¿Te casarías conmigo? — capítulo 3
El usual cielo de Londres, lleno de nubes grises, era muy apropiado para aquel día de luto en el mausoleo de la familia Malfoy. Un grupo de quince personas, vestidas de negro, se encontraban al rededor de un hueco en donde flotaba un féretro plateado. Empezando en el lado derecho del féretro, estaba Andromeda Tonks, quien, poniendo una rosa blanca sobre el ataúd, se despedía de su hermana. Porque al final de cuentas, por más diferencias que hubiera tenido con la rubia, eran hermanas y ella la quería, por eso le dolía y le dolía mucho el no haber podido convivir con ella en vida. A un lado de Andromeda se encontraba Harry Potter. ¿Como faltar al funeral de la mujer que le había salvado la vida en un momento tan crucial? Quizás no era el gran amigo de los Malfoy, pero con ayuda que le habían brindado tenía una relación cordial con el único Malfoy que quedaba. Además, Draco mostraba cierta curiosidad y cariño por su sobrino Teddy, del que Harry era padrino. Acompañado a Harry estaban Ginny y Teddy. A la izquierda de los Potter estaban los Nott, Theodore y Daphne, seguidos de Blaise Zabini, quien palmeaba de forma confortante la espalda de su amigo. Draco estaba en el centro, de frente al féretro, con ganas de ser enterrado junto a su madre. A la izquierda del único heredero Malfoy que quedaba, estaba su esposa Pansy, seguida de sus padres y otros conocidos como los Crabbe y los Goyle. No había mucha opulencia en el acontecimiento, pues Draco había preferido las cosas privadas, sobre todo en ese momento en el que se mostraba tan humano y vulnerable. ¿Para qué quería a gente ajena a su dolor? ¿Para que quería a gente que ni siquiera había llegado a conocer a su madre? Por ejemplo, el Ministro de magia, quien había querido ir al funeral para acompañar en esos momentos al jefe del Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas, pero Harry lo había convencido de desistir de la idea. Cada cual colocó una rosa blanca sobre el ataúd. El último en hacerlo fue Draco, quien con los ojos cristalizados dejó que el féretro descendiera hasta el fondo del agujero, para después, manipulando diestramente la varita, lo rellenó con tierra y finalmente lo selló con una lapida de mármol verde oscuro. Sobre el mármol se leía en brillantes letras blancas la leyenda de: "En memoria de Narcissa Malfoy Neé Black 1955-2003. La luz y el calor de un momento oscuro y frío." Debajo de las letras sobresalía el símbolo de ambas familias a las que la rubia había llegado a permanecer. La firmeza con la que Draco hizo todo parecía muy mecánica, casi como si únicamente su cuerpo el que actuara, mientras su alma y mente estuvieran ausentes. —Tranquilo, hermano —le intentó animar Blaise.— Venga, que no estás solo —le dijo al tiempo que lo abrazaba con fuerza, dándole fuertes palmadas en la espalda. Si Zabini se distinguía por algo, era por ser desinhibido y que no le importaban las apariencias. ¿A quen le podrían importar las apariencias cuando se llegaba a tener más de ocho o diez padrastros? —Se fue —murmuró Malfoy con voz quebrada. —No, no se fue —dijo firmemente Harry, apoyando su mano sobre el hombre del rubio, quien enseguida se soltó Blaise y se giró a ver a su antiguo enemigo.— Ella sigue aquí contigo, solo que ahora no la puedes ver —aseguro el salvador del mundo mágico, con media sonrisa en el rostro.