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Motivos por los que odiar a One Direction — capítulo 1

Capítulo 1: Traicionada

Jessys. Canis. Chonis. En definitiva, reggaetoneros. También conocidos como "idiotas que rompen mis oídos con su música y quieren que me suicide", aunque lo de reggaetoneros era mucho más corto. Un asco.

Reprimí una mueca de asco y aguanté la respiración hasta que me alejé lo suficiente de ellos y de su música infernal. Recuerdo que, de pequeña, amaba pasear por el campo, persiguiendo libélulas y cursilerías de ésas... Más o menos, me sentía Heidi. Ahora, cada vez que voy por el campo me encuentro a un indefinido número de borrachos de mi edad haciendo botellón y el olor a alcohol se impregnaba en mi ropa. ¡Ag!

Seguí andando a paso rápido, fijando mi mirada en el suelo para no tropezarme con una botella de vidrio roto. Uno de los problemas que traen los borrachos son que son unos guarros y te encuentras todo lleno de basura. Como ya mencioné antes, un asco.

A lo lejos avisté el lugar de mi destino. Una casa con los tejados demasiado inclinados, ventanas raras, ladrillos rojos, enorme jardín y una valla blanca de madera. Al estilo guiri del norte de Europa.

Seguí aproximándome hasta que llegué y entré al jardín, oliendo todas las flores. Reprimí otra mueca de asco. Era una ironía que yo las odiase, pero así era la vida... Simple y llanamente. Di tres secos golpes en la puerta y la hermana pequeña de Emma me abrió la puerta. Pelo rubio oscuro o castaño claro, según donde lo mirases; ojos marrones; y delgada y alta como su hermana. Tenía 14 años, tres menos que yo pero era una idiota. Me preguntaba cómo se podía llegar a ser tan idiota a esa edad, pero me contenté con la respuesta de que ella era especial.

Me fulminó con la mirada, le dirigí una sonrisa triunfante y pasé por su lado, ignorándola. Subí las escaleras rápidamente de forma sigilosa y me paré ante la puerta cerrada de Em. Me miré ante el espejo que había en su puerta. No sé por qué demonios tenía un espejo en la puerta, pero las preguntas a ella.

Hice una mueca mientras me observaba. Pelo negro azabache en tirabuzones, salvo una mecha morada. Raya al lado. Flequillo liso, tapándome un ojo. Nariz mediana. Labios y orejas normales. Y ahí llegué a mis ojos. Los odiaba. Ellos eran el causante de mi ñoño nombre. Además de que a mis padres no se les ocurrió otra cosa que "¡Vamos a fastidiarle la vida a nuestra futura hija! ¡Pongámosle de nombre el más cursi, ñoño, ridículo, patético, odioso, repipi, esnob, etc etc nombre de niña de todos!". Por suerte para ellos, no los conocía. Nunca lo hice ni lo haré.

Mucha gente me compadecería. "¡Oh, una pobre huerfanita!", exclamarían. Pero no se puede echar de menos lo que nunca se ha tenido, así que a mí me importaba un burricornio no tener padres. Mi padre murió por el alcohol, en una clínica de rehabilitación, mi madre poco después de dar a luz, pero le dio tiempo a elegir mis dos nombres.

Pero en fin. Me estaba yendo de el tema, que eran mis espantosos ojos verdes. No, si al principio no suena tan mal. Suena a personaje de cuento, algo así como... « […] y la hechizante princesa de ojos verdes esmeralda subió a la grupa del caballo del príncipe gay para fusionar sus palacios y tener más de 500 sirvientes gandules sin hacer nada. Y fueron felices y comieron sílice, porque no tenían perdices, pero se envenenaron todos y...». Un final muy feliz para todos. Bueno, mis ojos no eran ni verde esmeralda, ni verde azulado ni ningún tipo de verde bonito, normal y corriente. Para nada. Eran verde moco. Ahora entenderéis porque los odio tanto.

Dejé de comerme la cabeza y entré al cuarto, sin llamar. Em no había notado mi presencia, así que me senté en su cama. Al parecer, estaba hablando con un chico guiri por Skype. Mi lado cotilla me decía que fuera a ver quién y cómo era. Mi lado vago (y malvado) me obligó a que me quedase en la cama e interrumpiese su conversación con algo. Me revolví el pelo, despeinándolo, puse cara de subnormal y hablé con una voz de drogada en inglés.

— Eeeeeemmmmaaaaa... Paaaaaaaaaaaaaasaaaaaameee el pooooorrroooo, ¿quieeeereees?

