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Errores — capítulo 2
El sol se levantó apenas sobre el nublado cielo de Greamuld Place número 12. Parecía un día triste, con nubes grices que opacaban la belleza de la gran ciudad Londinense, los transeúntes caminaban a prisa por el pavimento helado, mientras se cubrían con pesados abrigos y gorros multicolores, la gente iba de aqui para allá con el brío estampado en sus rostros, casi sin ninguna expresión. El gris, parecía el color de moda en esa temporada, tan presente en el clima, en las personas y en la alegría que prácticamente no existía en estas.
Sin embargo, podríamos nombrar personas tristes en esta cuidad, gente que había sufrido algun despojo, personas de luto, incluso indigentes que buscaban de una u otra manera sobrevivir en esta vida. Pero había una, una persona en especial, que ocupaba un lugar importante entre todas en Inglaterra, alguien que todo mago y bruja consideraban el salvador del mundo, que creían ciegamente en su felicidad y estabilidad. Se trataba de Harry Potter, el chico que vivió, quien ahora permanecía estático recargado sobre la cabezera de su cama, tratando de entender porqué demonios había vuelto a soñar esa pesadilla de nuevo. Harry, la persona por mucho, más gris de todo Londres.
-¡Maldición!- musitó mientras pasaba una mano sobre su cabello, para tranquilizarse.
La débil luz solar se filtró por su ventana y dió molesta y fastidiosamente en sus ojos, Harry se levantó entonces con movimientos torpes, y de un tirón a la tela, cerró la cortina. Así, entre la oscuridad de la habitación entornó los ojos para observar su alrededor, su cama, unos muebles, ropa sucia, libros regados por todas partes, papeles...Cosas materiales eran su única companía. Estaba solo.
Sin quererlo dejó escapar un largo suspiro.
-¡Maldición!- gruñó nuevamente mientras golpeaba con el puño cerrado el colchón.
¿Como es que aquello continuaba fastidiándolo tanto? Después de todo ya debería haberse acostumbrado a despertar todos los días y golpearse de frente con su cruda realidad. ¿De que maldita sea se había perdido?
- ¡Mierda!- ahuyentó el vértigo que de pronto mareó su estomago con una mezcla entre la ira y el dolor. Aún recordaba vívamente el sueño que había tenido hace poco, cuando tomaba valientemente la decisión que lo haría evitarse, lo que ahora tanto lo amargaba. Estaba molesto, molesto con el mundo y sus presiones, pero lo estaba más consigo mismo, por haber sido tan ciego, tan estúpido...tan...
Poco a poco fué espabilando su mente, se frotó los ojos con desesperación y después revolvió su cabello con los dedos en un gesto desgarbado que acostumbraba todas las mañanas. Para deshacerse de esa furia que cada vez llenaba más celúlas de su cuerpo, decidió pensar en otra cosa, como por ejemplo, ¿Que haría hoy?
Bien, era viernes y no tenía que ir a trabajar, bendíto viernes en que no existía para él, el Ministerio. Tal vez podría dedicarse a terminar trabajo atrasado, o quizá salir incluso a dar un paseo. El ojiverde se acercó a su ventana y asomó por la cortina, un día sombrío le dió los buenos días, cuando el sol se volvía a esconder entre las nubes.
-Patético.- murmuró. Entonces regresó a su cama arrastrando los pies y se dejó caer en ella para envolverse en el calor de sus sábanas.
La rutina de Harry Potter no variaba mucho, generalmente consistía en amanecer, trabajar, cenar en su casa alguna porquería y dormir, deseando que otro dia no apareciera y lo obligara a abrir los ojos nuevamente...
Apretó los dientes al pensar en esto. Difinitivamente la mañana no iba nada bien...Intentó por un momento apartar esos pensamientos de su cerebro, pero este le jugó a traición y ya no lo pudo seguir evitando...
¿Cómo se había convertido en aquello que era ahora?
Difinitivamente, un tipo "común y corriente". ¡Por todos los cielos! ¡él era Harry Potter! ¡Harry Potter! El héroe que habia derrocado al señor oscuro Voldemort, en aquella la mas épica de las batallas de las que su mundo tuviera memoria. Su nombre se dibujaba ahora en los libros de historia de la magia, su cara sonreía en diarios y revistas que se habían escrito para él y solo para él...y por supuesto, poseía la fortuna mas grande de toda la cuidad.
¿Pero...eso era realmente Harry?- El chico sacudió la cabeza en un gesto de increudulidad.
