y una luz azulada la hizo volverse.
Era Sirius, quien sostenía su varita en alto, para alumbrar el lugar.
-¿Dónde estuviste?- pregunto con voz apagada.
-¿Qué te importa?- lo esquivó Kathleen notablemente irritada, e intentó subir las escaleras pero algo la detuvo.
-Estaba preocupado- comento con voz ¿lastimera?, mientras le sujetaba el brazo, impidiéndole subir.
-Te preocupas demasiado…- le recriminó la chica en doble sentido, intentando zafarse del agarre.
-Y con motivo…
-¿No entandes que ya soy grand…
-Lo siento.- la interrumpió, dejándola anonadada- Estuve mal, y tenés razón, ya sos una mujer y no tengo por qué interferir en tus decisiones. Pero te quiero demasiado, hija, y por eso me preocupo por vos. -A esta altura, Kathy, tenía la boca abierta, sin saber que decir- Además me puse celoso, ya sabes cómo soy…-intento defenderse- pero no es excusa. Charlie es genial y sé que te va a cuidar bien.- concluyo sonriéndole.
Kathleen, no hizo más que lanzarse sobre él y abrazarlo con calidez. Estaba tan aliviada de que hubiera entrado en razón. Solo era cuestión de ponerlo en su lugar.
-¿Significa que está todo bien?- preguntó tímidamente.
-Todo legal…- asintió la chica largando una risita divertida.
Lo hice largo asi que no se quejen jaja..Comenten ;)