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¿Te casarías conmigo? — capítulo 7

Astoria sonreía con nerviosismo, sentada en unas mesas del Caldero Chorreante. Acomodó uno de sus mechones de cabello detrás de su oreja y se mordió el labio inferior de forma inconsciente, manchando sus dientes sin querer con el labial. Estaba hecha un manojo de nervios, hace mucho que no asistía a una fiesta y mucho menos una de esas que estaban llenas de personas ricas de la élite mágica. Le seguía pareciendo ridículo la idea de que Draco quisiera ir a la cena de compromiso de Pansy y Zabini, pero bueno, esa ya era bronca de Malfoy. Lo que a ella le preocupaba era lo que fueran a pensar esa personas de ella. No es que fuera superficial, pero si había algo que la incomodaba era ser señalada y criticada, porque seguro que todos los de ahí conocerían su historia. Sí, sonaba ridículo y todo lo que fuera, pero esa gente siempre era tan cotillera, que seguro le preguntarían que qué hacía ahí con Draco Malfoy, cuando lo último que habían sabido de ella es que se había ido a vivir al mundo muggle. Tan perdida estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando cierto rubio se puso detrás de ella. —Buenas noches —le susurró él a su oído y Astoria se sobresaltó sin querer por el fugaz susto, a lo que Malfoy rió. —Que maneras —refunfuñó, haciendo un puchero, pero sin moverse de su lugar. Draco rió un poco más y se pasó al frente de la castaña, dejando que los ojos verdes lo admiraran. El rubio estaba tan elegante como siempre y como solo él podía ser. Llevaba una camisa blanca de seda, con un chaleco gris, una corbatón verde y un traje de corte ingles en color negro. Muy sencillo y muy Slytherin, pero muy agradable a la vista. Astoria no pudo evitar sonreí mostrando su blanca sonrisa, pero notó como el rubio contenía una risa. —Traes... emm —intentó decir, señalando sus propios dientes, no quería dejar en vergüenza a su no-cita. —¿Eh? ¿Qué? —preguntó ella sin comprender. —Tus dientes —le susurró Draco y entonces la chica comprendió, tomando una servilleta para limpiarse los dientes. —Lo siento —murmuró avergonzada, con un suave sonrojo en sus mejillas y notando como los ojos grises de su jefe estaban fijos en ella—. ¿Pasa algo? —preguntó extrañada y con algo de... ¿incomodidad? No, la mirada de Draco no era incomoda, pero la hacía sentir desnuda. —Mi madre tenía un vestido así —confesó el rubio, soltando un suspiro y apartando sus ojos de ese hermoso vestido verde esmeralda, pegado al cuerpo, de lineas rectas, largo y con un escote conservador pero sin mangas. Astoria entreabrió la boca un poco sorprendida y luego volvió a sonreír. —Gracias —murmuró antes de abrazar al joven Malfoy con fuerza. —¿Qué haces? —preguntó confundido ante el abrazo que lo tomó desprevenido. —Creo que jamás te di el pésame por tu mamá —le susurró Astoria en voz baja, para que solo quedara entre ellos dos y no entre los que andaban por ahí. —Gracias, supongo —contestó, tragando saliva y haciendo un mueca de dolor al recordar que su madre ya no estaba con él. Finalmente la Greengrass lo soltó y se encogió de hombros sin dejar de sonreír. La verdad es que no sabía de donde había salido esas repentinas ganas de trasmitirle apoyo al rubio, pero era algo que le había que le había salido del corazón. Quizás porque no hace mucho se había enterado de que ella también había perdido a su madre y le había hecho falta el periodo de duelo. De la nada, sintió como Draco la volvía a abrazar de nuevo. —¿Qué pasa? —preguntó sorprendida ante el gesto. —Yo tampoco te di el pésame por tu madre —le dijo él en voz baja y es que esa carita triste que había puesto la chica lo había derretido. —Gracias —respondió Astoria, dejándose abrazar por unos cuantos segundos más, sin poder evitar una opresión