— Y no me vallas a decir que no sé de lo que estoy hablando, porque la verdad es que si sé, Malfoy. —Gracias, Potter —el rubio también medio sonrió e hizo una inclinación de cabeza. —Mi más sentido pésame, Malfoy —dijo Ginny, cargando al pequeño Teddy de cuatro años. Draco asistió y extendió los brazos para recibir a su pequeño sobrino. —No estés triste, tío. Tu mami debe de estar con mis papis y se van a hacer compañía y a cuidar mucho —declaró el pequeño Teddy, abrazando a su tío. El rubio se limitó a sonreír y a corresponder el abrazo. Debía de admitir que su sobrino lograba ponerlo de buen humor de forma muy eficaz, sin embargo, la sonrisa se le borró cuando escuchó el cuchicheo de Daphne y Pansy. —Mira como está con Teddy, estoy segura de que ya es hora de que tengan hijos —comentó la rubia Greengrass. —La verdad es que lo he estado pensando mucho —confesó la esposa de Malfoy.— Y con todo esto, estoy segura de que un hijo le dará fuerzas para vivir. Draco se quedó helado con aquello. ¿Un hijo? ¿Pansy hablaba de un hijo? ¿Pero en que estaba pensando? Él no quería hijos en esos momentos y aunque fuera cruel de decir, si llegaba a tener hijos no los quería con ella. O-O-O Dormía plácidamente en una cama adocelada del Caldero Chorreante. No tenía razones para levantarse, de hecho ni siquiera tenía razones para despertar. Ya lo había perdido todo: Familia, esposo, amigos, conocidos, trabajo, sueños... en fin, lo único que le quedaba era dinero para sobrevivir unos cuantos meses y eso que le había tocado darle joyas a los duendes de Gringotts, pues al parecer el dinero Muggle estaba algo devaluado. Se removió en la cama, revolviendo las sabanas y mirando el reloj; era medio día... ¡Oh! Se le había olvidado mencionar que no tenía ni oficio ni beneficio, porque ni siquiera había terminado su educación mágica, sus TIMOs se habían visto cancelados por culpa de la guerra. Lo único que sabía hacer era bailar y meter la pata, que para casos prácticos era como no servir para nada. Suspiró con pesadez y se puso de pie sin mucho animo. Se tomó su tiempo para arreglarse, con su ropa mugge, pues no tenía para andar gastando en túnicas. Solo hasta encontrara trabajo se arriesgaría a gastar dinero. Una vez que estuvo lista, tomó su bolso y salió del cuarto. Al llegar a la parte inferior observó como el lugar estaba lleno de brujas, magos y hasta criaturas mágicas, quienes comían, bebían y platicaban. La castaña miró sin muchas ganas el ambiente y se fue a sentar a la barra y simplemente pidió un café y El Profeta. —Tome señorita —le dijo Tom, el encargado, entregándole las cosas y recibiendo el pago.— La noticia de hoy es la muerte de la señora Narcissa Malfoy. Muchos aquí están comentado de eso. Al parecer le dio un soplo de hielo al corazón y colapsó cuando dormía —comentó mientras secaba unos vasos de cristal. Pero Astoria parecía no ponerle cuidado, pues lo primero que hizo fue tomar la sección de clasificados y ver los trabajos que se ofrecía. — Pobre de su hijo, ahora con su madre muerta y su padre encerrado en Azkaban, se ha quedado solo. Aunque está casado, se rumoreá mucho que solo fue matrimonio por conveniencia y que Draco Malfoy no quiere a su esposa. Astoria respingó ante aquella última información. Al escuchar el nombre de Narcissa no había identificado bien de quienes se trataba, pero el nombre de Draco le había hecho entender todo. Conocía al chico, o al menos lo recordaba de Hogwarts. —¿Draco Malfoy? —repitió extrañada, pues las últimas noticias que había llegado a escuchar del chico eran de las peores, la gente lo repudiaba y al parecer ahora hasta aprecio le tenían. Recordaba como lo odiaban y exigían que lo encerraba en Azkaban. También se había enterado de que había ayudado en la reconstrucción de Hogwartas, pero como nunca había regresado, hasta ahí habían quedado las noticias. Pues los dos años que se habían tardado en reconstruir el colegio, ella había llevado a cabo sus planes de ser bailarina y en el intento lo habían terminado por correr de la casa. Dejó la sección de trabajos a un lado y tomó la de sociales. Leyó rápidamente la nota de la muerte de la señor Malfoy y se quedó algo consternada. —Hoy fue el entierro y dicen por ahí que solo fueron unas cuantas personas, muy intimo —siguió comentado Tom.