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Never Coming Home. — capítulo 14

Los días han pasado, han formado semanas, han formado meses, y el tiempo sigue trascurriendo con la misma lentitud de siempre.No había vuelto a la ciudad de Volterra, y de Italia sólo tenía las vagas imágenes de sus bosques distorsionados por la velocidad de la carrera. Pero eso era algo bueno, -¿era bueno?- me evitaba recordar, borrar por un momento el dolor de las mordidas sin autor, del infierno que alguna vez rodeó mi piel, y por sobretodo el rostro lívido de la muerte asechándome.Tuve ganas de huir, lo admito. Me ha frenado el amargo sabor de la venganza sin concretar y la desesperación de no conocer el siguiente objetivo en mi vida, mi larga y eterna vida. Eric me llama -quizás por doceava oportunidad- y frunce el ceño. Dice que he estado muy distraída, y que es esa sangre inmunda la que me tiene así: débil. Olfatea el contorno del cuello de mi cazadora, y le basta un milisegundo para alejarse tirando maldiciones y bufando sobre la peste. Sonrío: "el anciano tiene su genio". Me dejo caer sobre el sofá a reír, mientras Alex canturrea alguna vieja y olvidada melodía británica. Lleva así más de un mes -desde que Eric le propuso matrimonio oficialmente-. Da pequeños saltos mientras camina, sonríe como boba todo el tiempo, y su obsesión por la comida humana aumentó el doble. Repentinamente la oigo deslizar sus dedos por una hoja de papel: se encuentra en su habitación, leyendo algún libro de cocina, tal vez buscando la forma adecuada de pedirme que la aconseje con los platillos actuales, y algo en mi pecho se comprime -como cuando era humana-. Dejo de reír, Eric se encierra en el cuarto de juegos y yo quedo a mis anchas en la sala de estar. Una vez más me acosan las memorias de mi pasado humano. Suspiro luego de una fracción de segundo analizando esa fotografía detestable y tan recurrente: la muerte de mi madre, el inicio de mi vida, y lo único que se me viene a la mente para distraerme es cazar.  Así que me pongo en pie.-Voy de caza. -anuncio al mismo tiempo que descuelgo la casaca de cuero negra del perchero junto a la chimenea.-No tardes mucho. -dice Alex desde la cocina- Estoy pensando en hacer un pastel, y quien mejor que tú con esas cosas humanas.-Vale… -rodé los ojos, subí la cremallera dorada.-Ten cuidado. -me advierte Eric desde la entrada del salón- No quiero más tripas de zorro en mi casa.-Como digas, anciano. -palmeé suavemente su hombro antes de subir por las escaleras.-¡Esa es la niña exploradora! -exclamó cuando estuve rozando la cubierta de la salida.Bufé: "Maldito Eric…"  lleva un poco más de un mes diciéndome así: y en otras ocasiones prefiere utilizar el "guardabosques" o "ecologista demente" para fastidiarme durante los entrenamientos. Sin embargo, ésta vez no volví, ni destruí alguno de sus ejemplares favoritos de historia en represalia, me limité a  sonreír y cubrir nuevamente la entrada con la cubierta de hierba; ya me había familiarizado con su forma de ser. Eché a correr los ya memorizados novecientos cuarenta kilómetros en dirección noroeste. Francamente, adaptarme a la geografía europea me costó menos de lo planeado, y es que siendo un vampiro es fácil memorizar caminos, tácticas, y movimientos en específico. Me detengo al encontrar el espacio tallado en la madera de uno de los árboles. Rodeo el área para marcar el punto, y procedo a realizar lo que siempre hago cuando no deseo ser molestada, o sorprendida por un Eric receloso de lo que pueda hacer en mi tiempo libre. Tomo uno de los mechones del lado izquierdo de mis cabellos y arranco algunos, luego los disperso entre las ramas de los árboles, para terminar extraigo un pequeño trozo de ropa -que había preparado previamente- con mi olor, y lo deposito cerca de una roca, escondiéndolo entre unas raíces prominentes. Aprendí a dejar señuelos desde mucho tiempo atrás, después de comprobar que las esencias son inconfundibles y que -al menos cuando de mis instructores se trata- no existen las coincidencias.Si tan sólo hubiera sabido que ninguno de los dos le interesaba mi quehacer, tan sólo se preocupaban de lo que me pudiera pasar siendo neófita, de las reglas que pudiera romper, y de las consecuencias desastrosas que eso hubiese tenido.Suspiro con pesar, pero no es más que un murmullo quedo en el congelado aire de un extremo norte de la Europa actual. Oigo el suave crujir de una hoja seca al ser aplastada, y me encuentro a mí misma sonriendo ampliamente al recordar a ese par: ¿será que me estoy ablandando?... Y si fuera así, entonces ya he aflojado mucho la cuerda…Debía concentrarme si deseaba "desaparecer", aunque cada vez me tomaba menos  descubrir el líquido trasparente y envolverme en él.  