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Saldando Deudas — capítulo 3

Gritó cuando, unos segundos después los labios del rubio descendieron, le recorrieron el cuello y bajaron, siguiendo la línea del escote. No conforme con eso, sus fuertes manos le rodearon la cintura y, con un rápido movimiento, le quitó la blusa.

Con cínica tranquilidad, buscó la suavidad de sus senos y los acarició con los dedos.

— ¡Basta! —dijo en un susurro, sintiéndose morir al ver la expresión en los ojos grises que encontraron los suyos.

— ¿Estás suplicándome?

Oh, Dios, ¿qué había hecho para merecer eso? La invadieron unas sensaciones que nunca había conocido, entonces, llorando, suplicó que desistiera y volvió a quejarse al ver que no le hacía caso.

Cuando pensó que ya no podría soportarlo más, buscó dónde herirle para que se detenga. Le mordió con fuerza el lóbulo de la oreja y sintió satisfacción al oírle gemir, pero él no se dio por vencido.

En un instante le cubrió la boca con sus labios y si antes la había asombrado por lo que le estaba haciendo, ahora, ella comenzaba a pensar que eso era casi una violación.

Cuando las manos de Draco le desabrocharon los pantalones, se quedó inmóvil y dándose cuenta de lo que era capaz de hacer Hermione empezó a sollozar pidiéndole que no lo hiciera.

— ¿No? —repitió él con cinismo.

Ella estaba agotada y demasiado furiosa.

—Ya entiendo lo que quieres, Malfoy

— ¿De verdad?

Irguió la cabeza para enfrentarse con la salvaje crueldad que veía en aquellos rasgos implacables.

— ¿Querías demostrarme tu punto de vista, de lo que eres capaz, no es así?

Deseaba morir, cualquier cosa sería mejor que tener que permanecer allí de pie, humillada. Pero la alternativa era aún peor y él se lo había demostrado con claridad.

—Quizá —reconoció él, dejándola atónita ante esta confesión.

—Tú, tienes todo a tu favor —logró balbucear Hermione con una risa en la que se adivinaba una burla de sí misma—. Si tengo que venderme, lo haré para obtener una vida favorable, pero solo porque no tengo otra alternativa

—Pareces haber olvidado algo importante. Tus... servicios ya han sido pagados, no es que hubieses tenido otra opción Granger.

Se sintió próxima a un ataque de histeria, pero el odio le dio valor.

— ¿Qué prefieres, seda o satén para las sábanas? Confío en que eres un maestro experimentado, como decían en Hogwarts

— ¿Lo dudas?

La recorrió un estremecimiento al pensar que había demostrado muy bien su experiencia, aunque fuera con crueldad.

—Ahora que ha terminado mi humillante lección, ¿no te molestará que me vista?

—Tus atributos son maravillosos y me parece una lástima cubrirlos, de enserio, o cambiaste mucho desde que acabo el colegio, o lo disimulabas muy bien, Hermione.

Se sonrojó y recogió inmediatamente la ropa para vestirse.

—Espero que no te guste excitarte viendo mujeres desnudas, porque a eso sí me negaré.

—No creo que estés en posición de negarme nada

Sin poderse controlar, le abofeteó y el golpe sonó en el silencio de la habitación.

—Estupida impura —murmuró Malfoy con peligrosa suavidad, al tiempo que sujetaba sus manos con violencia.

Los ojos de él brillaban con furia y le pareció que estaba a punto de golpearla.

—Podría tomarte ahora, aquí mismo y nadie podría impedírmelo.

—Pero no lo harás

La seguridad que tenía le dio una fuerza sorprendente a su voz.

— ¡Sólo quiero que sepas que te odio mas que como lo hice con el mismísimo Voldemort y que con cada día que pase, te odiaré aún más!

Él extendió una mano y la dejó descansar sobre su cuello.

—Quizá por el momento me odies, pero tengo una sensación que me dice que no eres inmune a mis caricias. Se abrochó la camisa lentamente y después se puso la chaqueta.

Mientras se acercaba al escritorio, le dirigió una mirada indiferente.

—No has bebido el café. Ella sintió deseos de reír.

—Oh, claro, sentémonos a disfrutar de un buen café —le dijo con desdén—, ya hemos terminado de hablar de negocios y ahora debemos comportarnos como personas civilizadas.