— Aunque también se tiene entendido que Harry Potter estuvo presente o ¿estará?... no lo sé, la verdad. Desconozco la hora. —Una lastima —susurró la chica, tomando el periódico y dándole el último trago a su café. Dejó en sima de todo la sección de empleos.— La siento por ellos, pero sin ser grosera, lo que me preocupa ahora es un empleo —declaró. —Pues con esa ropa no creo que pueda conseguir mucho —comentó él, mirando con las cejas enarcadas a la chica. Astoria resopló y rodó los ojos ante eso. —No gastaré lo que no tengo —respondió de forma cortante, poniéndose de pie y saliendo del lugar con el ejemplar de El Profeta en las manos. Salió al callejón Diagon y comenzó a caminar por las calles mientras leía las propuestas de trabajo: "Asistente para El Imperio de la Lechuzas, un TIMO aprobado en Cuidado de Criaturas Mágicas." No, no lo tenía. "Puesto de cajera en Gringotts, medio tiempo y requiere un EXTASIS en Aritmancia." Si no tenía TIMOs, mucho menos EXTASIS. La chica seguía leyendo los demás empleos que ofrecía, pero en casi todos pedían algo de educación mágica que ella no tenía. Había otros tantos que no pedían educación mágica, pero si pedían experiencia previa en esas áreas y una carta de recomendación, lo cual tampoco tenía, a no ser que contara su corta carrera de ballet y que la carta de recomendación que le había dado su maestro de baile hace como dos años. Astoria suspiró, sin despegar sus ojos del papel. Por ir tan concentrada en los clasificados de trabajo, no se dio fijó por donde caminaba y terminó chocando con un hombre, quien al parecer había ido tan distraído como ella, pues no reaccionó a tiempo y ambos cayeron al suelo. —Lo lamente, no me fijé —se disculpó en seguida la castaña, gateando para tomar las hojas del periódico y evitar que se volaran. Mientras la chica recogia las hojas, el hombre se puso de pie y tomó unas cuantas paginas del periódico que estaban cerca de él y se las entregó, para después ayudarla a levantarse. —Descuide, también fue mi culpa —admitió el hombre de facciones puntiagudas, rubio y de ojos grises. Astoria asistió y susurrando un simple "gracias", siguió su camino en busca de trabajo, de la misma forma en la que el hombre rubio siguió su rumbo. O-O-O Draco estaba en su habitación, sentado en la cama y con la vista perdida a través de la ventana, pensando en las palabras que le diría a Pansy para plantearle la decisión que había tomado. Sin embargo un nodo se le había formado en el estomago con solo recordar las palabras de la pelinegra. ¿Un bebé? ¿De verdad Pansy quería un bebé? ¿Como romperle las ilusiones así de buenas a primeras? ¿Como atreverse a lastimar a una de las pocas personas que lo quería? No, no tenía el corazón para destrozar a la chica que había estado con él en las buenas, en las malas y en las peores. Ella que había estado con él de forma incondicional y hasta se podría decir que de manera desinteresada. El rubio llenó sus pulmones de aire y luego exhaló, intentando hacer que la culpa se fuera con eso, peor no le funcionó; aunque bien, con ese soplido, pudo haber tirado una casa de paja al más puro estilo del lobo feroz. Draco se despeinó un poco y tomó su capa para salir a dar una vuelta. No quería dudar, no quería flaquear y resignarse a complacer a una buena amiga a costa de su felicidad. Con un seco «¡crac!» desapareció y apareció en el callejón Diagon. El Malfoy comenzó a caminar