Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Saldando Deudas · de

Saldando Deudas — capítulo 2

—¿Qué desean tomar? —Preguntó el rubio con cortesía—. ¿Hermione?

Se estaba guardando una gran carcajada al oírlo pronunciar su nombre; oyó que Sophie pedía un brandy. También necesitaba algo de alcohol que la tranquilizara, pero teniendo el estómago vacío, pensó que no debía pedir una bebida fuerte.

—Una copa de vino blanco —respondió.

Lo observó detenidamente mientras servía las bebidas, estaba más musculoso y se notaba maduro, seguramente la guerra habría cambiado parte de sus prioridades o la manera de ver la vida…No podía dejar de preguntarse por que vivía en un sitio muggle y lo más importante, como era posible que fuera socio de su familia

— ¿Les agradan sus habitaciones?

—Son preciosas, Draco —contestó Sophie—.

—No creo que haya una vista del puerto mejor en ningún otro lugar.

—Que egocéntrico - murmuro Hermione por lo bajo pero fue suficiente para que el la escuchara.

Después de sostenerse la mirada unos segundos, la castaña desvió la mirada hacia los cuadros pintados al óleo que adornaban las paredes. No tenía grandes conocimientos de pintura, pero, si no estaba equivocada, le pareció reconocer un Renoir y otro cuadro de un pintor famoso muggle.

— ¿te gustan las obras de arte?

— ¿No le gustan a todo el mundo?

—Sin embargo, entre las materias que estas estudiando, no se encuentra el arte - OK. ¿Como sabia eso Malfoy?

—Algunas asignaturas son generales —explicó con limitada cortesía—; es un asunto de prioridades.

— ¿Te gusta la vida universitaria? ¿Cuál sería el motivo de ese interés?

— ¿Te refieres a las clases o, en general, a la vida de los estudiantes?

—Hermione es una estudiante muy brillante —intervino Sophie, ya que conocía muy bien el tiempo que dedicaba a los estudios.

—¿Enserio? No me lo hubiera imaginado —agregó Draco a punto de reír.

En ese momento, apareció Spiros y anunció que la comida estaba lista, por lo que fueron conducidas a un elegante comedor donde había una amplia mesa, ya dispuesta. Les indicó dónde debían sentarse.

La comida consistió en cinco platos diferentes, muy abundantes y deliciosos. Al terminar, Hermione al igual que Sophie acepto la sugerencia de tomar un café en el salón.

La conversación se había mantenido fluida, claro, entre su tía y Malfoy. Ella solo se reía cuando escuchaba al rubio decir mentiras bien simuladas, como todo un slytherin.

— Les sugiero que mañana hagan un recorrido por la ciudad y sus alrededores

—Eso sería maravilloso —afirmó Sophie de inmediato, volviéndose a Hermione—. ¿No estás de acuerdo?

—Si claro, eres muy amable Malfoy —

—Debes llamarme Draco.

Hermione lo miro de manera severa, Malfoy le estaba diciendo, mas bien, ordenando a una impura que lo llamara por su nombre, no sabia si lo decía enserio o solo para aparentar frente a Sophie

—Tengo entendido que nunca habías estado en Sydney.

—No —respondió secamente y Sin pensarlo, se levantó y dejó su taza sobre la mesa.

—Si me disculpan, me marcharé a mi habitación, estoy muy cansada. Buenas noches.

Miró de reojo a Malfoy y, sin decir una palabra más, cruzó el salón y se dirigió a la escalera.

Cerró la puerta de sus habitaciones, entró en el baño y abrió el grifo de una enorme bañera y echó en el agua el perfume de uno de los múltiples frascos que encontró allí. Después regresó al dormitorio y descubrió que habían cambiado la colcha y que se encontraba su camisón sobre la almohada, muy bien doblado.

También notó que habían sacado toda su ropa de las maletas y que estaba colgada en el armario o guardada en cajones.

Se dijo que sería agradable recibir ese tratamiento durante una semana, aunque si le hubieran dado la oportunidad de elegir, habría buscado otro anfitrión que no fuera Draco Malfoy.

