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Historia 106736 — capítulo 4

Draco esperó a que todos hubiesen entrado en el Gran Comedor para hacerlo él. No es que tuviese miedo de sus compañeros (toda esa panda de hipócritas se la traían al fresco), pero no tenía ganas de escuchar las lindezas del Trío de Oro. Cuando entró, se sentó en su  mesa, justo al final, separado del resto de las serpientes por los lugares vacíos que ocuparían los nuevos alumnos. Miró a su alrededor de manera desafiante. Era un Malfoy, por lo que jamás, ni aun muriendo, agacharía la cabeza. Los insultos y las amenzadas llenaron el aire, pero fueron acallados por la directora.-Bienvenidos un curso más, queridos niños. Este año, la ceremonia de selección será inusitadamente breve, pues sólo contamos con diez nuevos alumnos -el murmullo de sorpresa llenó el comedor- Lo sé, es raro tener tan pocos nuevos alumnos, pero muchos padres han considerado que Hogwarts ya no es seguro y decidieron llevar a sus hijos a otras escuelas.-¡Eso pasa por admitir a escoria mortífaga! -Ron se levantó y señaló a Draco, que se limitó a levantar una ceja- Si ese asesino estuviese en Azkaban, hoy tendríamos muchos más alumnos.-¡Cierto! - uno de los tejones de séptimo también se levantó, amenazando a Draco con su varita- No sé por qué tiene que estar aquí, tan tranquilo.        Draco no contestó a ninguna de las provocaciones. Se limitó a mirarlos con indiferencia. Para él, eran simples y molestos  moscardones zumbando. Harry también se levantó, pero sin mirar al ex-mortífago. Tenía sus verdes ojos clavados en la directora.-¿Por qué lo ha admitido, sabiendo lo que es y lo que ha hecho?-El señor Malfoy fue declarado inocente, y como tal, tiene todo el derecho del mundo a terminar su educación en este colegio, señor Potter -McGonagall les miró, enfadada. Ron y Harry mantuvieron la mirada, desafiantes. El tejón se sentó, asustado ante su directora. La mujer miró a Hermione, como esperando a que ella también se quejara, pero la chica estaba inusualmente callada, más bien parecía acobardada y avergonzada, cosa que no le pasó desapercibida a Draco.- Bien, como no veo más quejas, pasemos a la selección  o no cenaremos nunca.     El sombrero tardó menos de cinco minutos en colocar a los alumnos. Nueve de los diez fueron a la casa de los leones y el último a la de los águilas. La cena apareció, haciendo que todos se olvidaran por unos momentos del muchacho rubio que comía solo en un rincón de su  mesa.      Hermione se sentía incapaz de tragar la comida. Desde la mañana tenía un nudo en la garganta que le impedía tragar en condiciones. Miraba de reojo a la mesa de las serpientes, donde su ex príncipe comía como si tal cosa. -¿Te encuentras bien, Herms?-No, Harry. No me encuentro bien. Siento como si mi corazón se fuese a romper en cualquier momento por la culpa y los remordimientos. -Miró a su amigo y, por lo que pudo ver en sus ojos, él se sentía más o menos igual.- Pero a tí eso no te importa. Te puede tu odio absurdo hacia él.-Piensa lo que quieras. Malfoy no me da ninguna pena y, tenlo por seguro, conseguiré que acabe en el agujero que le correspondía en Azkaban.-Me sorprendes, Harry. y me das pena -Hermione se levantó y salió del comedor. Caminó sin rumbo hasta toparse con una fría pared de piedra. Cuando miró a su alrededor, se dió cuenta que estaba ante la entrada oculta de Slytherin. Ya sin poder contenerse, empezó a llorar mientras recordaba el día del juicio de Draco. "*Habían recibido las cartas el día anterior. Decidieron ir todos juntos al Ministerio, pues habían sido llamados como testigos en el juicio contra Malfoy. Se reunieron en la casa de Harry, pues lo que tenían que hablar no lo podían hacer delante de los padres de Ron. Y allí estaban, el Trío de Oro, Ginny, Luna, Neville y Dean. Todos sentados y en silencio, sin atreverse a hablar. Hasta que Luna lo hizo con aquella sinceridad aplastante que la caracterizaba.-Bueno, no creo que sea tan malo. Entramos, contamos lo que pasó y nos vamos. -Abrió su ejemplar del Quisquilloso- Dean y yo lo tenemos fácil. Durante los dos meses que pasamos en la Mansión Malfoy, al principio nos trataban de pena, hasta que regresó Draco y nos empezó a ayudar a escondidas. Nos llevaba comida, medicinas para el señor Ollivander, pociones para curar las heridas que nos hacían al torturarnos... Incluso nos contaba cosas del colegio, cómo Neville y el resto del ED luchaban contra los Carrow.-Luna tiene razón. Hizo mucho por nosotros. Quizá, si no se hubiese arriesgado tanto, cuando fuisteis apresados, nos habríais encontrado muertos. -Dean se puso pálido al recordar su estancia en aquella mansión.-Ya, como que lo hizo por su buen corazón -Ron puso cara de asco.-Ronald Weasley -Luna lo miró con dureza, cosa muy rara en ella- Si nos encontrasteis en tan mal estado fue porque días antes lo pillaron curando a Dean.-Es cierto, tío -Dean sonrió tristemente- Oímos sus gritos de dolor durante tres días seguidos, mañana, tarde y noche. No sé como aguantó tres días seguidos de torturas.-Por eso tenía tan mala cara cuando le pidieron que comprobara si eramos nosotros o no -Hermione lo susurró, pero fue escuchada por todos.