sin rumbo alguno, solo pensando en lo que podría hacer... ¿Qué haría si fuera libre? Sin duda alguna no dejaría su trabajo, no le gustaba sentirse un inútil, pero por lo menos se compraría algún departamento en el Londres mágico y ¿por qué no? Le llamaba mucho la atención ese juego muggle donde golpeaban una pelota blanca, del tamaño de una snitsh con un palo largo, para introducirla en un hoyo. ¿Qué? ¿Sonaba aburrido? Si, lo sabía, él había pensando lo mismo la primera vez que unos del Ministerio lo comentaban. Sin embargo, después de ver algunas imágenes y escuchar algunas conversaciones por parte de los empleados de su departamento, le había entrado la curiosidad y el ego personal de intentar meter con un solo golpe la bola en el hoyo. Sonrió de lado ante la idea de estar solo y haciendo lo que quisiera, sin preocuparse sobre si Pansy o los padres de ella le recriminaran algo por su comportamiento. Tan perdido se quedó en sus pensamientos que de un solo golpe terminó tirado en el suelo. Parpadeó un par de veces, ingenuo de que aquello le hubiera pasado a él. ¿Pero quién habría sido el imbécil que había chocado contra él? Resopló de mala gana y volteó a mirar al susodicho y para su sorpresa se topó con una chica y no solo eso, si no que la muchacha andaba vestida con ropa muggle. El rubio rodó los ojos y suspiró. Pero que suerte la suya. —Lo lamente, no me fijé —se disculpó la chica, quien gateaba para tomar unas hojas que parecían ser de El Profeta. Draco negó con la cabeza y se puso de pie, tomando algunas de las hojas del periódico para entregárselas a la chica —Descuide, también fue mi culpa —dijo él, mirando fijamente a la chica castaña, de facciones aniñadas, ojos verdes y nariz de botón. Era linda, no lo negaría y era inusual ver a una chica vestida así en esa época. Los familiares muggles de los magos no se aventuraban en el callejón Diagon a no ser que fuera principio de año en Hogwarts, y estaban en Abril. De igual forma no mencionó nada, dejó que la chica se marchara, escuchando un vago "gracias" y él mismo siguió su rumbo. Rumbo que ahora ya tenía claro: Su oficina en el ministerio. Quería hablar con sus subordinados de los juegos muggle y además, no podía dejar que el trabajo se le acumulara durante ese tiempo. Ya tenía cuatro días de no ir a trabajar y seguramente tendría montañas de papeleo que hacer y demás. O-O-O —¿Así que se llama Astoria Greengrass? —preguntó un hombre alto y delgado, con pelo de color rojo brillante, aunque se estaba quedando calvo. Además, llevaba gafas y tenía los ojos azules.— ¿Será usted familiar de la esposa de Theodore Nott? —preguntó el hombre. —No lo creo —contestó ella, aunque la verdad es que debió de haber respondido: Sí. Porque ella era hermana de Daphne, pero el orgullo que aún le quedaba le decían que lo último que quería era que le dieran en trabajo por una hermana que la había rechazado y quien no había hecho nada por ella cuando la habían echado. —Juraría que si —comentó el hombre.— No es un apellido muy común, sin embargo por su vestimenta era obvio que usted no podría tener relación con esa familia. Son la clase de familias que se a pesar de todo se quedaron con esas viejas costumbres de la sangre limpia. ¡Panplinas! —se burló el pelirrojo. —Pues la verdad, ando vestida así porque no tengo dinero para comprar túnicas... —admitió Astoria con vergüenza, sin atreverse a comentar nada de su familia.— Yo vivía antes en el mundo muggle, pero pasó algo... —¿En el mundo muggle? —dijo asombrado y con visible emoción en su rostro.