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I´ll be there for you. — capítulo 17

Dicen que hay que hacerle caso al instinto, que eso es lo que nos suele mantener con vida. Mi instinto me gritaba en aquel momento que huyese. Mis padres me miraban alarmados. Claro, era lo más normal del mundo, les acababa de decir que estaba embarazada, de nuevo, y que me había casado.

    Celia, mi hermana pequeña, parecía no tener ningún interés en la conversación. Le había sorprendido, hace diez minutos, pero ahora pasaba. Mis padres no reaccionaban. Llevaban diez minutos con la misma cara.

    Ni en mis peores pesadillas pude imaginar la bronca que me echaron. Monumental. Dudo que otra persona la haya vivido. Menos mal que era mayor de edad y no me podían castigar.

   — Te dije que se lo tomarían mal — mascullé abrazando a Zayn. Él, tenía agarrado a Dánae. — Pero mal es quedarse corto.

    — Tranquila, recapacitarán y retirarán todo lo que han dicho — le miré sin creérmelo, mis padres no eran de ese tipo de personas. Bastante con que habían aceptado a Dánae.

    — Lo único bueno es que mi abuela se lo ha tomado bastante bien.

     Mi abuela era una de las personas que más quería en este mundo. Me había echado la bronca con lo de Dánae, pero también, y al contrario que mis padres al principio, me había comprendido y apoyado. En los primeros meses de embarazo viví en su casa, mis padres me echaron de la suya. La había llamado la tarde anterior, me había felicitado por la boda pero se enfadó porque no la había invitado.

    — Tengo que decirte una cosa importante — cambió de tema él. Le miré atenta. Me pasó a Dánae para que la cogiese en brazos. — ¿Te acuerdas de que te dije que te había engañado aquel verano? — asentí lentamente, temiéndome lo peor. — Era mentira — lo miré atónita. Mi interior se convirtió en un torbellino de emociones, alivio, traición, decepción de que hubiese sido capaz de mentirme con algo así, furia, etc, etc  — Era una apuesta — sentí el cabreó subirme por el cuerpo. Tuve el tiempo justo para cambiar a Dánae de brazo antes de pegarle un tortazo que le dejó la mejilla colorada. Él se llevó la mano a la zona dolorida pero siguió hablando: — Con Tom, él apostó que te enfadarías y yo que no. Quise contártelo antes pero…

    — Retiro lo que dije, no eres un cabrón por ser capaz de ponerle los cuernos a alguien, eres un cabrón por decir eso con tal de ganar una apuesta. — me fui mientras le dedicaba varios insultos más, dolida y con el corazón roto, me dolía que me hubiese mentido en eso y más aún el que no me lo hubiese contado antes, mucho antes.

    Pasó una semana entera antes de que tomase la decisión. Llamé a mi abuela que de buena gana aceptó. Tenía los billetes para ese mismo día cuando fui a visitarle. Casi arrastraba a Dánae que iba andando.

    Llamé al timbre y esperé impacientemente a que abriesen. Fue Harry el que abrió la puerta y supo por mi cara que nada bueno pasaba. Sus ojos volaron de los míos, a Dánae que sollozaba un poco a la carpeta de papel que llevaba en la otra mano. Hizo un gesto para que pasase y cogió a Dánae.

    Zayn, al verme entrar se puso en pie, estaba despatarrado en el sofá.

    — ¿Podemos hablar? —mi voz sonó dura y cortante. Asintió y me guió hasta su cuarto. — Firma esto. — ordené entregándole la carpeta. No me veía capaz de decir nada más, porque detrás de esa muralla de piedra que construía, mi interior era un caos.

    — ¿El divorcio? — en su voz se podía notar la alarma. — Haydee no deberíamos precipitarnos, deberíamos solucionar las cosas.

    — No hay tiempo. Me voy en tres horas, así que si me quieres y como último favor firma los papeles y olvídate de mí, de Dánae y del bebé, estábamos mejor sin ti. — mis palabras se le calvaron como puñales, pude verle en su cara.

     — Déjame que los lea con tranquilidad y los firmo. Te lo aseguro — añadió al ver mi cara de mala leche. — ¿Puedo…puedo despedirme de ella? — parecía que iba a echarse a llorar. Asentí, no se lo podía negar.

     Bajamos las escaleras. Los chicos notaron que algo no iba bien enseguida. Él se agachó y abrazó a la niña con fuerza. La llenó de besos y le dijo lo mucho que la quería. Los chicos también se despidieron de ella y le hicieron "prometer" que no se olvidaría de sus titos Direction.  A mí me abrazaron y me dijeron que llamara y escribiese mensajes, lo dudaba bastante, quería borrar esos meses en Londres.

      Bajé las escaleras con Dánae en brazos mientras parpadeaba muy seguido para evitar derramar las lágrimas. No me lo podía permitir. Él no me iba a hacer llorar nunca más.

JUNIO,  CASI DOS AÑOS DESPUÉS.

   — En serio, Aydie, no tienes por qué hacerlo. — me dijo, Pablo, por décima vez. Cerré la cremallera de la maleta antes de mirarle a los ojos, verdes.

   — ¿No quieres que vaya? Me siento dolida. — una fugaz sonrisa se atisbó en sus labios antes de negar con la cabeza. — No me lo esperaba de ti. — me crucé de brazos, fingiendo estar enfadada y le miré con reproche.

