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Historia 100272 — capítulo 2

Era un día lluvioso de primavera, alrededor de las cuatro de la tarde, y un acontecimiento muy extraño estaba ocurriendo en la fachada del numero 12 de Grimmauld Place, obviamente invisible a los ojos de los pocos muggles que transitaban por allí en ese momento.

En el momento en que Sirius Black escucho la frase que posiblemente cambiaria su vida desde este día en adelante, su cara se desconfiguró totalmente, pasando de una mirada seria y curiosa a la vez a una mirada totalmente atónita e incrédula. Solo verlo causaba gracia debido a que su boca presentaba una notable abertura. Seguido a esto hubo silencio. Sirius estaba estatico y no sabia como reaccionar.

"Soy tu hija", "soy tu hija", "soy tu hija". Estas palabras resonaban en su mente y el no les encontraba explicación alguna. Simplemente estaba pasmado y no entendía nada de lo que estaba sucediendo.

"Soy tu hija".

Era increíble como en tan solo segundo si vida daba un giro inesperado. Una muchacha adolescente, una muggle, se había presentado en su invisible e inlocalizable casa diciendo que era su hija. Eso era imposible… ¿o no?

Era un día muy soleado 18 años atrás, y la gente agradecía esto después de un largo e interminable frio invierno. En una plaza, ubicada en un pequeño barrio de Londres, se podía ver a los niños pequeños jugando, saltando, corriendo alegres por el lugar, aprovechando cada rayo que el sol les proporcionaba. Pero, desafortunadamente, no todos eran felices.

Una pareja de adolescentes se encontraba discutiendo un poco mas allá de los setos que rodeaban el columpio y los toboganes. Eran un chico y una chica que aparentaban tener ambos no más de 19 años. El, alto y fornido, con cabello negro como la noche un poco más largo de lo normal y ojos grises casi rozando el plateado. Ella un poco más baja que él, delgada y curvilínea, de ojos marrones y cabello ondulado del mismo color cortado a la altura de sus hombros.

El intentaba alejarse de la joven, pero esta le retenía.

-Por favor, no me hagas esto Sirius- le suplicaba, tomándolo del brazo obligándolo a voltearse para que la mirara.

-No Ileana, esto es lo mejor para los dos…-

-Pero te amo- le interrumpió desesperada.

-Lo sé y yo también- admitió Sirius sujetándola por los hombros- pero ya no es más seguro aquí, ya perdí a mi mejor amigo y no soportaría perderte a vos- agrego a la vez que se le empañaban los ojos. -Tenes que irte, ponerte a salvo, esconderte. Ellos saben que estás conmigo y creeme no les preocupara deshacerse de una muggle.

-No me interesa- contesto resuelta. - No me voy a alejar de vos.

-Solo por unos años, hasta que la situación se calme- esta vez el que suplicaba era el.- Te prometo que cuando todo esto termine te voy a ir a buscar.

-Yo…yo no sé qué pensar- dudo por unos momentos con la cabeza gacha.

-Todo va a estar bien- le aseguro Sirius tomándola por la barbilla, obligándola a que lo mire a los ojos.- Te lo prometo.

Se sumieron en silencio por unos segundos, lo único que podía escucharse era la risa de los niños que jugaban a unos metros de la pareja.

-Está bien Sirius- consintió con firmeza- Me voy a ir, pero antes… quiero que estemos juntos por última vez.

A lo que Sirius asintió aliviado.

Al otro día, Sirius despertó temprano. Se levanto en silencio para no despertar a Ileana y tomo sus cosas. Antes de irse, saco del bolsillo trasero de su pantalón un sobre que contenía una carta de despedida y un boleto de avión, y lo deposito en la mesa de luz de la chica. Viéndola por última vez se marcho.

-¿Sirius?- una voz lo saco de su ensimismamiento- ¿Estás ahí?- el parpadeo recordando a la muchacha que estaba parada frente a él examinándolo con interés- Mira ya sé que es extraño, pero lo puedo comprobar, ahora me podrías hacer pasar está lloviendo acá afuera.

