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Errores — capítulo 3

Harry temblaba de pies a cabeza debido a la reciente noticia que el pequeño Pigwigdeon le había traido desde la lejana París:

Desplegó el pergamino con sumo cuidado para no romperlo por el inusitado temblor que azotaba sus manos y volvía sus movimientos cada vez mas torpes...

Y entonces lo leyó:

Querido Harry:

Ronald y yo te avisamos que regresaremos el viernes a Londres, fue grandioso todo este tiempo aquí, Paris es fascinante, pero los extrañamos demasiado, no soportamos un mes más sin verlos, tal vez nos mudemos, aun no lo tenemos claro, pero ten por seguro que el viernes te daremos un gran abrazo, estamos muy emocionados, al fin volveremos a estar los tres, saluda a Ginny de mi parte y dile que Ron jamás se pierde sus partidos de quidditch en la televisión (encanté una televisión muggle que puede transmitir cualquier evento del mundo mágico, pero no le digas a nadie creo que es ilegal), en fin, te extrañamos Harry, nos veremos pronto. PD: El tren llega a las 9:30 de la mañana, pero podemos vernos en la cafetería de Florean Fortescue del callejón Diagon, te esperamos ahí…

                                                                          Te quieren Ron y Hermione Weasley.  <<

  • ¡Pero qué demonios!....¡¡¡..PIG..!!!- Era demasiado evidente que la carta tendría que haberle llegado cuando mucho con dos días de anticipación, pero suponiendo lo pequeña y atarantada que podía llegar a ser Pigweagdeon, resultaba cómico que al menos aquella hubiera llegado a su destino. Harry se debatía entre la diversión y la furia...- ¡Pequeña lechuza tonta!- entonces el ojiverde sonrió mientras Pig revoloteba sobre su cabeza asustada. Ahora tendría que darse prisa para llegar a tiempo al encuentro con sus amigos.

Era imposible en ese instante que algo pudiera molestar a Harry Potter, si hubiera lanzado un "expecto patronum" en ese momento, su patronus hubiera sido el más grande y hermoso de todos, y seguramente Lupin estaría orgulloso de él...simplemente no podía alhojar dentro de su corazón tanta emoción y felicidad...

Corrió al cuarto de baño sintiendo sus latidos subir y bajar a un ritmo acelerado, mientras el agua tibia corría con desgana en su piel, Harry pensaba en mil y una cosas al mismo tiempo... "Ron y Hermione Weasley, suena tan extraño" Sonreía divertido entre los vapores del baño.

¿Que les diría cuando los viera? ¿Que le dirian cuando lo vieran a él? ¿Como estarían después de tanto tiempo? ¿Habrían cambiado? ¿Lo seguirían queriendo de la misma forma? El ojiverde continuaba atormentandose...

"¿Como es que no tuve la suerte de Ron?" Se decía un poco receloso de su pelirrojo mejor amigo  "...El tiene un matrimonio genial, con una mujer genial y linda...una mujer...a la que puede abrazar en las noches" Un momento,...¿Ron...abrazaba a Hermione en las noches?

Los ojos de Harry se abrieron como platos, mientras sus mejillas adquirían una desagradable tonalidad roja...de pronto la imagen de una Hermione sudorosa y jadeante había aparecido en su imaginación, jugándole una mala pasada. Enloquecido por la idea de lo que sus amigos podrían realizar en la intimidad, tuvo que bajar la temperatura del agua de la regadera, y perturbado continuó con su aseo.

Salió de la ducha un poco abatido, pero más sorprendido de sí mismo por su atrevimiento, el rubor de su rostro  apenas se atenuaba...

Decidió que esa mañana debía lucir mejor que de costumbre, así que abrió su amplio closet y se dedicó dos minutos a buscar el atuendo ideal para semejante ocasión... cuando lo hayó- según él, la perfecta combinación entre comodidad y elegancia- se vistió, ciertamente fue la mejor decisión entre todos los trajes. Unos jeans estilo muggle oscuros y un saco gris entallado que resaltaba su recién desarrollada musculatura, era cierto que el pobre ojiverde nunca había tenido un cuerpo extraordinario, pero no tenía de que quejarse, si en el día apenas comía algunas tostadas con mermelada y café, y eso era solo aveces en el desayuno. Sonrió al espejo con vanidad, mientras intentaba pasarse un peine por su necio cabello...- ¡Maldición...! ¡Maldición!- Parecía que el cabello azabache se negaba rotundamente a ser peinado, de una u otra forma terminaba revuelto o parándose, como si fueran una maraña de alhambres indomables. Harry desistió de sus intenciones y aventó el peine a la cama, musitando algo parecido a.- ¡Que más da, me gusta así!.- Entonces bajó las escaleras a una velocidad rápida, ocacionada más por los nervios, que por el retraso.- Voy temprano, aún falta media hora para que den las nueve...¡Merlín, nunca había estado tan nervioso!.- Tomó de la barra en la cocina su cartera y al fin salió de la mansión Black dando un portazo.