—No del todo.

— ¿Aún falta algo?

—Tenemos que hacer los arreglos para la boda —contestó Draco, arrastrando las palabras—. ¿O es que lo habías olvidado?

—Me sorprende que preguntes eso.

—Ya he hecho las reservaciones necesarias —replicó con voz suave.

— ¡Maldito huron! ¿Tan seguro estabas de mí?

— ¿Quieres whisky de fuego para tranquilizarte? - La miró fijamente indicándole que no aceptaba el rechazo.

— ¡No estoy alterada!

—En ese caso, nos iremos.

— ¿Irnos?

—No sé si recuerdas que ayer les ofrecí recorrer la ciudad —contestó él, con sarcasmo.

El recorrido por la ciudad y sus alrededores ¿cómo pudo haberlo olvidado? Al pensar que tendría que estar sentada junto a él durante varias horas, mientras paseaban por la ciudad y los alrededores, se sintió enferma.

—No creo que pueda soportarlo.

—Sí. —Insistió Draco—. Serafina ya ha preparado la comida para que vayamos a comer al campo y no me interesa lo que puedas soportar o no.

Temblando de ira, contestó:

— ¡Maldito seas, Draco Malfoy! Todos... Sophie, Josh. ¡Quisiera no haber oído hablar de ninguno!

—No puedes cambiar el pasado.

—No —reconoció—. Pero quiero decidir mi futuro.

— ¿Y cuál es la diferencia?

— ¡No puedes estar hablando en serio!

—De cualquier forma, tenias que casarte, creo que soy mejor opción que el pobretón Weasley, realmente. Además, No me opongo a que sigas con tus estupidas clases de ballet, si eso es importante para ti. En cuanto a tomarlo como una carrera, ya no necesitas hacerlo para ganarte la vida.

— ¡Solo lo hago porque me encanta bailar!

—En el sótano hay un estudio con baño, un… ¿sauna lo llaman? y espacio suficiente para hacer ejercicio. Puedes utilizarlo cuando quieras.

— ¿Y qué me dices de mis estudios? —preguntó.

—Dudo mucho que un título de lo que sea que quieras hacer te sea útil —repuso Draco con cinismo.

Ella le contestó también con ironía.

— ¡Hablas como un verdadero estupido! No hay lugar para una mujer en los dominios de los hombres. Crees que las mujeres debemos quedarnos cuidando nuestros hogares sin hacer nada ¿no?

—Granger, ¿podrías, por primera vez en tu vida, no exagerar? Por lo menos no hasta tal punto, Sólo quiero decirte qué me parece innecesario que termines unos estudios que después no vas a ejercer.

— ¿Y si insisto?

Él se apartó del escritorio, acercándose a ella, y se detuvo al llegar a su lado.

—Quiero una esposa todo el día, Hermione.

—En otras palabras, quieres que esté disponible para tu placer cuando lo desees.

Pudo ver un destello irónico en sus ojos.

—Eso también.

Se ruborizó y se sintió increíblemente disgustada.

—No he tenido la menor duda de que tendría que compartir tu cama.

— ¿Nos vamos?

—Preferiría quedarme, si no te importa.

—Oh, pero sí me importa.

La cogió del brazo y ella intentó separarse.

— ¡Puedo andar sin tu ayuda!

—Entonces, ve a buscar tu abrigo. Hace frío ahora. Hermione pensó desafiarle, pero después se rindió y encogió los hombros, cansada. ¿Qué objeto tenía hacerlo?

El elegante coche deportivo se deslizaba por la carretera conducido por las raramente hábiles manos de Draco. Él se comportaba como un mundano, casi como si no cargara su varita.

Le fue mostrando los distintos lugares de interés según los iban pasando.

Hicieron un día de campo en un bosque llamado *Hyde**Park,*bajo el pálido sol invernal y rodeados de árboles, a Hermione le pareció ver un hipogrifo a lo lejos, por lo que supuso que no era un sitio muggle. Ella tenía la sensación de que algo le faltaba, y, al mismo tiempo, era muy consciente de la presencia de Draco Malfoy... y de lo que representaba.

¡Claro, eso era!...