-Si lo siento- dijo apresurado, dándose cuenta de que se había quedado tildado.- Adelante- se hizo a un lado para que la chica ingresara a su casa.

La chica traspaso el umbral de la puerta y espero a que Sirius la cerrara. - Interesante... decoración- comento contrariada observando el lúgubre vestíbulo con sus cabezas de elfos y pata de troll.

-Ehh... Si... no lo decore yo si eso es lo que te preguntas- contesto avergonzado- por acá ¿Kathleen, no?

-Si- afirmo la muchacha.

Caminaron en silencio el tramo de vestíbulo que separaba la puerta de entrada y el comedor, escuchando el eco de sus propias pisadas. Llegando al final, Sirius abrió una puerta que daba a una amplia habitación. A juzgar por la larga mesa que había en medio, rodeada por sillas tapizadas de color rojo, este lugar era el comedor. Con sus paredes de madera al igual que el piso, de las cuales surgían candelabros de pared y cuyas velas ya estaban encendidas de antemano.

Sirius la invito a sentarse y el hizo lo mismo colocándose frente a ella, se quedaron mirando en silencio hasta que Dobby llego acarreando una bandeja de plata que llevaba dos tasas de té de porcelana y dos platillos con sanguches de queso. No le paso por desapercibido a Sirius la reacción que tuvo Kathleen en el momento que apareció el elfo, en vez de gritar espantada como cualquier muggle hubiera hecho, ella solo se limito a observarlo curiosa enarcando una ceja. Esta simple acción lo dejo aun más perplejo.

Tomaron en silencio lo que les servía el elfo y no hablaron hasta después de haber tomado un sorbo.

-Así que…-comenzó Sirius pero Kathleen lo interrumpió.

-Sí, soy hija tuya y de Ileana Withmore, si no me crees no sé, podes hacer un examen de sangre o algo por el estilo.- concluyo encogiéndose de hombros

Sirius no dudaba que fuera su hija, era el calco idéntico de Ileana y hasta reconocía algunas de sus propias facciones en ella.

-No lo entiendo, yo busque a tu madre pero me dijeron que había muerto, no había nada sobre vos en los registros que me proporcionaron.

-Murió cuando yo tenía siete años y desde entonces estuve viviendo con una familia adoptiva, pero no fue hasta hace poco, que me decidí a buscarte, la única referencia que tenia era esta carta.- explico a la vez que le tendía un sobre.

Sobre el estaba escrito con letra cursiva muy prolija:

Sr. Sirius Black

Numero 12 de Grimmaul Place

Londres

Inglaterra

Sirius abrió la carta y comenzó a leerla. En ella Ileana le contaba todo lo que había sucedido después de que él la dejo: que se había ido a vivir a Bulgaria y se había enterado que estaba embarazada; que recordando una antigua conversación que había tenido, había nombrado a su hija Kathleen como a él le gustaba y Alanis como a ella le gustaba; que era preciosa y muy parecida a él en su forma de ser; y que esperaba que la cuidara mucho en su ausencia y que lo amaba mucho.

Sirius miro a Kathleen con la vista nublada y la mirada interrogante.

-Esta carta me la entrego el abogado de mama, la había enviado por correo y al parecer nunca encontraron el numero 12, por eso me la devolvio.- explico Kathleen contestando a la pregunta que Sirius no había hecho.

-¿Y cómo vos si encontraste la casa? ¿Cómo sabias que yo iba a estar acá?- pregunto.

-En realidad no lo sabía, imagino que tuve suerte de encontrarte y con respecto a la casa, ¿cómo no verla si estaba entre el 11 y el 13, como se supone debería estar?- respondió a la vez que le tomaba un trago de te.-

-¿Así que tenes 17 años?- pregunto queriendo saber más de su hija.

-Sí, señor- contesto efusivamente.

-¿Ya terminaste la secundaria?-

-No, aun me falta un año, pero esperaba concretar mis estudios aquí.

-¿Y tenes alguna escuela en mente?- pregunto calculadoramente.

-Obvio que Hogwarts- contesto como si fuera lo más obvio del mundo.

Sirius la miro asombrado, con los ojos bien abiertos al igual que su boca.- ¿¡Sos bruja!?