El agua caliente y perfumada le produjo un efecto tranquilizador y permaneció sumergida en ella bastante rato. Cuando salió se secó, se puso el camisón y se deslizó entre las sábanas de seda, quedándose dormida en pocos minutos mientras pensaba en levantarse temprano para aclarar las cosas con su "adorada" tía

Hermione despertó al oír correr las cortinas de su habitación y tardó unos instantes en recordar dónde estaba. —Buenos días —la saludó una alegre voz—. Soy Serafina, la mujer de Spiros, le traje el desayuno.

Se incorporó en la cama y se colocó unos cojines detrás de la espalda. El aroma de café recién hecho despertó su apetito y, al descubrir que le habían llevado también zumo de frutas, bollos, miel y mermelada de fresa, pensó que aquél era un desayuno digno de un rey, bueno, en tal caso, digno de un Malfoy.

—Aquí hay más de lo que suelo comer en todo un día.

—El desayuno es una comida importante —señaló Serafina con suavidad—. Hay que iniciar bien el día ¿no le parece? Está muy delgada, tiene que comer.

Era esbelta, sí, pero ¿delgada? Se sentía muy a gusto con su figura de suaves curvas cada vez que se miraba al espejo. De mediana estatura, tenía piernas largas, caderas firmes, cintura pequeña y senos muy bien proporcionados. La práctica del ballet cuando era niña le había dado una elegancia natural, tenía un cutis muy suave y los ojos de un café claro, luminoso y expresivo, a veces, con destellos dorados.

—Haré todo lo posible —contestó ella, observando el periódico muggle que le había dejado Serafina sobre la cama. No había duda de que salvo Malfoy y ella, nadie más en esa casa sabia de la existencia de la magia.

En ese sitio se consideraba el domingo como un día de descanso y no fue sino hasta que Serafina abandonó la habitación, cuando Hermione recordó que tenía que pedirle una explicación a Sophie antes de hablar con Malfoy. Termino de desayunar, pensando que ya ni podía confiar en la única persona que le quedaba en el mundo. (Además de Harry & Ron)

A las nueve salió de su dormitorio. Se había puesto unos jeans estrechos y una chaqueta, pues parecía que iba a llover.

Llamó a la puerta de Sophie, sin recibir respuesta, por lo que llegó a la conclusión de que ya se encontraba levantada y entonces bajó la escalera.

Sin saber exactamente a dónde dirigirse, se detuvo un momento al pie de la misma y se sobresaltó al oír una profunda voz a sus espaldas.

—Buenos días.

Se volvió inmediatamente y sonrió devolviendo el saludo.

— ¿En dónde mi tía Spiros?

—Creo que el señor Malfoy está en su estudio.

— pero, le pregunte por Sophie… — contesto Hermione contrariada

—Se ha levantado muy temprano.

Qué respuestas tan esclarecedoras, pensó con ironía. Con esa información resolvía exactamente nada. Cuando estaba a punto de preguntar dónde se encontraba exactamente Sophie, se abrió una puerta al otro extremo del salón y apareció Draco Malfoy.

Vestido con pantalones oscuros de vestir, una chaqueta de piel, abierta y una camisa con el cuello desabrochado, tenía un aire de elegancia informal que contrastaba mucho con el traje de la noche anterior.

—Ah, ya estás aquí —la saludó—. Espero que hayas dormido bien.

¡Desde cuando tanto interés por su bienestar!

— Spiros, retírate — ordeno el ojigris

¿En dónde está mi tía, Malfoy?

—Serafina acaba de traerme café al estudio. Entra allí podremos hablar a solas

No tenía ningún deseo de estar a solas con él y la inquietó la idea de encerrarse con Malfoy en su estudio. Pero debía, no podía alargar más la situación.

Sintió que se le aceleraba el corazón cuando él se apartó para dejarla pasar y, una vez en el salón, se sobresaltó al oír que cerraba la puerta.

Recorrió con la mirada aquella impresionante habitación, observando las sillas forradas de terciopelo y un enorme escritorio de nogal. Una de las paredes estaba totalmente cubierta de estanterías con 'libros, que luego de encargaría de ver, y en la pared opuesta, había una enorme chimenea de ladrillo. Y no sólo decorativa, estaba segura que era para polvos flu pues ardían en ella varios trozos de leña.

—Siéntate Granger ¿o te vas a quedar estática todo el día?