en el pecho. —Bueno, basta de sentimentalismos —declaró el rubio, sonriendo con desinterés y jovialidad—. Vamos a la fiesta —sentenció, ofreciéndole su mano a la bella castaña quien no dudó en aceptarla. —Vamos, ¿qué es lo peor que puede pasar? —animó con optimismo, mientras salían del lugar... O-O-O Si a Draco le hubieran dicho unos meses atrás que terminaría escapando de una fiesta de alcurnia, sin un zapato y de la mano de Astoria Greengrass, seguro que se hubiera echado a reír por horas. Sin embargo, en esos momentos corría como alma que llevaba el diablo y lo único que le importaba era evitar el tacón volador de la hermana mayor de la chica que iba a su lado. Cuando se planteó la idea de ir con Astoria a aquella reunión sin duda alguna pensó que tendría problemas, nunca había llegado a imaginar que Daphne fuera una histérica de primera, y que para colmo de males, Pansy le diera completamente la razón a su amiga y no hiciera ademán de ayudarlo a él. ¡A él que era su ex-esposo! ¡Hasta parecía que hubiera disfrutado como al pobre rubio le tocó un golpe de cada una de las hermanas que se habían querido asesinar! Las hermanas Greengrass se habían comenzado a atacar con todo, después del sutil comentario de Daphne de "Tú mataste a mamá" y dos segundos después, las señoritas olvidaron eso de ser señoritas para luchar como dos basiliscos. Había sido toda una odisea separarlas. Así es como Draco Malfoy había salido con Astoria de la fiesta de su ex-esposa. Con una castaña loca que maldecía a su hermana y corriendo para que los hechizos -y tacones- de la rubia Greengrass no lo terminaran alcanzando a él. —Cuando dije eso de que tiraras a tu hermana al loco, no era literal. ¡Era un decir! Ese golpe que le diste a Theo me lo va a recordar cada día de mi existencia —le reclamó Draco a la chica, cuando por fin encontraron algo de paz en un parque del pueblo más cercano a la mansión de los Zabini. —¡Es que no es justo que me culpe por lo que le pasó a mamá! Si yo era la más interesada por su bien estar, muchas veces les dije que los médicos muggles podían ayudar —argumentó Astoria, sin ponerle mucho cuidado a lo que Draco le quería hacer entender. —¿Astoria me estás escuchado? —preguntó el rubio, en vano. —¡Yo les dije! Pero preguntame si me escucharon, ¡para ellos era una aberración que me planteara la idea de que a mi madre la tocara un muggle! —siguió argumentando sin reparar en Draco ni en lo que acaba de ocurrir. El rubio se frotó el rostro con irritación, dejando que la castaña hablara y siguiera despotricando en contra de su familia y todos los ancestros de los que se pudiera acordar. Mientras, él decidió que comprar dos botellas de agua a un muggle que estaba ahí vendiendo cosas, no lo iba a matar. Así que después de varias lagrimas y varios tragos de agua en compañía de unas frituras, y de que Astoria maldijera a todo su árbol genealógico por la muerte de su madre, desde su hermana hasta un tal Hyperion Greengrass, Draco pudo entablar conversación con la chica. —¿Mejor? —interrogó, ofreciéndole la botella de agua que inicialmente había comprado para ella. —Lamento mucho lo que pasó —dijo finalmente, aceptando el agua y suspirando—. No quería provocarte problemas —añadió con cierta vergüenza. —A tu favor, diré que me divertí, sobre todo eso de correr sin un zapato fue genial. Me sentí como la tipa esa del cuento que escapa a media noche —bromeó, llevándose la ultima fritura a la boca y robándole una risa a su compañera. —¿Cenicienta? —dijo ella, sonriendo y luego suspirando—. No, pero ya en serio lo siento.