   — No es eso. Solo creo que es mucho que os vengáis los cuatro, podría ir yo solo a trabajar allí y volver en vacaciones.  — Si es que era tan mono. — ¿Y ahora qué pasa?

   — Lo dices porque tienes allí una amante ¿verdad? — desconcertado, abrió mucho los ojos y boqueó  como un pez fuera del agua antes de abrazarme.

   — No seas tonta. ¿Cómo voy a tener yo una amante teniéndote a ti? Claro que quiero que vengas, solo que no quiero que lo dejes todo aquí para ir allí. — me abrazó más fuerte y no pude evitar sonreír y cerrar los ojos.

   — Deja de decir tonterías — susurré. — Tengo allí trabajo, la casa ya está comprada y amueblada y a los pitufos les vendrá bien lo del inglés. Por cierto, hace mucho que no se les oye ¿seguirán vivos?

   — ¡MAMÁAAA! — el grito agudo se oyó por toda la casa, confirmando que sí, que los niños estaban vivos.

   — Hablando de los reyes de Roma. — rió, divertido. Puse los ojos en blanco, me pasaba por preguntar.  — ¿Voy yo? — negué suavemente con la cabeza. Antes de irme deposité un beso en sus labios. — Mientras voy a guardar las maletas en el coche. — le oí decir.

   — ¿Qué pasa aquí? — entré en el cuarto de Dánae, la cual sujetaba en la mano derecha un papel algo arrugado y miraba a Eddie, que estaba en el suelo llorando, con furia. Me acerqué a coger a este último para calmarlo.

   — Es tonto, todo lo tiene que estropear. — Y tras decir esto, Dánae salió corriendo de la habitación.

   — ¿Tú me lo vas a explicar, peque? — le pregunté a Eddie, quitándole una lágrima que se deslizaba con rapidez por su mejilla. Por respuesta obtuve balbuceos y palabras que no se entendían mucho con su lengüecita de trapo, quedaba un mes  para que tanto él como Leyna, que jugaba a su bola en el suelo, cumpliesen un año. — Ya me lo imaginaba. — suspiré y lo dejé en suelo, un poco alejado de Leyna a sabiendas de que en cualquier momento podrían liarla.

Encontré a Dánae sentada en uno de los columpios del jardín. Me quedé parada en el porche viendo como se mecía y miraba, con los ojos, café, anegados de lágrimas, el papel arrugado. Había crecido mucho desde que dejamos Londres atrás, teóricamente para no volver lo cual era mentira porque apenas en unas horas volveríamos a pisar suelo londinense. Cinco años. Esa era la edad que tenía ahora. El tiempo no daba tregua. Ninguna.

   — ¿Qué se ha cargado esta vez? — no hacía falta que preguntase para saberlo, pero de alguna manera tenía que iniciar la conversación.

   — La foto. — contestó ella en un suave susurro. Me coloqué detrás de ella para poder ver mejor la fotografía.

En aquel pedazo de papel que tan importante era para ella, estábamos retratados Dánae, Zayn y yo.  Los tres sonreíamos felices a la cámara, como si nada ni nadie pudiese afectar a nuestra cuasi perfecta burbuja de felicidad eterna.  La fotografía había sido tomada apenas unos días antes de que me enterase de todo y me largase.

   — ¿Crees que se acordará de mí? —  dijo tras un largo silencio. Al oír aquello se me partió el corazón. 

   — Claro que sí. ¿Cómo no iba hacerlo? Te quiere, mucho y aunque tú no te acuerdes de él, seguro que tu padre de ti sí. — La abracé.

   — En Londres  ¿me dejarás verle? — se me hacía demasiado difícil tener este tipo de conversaciones  con ella. Era, en esos ratos, en los que aparentaba ser mucho más madura de lo que le correspondía con su edad.

   — Si surge la ocasión, por supuesto. — omití la parte en la que yo deseaba con todo mi corazón no encontrármelo. Encontrarme con Zayn supondría explicar demasiadas cosas, rememorar otras tantas y que viejas heridas, que había costado que cicatrizasen, volviesen a abrirse. — Pero no llores, princesa, no llores por lo de la foto ¿sí? Es un papel, puede que encierre muchos recuerdos, pero el mayor recuerdo está aquí. — con el dedo índice, di un suave toque en donde debería estar su corazón. — Y por si acaso. — me quité la cadena de plata de la que colgaba la alianza que me había quitado tiempo atrás. — Quiero que mi pitufa lleve esto. — Me la dio él, pero creo que a ti te va a gustar más.

   — Gracias. — nos abrazamos. — Mami. — la separé un poco de mi para mirarle a los ojos. — No voy a volver a hablar de papá delante de ti, te hace daño.

   — Nah, solo…

— ¡Chicas! — la voz de Pablo me cortó. Ambas le miramos. — Nos vamos. — anunció.

Dánae me dio un último abrazo antes de salir corriendo para coger a Leyna de la mano. Se llevaba mejor con la pequeña que con Eddie, a pesar de que a ambos los quería muchísimo

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Aquí termina la primera parte, la segunda la seguiré escribiendo aquí. Espero que les guste. 

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