Tituladas 17.2% · 34,223 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,457 de 95,612 páginas identificadas · 89,852/90,212 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 106509 · de

Historia 106509 — capítulo 2

Me quede dormida en una posición incómoda. Al despertar, con la luz del Alba me di cuenta que el cuello lo tenía torcido y todo mi cuerpo me dolía. Los sinsajos revoloteaban alrededor de mi ventana, esperaban comida, lo sabía. Encontré entonces en la mesa de enfrente un desayuno buffet un cocktail de frutas con unos panes tostados en donde podía ponerles mantequilla o mermelada, eran 3. Decidí tomar uno y cortarlo a la mitad. La mitad comencé a ponerla en trocitos pequeños y la puse fuera de la ventana. Esperando que algún sinsajo se acercara.

Mientras tanto comí mi desayuno.

La puerta se abrió de pronto, por ella entro Roy un poco nervioso y con el rostro serio. Me observo y me dirigió una rápida sonrisa que cerro rápidamente.

-¿Natasha, cierto?- Asentí con la cabeza sin dejar de saborear mi mas delicioso desayuno. -No estamos acostumbrados a nada de este estilo, ni siquiera yo había tenido oportunidad, mas de una vez, de comer pancon mermelada.

-Yo nunca la había probado.- Dije después de tragar un pedazo de pan. Regulus rio ante mi comentario.

Observe sus ojos castaños eran preciosos pero parecían muertos, oscuros y sombríos. -¿Te ocurre algo?- Le pregunte.

-Somos enemigos, después de todo.- Dijo ignorando mi pregunta. -Vine a alertarte.

Palidecí. -Yo en lo personal no mataría a alguien de mi mismo distrito.

-Tienes un mal sentido de la mente.- Dijo fríamente. -Primero hay que matar a las personas más cercanas, pues si no te encariñas con ellas.- Baje la mirada decepcionada.

-Katniss ni Peeta estarían de acuerdo.- Dije volviendo a levantar la mirada y retando a Roy con los ojos. Se acerco peligrosamente a mí, su rostro estaba frente al mío pude entonces ver que tenía varias cicatrices y ligeros moretones en el cuello, moretones recientes.

-No necesito su permiso pues los únicos que vamos a estar en la arena somos tu.- Puso su mano en mi pecho. -Y yo.

-¿Tu padre te forzó cierto?- Dije sin rodeos.- ¿El te provoco esos moretones no?

-Eso no te incumbe. Chiquilla.

Roy salió de la habitación dando un azoton. Sabía que había sido su padre, sabía que su padre lo había forzado a decirme esas cosas, o por lo menos, eso esperaba.

A la mañana siguiente, Katniss y Peeta entraron a la habitación me saludaron amablemente y me ofrecieron palabras de apoyo.

-Mira Natasha al verte se que tienes mucho que ofrecer tienes un rostro rudo y unos ojos que parecen las profundidades de un pantano. Necesito por favor nada más que estés tranquila pues es una de las razones por las que muchos mueren.- Dijo Peeta, me agradaron sus palabras. -Todos tienen miedo de venir aquí pero lo que necesitamos en estos momentos es el orgullo.

-¿A qué te refieres?- Pregunte. La que me respondió fue Katniss.

-Dime Natasha. ¿Nunca antes has sentido que la gente te opaca que lo que muchos admiran tu lo puedes hacer fácilmente? ¿Nunca has querido demostrar nada, demostrar que eres mejor que nadie?

Asentí con la cabeza. -Contigo.- Katniss se sonrojo. -Nunca pensé que podría superarte pero pensé por un momento. Yo podría sobrevivir también.

-Eso era lo único que necesitábamos oír.- Dijo Peeta sonriente.- Mantente pensando eso. Yo también puedo sobrevivir.

Peeta salió de la habitación sin embargo Katniss se quedo sentada mirándome fijamente. -¿Qué fue lo que te dijo Roy?- Pregunto.

Palidecí, no quería recordar esas palabras en especifico, eran frías y crueles, duras.- Que primero hay que matar a los amigos para no encariñarse con ellos.- La reacción que tuvo Katniss fue la que más o menos esperaba. Me miro fijamente y luego soltó una sonrisa.- Pues ya sabes quién es tu enemigo, ya sabes a quien tienes que matar.

-Yo no voy a matar a nadie de mi distrito.

-Entonces ya sabes a quien evitar.- Dijo Katniss y salió de la habitación.

Después de una hora, Katniss y Peeta nos llevaron al tren ahí comimos felizmente un delicioso banquete mientras me despedía con la mano de mi padre y Prim.

¿Cómo fue que todos los nervios que sentía desaparecieron tan fácilmente? Pues claro, el deseo interminable de ser quien soy se había enamorado de la idea de ganar, de la idea de lucir por lo menos hasta morir de la idea de ser famosa, de estar en entrevistas, de ser una de las favoritas.

Yo me encargaría perfectamente de que no fueran solamente ideas.

Aquellas palabras me habían subido el ánimo, me hicieron sentir en una nube con los pies fuera de la tierra.

Me imagine entonces con millones de riquezas siendo vecina de Prim en el campo de los ganadores aun así ella seguiría siendo llevada a la Cosecha y si era elegida y no había ganado nadie más después de mi. Yo sería su mentora. La haría sentir tan bien de cómo me sentía ahora, la haría sentir única, victoriosa, con el mismo sentimiento que yo tenía en ese preciso instante. La copa en mis manos. Los aplausos y vitoreos mi padre abrazándome y el cuerpo muerto de Roy quien alguna vez trato de matarme.

Pero eran solo ideas. ¿No? No podrían ser verdad hasta mi victoria, o hasta mi muerte.