—volvió a decir —No te preocupes, diría que de mejor lugares me han corrido, pero no recuerdo muy bien de donde me han echado —siguió diciendo en tono bromista, mientras tiraba la bolsa de las frituras a un bote de basura cercano, junto con la botella de agua vacia. —¿De verdad no estás enojado? —indagó algo confusa ante la actitud de Draco. —¿Luzco enojado? —respondió enarcando una ceja y ella negó con la cabeza—. Es porque no lo estoy, vamos, Astoria, yo te invité pese a que sabía que seguramente habría problemas, así que si ponemos las cosas en perspectiva, deberías de ser tú la que esté enojada conmigo —declaró él ya con más seriedad. —Claro que no estoy enojada contigo, no podría, no después de como hemos escapado —contestó ella, regalándole una sonrisa al rubio. —Sí, te entiendo, hay cosas en esta vida que unen a la gente como divorciarse, andar con la misma persona, salvar al mundo, destruir al mundo, compartir el baño, escapar de tacones voladores y perder un zapato mientras los fotografos del Profeta gritan —comenzó a decir Malfoy y ella no pudo evitar reír un poco. —Creo que alguno de los hechizos de Daphne te dio en la cabeza, porque estás diciendo cada tontería —molestó la castaña, tapándose la boca para contener la risa que amenazaba con convertirse en carcajada. —Quizás —concedió él—. Pero por eso me invitarás una copa, Greengrass —sugirió sonriente y ella le devolvió la sonrisa. —¿En el Caldero Chorreante? —preguntó ella, mirando a los alrededores y luego mirándose a si misma, notando la pésima apariencia que tenía. —¿Qué, no te animas a ir así como a estamos a alguno de los bares de aquí? —dijo el rubio de manera jocosa, enarcando una ceja de forma retadora. Astoria hubiera dicho que no en cualquier situación normal, pues no le hacía agracia andar con un tacón roto y el cabello enmarañado. —Vale, vamos a alguno de aquí, pero si nos corren por andar con esta pinta, el próximo tacón que tendrá como blanco tu cabeza será el mío —le amenazo, a lo que el aludido soltó una sonora carcajada. —En ese caso vamos a mi casa —ofreció Draco, sonriendo de una forma que la castaña no supo bien como interpretar, pero su instinto femenino le decía que si aceptaba luego no se podría retractar—. ¿O me tienes miedo, Greengrass? —provocó, para presionar un poco más a la chica. —Sueñas, Malfoy —contestó ella, arrugando su nariz de botón. —¿Entonces? —insistió. —Claro que acepto, pero más te vale regresarme sana y salva a mi habitación del Caldero Chorreante y preferentemente regresar a tu casa después de dejarme ahí —declaró Astoria con decisión y sus ojos verdes brillaron algo amenazantes. —Por supuesto —aceptó el rubio, extendiéndole la mano para que la tomaran y así hacer una aparición que los llevó directamente a la mansión Malfoy. El lugar, pese a ser solamente habitado por una persona, seguía manteniendo el esplendor de antaño. Astoria tenía años de no estar ahí, de hecho la única y última vez que puso un pie en ese lugar, tenía poco más de once o doce años y solo estaba ahí porque su hermana la había llevado, pero un lugar así era difícil de olvidar. —Bienvenida pequeño reino —dijo el rubio a forma de broma, cuando cruzaron la puerta—. No es lo que era antes porque ahora solo vive un soltero aquí, pero los elfos lo mantienen lo mejor que puede —comentó mientras encendía una araña de cristal que colgaba del techo. —¿Elfos? —preguntó ella, enarcando una ceja. —Sí, esas cosas criaturas pequeñas, feas, narizonas, huesudas, con orejas de murciélago que tienen una voz chillona... —comenzó a describir con tono burlón. —Sé lo que es un elfo domestico, Draco —lo cortó la castaña, arrugando su nariz—. Solo que tenía mucho de no escuchar que hiciera referencia a ellos. —Seguro, me imagino que en el mundo muggle no tienen nadie que les ayude con la limpieza —comentó con simpleza, mientra se sentaba en un sofá de la sala, haciéndole una seña a Astoria para que ella también tomara asiento. —Te equivocas —lo corrigió la castaña con aires superiores, sentándose frente a él—. En el