— Malfoy, devuélveme mi varita. — Exclamo furiosa

—No voy a correr el riesgo de que escapes. Puse las precauciones necesarias, pero de todos modos se que encontrarías el modo…

No podía mirarlo sin recordar, la forma en que la había besado. Además, le ardía la piel en los lugares en que lo había hecho

¡Si tan sólo pudiera tener tiempo para estar sola y pensar! El matrimonio era algo en lo que no había pensado con mucha seriedad, segura de que, en su futuro inmediato, tenía otras cosas más importantes que realizar. Hacía muy poca vida social, aunque recibía muchas invitaciones.

Quizá si hubiera tenido más tiempo para esas actividades sociales habría sentido la misma libertad que la mayoría de sus compañeras en Hogwarts para disfrutar del sexo. No le importaba que sus principios morales se consideraran bastante raros en la actualidad; deseaba que todo fuera correcto, llegar a sentir la verdadera necesidad de entregar su cuerpo, y no sólo eso, sino que su amante la deseara tanto como ella a él.

Ahora estaba atrapada en un matrimonio con el hijo de un mortifago ¿Qué clase de vida la iba a esperar siendo la esposa de Draco Malfoy? ¡Jamás se sentiría amada! ¿Cómo podría vivir con él, amarlo físicamente? Tenía suficientes motivos para odiarlo. Era un millonario y, sin duda, querría un heredero, pero... ¿Iban los hijos a poder ser felices al ver que sus padres no se amaban? Seguido a eso Harry; toda la familia Weasley, entre otros, nunca la perdonarían, seguramente en al…

— ¿Puedo saber en qué estás pensando? — la interrumpió el rubio

Hermione lo miro.

—Es posible que esté preparando mi huida.

—No te lo recomiendo —le previno Draco, con peligrosa suavidad.

—No, pero de cualquier forma, quiero que sepas que no deseo casarme contigo.

— ¿Qué es lo que te asusta más? —Preguntó él con un ligero tono de burla—, ¿yo, o la idea del matrimonio?

— ¡Las dos cosas!

— ¡Cuánta sinceridad! —exclamó, sonriendo sarcástico.

— ¡Vaya, me alegro de que esto te divierta!

—Pareces un unicornio dispuesto a escapar —comentó él, levantándose para sujetarla de la muñeca.

— ¡Me estás haciendo daño!

—Todo lo contrario, estoy asegurándome de no hacértelo.

— ¡Suéltame, Draco! —exclamó, con los ojos llenos de lagrimas.

—Ahora te estás comportando como una niña caprichosa.

—En sólo una semana se han destruido todas mis ilusiones. El hombre a quien quería como a mi padre me vendió como una mercancía, ayudado e instigado por una mujer por quien llegué a sentir un gran cariño. Y tú, el principal organizador de todo esto, no sólo estuviste de acuerdo, sino que, además, favoreciste el engaño. ¿Se supone que debo perdonarte?

Oprimiendo con suavidad la muñeca, la obligó a arrodillarse sobre el césped. La expresión de sus ojos era implacable.

—Yo no te pedí perdón, para empezar, linda. Pero soy consciente de la forma desesperada, casi fanática, en que Josh trató de recuperar sus pérdidas. Si yo no hubiera aceptado con rapidez, habrías sido presa fácil para cualquier hombre sin escrúpulos; Si, todos eran peores que yo… Alguno de ellos te hubiese obligado a trabajar para recuperar su inversión. ¿Quieres que te aclare más?

Las palabras indignadas que había proferido antes, sin pensarlo, manifestando cómo prefería tratar de ganarse la vida, ahora se volvían contra ella con un significado cargado de terrible ironía.

—Te hubieras encontrado camino del infierno sin poder evitarlo, créeme —concluyó Draco.

—De cualquier manera, no se por que me dices esto. No puedo pensar en ti como en un caballero Malfoy.

— ¿Te he dicho en algún momento que lo fuera?

No se atrevió a mirarle mientras se levantaban y recogían las cosas del día de campo para llevarlas al coche.

Viajaron en absoluto silencio; al parecer, ya no había nada que decir y no se sintió inclinada a charlar sobre temas intrascendentes.

El centro de la ciudad estaba lleno de personas de todas clases pero Draco no se detuvo y siguió conduciendo hasta llegar a un pequeño hotel de estilo colonial en Double**Bay.

ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO... LO SUBO AHORA POR NIEBLA QUE LE PROMETÍ SUBIRLO HOY. BESOS Y CUIDENSE