— ¡Debió de ser fabuloso! Con esa experiencia seguramente podrías tener un buen puesto en la división de la Oficina de Enlace con Muggles—comentó con un brillo en los ojos. No se debía de ser muy listo para saber que las cosas muggle lo emocionaban de sobre manera y Astoria al notar eso sonrió con esperanza.— Sin embargo creo que no tengo ninguna vacante por ahora. —¿De verdad? —la sonrisa de la chica se borró de forma instantánea. ¡Para suerte la suya! —De verdad, sin embargo, no debería de decírtelo —comenzó a decir con tono cómplice.—Pero me has caído bien y te comentaré que hay una vacante disponible: Asistente del jefe del Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas. La verdad no es gran cosa y solo es temporal, en lo que el señor recupera el ritmo de su vida después de la tragedia que le sucedió; pero si tienes suerte te podrías quedar en ese departamento y formar parte de el Escuadrón de Reversión de Magia Accidental o la Sede de los Desmemorizadores o elComité de Disculpas a los Muggles o el Grupo de Trabajo de Invisivilidad o como dije en un principio en la Oficina de Enlace con Muggles... —¡Acepto lo de asistente! —se apresuró a decir Astoria. El hombre pelirrojo sonrió y asistió con la cabeza. —Bueno, en ese caso deberás de hablar con Harry, digo, con el jefe del Departamento del Cumplimiento de la Ley Mágica, quien es quien le está consiguiendo esa asistente a Draco Malfoy, ya que el chico está ausente. —Ante esas palabras la castaña se quedó helada. ¿Ahora Malfoy era jefe de un Departamento en el Ministerio de Magia? ¡Merlín! Poco le hubiera faltado para volverse el nuevo Ministro, según veía. Las cosas parecían haber cambiado mucho durante sus tres años de ausencia. —¿Me podría decir donde encontrarlo? —preguntó Astoria, ignorando los detalles, como trabajar para Malfoy, finalmente necesitaba el trabajo y si era honesta, jamás había llegado a tratar mucho al chico, de hecho, si lo volviera a ver seguro que ni se reconocerían.— De verdad que quiero el trabajo —enfatizó. —Vamos, sígueme, yo te llevaré —anunció el hombre.— Por cierto, que mal educado soy: Arthur Weasley, jefe del Departamento del Uso Indebido de la Magia, un placer conocerla y haberme topado aquí con usted señorita Greengrass. Astoria sonrió y asistió con la cabeza, la verdad es que había sido una suerte muy grande para ella que el hombre pelirrojo se acercara para interrogarla sobre su vestimenta, si bien al principio pensó que solo la molestaría le había resultado muy útil cuando comentó que buscaba trabajo. —El placer es mio, señor Weasley —contestó la chica, quien después de meditar unos segundos decidió que no sería buena idea entrar al ministerio siendo llamada Greengrass o alguien de seguro la ubicaría o descubriría y ya se imaginaba la reacción de sus padres ante aquello. Ya podía escuchar a su madre echándole en la cara todas sus tonterías y reprochándole que al final de cuentas había tenido que regresar al mundo mágico.— Aunque le confesaré que mi apellido en realidad es Murray. Soy casada, con un muggle llamado Demian Murray —comentó, sin poder evitar sentir una opresión en su pecho al decir aquel nombre. —Debí imaginar que una mujer tan linda como usted ya debía de estar casada, aunque siendo así, me sorprende entonces que esté aquí sola —dijo el señor Weasley, mientras caminaba tranquilamente hacía el ministerio, siendo seguido por Astoria.— Yo soy casado y la verdad prefiero que mi querida Molly se quede en la casa cuidando de los nietos, que tenga buena vida y tranquila. —Si, supongo que si —respondió de forma distraída, pues la verdad Damian era de esos, por esa razón había abandonado su sueño.— Pero el dinero nos hace falta —mintió, con sus ojos clavados en el suelo y evitando las ganas de llorar. —Bueno, cuando el dinero hace falta. ¿Qué puedo decir? —Arthur se volteó a ver a la chica y sonrió.