mundo muggle hay personas del servicio domestico; amas de llames, mayordomos y demás —comentó, moviendo altaneramente la cabeza de forma graciosa. Draco rió un poco al verla. —No sé porque algo me dice que igual tú no eras de las que tenían "servicio domestico" —contestó el rubio encogiéndose de hombros y tronando los dedos para que a su lado apareciera una elfina domestica. Astoria se le quedó mirando con curiosidad, realmente no había pasado mucho desde que había visto una de esas criaturas, pero le parecían tan fantasiosas y también diferentes a como recordaba. Era una pequeña criatura de no más de un metro, con la piel blanca y arrugada, grandes ojos amarillos y orejas que parecían alas de murciélago, lo curioso era esa enorme sonrisa en su rostro y ese vestidito de retazos de tele verde. —Diga, amo Malfoy —dijo la criatura con voz chillona. —Traenos... —comenzó a pedir el rubio, mirando a su acompañante. —Un té —pidió Astoria, sin dejar de lado su expresión de curiosidad. —Un té y un Whisky de fuego y prepara algo para cenar. Anda —ordenó con voz tranquila, a lo que la elfina asistió y desapareció al instante. —¿Por qué está vestida así? —indagó curiosa cuando la criatura ya se había esfumado. —¿Te extraña? —contestó Draco con tono jocoso y esbozando una media sonrisa. Astoria no contestó, solo arrugó su naricita. Él ya había aprendido a interpretar aquello como un: "no repetiré lo que he dicho"—. Granger, ¿te acuerdas de ella? Castaña, pelo enmarañado, dientes de castor, sangre sucia... —¡Draco, no digas esa palabra! —lo regañó, haciendo un mohín de disgusto. —Lo siento, solo quería que la ubicaras bien —se disculpó sin darle mucha importancia al asunto. —Sí, la recuerdo bien. Luchó junto a Harry Potter y este... emm... pelirrojo —dijo, haciendo muecas al no poder recordar el nombre. —La comadreja Weasley —le informó el rubio, con tono burló—. Como sea —se apresuró a decir antes de que ella lo volviera a regañar por los insultos—, ella creó una porquería llamada P.E.D.D.O. Que se dedica... —¿Pedo? —lo interrumpió, levantando las cejas en un gesto de incomprención. —P.E.D.D.O —le corrigió él. —Ah, con dos des... igual suena raro —comentó encogiéndose de hombros. —El punto es que... —intentó continuar Draco, pero la elfina apareció con las bebidas, provocando un pequeño sobresalto en su amo. —Aquí están las bebidas, amo Malfoy —declaró la criatura, dejando una bandeja de plata con una humeante taza de té a un lado de una azucarera y un bazo con hielos a la derecha de una botella de Whisky de fuego—. Krissa quiere saber si al amo Malfoy le aparece pollo para la cena —añadió, mirando muy atenta con sus ojos saltones al rubio, quien le dedicó una fugaz mirada a Astoria. —Soy vegetariana —comentó la castaña, haciendo pequeña mueca, como quien le sonríe al dentista. —¿Vegetariana? —preguntó el rubio, enarcando una de sus perfectas cejas rubias en un gesto algo ingenuo y hasta cierto punto burlón. —Sí, vegetariana. ¿Algún inconveniente? —respondió Astoria a la defensiva, arrugando nuevamente su nariz. Un gesto que Malfoy comenzaba a encontrar desesperantemente adorable. —No, ninguno —se apresuró a decir Draco, para luego mirar a la elfina que esperaba las indicaciones, con sus ojos muy abiertos y fijos en su amo—. Pasta, verduras, salsa... sorprendenos, pero sin carne —ordenó sin mayor interés en el menú. —Sí, amo, Krissa se asegurará de nada tenga carne en la comida —dijo la pequeña criatura, haciendo una pronunciada reverencia, hasta que su nariz tocó el suelo y luego desapareció. —Gracias —susurró la castaña, tomando su taza de té, después de ponerle tres de azúcar. Draco la miró y soltó una pequeña risa. —De nada —contestó en el mismo tono, tomando su vaso y llenándolo de Whiske de fuego. Cada cual comenzó a beber sus respectivas bebidas