Se mentiría a si mismo si creyera toda esa basura que "El Profeta" difundía sobre él... La verdad es que hoy, se desconocía por completo.
Un enorme vacío se expandía en su interior...¿Las razones? eran muchas, y demasiado dolorosas para recordarlas, aunque, ya qué más daba...
La primera, y seguro la mas importante, era que ahora vivía solo. Ginevra Weasley volaba lejos, literalmente; Había abandonado su lugar al lado de ojiverde, para emprender su propio viaje en busca de su "destino" como lo llamaba ella. Se había convertido en una afamada jugadora de quiddich, como siempre había querido, ahora era alguien importante, digna de hacerse llamar la esposa del gran Harry Potter. Sin embargo él no podia dejar de darse cuenta lo que "el amor de su vida" había hecho: Abandonar su vida junto a Harry y derrumbar los sueños de ambos para construir los suyos en solitario. Egoísmo. No existía otra palabra para describir su crimen. Porque eso era lo que acometía, un lento y destructivo crimen contra su relación.
Si tan solo no se sintiese tan abandonado por todos, como por Ginny. Si tan solo los tuviese a ellos a su lado, a ellos quienes nunca se habían apartado de él, ellos que jamás habría creído extrañar tanto, llorar su partida, ellos que solos, eran felices. No necesitaban de él.
Ron y Hermione - Harry sintió sus entrañas hervir- Los esposos Weasley. Ahora vivían en la lejana París, hacía tres años que las noticias sobre ellos habían dejado de llegar a su familia, y por ende, también a Harry...¡Cuanto los extrañaba! ¿Porqué había permitido simplemente su partida?, así nada más. ¿Acaso no se daba cuenta que ellos ya formaban parte de su escencia, parte de su ser, y que sin ellos se convertiría en nada, en eso que era ahora?
Y una vez más sabía que toda la culpa era suya ¿De quién si no? Él había sido el primero en alejarse, el primero en enamorarse y encerrarse en su mundo donde solo existía Ginnevra, y al despertar de este sueño hermoso, la realidad cayó sobre sus hombros al advertir sorprendido que sus amigos y su esposa se habían marchado lejos. Y él había quedado completamente solo. Continuamente sus mejores amigos aparecían en los diarios. El Profeta sacaba largos reportajes sobre ellos, ya que tanto Ron como Hermione se habían vuelto tan populares como el mismo Harry tras la caída de el-que-no-debe-ser-nombrado-.
El ojiverde recordaba uno en especial, uno que había sentido como golpe bajo, tanto a su amistad, como a su relación con Ginny:
Hermione y Ronald aparecían en una foto sonrientes, mirandose con ojos que derramaban miel, mientras se tomaban de la mano y luego se daban un tierno beso que hacía que las mejillas de la castaña se sonrojaran.
En la entrevista hablaban sobre bebés, al parecer Ron estaba ansioso por hacerle un hijo a Hermione. Pero ella, responsable como siempre, decía que querían esperar hasta formar un hogar estable, para pensar en ampliar la familia. Entonces el periodista insistente y sediento de una nota rentable continuó, asegurando que Ginnevra Potter le había asegurado días atrás que ella y su famosísimo esposo Harry Potter, ya estaban en el prosceso de concebir un hijo.
¿¡Qué!?- fue la respuesta de Hermione, seguida de incesables felicitaciones a Harry y Ginny mientras aseguraba que no existía mejor pareja para traer bebés al mundo que el ojiverde y la pelirroja. Ron solo pudo emitir un: ¿¡Pero que rayos se cree Ginny!? ¡Aun es muy jóven!
Lo que Ronald no sabía era que su pequeña hermana había mentido.
El hueco que Harry sentía en su estómago pareció arderle con violencia....
Él y Ginny jamás habían hablado sobre la posibilidad de tener un hijo...Recordaba perfectamente aquel dia que se topó en la mañana con aquella entrevista,"¡Pero cómo se atreve!" Furioso había roto en pedazos el dichoso pergamino. Ginnevra había mentido, y podía apostar todos sus bienes a que había sido una tapadera de todo lo mal que iba su matrimonio, con aquello de que "todo esta perfectamente, somos muy felices, tanto que podríamos tener un bebé" que mejor para mantener tranquilos a los periodistas indiscretos que una buena sopa de mentiras; Un bebé, "seguramente los esposos mantendrán una estabilidad sorprendente como para atreverse a concebir un hijo, son el matrimonio perfecto, no podemos esperar a que un pequeño pelirrojo flacucho y con gafas llegue a este mundo..."