Emma se dio la vuelta y me miró con los ojos llameantes, como solo hace unos minutos su hermanastra había hecho conmigo. Ella era una chica inglesa. Padres nacidos allí, aunque ahora estaban divorciados. Vivía con su padre, el cual se había divorciado dos veces; y con su molesta hermanastra.

Era pálida, pero tenía un bonito color de piel... No era un pálido blanco leche, sino que era un poquitín más morena que eso. Ojos grises azulados. Nariz pequeña... etc. Su pelo era lo que más me gustaba. Azul. Azul turquesa. Obviamente teñido, pero le quedaba bien. Lo llevaba corto, 4 dedos por encima de los hombros. Era alta, delgada y atlética. Simpática y amable, pero ahora con más ganas de matarme.

— ¡LAS DROGAS NO SON BUENAS, AMIGA DE MI ADORABLE REINA DE LAS ZANAHORIAS! ¡¡¡¡COME ZANAHORIAS, SON MÁS SANAS!!!! — oí que me gritaba el chico del Skype. Desde ese momento, empezó a caerme mal. ¿Por qué no podía reaccionar de una forma normal, en vez de decirme que comiese zanahorias? ¿Acaso tenía un doble sentido? Seguramente, sería un malpensado como Antonio... Me reí al imaginarme a Antonio aquí, en esta situación. Seguramente diría algo como... "Oh, le gustan las zanahorias... Le gustan las cosas alargadas y gordas, ¡le va el rollo-bollo! ¡Now, kiss con Clau!". Claudio era otro de mis mejores amigos, pero él era gay, lo que lo hacía adorable.

— Perdona, Lou, es mi amiga que viene a intentar decir algo gracioso. Ella en realidad no se droga ni bebe ni fuma, no te preocupes. Bueno, hasta mañana... ¡Bye! —le respondió Emma. Segundos después, Emma cerró la tapa del portátil y se dio la vuelta para mirarme a los ojos, enfurecida.

Pero ahora era yo la que estaba enfadada. Había analizado la primera frase del imbécil chico ése y me había dado cuenta de que se había referido a mí como "amiga de mi adorable reina de las zanahorias", lo cual sería que Emma sería su novia... porque ella no lo había negado. Si no lo fuera, habría dicho, algo como "¡¿Qué?! ¡NO! ¡Se lo ha inventado él!", algo que no había ocurrido.

— ¡Es tu novio! —exclamé, fingiendo estar enojada e indignada. Yo tenía dignidad de amiga y si no le armaba una guerra durante varios días, Emma no aprendería y cuando tuviese otro novio no me lo diría. Si es que acaso lo era... que eso no estaba seguro...

Emma agachó la cabeza y murmuró un débil "Sí".

— ¿QUÉ? ¡¡¡NO ME LO HABÍAS DICHO!!! ¿Por qué? Bueno, ya sé que es guiri, pero eso no lo es todo... Los guiris también son simpáticos, mira a... a... a... a... ¡Bueno, no tengo ningún ejemplo, pero los ejemplos no lo son todo! ¿Cómo se llama? —le pregunté interesada.

Ella, a su vez, volvió a responder en una baja voz: — Louis.

Ahí empecé a reír a carcajadas, como una loca. No paré hasta que recuperé el aire, lo cual sucedió después de varios minutos.

— ¡Por eso no me lo querías decir! ¡Te da vergüenza que tu novio se llame como ése de las direcciones y las flechitas! ¡La banda esa de niños pijos gays con jerséis de mi abuela y pantalones de colores de niñas pijas! No te preocupes, el nombre no es todo... Mírame a mí, yo soy el más claro ejemplo de eso... Tengo el nombre más cursi del mundo y eso no significa que yo sea una cursi con corazoncitos y con flores...

Emma parecía más avergonzada.

— No se llama como el de One Direction,ESel de One Direction.

Luego solo recuerdo gritar como una loca cosas de traición, traidora y etc. Me enfurecí aún más al enterarme que salía con él desde hace casi un año, desde el verano pasado al que fue a ver a su madre en Inglaterra. Y NO ME LO HABÍA CONTADO. Pero, claro, ¿quién se preocupa de una chica con el nombre más estúpido? Y por supuestos, las perfectas Ainiesh y Areia lo sabían.

Ella se justificaba diciendo que yo me enfadaría y me sentiría traicionada, pues habíamos pasado bastante tiempo criticando lo inmaduros y gays que eran. Pero no solo a One Direction, sino básicamente, a todas las estrellas Disney (que me causan repulsión) y al castor Beaver.