Logró contenerse en el momento en que, por tercera vez en pocos días, tenia ganas de recurrir a la violencia y se sentó en la silla más cercana. Aceptó la taza de café que le ofrecía y le observó acercarse al escritorio y reclinarse en él.

— Mira Granger la cosa va así Hice que te contaran ciertos hechos antes de salir de Londres —comenzó Draco, con cierta brusquedad y mirándola fijamente—. Así que ahora te aguantas el resto de la historia sin discrepar

—A mi me hablas bien Malfoy. ¿No debería estar aquí también Sophie?

—tu tía ya lo sabe todo.

—No me sorprende

—tu papa, Granger tenía muchas deudas. Tantas que recurrió a fuentes poco recomendables para pedir dinero prestado. Cuando no pudo pagarlas a tiempo, le cobraron intereses más altos, exigiendo mayores garantías hasta que, prácticamente, no tuvo nada que dar en prenda.

Sus ojos no se apartaban del rostro de Hermione y ella estaba cautivada, como una víctima indefensa, esperando el ataque mortal de la serpiente.

—Hace años, trató de ganar más tiempo, más dinero, ofreciendo lo único que le quedaba —dijo haciendo una pausa muy significativa—. Tu. - Espero una respuesta por parte de ella, pero parecía meditarlo

— ¿Te cuento como te ofreció Granger? Con 19 años y sorprendente belleza, te presentó como un premio virginal a quien ofreciera más. Las condiciones fueron pocas. Debías continuar tu educación durante los siguientes tres años, té fijarían una cantidad determinada para ropa y gastos menores, podrías utilizar la casa en la que vivías con Sophie, hasta terminar tus estudios, y claro el "comprador" debía ser mago para que puedas terminar tus estudios en el mundo mágico por supuesto entre otras cosas.

Hermione lo miró con creciente horror, negándose a creer lo que le decía muy descaradamente.

—Para ser justo con tus padres, no tenían la menor idea de que iban a morir - dijo Malfoy sonriendo

Se produjo un silencio mientras, ella luchaba tratando de conservar algo de cordura ante esa situación que nunca podía haber imaginado que pudiera ocurrirle.

— ¿Estás tratando de decirme que yo soy de tu propiedad? Él la miró por un momento y después contestó con cinismo.

—Sí.

Alzó los ojos hacia él — Malfoy, tu sabias que se trataba de mi y siempre me odiaste ¿por que pedir por una impura? Además no creo que lo tengas muy permitido, digo, por tus padres

—Ni te esfuerces Granger que no voy a decir que estaba enamorado secretamente de ti en Hogwarts porque no es cierto, por supuesto que fue un negocio que realice con mi padre antes de morirse; es decir, la humillación que lleva para tu gran estatus social de heroína estar con un ex - mortifago seria sorprendente, además, ayudarías al mío, ya sabes, debo terminar de pulir mi apellido. Con respecto a que eres una sangre sucia: eso parece ser una virtud en estos tiempos por tu culpa y la de los traidores de sangre — le dijo con tono de superioridad —

—Y ¿Como se supone que te debo pagar? ¿Aparentando que somos novios? — dijo Hermione reemplazando todo su horror y sorpresa por una creciente furia.

—Que ingenua eres Granger — murmuro Malfoy — con MATRIMONIO

La palabra cayó sobre ella como un jarro de agua fría y asombrada, preguntó con total desagrado.

— ¿Esperas que crea eso?

— ¿Deseas pruebas?

—Sí, ¡por supuesto!

Sin una palabra más, él abrió un cajón del escritorio, sacó varios papeles y se los entregó.

Le temblaban las manos mientras leía el texto escrito a máquina y experimentó una creciente sensación de horror al comprender que todo lo que le había dicho Draco era cierto.

— ¿Cómo pudo hacerlo? —exclamó, con incredulidad.

— Debes estar agradecida de que Josh viniera a hablar conmigo, antes de ofrecer este contrato a cualquier otro mago.

La joben le miró con profundo desdén.

— ¿Te refieres al honor entre ladrones?

— Yo pagué todas sus deudas, me hice cargo de las hipotecas sobre la casa muggle, respaldé todos sus negocios cuando no pudo hacer frente a los gastos. Tus gastos del colegio, la universidad... ballet, las clases particulares que recibiste, centros deportivos, ropa, e incluso la comida.