— Llegamos —anunció y solo entonces la Greengrass levantó la mirada para ver que efectivamente se encontraba en el Ministerio de Magia. ¿Cuando había sido la última vez que había estado ahí? Quizás cuando tenía unos cinco o seis años y su padre la había llevado a conocer el departamento de Misterios. —Es impresionante —admitió la joven castaña. —Claro que lo es, sobre todo ahora que lo hemos remodelado un poco —comentó de forma orgullosa el Weasley.— Aunque los elevadores siguen siendo los de siempre. Vamos. —Animó, indicándole cordialmente a la chica que subiera a uno de los famosos elevadores. O-O-O —Te digo que no, Potter. —decía Malfoy exasperado, sentado frente al escritorio de su viejo rival. —Pero lo necesitas, ¡Merlín! Deja de hacerte el fuerte... —intentó argumentar el salvador del mundo mágico. —Simplemente no te metas en lo que no te importa —lo cortó crudamente Draco.— Que seas el padrino de mi sobrino no significa que tengas derecho a meterte en mi vida —dijo secamente.— Además, te recuerdo que nuestros departamentos no tienen nada que ver, ni que fueras mi jefe para andarme imponiendo una secretaria... —Asistente, Malfoy. Solo es una asistente temporal y el Ministro está de acuerdo conmigo con que la necesitas, sobre todo con el trabajo que se te ha acumulado y pues con todo lo que ha pasado... —Harry perdía el tiempo intentando argumentar con Draco, pues el rubio estaba convencido de que el Potter se tomaba más atribuciones de las que debía y nadie lo haría cambiar de opinión. —Soy perfectamente capaz de manejar mi departamento solo —gruñó el joven, entornando sus ojos grises, como una serpiente que amenaza con morder. Y es que se sentía molesto e indignado de haber llegado a su despacho y haberse encontrado con el asistente de Potter, quien al parecer le llevaba SU trabajo a Harry, para que el chico que salvó al mundo se hiciera cargo de ello. Draco jamás aceptaría esa clase de ayuda por parte del pelinegro. —Yo no estoy diciendo lo contrario, pero de verdad que no te caería mal un asistente —insistió Harry.— Hasta yo tengo uno. —Que tú no seas capaz de hacer las cosas por ti mismo no es mi bronca — atacó Malfoy, con una desagradable mueca en su rostro. Momentos como eses le hacían recordar a Harry porque razón él y Draco jamás se habían llevado bien y jamás llegarían a tener más que una relación formal por Teddy. —Bien, como quieras. De igual forma nadie ha venido por el empleo, de hecho ni lo hemos publicado en el profeta y... —estaba hablando cuando de repente la puerta de su despacho se abrió de par en par, dejando ver a su suegro acompañado de una joven castaña. —Harry, muchacho. Creo que ya encontré a la asistente que necesitabas para Malfoy —anunció el hombre pelirrojo, quedándose estático al notar la presencia del pelirrojo. —Pero que modales — masculló el rubio, chasqueando la lengua y girándose para ver al Weaslye. Llevarse cordialmente con los Potter no implicaba que en ningún momento tener siquiera respeto por la familia de pelirrojos, si a Ginevra la aguantaba era por ser la madrina de Teddy y a duras penas le dirigía la palabra. —Lo siento, Arthur y señorita, pero al parece, Malfoy ha dejado muy claro que no quiere una asistente —informó Harry. —Exacto —sentenció Draco, girándose para fulminar con la mirada al Weasley y compañía, sin embargo, dicha mirada no llegó, pues sus grises ojos se abrieron con asombro al notar a la chica que acompañaba al patriarca de los pelirrojos.