— ¿Lo siguiente qué va a ser...? ¿Que Justine Beaver se convierta en tu amante?

Y con eso, hice mi salida dramática. Había dado teatro y ya sabía lo suficientemente bien cómo hacer para salir de una forma que se notara tu enfado. Salí, cerré la puerta de un portazo, corrí por el jardín, salí del jardín y cogí el autobús para llegar a mi casa. Donde vivía con mi abuela y sus libros, a los que ambas adorábamos.

Media hora más tarde, había cambiado de opinión y me hallaba en un parque con Antonio y Claud. Les estuve contando lo que había pasado y cuando les dije lo de las zanahorias, Antonio dijo las mismas palabras que pensé que usaría: — Oh, le gustan las zanahorias... Le gustan las cosas alargadas y gordas, ¡le va el rollo-bollo! Qué lástima que Clau no haya estado allí, ¿eh, Galby?

Bueno, se me había olvidado... Como mi verdadero nombre es Innombrable (si quieres salir vivo/a, soy la versión femenina mejorada de Voldemort), todo el mundo me llama Galby, ya que mi personaje favorito de un libro es Galbatorix (me enamoré de él a los 10 años, no hagáis comentarios) y de ahí mi apodo... Todo el mundo lo usaba menos mi abuela que me llamaba por mi segundo nombre...

— ¡Sí! ¡Harían una pareja perfecta! —exclamé ilusionada, mientras reía.

— Mientras no sea Justin Bieber... —murmuró Clau, sonriendo.

**—Es Justine Beaver—**gritamos a la vez ambos.

Más o menos, la tarde pasó entre risas, pero aún no se me iba la traición de Emma de la mente... En esas estábamos cuando aparecieron las dos locas, Ainiesh y Areia.

— ¿De dónde salís vosotras? ¿También os va el rollo - bollo? —inquirió Antonio, divertido alzando una ceja mirando a las recién llegadas. Areia le sacó la lengua de forma infantil. Yo me mantuve apartada , ya que no me caían bien pero aún así eran las amigas de Emma y no quería más problemas de los que tenía ahora. Suficientes por un día.

— Igual que a ti, ¿no? —dijo con tranquilidad Ainiesh.

— Sip, posiblemente algún dios griego te inculcó eso. ¿Zeus? ¿Apolo? —aventuró Areia— Oh, ya lo sé. ¡Morfeo!

— ¡Entonces, admitís que a vosotras también! ¡Y Areia hace un trío con Zeus y con su amado Ganímedes! Dime, Areia, ¿qué se siente al enamorarse de un gay? ¿Y al saber de que tus adorados dioses son zoofílicos?

— Lo de los zoofílicos ya lo sabía, no es normal que Zeusín se transforme cada dos por tres. Gani no es gay, lo hace por su supervivencia. ¿Crees que aguantaría mucho en un mundo de violadores siendo el más bello de los mortales? Si tienes al dios de los dioses de tu parte es una ventaja, algún precio tiene que pagar y además si le rechazara Zeus se enfadaría y entonces acabaría muuuuuuy mal. — explicó Areia, como quien le explica algo a bebés.

— ¿Estás exculpando la evidente homosexualidad de Ganímedes?

— Solo te estoy haciendo entender sus razones, supongo que Jacinto y Ciparasio tendrían las mismas razones — le dijo en tono pacífico Areia a Galby, quien la miraba sonriente.

— ¿Y lo del trío?

— Yo no hago ninguno, yo soy hestial.

Antonio puso los ojos en blanco: — Eso no existe.

— No existía, hasta que Areia lo inventó —intervino Ainiesh.

Y con la cabeza bien alta, ambas se marcharon mientras los dos chicos y Galby les hacían burlas.

Aparte de toda esta tontería, quiero agradecerle esto a Helena que me estuvo ayudando bastante con el título del fanfic y con el capítulo... Y porque creo que es la única que aún no me ha cogido tirria de aquí, de Potterfics... Ella fue la que estuvo insistiendo para que actualizara y blah blah blah...

Otra cosa, la protagonista es odiosa y tal tal tal pero ya irá cambiando... Por ahora, ella odia a todos y blah blah blah... Vamos, que cambiará ya que caerá a los pies de alguien... <3 Diría quién es pero supongo que ya os daréis cuenta dentro de unos cuantos capítulos, como pasó con Niall y Lyra...

Os recomiendo los fics de 1D de Helena, nikki22, y que si os aburrís pasaros por los míos (que son una cacola comparados con los suyos). Comentad y blah blah blah....

Besosos, Celia.