— Y ha llegado el momento de cobrar —le dijo casi sin pensarlo.

Se sentía muy aturdida. ¿Por qué el matrimonio? ¿Por que con Malfoy? Su padre sabía que era su enemigo de toda la vida

— El insistió en que te cuidara y yo le di mi palabra de honor. Luego, lo termine de convencer con mi discurso de cómo salve al trío dorado en Malfoy Manor.

— ¡Cuánta nobleza!

— Tomando en cuenta el importe gastado, así es — aceptó,

— ¿Y cuál es el papel de Sophie en este diabólico plan? ¿No es estúpido que pregunte eso? — dijo burlándose de sí misma —. Su trabajo era entregar la mercancía, entregarme a mí. ¡Ahora no me sorprende que no contestara cuando he llamado a su puerta! Imagino que ya ha cobrado su parte y se ha marchado esta mañana.

— ¡Ojala!, ella está visitando a su hermana en la parte norte de la ciudad. La ha llevado Spiros esta mañana. Espero que se quede allí, no soporto mas tantas cosas muggle, pensaba que la mujer que te cuida sabría que eras bruja

Hermione se levantó.

— No me interesa dónde está, ni imagino que volvamos a vernos. Has sido muy inteligente Malfoy, pero creo que no lo suficiente — dijo dominada por la furia —. Ese... contrato quizá tenga valor para ti, pero dudo mucho que algún juez lo acepte.

— Eso es discutible — contestó —. Pero debes darte cuenta de la situación. Como única heredera ahora tienes la responsabilidad de pagar todas tus deudas.

Se sintió dominada por el pánico. No estaba segura del total, pero debían ser cientos de miles y no sólo miles; los gastos de operación de centros de ortodoncia con todo lo que conlleva eran considerables ¡Dios! Jamás podría pagar esa cantidad.

—Es posible que el estado aceptara declararnos en quiebra.

—Granger, siempre lo complicas todo. Puede que tengas razón pero quiero que seas consciente de las repercusiones que eso traería. No sólo los tribunales te obligarían a pagar una parte de lo que ganaras durante toda tu vida, sino que, además, ninguna institución financiera te daría ayuda. Del mismo modo, la quiebra afectaría la continuidad de tus estudios y la conclusión de tu carrera.

La tenía arrinconada y lo sabía.

—Has pagado un precio muy alto —le espetó con una dureza poco acostumbrada en ella—. ¿Y si hubieras comprado mercancía de segunda mano?

La sonrisa en su rostro la estremeció de terror.

—No es tu virginidad lo que deseo —contestó con crueldad—. Quiero tu cuerpo en mi cama, para poseerlo cada vez que lo desee, para quererme y concebir a mis hijos. El matrimonio es una solución conveniente para los dos.

—Yo no lo considero conveniente —replicó Hermione, llena de odio, mirándole con ojos desafiantes—. ¡No hay nada en este mundo que me pueda hacer aceptar cambiar de opinión!

Tenía que salir de ese salón, alejarse de él, por lo que se dirigió hacia la puerta. No podía siquiera considerarlo, además, Harry y Ronald la matarían

— ¿Te niegas?

— ¡Antes iría al infierno! —exclamó, enfurecida. Era cruel y calculador como lo fue su padre

— ¿De verdad? —la miró divertido—. ¿Qué piensas hacer ahora? ¿Huir tan lejos como puedas? ¿Pedirle ayuda a Potty y sus súbditos?

—Ni pienses tenerme prisionera —le reprochó con desdén, observando el creciente disgusto que manifestaba él.

— Que infantil eres, la falta de dinero te hará arrepentirte —comentó Draco con crueldad—. Sin él no podrías ir muy lejos.

Era la gota que colmaba el vaso. Le había cerrado todas las salidas y lo sabía. Pero, a pesar de ello, se negó a rendirse. Con los escasos billetes que tenía en el bolso tendría sólo para coger el autobús que iba a la ciudad y quizá para comprar comida para uno o dos días, pero no tendría para hospedarse en ningún sitio. Tampoco tenía cuenta bancaria.

Le resultó amarga la idea de tener que acogerse a la caridad, pero estaba dispuesta a pasar por cualquier cosa, con tal de escapar de Malfoy.