Me arde un poco la garganta, pero no lo suficiente como para no ser capaz de abstenerme otro día más. Y en vez de desviarme al parque nacional más cercano, opto por dar una vuelta habitual por los campos nevados de Rusia, para  revivir aquellos momentos. Seguramente terminaría corriendo hacia Brest, Francia, en donde cruzaría el mar hasta la costa este de Inglaterra, allí completaría el camino de las memorias y volvería a casa; nuevamente sin cazar, con los ojos más oscuros, hasta que Alex amenazara con obligarme a beber sangre humana -y que no le costaba nada traerla hasta mí- si no comía como corresponde… además de que todavía no me puedo acostumbrar a la palabra: "comer". -Ya es seguro. -susurro para mí misma. Estaba demasiado lejos de las fronteras italianas como para que Eric o Alex pudieran percibir el hedor de mis pisadas, así que por fin me deshago de la manta transparente y respiro con calma.La ruta carece de peligro, los nómadas no transitan por aquí, ni si quiera la guardia vampira: es demasiado tentador. Los humanos están a unos cuantos pasos, y el dolor de mis cuerdas vocales se acrecienta unas diez veces cuando paso, sin embargo, es un riesgo que debo tomar, y que a fin de cuentas me sirve para "entrenar".  Paré en seco. No pude perderles y había llegado a mi límite, no podría volver a formar la capa al menos hasta otros diez segundos."¡DEMONIOS! -aullé mentalmente- ¡si tan sólo tuviera más tiempo!"Estaba rodeada, y estaba muerta.-¿Borgny? -oí el susurro gélido salir de la boca de Alex.Giré en cámara lenta e inhalé profundamente antes de proseguir. Lo más inteligente por ahora era seguir la corriente, tratar de no sonar amedrentada o amenazante. Y si algo había aprendido de las tantas notas y estrategias de Eric: era borrar la tensión, hacerle pensar al oponente que estás por sobre él y que no importa cuán grandes sean los líos en los que estas metido, siempre estarás en ventaja.-Alex, Eric, y… -guardo silencio, no puedo concluir.-Chelsea.-espeta con una sonrisa- Mi nombre es Chelsea.Aquella mujer en el centro del grupo descubre su rostro, puedo distinguir con toda libertad las facciones irreales de su cabeza, sus ojos empapados de emoción, probablemente ansiedad, y no puedo evitar sentir una extraña sensación a familiaridad en ellos e inmediatamente lo recuerdo; son parecidos a los de Aro. La imagen perdida del anciano asalta a mi mente como nunca antes lo había hecho, y con él trae los olores, aquellos que jamás creí percibir -pero dadas las circunstancias- estoy nuevamente captando: Demitri el rastreador, Felix alias "la mole", un hombre del cual no tengo ni la más mínima idea, y por último la mujer llamada Chelsea. Mi mente corrió a toda velocidad por las posibles opciones, y ninguna acaba bien, alguien iba concluir en una pira ardiendo, y esperaba no ser aquella persona. -Es un placer… soy Borgny. -asiento levemente, una brisa helada choca con mi nariz, penetra mis fosas nasales y me brinda una sensación de angustia, y al mismo tiempo, me provoca un anhelo por la batalla casi ridículo: ¿Qué apuro tenía en morir?-El placer es mío, Borgny. Ellos son Afton, Demetri, y Felix. Pero creo que ya conoces a los últimos dos. -sonríe, pero esta vez es en burla, ¿se cree humorista?Pausa, segundos tensos, la continua sonrisa socarrona de la mujer, los rostros libidos de los tres hombres de la guardia, pero sin  la sombra de la capucha, el inútil de Eric que parecía meditar en alguna galaxia cercana cómo zafarse de la situación -y de paso liberarse del idiota brabucón a su costado derecho-, y por último Alex, la única que parecía estar más nerviosa que yo. Ella parecía expeler miedo a través de los poros de su piel, y miraba de forma compulsiva a su pareja, a Chelsea, y a mí, siempre en el mismo orden, y con cada instante que trascurría en silencio el temblor de su cuerpo aumentaba una milésima más.-¿Cómo has estado, Borgny? -rompió de pronto el ambiente mudo, y se acercó unos pasos hasta mí- ¿cómoda?-Muy cómoda, gracias. -sonreí intentando no saltar lejos. Aunque había practicado mucho mis reacciones junto a Eric, todavía no podía controlar del todo el instinto de supervivencia, el mismo que me dictaba que la atacase y me impusiera sobre ella, como si fuera un animal.-Me alegro. -dio otro paso, y ésta vez el hombre que respondía al nombre de Afton se movió junto a ella.-Chelsea, ¿por qué no te dejas de rodeos y vas al grano? -reclamó Eric desde su puesto a un lado de Félix, demasiado cerca de Demitri- Ni tú ni yo podemos darnos el lujo de demorar las cosas.-Vale, Eric, pero qué molesto estás. Tan sólo quiero llevarme bien con tu alumna, no es como si la fuera a poner en contra tuyo… ni de tu compañera. -su voz fue lúgubre, malévola.Eric se encogió de hombros, Alex se debatió entre hablarle o caminar el par de metros que la separaban de su futuro esposo, y Chelsea pareció divertida con la escena al igual que Demetri, quien no había quitado el ojo de mis instructores.-Bien, sí lo quieres Eric, me daré prisa. Borgny, -prosiguió con determinación- ¿sabes por qué he venido?-No lo sé. -contesté de forma sincera- ¿Por qué has venido, Chelsea? -me atreví a llamarla por su nombre, de esa forma ocultaría mi temor a ser asesinada en un abrir y cerrar de ojos.-Es simple: por ti. "¡Mierda!, ¡Que se la lleve un demonio!, ¡Por qué rayos debía sonar tan espeluznante!... como si no tuviera suficientes preocupaciones ahora debo exterminar a una vampira, o esperar que ella me extermine a mí… Como sea, de todas formas necesitaré la ayuda de Alex y Eric para quemar al resto. Quizás si lo intento, pueda hacerme invisible un par de segundos, lo necesario para arrancar de cuajo las cuatro cabezas."-¿Por mí? -respiré otro poco de aire- ¿por mí, seguro?-Por supuesto. Mi maestro desea ver tu progreso, y en el mejor de los casos tú ingreso en la guardia. -¿L-La g-guardia? -balbuceé.-Sí, ¿a caso no te comentó nada Eric?, ¿o Alex?"Nada..." -negué- "No me dijeron nada…"