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Historia 106736 — capítulo 2

Tras la declaración de aquella niña, se sucedieron otras muchas. Todos los presentes en aquel juicio no salían de su asombro. ¿Cómo era posible que alguien tan frío, un mortífago declarado, fiel seguidor de aquel monstruo, hubiese arriesgado tanto para proteger a aquellos que eran, por naturaleza, sus enemigos?             Una parte del consejo mágico aún dudaba de la veracidad de aquellos actos. Creían que, bajo todo aquel altruismo, se escondía el oscuro propósito de salvar el pellejo en caso de ser apresado. Decidieron parar por diez minutos las declaraciones de aquellos testigos imprevistos mientras debatían entre ellos. Mientras, Draco Malfoy continuaba impasible, la vista perdida en el vacío, los ojos plateados brillaban con un frío helador. Parecía que no le importaba absolutamente nada su futuro. Cuando el consejo decidió continuar el juicio, se acercó a la silla donde estaba el joven mortífago una chica de unos catorce años, que llevaba al cuello la bufanda roja y dorada. Muy tiesa y con voz clara, habló para todos los allí reunidos.-Puedo ver por sus caras que no están creyendo nada de lo que estamos aquí contando. Yo no creo que Draco fingiera ayudarnos. Puede ser muy bueno fingiendo emociones, pero no creo que llegue hasta el extremo de arriesgar su integridad física por una panda de leones molestos y buscalíos como nosotros.-¿Dónde quieres llegar, pequeña? -una de las integrantes del consejo la miraba con condescendencia, cosa que molestó mucho a la chica.-¿Hay alguna manera de que pueda quitarse la ropa de cintura para arriba? -los miembros del consejo se quedaron mudos por la petición. La misma mujer que le había preguntado asintió. La chica se volvió hacia Draco- ¿Puedes quitarte la camisa?          Draco no se movió, ni dio señales de haber oído la petición. Dos aurores se  acercaron hasta él y después de retirar las cadenas mágicas, hicieron desaparecer su ropa de cintura para arriba. Los gritos ahogados de todos parecieron sacarlo de su ensimismamiento. Draco les dedicó su mejor mirada "made Malfoy", es decir, total y absoluto desprecio hacia todos.-¿Qué significa eso? -el presidente del consejo señaló la espalda del joven con una mano temblorosa.-Los profesores Carrow eran muy dados a los castigos físicos -la muchacha señaló cuatro profundas cicatrices que cruzaban la espalda de Draco- Un niño de primero tuvo la mala suerte de tropezar con ellos justo cuando el toque de queda sonaba. Decidieron que el mejor castigo para él y el mejor aviso para todos era azotarlo. Lo prepararon todo para que fuese de dominio público en el colegio. Ataron al niño a una piedra en medio del patio central y, cuando iban a comenzar a azotarlo, él -señalo a Draco- Se interpuso. Les llamó seres humanos de tercera, que no merecían ni siquiera ese apelativo, porque no eran lo suficientemente valientes para enfrentarse con alguien que se pudiera defender de ellos. Le lanzaron varios crucios, pero él ni se inmutó. Como aquello no funcionaba, desataron al niño y Draco ocupó su lugar. Aguantó cincuenta latigazos. Ahí fue cuando el director Snape regresó al castillo y paró la tortura. Esas cicatrices fueron las únicas que no pudieron hacer desaparecer porque eran demasiado profundas.-¿Cómo aguantaste los crucio, joven Malfoy?-Llevo padeciéndolos desde los cinco años, señorías -Draco les lanzó una mirada de indiferencia y luego volvió a su mutismo.-Visto todas las pruebas y los testimonios, este Consejo decide dejar al joven Draco Malfoy libre de todos los cargos. Se le devolverá la varita y todos sus bienes sin ningún tipo de represalia.            Todos los alumnos de Hogwarts que se habían colado allí para defenderlo aplaudieron contentos. Draco les miró unos instantes y, para cierta joven que observaba todo con atención desde las gradas de los asistentes a los juicios, el frío de su mirada desapareció unos momentos dando paso a algo parecido al agradecimiento y el orgullo.-Deberían haberlo metido de por vida en Azkaban -un muchacho alto, desgarbado de pelo rojo fuego miraba con verdadero odio al absuelto mortífago. La muchacha que estaba sentada a su lado, sin apartar la mirada del rubio, le golpeó en el brazo.-No seas infantil, Ronald. Después de esos testimonios se lo merece. -No seas absurda, Herms. Esa serpiente fue, es y siempre será un maldito mortífago.-Puede, pero parece que hay un corazón debajo de ese glaciar.