—Podría recibir ayuda del Departamento de Seguridad Social. Puedo pedir los beneficios del desempleo.

—Las ruedas de la burocracia giran muy despacio. ¿Cómo piensas vivir hasta que te den el primer pago?

Hermione lo odio con toda su alma en ese momento, ¿como sabia tanto sobre el mundo Muggle?

Su siguiente respuesta era una mentira, pero, no iba a callarse frente a su adversario.

—Siempre hay algo que pueda hacer —repuso cortante—. Para la profesión más antigua del mundo, no hace falta mucha habilidad. — Él se acercó a ella lentamente.

— ¿Una mujer de la noche?

Hermione sintió una mezcla de temor y excitación. Cada parte de su ser parecía vibrar por su cercanía.

— ¿Imaginas que todos los hombres serán jóvenes o, por lo menos, aceptables? —La preguntó con cinismo e ironía—. Aquellos que contratan los servicios de una "ofrecida Muggle" esperan obtener el placer por el que pagan y, cuanto mayor sea el precio, son más difíciles las cosas que piden.

Hermione creyó enfermar ante las imágenes que evocaban sus palabras; sin embargo, el orgullo la obligó a contestar:

—Lo que me dices no es muy diferente a esto. O vendo mi cuerpo a un hombre o a varios. De cualquier manera, creo que sería preferible tirarme delante de un autobús en marcha.

—Una solución bastante drástica ¿no te parece?

—No lo sería si me muriera —contestó—. Al menos, así escaparía de todo ¡en especial de ti!

—Sólo una tonta inocente dejaría de valorar las ventajas de lo que te ofrezco —replicó, irritado.

Hermione irguió la cabeza y le miró con amarga repugnancia.

— ¿Se supone que debo sentirme halagada, incluso agradecida, porque me has propuesto matrimonio?

— ¿Entonces, estás de acuerdo?

— ¡No, maldición!

—En ese caso te pagaré porque me ofrezcas tu cuerpo unas horas ¿Cuánto dinero quieres, cincuenta dólares la hora?

— ¿Cuánto? —exclamó, llena de incredulidad.

—Tendrás que ganártelos, querida. Por ese precio, exigiré un trabajo de primera.

Ella sintió que su cuerpo se ponía rígido y le resultó imposible articular una sola palabra.

—Empezaremos ahora mismo —insistió Draco con calma.

— Estas delirando

— ¿Por qué no? El fuego nos dará el calor necesario.

La castaña miró la gran alfombra del suelo y no pudo imaginar nada más indecente que llevar a cabo el acto sexual allí... o en cualquier otro lugar.

Despacio y con deliberada provocación, él se quitó la chaqueta.

Como si estuviera hipnotizada, Hermione permaneció inmóvil en su sitio, viéndole desabrocharse la camisa y después el cinturón. Luego reaccionó al comprender lo que estaba sucediendo. Sin pensarlo, dio media vuelta y comenzó a caminar rápidamente hacia la puerta pero fue detenida por unas fuertes manos.

— ¡Suéltame!

— ¿Así que eres tímida aun, Hermione?

— ¡No te atrevas a tocarme Malfoy!

—No llegarás lejos si haces esto con todos. Sólo lograrás excitar a tu... clientela y hacer que quizá te traten de forma más brutal.

Dominada por el pánico, dejó escapar un grito de dolor cuando él le apretó los brazos con terrible fuerza.

— ¿Y si entra alguien... Spiros, Serafina? —le preguntó, casi sin aliento, mientras luchaba por escapar.

—Cualquiera de ellos llamará primero y esperará hasta que les avise que pueden entrar. De cualquier forma, esta casa es mía y puedo hacer en ella lo que quiera y con quien quiera.

Le sujetó las manos y no pudo evitar que él acercara la cabeza a ella. Su boca encontró la de ella obligándola a abrir los labios, Hermione dejo escapar un gemido cuando el rubio inició un devorador ataque que destruyó la impresión que ella tenía de lo que era un beso.

Siguió besándola, convirtiendo la caricia en una salvaje posesión. A ella le dolía el cuello. Después, Draco apartó sus labios y pudo respirar de nuevo, recuperando el aliento...

Dejen comentarios y diganme si hay algo que no les gusta, algo que les gusta, algo que quieren que pase o simplemente... comenten :)

Gracias por leer