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Historia 106736 — capítulo 35
La primera reunión de Draco con sus "alumnos" tuvo lugar el viernes por la tarde, ya que todos los mayores no tenían clase a esas horas. Por precaución, fueron entrando en su sala de dos en dos a intervalos de tres minutos para evitar sospechas. Cuando estuvieron todos, Draco decidió comenzar. Se quitó la túnica donde dormitaba Miniherms (como era conocida ya por todos los miembros de los Caballeros del Dragón) y la dejó con mucho cuidado sobre una butaca. El castillo había creado de la nada un salón inmenso donde tenían de todo para prepararse. Era como una sala de los Menesteres pero mejorada. O como decía Blaise, "Es la Sala de los Menesteres 2.0".
-Lo primero que tenéis que saber es que esto no va a ser como la gilipollez esa que hizo Potter en quinto.
-El ED no fue ninguna gilipollez -gritó alguien al fondo. Draco lo fulminó con la mirada.
-Si perfeccionar los hechizos básicos que nos enseñan en el colegio no es una mariconada, no sé a que aspiráis entonces. -Paseó su fría mirada por todos los asistentes, que retrocedieron involuntariamente unos pasos.- Lo que yo voy a enseñaros aquí es lo que me enseñaron a mí. Bueno. Casi todo.
-¿Por qué no todo?
-No os veo yo con muchas ganas de lanzar maldiciones que resultan un 99% mortales. Sois más bien…. Tirando a flojitos. Lo que yo os voy a enseñar es a defenderos, no sólo con magia. Aprenderéis técnicas de lucha, pociones muy avanzadas, táctica, hechizos defensivos que sólo los mortífagos conocen, hechizos de ataque que, sin llegar a ser mortales, son mucho más potentes que los que conocen los PNED.
-Parece que nos quieres convertir en máquinas de guerra -Neville sudaba por los nervios. Aún no se había acostumbrado a tener un trato "amistoso" con Malfoy.
-Queremos que sobrevivíais a esos lerdos -Theo se columpiaba sobre las patas traseras de la silla, mientras leía de manera distraída un libro gordísimo- Si os pillaron con un hechizo de silencio y un juramento inquebrantable… no sé yo que haréis si deciden pasar a mayores. ¿Invitarlos a té con McGonagal e intentar arreglarlo todo como buenos amiguitos que sois?
-Cuida tu lengua, Nott -Neville se levantó, varita en mano. Luna intentó calmarlo, pero lo único que consiguió fue acabar en el suelo. Theo dejó caer la silla y sin que nadie se diera cuenta de cómo y cuándo se había movido de la silla, estaba apuntando al corazón de Neville con su varita.
-Como vuelvas a hacerle daño, te arranco la piel de una sola vez y luego te doy de comer a los hombres lobo del Bosque Prohibido.
-Theo. Tranquilo. Ha sido sin querer -Blaise tiró de la túnica de su amigo hacia atrás. Conocía muy bien al chico. Criado por un psicópata amoral y cruel, Theo tenía a veces arranques violentos. Sobre todo cuando se trataba de las personas que le importaban demasiado. El resto de las veces… era como un corderito, bien manso.- Y tú, Longbotton. Si algún día quieres continuar tu apellido, iría con más cuidado. No te dejes engañar por su aparente afabilidad. Podría matarte sin pestañear siquiera.
Neville sacudió la cabeza a modo de contestación. Había visto toda su vida pasar a velocidad de la luz por delante de sus ojos. Cuando Zabinni le quitó de encima al encolerizado Slytherin, respiró tranquilo.
-Como iba diciendo... -Draco no se molestó por la interrupción. Estaba demasiado acostumbrado a la manera de ser de sus amigos. Aquello había resultado casi… Light, para lo que eran los arranques de Nott- Nuestro amantísimo y adorado Salvador ha perdido la neurona que le quedaba y parece que está haciendo méritos para ocupar el lugar de Voldemort. -Puso los ojos en blanco al ver el saltito que dieron casi todos al oír el nombre del difunto Señor Tenebroso- Por el amor a Merlín. Es solo un puto nombre. A ver si crecéis de una maldita vez. A lo que iba. Potter y la comadreja llevan una temporada desbarrando a más no poder. Creo que no me equivoco si afirmo que todos los aquí presentes ha sufrido alguno de sus ataques. -Un mar de cabecitas asintiendo confirmó sus palabras- Por eso estáis aquí. Para bajarle los humos a ese idiota y a su apéndice extra. Quiero que os dividáis en grupos de cinco y forméis círculos. Lo primero que vais a hacer es lanzaros el expelliarmus. No a las varitas (eso es de blandengues). Apuntad al cuerpo de vuestro contrincante.
Se colocaron como el pedía y comenzaron a lanzarse el hechizo. Tenían tanto miedo de hacer daño a sus amigos y conocidos, que no conseguían ni mover un centímetro a su oponente. Draco aguantó aquello cinco minutos, implorando a todos sus antepasados porque aquello mejorara. Pero cuando vio que eso era todo lo que daban de sí, les ladró una orden para que se detuvieran.