— ¿Tú? —dijo con ingenuidad. —¿Tú? —preguntó Astoria, sintiendo un enorme hueco en su estomago. ¿Ese era Draco Malfoy? ¡Por los calzones apolillados de Merlín! ¿Como no lo había reconocido cuando habían chocado? Cabello rubio-platinado, ojos grises y facciones puntiagudas, solo un Malfoy luce así. —¿Ya se conocían? —preguntaron Harry y el señor Weasley al mismo tiempo. —No —contestó Astoria. —Si —respondió Draco. —Bueno, si —se corrigió la castaña. —Pues de hecho no —reiteró el rubio. Dejando a los otros dos presentes con cara de confusión. —¿Alguno de los dos podría explicarse? —pidió Harry, mirando a ambos de manera aleatoria. —Topamos en la calle del callejón Diagon —dijo secamente Malfoy, rodando los ojos con fastidio.— La señorita iba distraída leyendo El Profeta. —Buscaba trabajo —corrigió Astoria.— Y usted también estaba distraído —le recordó. —Bueno, como sea —intervino el señor Weasley.— ¿No podríamos encontrarle algún puesto a la señorita? —preguntó, mirando a su yerno.— Mi departamento está lleno a más no poder, pero a lo mejor en el tuyo... —Momento —interrumpió Draco, con su usual aire de arrogancia.— Cambié de opinión, al final de cuentas, creo que Potter tiene razón y me hace falta una asistente, aunque no sé si tú des el ancho —comentó, mirando suspicazmente a la chica, quien arrugó la nariz de forma graciosa. —Por supuesto que si puedo —aseguró Astoria, con sus ojos verdes brillando con la misma arrogancia que destilaba Malfoy. —Eso lo decidiré yo —respondió el rubio, con una mueca de lado que pretendía ser una sonrisa. Harry miró al chico y parpadeó, para luego cruzar miradas con su suegro quien lucía igual de desconcertado que él. ¿Pero que se le había metido en la cabeza a Malfoy? Estaba seguro de que su cambió de decisión debía de ser por algo, pero no llegaba a entender cual era ese algo.—¿Cual es tu nombre? —Astoria Murray —contestó ella, volviendo a sentir un escalofrío al recordar que seguía casada con un hombre muggle que la odiaba por ser bruja. —Bien, señorita Murray, empieza a trabajar mañana. La quiero temprano en mi despacho, con ropa decente —dijo, mirándola de arriba a abajo.— Túnicas de color oscuro, de preferencia y estará una semana a prueba —sentenció, regalandole a la chica su mejor porte altanero y aristocrata. —Está bien —masculló la castaña entre dientes, mientras mentalmente se repetía que necesitaba el trabajo, aunque ahora maldecía la suerte que le había tocado. Trabajar para Draco Malfoy no era algo que hubiera llegado a cruzar por su cabeza esa mañana, ni nunca. Muchas veces el destino es curioso, con su forma tonta e ilógica en la que dos caminos que parecían ser paralelos se juntan en algún punto. Ambos se dieron la mano a forma de sellar el acuerdo y él no pudo dejar de notar el anillo plateado que se encontraba en la mano de la castaña, así como ella no pasó desapercibido el anillo de oro del dedo del rubio. Aquello, sin embargo, pasó desapercibido para los otros dos presentes, que no daban mucho crédito a lo que acaban de presenciar. ¿Así que, qué tal? ¿Que opinan? ¿Qué les pareció la forma en la que se conocieron?No sé si las cosas van demsiado rápidas, y creo que quedé traumada desde una vez que me comentaron que mi historia había quedado desdibujada, así que si les parece que no explico lo suficiente, no duden en hacermelo saber, que con gusto explicaré :3Aunque seguiré manteniendo mi margen de que en 7 capítulos se acaba xD**¿Entonces? ¿Les gusto? ¿No les gustó? ¿Me dan Galletitas o Ranitas de chocolate? ¿Algún cruciatus o Avadas? ¿Algo? xD****¡Un beso y gracias por leer! ^^**Les comparto Links de las portadas que hice para la cubierta, pero siendo que las reglas dicen que solo tres fotos, mejor se las dejo aquí... (Tom Felton como Draco Malfoy y Angelique Boyer como Astoria Greengrass) orquideamelinda. deviantart.com/art/Dos-caminos-y-un-destino-293660220