-Da igual, no hizo nada por evitar que torturaran a Herms -Harry tenía el rostro inexpresivo.-¿Cómo que no? -Dean le miró, furioso- Contactó con Abelfort para que enviara ayuda.-Y por su culpa Dobby está muerto.-No. El elfo murió por culpa de la chalada de Bellatrix -Luna estaba completamente furiosa- ¿Por qué estais tan cegados? Draco pudo morir por ayudarnos a nosotros, los que siempre le hemos despreciado por su apellido.-Si le hubieseis visto cuando volvió tras vuestra fuga... -Neville estaba blanco- Parecía un inferi. Y al poco fue cuando libró al pequeñajo de los latigazos. Pocos se dieron cuenta, pero yo sí que ví que aún tenía rastros de heridas de torturas en su cuerpo. Y cuando el ED ya no pudo hacer nada y tuvimos que escondernos, él fue quien me llevó, casi muerto, a la sala de los menesteres. Sí, Harry. Malfoy sabía desde el principio dónde nos escondíamos todos los "disidentes", pero no dijo nunca nada. Se limitó a salvar a todos los que pudo de esos dos sádicos.Volvieron a guardar silencio. Se acercaba la hora de ir al juicio. Harry sacó su varita y con un gesto hizo que sus compañeros le imitaran. Toco una a una las varitas con la suya y luego dijo con voz lúgubre:-Acabo de someter vuestras varitas a un conjuro de silencio. Si alguno cuenta la mínima parte de lo que Malfoy hizo por ayudar, su varita se romperá y su magia desaparecerá.-¿Te has vuelto loco? -Hermione se levantó, furiosa.- No puedes hacer eso.**-Lo he hecho. Y sólo yo puedo revertir el hechizo. Yo, o si alguien descubre por sí solo lo que no podeis decir de viva voz. Entonces, quedará anulado sin consecuencias. Ahora tenemos que irnos.*El viaje al ministerio fue incómodo. Todos sentían ira hacia Harry y miedo a mentir en el Ministerio. Pero la cosa no fue tan mal. Declararon en la parte privada del juicio, ante un silencioso Draco. Cuando terminaron, Hermione se vio prisionera de aquellos ojos imposibles. Y lo que vio en ellos le rompió el corazón: pena, tristeza, dolor, decepción... No pudo aguantar mucho y salió hasta que le avisaron que iban a dictar sentencia. Entonces fue cuando su apenado corazón latió lleno de esperanza. Aquel grupo de doce gryffindors de entre doce y catorce años, defendiendo a Malfoy, hizo que la sentencia pasase de quince años en prisión a la total y absoluta libertad. Hermione salió entre contenta y asustada de allí. Contenta porque, a pesar de su falta, él era libre. Asustada, porque temía la venganza del rubio."

-Veo que los remordimientos te pueden, Granger -Hermione le miró. Malfoy estaba enfrente suyo, recostado en la pared. Sus ojos no expresaban nada- Tu paseito por el lado oscuro no te ha resultado tan divertido, ¿verdad?-Venga, hazlo ya, Malfoy. Termina con esto.-No, Granger -Se acercó a ella y se agachó para que sus rostros estuviesen a la misma altura- No voy a descargar mi furia sobre vosotros. No soy tan estúpido. -sonrió de medio lado- Es mucho más divertido ver como os coceis en vuestro propio jugo por culpa de los remordimientos. Esa es una buena venganza.-¿Y ya está? -Hermione lo miró, sorprendida. Habría preferido mil maldiciones a la indiferencia a la que le estaba sometiendo el chico.-Sí, ya está, Granger. -Draco se levantó y la miró (¿Con pena?)- ¿Sabes? Cuando todos os limitasteis a venderme ante el ministerio, en ese momento, desee tener mi varita y no estar encadenado para lanzaros un Avada a cada uno. Pero luego, cuando vuestros compañeros entraron y me defendieron con tanto arrojo, desistí de toda venganza. Por lo menos sé que hay personas que me aprecian, que han visto más allá de las apariencias. Y cosa rara, no me importa nada que sean leones, ni que más de la mitad sean impuros. Han demostrado que merece la pena ser su amigo, aunque sean tan pequeños.        Se giró y caminó hacia la pared. Murmuró la contraseña. Una puerta de arco se abrió ante él. Hermione, antes de que entrar, se levantó de golpe.-¡Draco! -el chico se giró, sorprendido por que ella le llamara por su nombre- Creeme. Lo siento muchísimo, pero yo no.... -Se tapó la boca, asustada. Su palidez se hizo extrema. El slytherin se acercó a ella y la miró fijamente, como leyendo en su alma. Luego, una sonrisa de medio lado se dibujó en su rostro.-Ya entiendo. Un hechizo silenciador. ¿Potter? Al final ha resultado que San Potter tiene un lado perverso. Por eso ni tú, ni la pelirroja, ni el patoso, ni la loca ni el otro dijeron nada.-¿Podías no insultarlos? -Hermione intentó sonreir un poquito.-La costumbre, Granger -Draco siguió mirandola fíjamente- Entonces.... si no me equivoco, Potter hizo un hechizo silenciador para que no pudieseis contar cómo os ayudé antes de la muerte de.... él.      Hermione vio cómo de su varita salía una chispa malva. No sabía lo que significaba, pero Draco sí.-Ya no estais sometidos al hechizo silenciador. -Volvió hacia la entrada a su sala- Intenta dormir, Granger. Das verdadero miedo.     Y desapareció. La pared volvía a ser un sólido muro de piedra. Pero eso a Hermione no le importó. Ya era libre de hablar. Y lo iba a hacer. Necesitaba sacar todo lo que llevaba dentro y que le estaba destrozando el alma. Decidida, caminó hacia el despacho de la directora y se dispuso a esperar a que la mujer apareciese.