Tituladas 15.2% · 30,269 de 199,415 descubiertas
Rescatado 25.3% · 23,841 de 94,296 páginas identificadas · 23,835/24,495 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 106736 · de

Historia 106736 — capítulo 36

Hermione recibió la lechuza de Narcissa Malfoy el viernes por la tarde. Con una escueta nota le pedía que se reuniera con ella en el portón de entrada a los terrenos de Hogwarts. La chica no pudo evitar sonreir. Seguro que aquella micronota se debía a dos personas muy concretas: los dos Malfoy. Porque, por mucho que el chico lo negara, tanto Lucius como Draco eran igualitos. Ya no sólo físicamente, sino también de carácter. Narcissa se las habría visto y deseado para poder organizar esa salida a escondidas de los dos rubios. Hermione contestó inmediatamente, confirmando su cita. Pasó la noche casi en vela, nerviosa. ¿Qué pasaría si el médico al final les daba malas noticias? No quería ver sufrir a Narcissa. Ni a Draco y su padre. Porque, muy a su pesar, aquella extraña familia le había comenzado a caer muy bien. Sí, habían sido partidarios de Voldemort. Sí, habían intentado borrarles del mapa unas cuantas veces. Pero no eran malas personas. Todas sus acciones habían sido inducidas por el miedo. ¿Y quién no lucharía hasta el final y de cualquier manera por preservar la vida de sus seres queridos? Sólo los monstruos como Voldemort o Bellatrix.             Cuando se despertó con los primeros rayos de sol, tenía la cabeza embotada. Parecía que había estado de juerga toda la noche. Corrió al baño y se relajó con  el agua tibia. Después de secarse, vestirse y bajar a desayunar, comenzó a sentirse persona de nuevo. Mientras terminaba su tazón de leche se le acercó Pansy. La Slytherin se sentó tranquilamente a su lado, sin importarle nada el estar en la mesa de los leones. Hermione miró nerviosamente a su alrededor, pero no había ni rastro de Harry o Ron. Luego recordó que, al ser sábado, esos dos no madrugaban ni aunque les dijeran que Voldemort estaba desayunando en el Gran Comedor.-¿A qué debo el honor de tu visita?-Granger -Pansy se sirvió un poco de té- Narcissa me ha contado que vais hoy al médico ese muggle.-Sí. Espero que, cuando volvamos, lo hagamos con buenas noticias.-Yo también. Me daría mucha pena que esos dos rubitos cabeza de chorlito se quedaran solos. No sobrevivían ni un mes.-¡Pansy! No puedes hablar así del padre de Malfoy.-Tranquila, Granger. Conozco a Lucius de toda la vida. Sé cómo es realmente. Si toda esta mierda de las dos guerras y de Voldemort no hubiese existido, ten por seguro que todos adoraríais al padre de Draco.-¿Haciendo campaña a favor de mi padre, Parkinson? -Draco apareció a su lado como materializado de la nana, para susto de las dos chicas -Porque sé que le tienes miedo a mi madre en lo referente a mi padre. Si no empezaría a pensar que tienes intenciones aviesas con mi progenitor.-Mira que puedes llegar a ser imbécil -Pansy le lanzó una tostada, que el chico cogió con sorprendente agilidad- Aunque considero a tu padre un hombre más que atractivo e interesante, te recuerdo que me gusta tu amigo, Scamander.-Pues te deseo suerte -Draco se sentó al lado de Hermione, que no pudo evitar sonrojarse- A ver si consigues que deje de pensar en todos esos bichejos. A veces dudo que sea humano.-Pues mira, voy a poner en práctica tu consejo -Pansy se levantó y caminó decidida hacia un despistado Rolf Scamander.-Pobre chico. Me da hasta pena -Draco cogió una de las tostadas de Hermione- ¿A qué hora has quedado con mi querida madre?          Hermione sintió cómo se le helaba la sangre. Miró de reojo al chico, que parecía más preocupado por encontrar la mermelada que de ella. ¿Cómo narices se había enterado?-No te asustes, Granger. Aún no voy a  mutar en un fenómeno de feria. Mi padre me mandó una carta hace media hora escasa -clavó en ella su mirada plateada- Hemos decidido que iremos con vosotras.-No sé yo si tu madre se lo tomará muy bien, Malfoy -Hermione estaba cada vez más nerviosa.-Tranquila. Al igual que ella sabe cómo manipularnos, nosotros también sabemos qué cuerdas pulsar para ablandarla. -Draco se levantó y le tendió una mano- Creo que se nos hace tarde.         Resignada, Hermione le cogió de la mano, dejó que la levantara con un único y fluido movimiento y se dejó arrastrar a los terrenos del colegio. Nunca antes un trayecto tan corto se le hizo tan largo y tan horrible. -Alegra esa cara. Parece que te llevo al patíbulo. -Draco la miró, sonriendo de medio lado.-Ya veremos si sigues tan contento cuando estemos ante tu madre.          