en silencio. Un silencio que duró varios minutos, mismos en los que los ojos verdes comenzaron a recorrer el lugar con cierta curiosidad. Había escuchado tantas cosas de ese lugar, sobre todo las horripilantes historias de los tiempos del regreso de Lord Voldemort. Sin embargo, todo parecía tranquilo y elegante, imposible de creer que en esos pisos de fina madera cubiertos de alfombras persas hubiera caminado el mago más tenebroso de todos los tiempos, torturando a traidores y muggles. Astoria volteó a ver al rubio con un nudo en la garganta. Le hubiera gustado preguntarle muchas cosas, pero sabía que esos tiempos querían ser olvidados y borrados de la historia por casi todos, así que no dijo nada y siguió tomando té. Draco por su parte miraba a Astoria en silencio, recorriéndola una y otra vez con la mirada. De arriba a abajo, desde la uña del pulgar que estaba pintada de negro, hasta los rizos castaños enmarañados. Aunque cuando en una de esas tantas recorridas, cayó en cuenta de que le faltaba algo. Volteó a ver sus propios pies y efectivamente ahí faltaba un zapato. Astoria pareció notarlo, porque soltó una pequeña risa. —Deberías aunque sea quitarte el otro —comentó risueña, dándole un trago al té para disimular su risa. —¿En serio? Me gusta así, es cómodo —respondió, al tiempo que levantaba su pie y movía los dedos de forma graciosa—. Es como eso de tener frío y calor al mismo tiempo, no te quieres descobijar por el frío, pero no te quieres cubrir por el calor, así que solo te tapas la mitad del cuerpo y ¡bingo! El punto perfecto entre una y otra cosa, lo mismo pasa entre comodidad y elegancia —bromeó con cierto aire arrogante que le hubiera robado el aliento a cualquier chica, menos a Astoria, quien miraba fijamente el pie de Draco, recordando el ballet—. ¿Pasa algo? —Sí —contestó con nostalgia, sin dejar de mirar el pie de Draco. —¿Y que es lo que pasa? —preguntó curioso y enarcando una ceja. Astoria levantó la vista y de repente pareció caer en cuenta de donde y con quien estaba. Abrió la boca y luego la cerró, no se sentía lista para tocar el tema del ballet, no en ese momento y menos con Draco. No, el ballet traía demasiadas caídas y no todas eran físicas. Si era honesta, aún resentía todo lo que había pasado con Dámian y recordar el ballet era recordarlo a él, así que optó por decir lo primero que vino a su mente. —Es que nunca pensé que fueras tan agradable —dijo esbozando una pequeña sonrisa. No estaba del todo mintiendo, porque lo poco que recordaba de Draco eran cosas malas, nada que ver con el chico que la había acompañado a ver a su padre y que había escapado corriendo con ella de una fiesta que seguramente saldría mañana por la mañana en el un ejemplar del Profeta. —¿Qué esperabas? ¿Un monstruo? —cuestionó con cierta ironía, no era la primera, ni sería -por desgracia- la última vez que alguien le recordara su pasado, pero era algo con lo que ya había aprendido a lidiar. Lo único que aún le dolía era su madre, pero fuera de eso, ya había aprendido a vivir con esa marca en su brazo. —No, no realmente —se apresuró a decir cuando notó como el rostro de Draco se ensombrecía—. Me refería a que el Draco que yo recordaba era ese que me llamaba lagartija cuando tenía... ¿Diez u Once años? —añadió divertida, sonriendo para volver a traer la admosfera jovial que tenían. —¿Qué persona que se respete a si misma, se comporta después de los veinte como lo hacía cuando tenía diez años? —preguntó soltando una carcajada. —Conozco algunos —respondió encogiéndose de hombros como si no le importara, aunque pensando en si misma y su patético rol de la "eterna niña." No importaba cuan mal la hubiera pasado desde el día que había decidido tomar un par de zapatillas de ballet, su sueño de ser una bailarina había continuado hasta que se había