-¿Qué parte de atacar es la que no comprendéis?
-Pero podemos hacernos daño -dijo una chica, una Ravenclawn menudita.
-¿Y tú crees que esos idiotas os van a lanzar besitos y os van a dar abrazos? -La voz de Draco era dura y sus palabras quemaban como el ácido.- Van a intentar dañaros. Así que, si lo que quieres es un movimiento de oposición pacifista, vete a la India y busca a la reencarnación de Gandhi. Aquí habéis venido a aprender a defenderos y a atacar con efectividad. Ahora lo vais a repetir, vais a apuntar a vuestros oponentes y vas a lanzar el puto hechizo con toda la mala leche que tengáis dentro. ¿Entendido?
-SI -gritaron todos a la vez.
Los siguientes veinte minutos fueron algo mejores. Aún lanzaban el hechizo con miedo, pero por lo menos veía a gente por los suelos. Sonriendo de medio lado, se sentó en una butaca y observó a sus "alumnos". Blaise estaba a su lado, jugueteando con la hurón.
-¿La reencarnación de Gandhi? Joder, Draco. Eso ha sido buenísimo.
-Son duros de mollera. Sobre todo los leones. Creo que por eso les meten en esa casa. Todos juntitos. A ver si por un casual entre todos componen un cerebro medianamente funcional.
-Pero está Granger…
-Esa iba para Ravenclawn, pero por alguna extraña razón, el sombrero ese roñoso la envió con los leones. Creo que lo hizo por pena, para que el CI de ese lugar subiera algo.
-Hoy te has levantado de mala leche, ¿verdad?
-Llevo así toda la puta semana. La inactividad de Potter y el resto de gilipollas me están crispando los nervios. Tengo que controlar que no ataquen a los leoncitos que me defendieron, tengo que controlar que no hagan nada a la sabelotodo, tengo que coordinar con vosotros las clases aquí, tengo que hacer la tonelada de deberes que esos psicópatas que tenemos por profesores nos han calcado. También tengo que estudiar para mis exámenes. Está lo de mi madre…
-Por cierto, ¿Qué tal anda Cissy?
-Granger la acompañará este sábado a un médico muggle. Se cree que mi padre y yo no lo sabemos. Pero bueno, si así se siente más segura…
-Ya verás cómo la curan. Los muggles, pese a todo el atraso que tienen por su falta de magia, tienen otras cosas que ya quisiéramos nosotros. Por lo menos en medicina. En algunas cosas nos superan, pues tienen cura o casi cura para ciertas enfermedades que nosotros no.
-¿Ya te ha reclutado la sabelotodo para su causa?
-Cierra la boca y controla a tus alumnos…
Draco centró toda su atención en el dolorido y agotado grupo. Les indicó que se acercaran y los evaluó uno por uno, buscando daños graves. No encontró más que moratones y algún que otro arañazo.
-Como lo hagáis así en una lucha real, ya podéis ir despidiéndoos de estas clases. Si voy a perder mi valioso tiempo, quiero resultados. Y quiero que lancéis los hechizos como yo digo. ¿Moratones y rasguños? Por Merlín. De dos en dos, ya.
Obedecieron casi inmediatamente. Draco se paseó en silencio entre ellos, poniéndolos nerviosos. No dijo ni una sola palabra. Ni un solo comentario cáustico. Nada. Se limitó a clavar aquellos extraños ojos plateados en todos y cada uno de los allí reunidos. Cuando creyó conveniente, gritó:
-¡EL HECHIZO, YA!
Los gritos del hechizo no se hicieron esperar. Y ahí sí que obtuvo lo que quería. El que era alcanzado, caía varios metros más allá de su posición y a veces alguno quedó inconsciente. Después de veinte minutos, dio por finalizada la clase. Mientras iban saliendo, doloridos a más no poder, Hermione se acercó a él con cara de malas pulgas. Blaise y Theo se largaron a toda prisa, deseándole suerte por lo bajo.
-¿SE PUEDE SABER EN QUÉ ESTÁS PENSANDO, TARADO PSICÓPATA? ¿QUIERES MATARNOS A TODOS YA QUE NO LO CONSEGUISTEIS DURANTE LA GUERRA?
-Cierra la puta boca, Granger, que te estás colando a lo grande. -Hermione obedeció, asustada. Los ojos de él eran lo más parecido a la Antártida que jamás había visto- Esto no ha sido ni una décima parte de lo que me hicieron a mí. Así que quédate tranquilita, cierra la boca, vete a tu torre a dormir bien y ya me gruñirás en otra ocasión. Ahora sólo tengo ganas de llegar a mi cama y dormir.
Y se marchó de allí, dejándola con la palabra en la boca y con la cara más roja que una grosella.