El resto del camino lo hicieron en completo silencio.Cuando tuvieron a la vista las altas verjas de la entrada, Hermione empezó a hiperventilar. Allí estaba Narcissa. Y a su lado un muy silencioso y cabizbajo Lucius.-Parece que mi padre ya ha recibido su dosis de bronca -Draco no parecía preocupado. Todo lo contrario. Aquello le estaba divirtiendo muchísimo.-Draco, cariño. ¿Se puede saber qué haces aquí? -Narcissa abrazó a su hijo- Creo que con tu padre ya tenemos suficiente.-No pensarías que os iba a dejar ir solas al mundo muggle, ¿verdad, madre? -Draco lo dijo con una voz peligrosamente suave. Narcissa conocía muy bien aquel tono de voz, calcado al que utilizaba su marido cuando quería conseguir algo que sabía que a ella no le iba a gustar.- Puede resultar peligroso. ¿Qué pasaría si de repente te da un mareo y caes al suelo? Granger no es un dechado de fuerza, que digamos. Tendrías que permanecer tirada en esos asquerosos y llenos de gérmenes suelos hasta que algún muggle se dignara a socorrerte.-¡Oye! Nuestras calles no son un basurero -Hermione se sintió en la necesidad de defender su mundo. Draco se hizo el sueco. Seguía con la batalla de miradas que mantenía con su madre. Al final, Narcissa claudicó con un sonoro suspiro.-Tú ganas. Podéis venir con nosotras. Pero no quiero oir ni una sola palabra en contra de los muggles, sus cosas o su mundo. ¿Está claro?-Sí -contestaron los dos rubios a la vez. Hermione no pudo evitar una risita. Resultaban de lo más gracioso.-Bien. El traslador está a punto de activarse. Poned vuestros dedos encima a la de.... ¡Ya!              El archiconocido jalón en el ombligo sorprendió a Hermione. Estaba tan distraída observando cómo interactuaban las tres serpientes que apenas le dio tiempo a coger el traslador. Cuando el mundo volvió a estarse quieto, se encontraban ante un hermoso edificio de tres plantas. En la entrada, un discretito cartel en el que se remarcaban las especialidades del centro. "Como no. Privado" pensó Hermione. Siguió en silencio a Narcissa. Draco y su padre caminaban detrás de ellas. Por sus expresiones, estaban a punto de tragarse la lengua. La chica no pudo evitar regocijarse ante su malestar. El estar allí ya era todo un hito para los dos varones Malfoy. Pero ver sus caras cuando una recepcionista bastante fea les preguntó a qué consulta venían, no tuvo precio. Draco movía la cabeza de un lado a otro buscando una posible vía de escape, mientras que Lucius miraba a aquella muggle fijamente, intentando catalogarla en alguno de los grupos animales que conocía. -Debe pertenecer a alguna subespecie que no conocemos -le oyó murmurar Hermione, que tuvo que esconderse detrás de un ficus para poder reir a carcajadas sin que la recepcionista la viera. Narcissa tenía cara de querer matar a su marido allí mismo, pues el desafortunado comentario lo dijo en voz lo suficientemente alta como para que la mujer lo escuchase.-La consulta que buscan está al final del pasillo. Puerta trece -su tono de voz áspero reflejaba el pésimo humor del que estaba.          Narcissa agarró a su marido de la muñeca y lo arrastró lejos de la recepción, temiendo un ataque homicida por parte de la muggle. Hermione salió de su ficus-refugio y buscó a Draco por la sala. El chico se había alejado todo lo que pudo de la mujer y permanecía apoyado en la pared con gesto serio. Hermione podría jurar que tenía la varita escondida en el bolsillo interno de su cazadora. Se acercó a él.-Tranquilizate, Malfoy. No te va a morder.-¿Estás segura de eso? -lanzó una mirada desconfiada a la mujer, que lo observaba con el ceño tan fruncido que parecía que sólo tenía una ceja- Porque creo que hemos encontrado el eslabón perdido que tanto buscan los muggles.-¡Pfffffff!         Hermione se mordió la parte interna de los carrillos para no romper a reir a carcajadas. Aquel comentario, tan propio de la serpiente, había sido extremadamente gracioso. Draco puso los ojos en blanco y la cogió de la mano.-Vamos. Creo que si no vigilamos a mis padres, pueden cometer alguna locura.-Tu madre no creo.-No. Si no es ella la que me preocupa -Draco se permitió ensanchar su sonrisa- El que me da miedo es mi padre.-¿Crees que atacaría a algún muggle?-No. No es eso. Creo que, por la cara con la que está observando a todos los que se le cruzan, se está planteando llamar a Control de Criaturas Mágicas. -No te sigo...-Espera y verás, Granger. Esto puede llegar a ser muy divertido.       Hermione reprimió las ganas que tenía de santiguarse y rezar a todos los dioses habidos y por haber. Aquella excursión al mundo muggle con el arquetipo de los Sangre Pura, tenía visos de convertirse en el Apocalipsis. O en la Tercera Guerra Mundial. Todo dependía de la capacidad de Lucius Malfoy de cagarla.