dado de frente contra un muro de concreto llamado "realidad", donde no había un lindo escenario lleno de luces, ni un príncipe azul dispuesto a atraparla. —Bueno, después de todo lo que he pasado, es normal que la mayoría de los que me conocieron o sepan de mi pasado crean que debo de ser un mortífago reprimido y amargado, pero créeme que soy como cualquier otro tipo de veintitrés años —comentó, sacando a Astoria de sus pensamientos—. Me gusta salir, tomar, reír de vez en cuando y tener linda compañía como ahora —añadió haciendo un ligero mohín de aprobación. —¿Buena compañía yo? —preguntó ella, resoplando con ingenuidad y burla. —¿Qué no? —contestó él, poniendo expresión de estar examinándola—. Una chica linda, risueña y con la que tengo varias cosas en común. Sí, créeme que eres buena compañía —declaró en joven Malfoy, sirviéndose otro vaso de Whisky, intentando restarle importancia a sus palabras cuando notó como las mejillas de Astoria se tintaban de rojo. Draco dio un trago a su bebida y la Greengrass se mordió el labio inferior sin saber muy bien que decir, pero para su suerte Krissa apareció nuevamente. —La cena está lista, amo Malfoy —informó la pequeña criatura, esbozando una sonrisa de satisfacción al haber realizado su tarea. —Bien, vamos —dijo el rubio, dejando su vaso sobre la charola de plata, de la misma manera que Astoria dejó su taza vacía de té. La castaña no dijo nada más, se limitó a seguir al chico en silencio, perdida en sus pensamientos. No sabía si culpar al té, al olor a Whisky que despedía Draco o sencillamente a su cursilería, pero sentía un millón de mariposas revoloteando en su estómago, tantas que pensaba que si abría la boca alguna se iba a salir volando. La parte lógica de su cabeza, esa que seguía sonando como la voz de su madre le decía que Draco Malfoy era un gran partido, quizás el mejor que pudiera conseguir en el Reino Unido, pero la jodida parte sentimental le recordaba que no había hombres buenos y que era mejor estar sola. Mientras que el rubio no se dejaba de repetir mentalmente que había sido una metida de pata decir lo que había dicho. Había sido demasiado directo al hablar y aunque lo pensaba, por lo poco y mucho que sabía de Astoria, sabía que no había sido prudente que se le fuera la lengua. Ahora seguro ella pensaría que él quería algo más con ella cuando hace no más de una noche le había dicho que no se sintiera presionada por lo que había ocurrido. No, no era tan sencilla comenzar a sentir cosas por alguien, aún cuando ya hubieran compartido el lecho. Simplemente ambos acaban de pasar por cosas muy fuertes y aun les faltaba pegar los cachitos de sus almas y esperar a que secaran. Pero mientras eso pasaba, ¿qué tan malo podría ser hacerse compañía otra noche? **¿Y qué tal? ¿Me matan? ¿Cruciatus o Avadas?****Pff, no hay palabras. Creo que he escogido un muy mal momento para publicar, porque lo único que traigo en la cabeza es el final de Dance Academy, pero como Slytherin ganó la copa de la casa en Pottermore, decidí que algo tenía que hacer.****Lo admito, el capitulo me costó un buen rato y al final decidí que no voy a forzar tanto el final, no me alargaré los 50 capitulos de Por Obligación, pero al menos quiero que termine con algo de cordura y decencia. Así que oficialmente de aquí en adelante este fic es improvisado.****Espero que me sepan disculpar y bueno... ¿qué más puedo decir?**Intentaré publicar unas cositas más y espero que les gusten ^^Un beso enorme y muchas gracias por todo su apoyo y por leerme :3¡Que tengan un lindo fin de semana!Dedicación especial a Nikki22, Pur Amethyste y Tonks34 por comentarme ^^Y  sobre todo un besote a Tonks por recordarme la otra vez que teníamuy abandonada esta historia :3Se podría decir que por ella me quebré la cabeza para hacer este capitulo xD