Como cambia la vida... — capítulo 16
David me aconsejó que, en la hora de Gimnasia, aprovechando que salíamos al parque a correr, hablara con Nadia y le dijera la verdad, y le preguntara por qué exactamente se había enfadado. Yo opté por hacer eso, aunque no estaba muy convencida.
A la mañana siguiente tocaba Gimnasia a segunda hora. A las 10:10 de la mañana...Nadia llevaba manga corta, pero hacía bastante frío, temblaba y tenía los labios como morados. Así que, me acerqué a ella cuando estaba sola y desprevenida:
_Nadia, vaya, estás temblando. Toma anda, mi chaqueta, que yo entro pronto en calor.
_No gracias, no necesito tu caridad, ni la de nadie.
_¿Pero que dices?
_Pues eso. Y ahora vamos, el profesor nos estará esperando.
_¿Por qué hablas así? Oh, vamos Nadia, hablemos.
_No, tu y yo no tenemos nada de que hablar. Está todo dicho.
_Yo creo que no- la agarré del brazo para que no se me escapara, nos habíamos quedado solas en el banco donde estaban todas las mochilas de los compañeros.
_Ey, sueltame, Marta. ¿Pero qué demonios haces?
La miré arqueando una ceja _Vale si no quieres hablar lo entiendo. Solo explícame porqué estas enfada.
_Ah, ¿que tu no lo estás?
_Pues no. Te quiero mucho, Nadia, eres de mis mejores amigas. Te echo de menos y...
_y eres una puta zorra asquerosa.
_¿¿¿¿Que dices niña????- me quedé patidifusa al oir decir eso a Nadia.
_Pues eso, que eres una guarra, no te quiero volver a ver mas junto a mi, a ver si me vas a pegar algo y me convierto en ti.
Y diciendo esto se marchó a reunirse con los demas compañeros mientras yo me quedaba ahí, con la mirada ausente, perdida en un mar de preguntas que no tenían respuesta. Pero vamos a ver ¿de donde ha sacado eso Nadia? si yo no he hecho nada...¿no? De repente me empezó a doler un montón el pecho, notaba como si no pudiera respirar. Me sentía sola, y vacía por dentro. Cogí mi mochila e hiperventilando me fui a casa, no podía seguir así. Como no me iban a dejar salir ahora salté la valla trasera del instituto y me marché a mi casa.
Ya en mi casa, cogí la manta con la que David me había arropado miles de días grises y me tumbé en el sofá llorando como una magdalena. Bueno, primero me miré en la televisión (que me sirvió de espejo) y me vi taaaan fea con todo el maquillaje corrido e imaginándome a mi misma como lo que había dicho Nadia que seguí y seguí llorando durante horas hasta que me calmé y debí quedarme dormida, porque cuando me desperté había alguien en la casa, pues se oía un ruido proveniente de las habitaciones.