¡Cuantas veces Harry Potter le había sugerido la idea a su esposa! ¡Y cuantas otras Ginny había desvíado la conversación con alguna excusa tonta!
"no quiero arruinar mi cuerpo" "ahora no es el momento" "espera un poco más" "te amo, pero un niño es una gran responsabilidad" "debe ser muy doloroso dar a luz" "solo espera un tiempo más, Harry" "un poco más, mi amor"
La última de sus respuestas a la insinuación de Harry había sido la siguiente: "Me voy, me voy lejos a jugar quidditch, un bebé no está en mis planes ahora, perdóname..." Y de nuevo lo había dejado solo y con sus ilusiones desmoronadas...¿Cómo podía ser tan egoísta con el hombre que lo había dado todo por ella?
Harry era el jefe del departamento de aurores, cuando era pequeño deseaba intensamente que el día de convertirse en auror llegase, se emocionaba de sobremanera al imaginar todas las aventuras y experiencias que tendria que vivir en ese empleo e incluso le intrigaban los peligros que tendria que sortear.
Ahora que su sueño se había cumplido, todo era diferente; Su función se centraba en el papeleo..."papeleo, papeleo, papeleo" ¡el bendito papeleo! Él, que siempre había buscado la aventura, que los líos eran la parte principal de su día a día, que vivía la accion, que tenía el record de rompedor de normas en Hogwarts...Ahora se dedicaba a rellenar formularios...
De vez en cuando, muy de vez en cuando los llamaban a la acción, ¡tenemos un mortífago a la vista!... Pero no, nadie permitía que el Gran Harry Potter se lastimase las manos al ir detrás del tipo sucio. No le permitían salir... "Potter, eres ahora el símbolo de nuestra seguridad, si te llegara a suceder algo, nosotros..." Esa era la continua frase que le repetía el Ministro Kingsley a sus constantes quejas.
Y bien, Harry siempre se quedaba a encargarse del papeleo, mientras sus subordinados capturaban y traian a la rata en su prescencia...un par de hechizos para la confesión, y el caso pasaba al siguiente departamento encargado, ya no era problema suyo.
Y no era que se quejara de su sueldo, ya tenía suficiente oro como para vivir cómodo el resto de su vida, pero le rabiaba el hecho de que el único medio de escape a su desolación fuera tan jodidamente monótono. Estaba cansado y aburrido del sopor agobiante de su propia vida... Una amarga sonrisa se trazó en los labios del ojiverde cuando cogió de la mesita de noche la fotografía de bodas de él y Ginny, donde claro, también aparecían Ron y Hermione...
La observó con nostalgia, tan absorto que nisiquiera logró percibir aquellas transparentes lágrimas que resbalaron por su rostro...La tristeza invadió su corazón de una manera mas poderosa que en las anteriores veces...Y fue mientras sentía esa necesidad de calor, abrigo y consuelo, que sabía tan familiar de sus amigos y esposa...aunque supiera que en su realidad, ninguno de ellos existía por ahora.
Entonces un molesto ruido surgió detrás de su ventana, una mezcla entre gorjeos y picotazos, como pequeñas piedritas que se aventasen al cristal. El ojiverde se puso rápidamente en pie, corrió la cortina y asombrado encontró a una pequeña Lechuza que revoloteaba contra el cristal dando de picotazos.
Harry sonrió de oreja a oreja, esa pequeña lechuza inhumanamente gorjeadora se reconocía en cualquier sitio. Abrió rapidamente para dejarle paso y con una alegría inusitada sacó la carta de la diminuta patita...
-¡Pig es increíble verte!- Enseguida la pequeñita se hechó a revolotear por toda la habitación gorjeando como loca...
Harry abrió la carta con un temblor extraño en sus dedos...la desplegó. "Querido Harry...
¡CRASH!
Entonces se escuchó el crujido de un cristal al quebrarse...La lechuza había tirado la fotografía que Harry obserbava, el ojiverde se acercó a mirar y vió como la imagen de las parejas quedaban enterradas entre los pedazos de vidrio rotos...Todos sonrientes, todos felices, incluyéndose; La escena le pareció ironica, en esa fotografia todo parecía perfecto, ni siquiera se daban cuenta de que ahora estaba todo roto...roto en mil pedazos.
CONTINUARÁ...
Aquí tienen primer capítulo, despues de una serie de problemas que casi me hacen perder el fin. Logré rescatar mis documentos de la pc y aquí lo tienen listo :) Gracias por leer. Nos vemos en los comentarios, cómplices. Besos de Eliz Granger.
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