                                *  *  *- ¡Señor Potter...!¡Bienvenido, hace mucho que no se le veia por estos rumbos!

  • ni por estos rumbos, ni por ninguna otra parte.- Sonrió Harry con sarcasmo, a un rechoncho hombre que le sonreía afablemente, mientras le daba un par de palmadas en la espalda.- Es un placer Señor Tammers.

  • No más que el mío, pase muchacho, pase, adelante.- incitó el señor Tammers, para que el ojiverde entrase a su cafetería, la que antes perteneció a Florean Fortescue.- ¡Hannah, atiende al señor Harry Potter, y que sea como a un rey!

El pobre chico enrojeció hasta las orejas, mientras una  rubia voluptuosa se dirigía hasta él risueña y con aire soñador.- ¿Desea ordenar algo, señor Potter?.- Le preguntó a Harry con voz melosa.

  • Me gustaría un café con regaliz, por ahora, gracias.- El ojiverde intentaba no levantar la vista para no mirar a la mesera y sonrojarse, pero incluso podía sentir encima suyo, la mirada de la tal "Hannah" clavarse sobre él indiscretamente.

  • Ahora mismo, señor Potter.- respondió la rubia, con una voz que intentó parecer atrevida. Harry se sonrojó por fin..."Maldición, aun no me acostumbro a esto".

Observó su reloj y se dió cuenta que aún faltaban veinte minutos para la hora acordada, se acomodó en su asiento cercano a la entrada, y se dedicó a ver a los transeúntes caminar por la acera del callejón Diagón. El día continuaba igual de nublado, la gente se movia con la misma expresión neutra, pero para Harry todo había cambiado de un momento a otro. Esa carta, le había regalado luz a ese oscuro pozo donde se encontraba hundida su esperanza, todo parecía mejorar, todo iba a mejorar, sí, una vez que Ron y Hermione hubieran llegado.

El ojiverde se recargaba sobre la mesa mientras disfrutaba de su taza de café, era la primera vez en tres meses que salía a dar un paseo como la gente normal. Sonreía pensando en los rostros risueños de Ron y Hermione, quienes seguro estarían ya en camino de la cafetería, cargados de maletas y abrigos  enormes, ya que en Londres solía hacer más frío que en Francia. ¿Como lucirían después de tanto tiempo?

  • Un café con regaliz porfavor- escuchó a la mujer de enfrente pedir su orden, desocupó su mirada de la calle y observó a la castaña que había hablado... "Que hermosa" pensó el ojiverde, mientras sus ojos bailaban atravéz del cuerpo de la desconocida. Harry tenía razón, era una mujer realmente hermosa, vestía un elegante vestido rojo que resaltaba su estética, con un cuello largo y pálido que iba descubierto gracias a su rebelde peinado color chocolate.

 ¡Hace cuánto Harry Potter no admiraba la belleza de una mujer! La imagen de Ginny llegó de pronto a su cabeza, con su cabello ardiente y su carita de niña; sabía que poseía a una esposa bella y deseable, hermosa en todos los sentidos...pero ¿En donde estaba? Lejos, estaba lejos. Devolvió su interés a la castaña, ¿Desde cuando se fijaba en otras mujeres? Delineó con su mirada el contorno de su espalda, esa estrecha, larga y femenina espalda que de pronto lo había enganchado para continuar observando y observando sin parpadear...

-Aquí tiene señorita- la mesera dejó en la mesa de la mujer de rojo una taza, entonces dirigió una fugaz mirada en dirección a Harry y una sonrisa tonta se le formó en los labios. Enseguida el ojiverde se dió cuenta de esto y los colores se le subieron al rostro..." ¡Oh no!..¡en donde están Ron!" Pensaba mientras veía horrorizado como la mesera se inclinaba hacia la chica castaña para susurrarle algo en voz baja.- ¡Si, es él! ¡Es Harry Potter y no deja de mirarla!-

"Trágame tierra" pensó Harry al notar que la hermosa castaña se daba la vuelta y lo miraba desde su mesa...

  - ¿¡Hermione!?

CONTINUARÁ...

Tercer capítulo, gracias por leer. Ojalá les haya gustado cómplices, nos leemos el domingo ;) Un besote! ElizGranger.