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Como convivir con Voldemort y no llegar a San Mungo en el intento — capítulo 12

-El jarrón de mi madre...-murmuró Amy en tono lastimero después de que ambos mirasen el desastre unos segundos en silencio-me mata. Me quitará el ordenador y el móvil durante una semana... como mínimo.

-Pues entonces quiero verlo-dijo Voldemort satisfecho.

-¡Idiota!-insultó la muggle-¡Si mi madre te ve, despídete de volver a tu mundo! ¡Llamará a la tele, al circo,...! Aunque pensándolo bien, no me vendría mal un poco de dinero...

-No-negó Voldemort rápidamente.

-¿Y ahora que hacemos?-preguntó la muggle con un acceso de pánico.

-Tampoco es para tanto-dijo el mago tratando de quitarle importancia.

-¿¡Que no es para tanto!-preguntó ella con los ojos muy abiertos-¡Tu no conoces a mi madre! Se va a poner echa un basilisco...

La muggle recogió los trozos y los metió en un recipiente de plástico.

-Bueno, parece que se me acumulan las cosas por arreglar-comentó Amy para aliviar tensión (la suya, porque Voldemort estaba mas que satisfecho de haber puesto en jaque a la muggle-voy a darle de comer a Stewie... ¿Quieres verlo? Pero no te lo comas.

Voldemort le hizo un gesto como mandándola a Azkaban, y Amy volvió al rato con una jaula donde había un hamster de color blanco y marron, lo puso encima de la mesa y le puso comida en el comedero mientras Voldemort observaba el animal con cierta curiosidad.

-Mira Stewie-le habló la muggle con mucho cariño-este serpiente de aquí es Voldemort, pero no te asustes que no te va a hacer nada. No... claro que no... porque sino le voy a montar un pollo impresionante. Si... claro que si, mi peteño grande (NA: Si, he escrito Peteño)-le dijo como si hablase con un bebé.

-Y el que necesita un psiquiatra soy yo...-murmuró Voldemort con disgusto.

-Tu hablas con las serpientes y yo hablo con mi hámster ¿que pasa?-espetó la muggle.

Voldemort puso los ojos en blanco. En ese momento sonó el teléfono y la muggle se apresuró a cogerlo.

-Buenos días, soy el doctor Harry, llamaba para informarle de que su perro ya está listo para que lo recoja.

-Vale, muchas gracias iré ahora a recoger a mi pequeñín-su perro era de una raza grande, de modo que "pequeñín" era un tanto exagerado para describirlo.

El veterinario colgó ya no tan extrañado, había tratado varias veces con aquella muchacha que seguía llamandolo "Harry Potter" o "El Elegido", y eso que en lo único que se parecía a aquel personaje era el pelo negro y el primer nombre. La muggle miró a Voldemort con una sonrisa estúpida.

-¿Que ocurre ahora, inmunda muggle?-preguntó el mago tenebroso.

-Que nos vamos a por Canuto.

-Yo no voy.

-No te voy a dejar solo, Voldy-Oldy-canturreó ella-la última vez que lo hice la liaste pero bien. Bueno, la ropa está en mi habitación, en cinco minutos te quiero listo, como supongo que no tendrás que peinarte...

-Que graciosa eres, muggle-dijo sarcásticamente.

-¿En serio?-preguntó Amy muy emocionada y con los ojos muy abiertos-¿Lo crees de verdad?

-No-dijo frío y cortante.

-No dicen eso en Twitter...

-Estas obsesionada con ese Twiper.

-Es Twitter, inculto-corrigió Amy como si estuviera cometiendo un sacrilegio.

-Como sea.

.0.0

Mas tarde, ambos paseaban por la calle que llevaba al veterinario, un hombre vestido con ropa negra y rostro desnarizado y calvo, era de un tono de piel tan pálido que hacía contraste con la ropa, que era lo único normal que tenía, era muy serio y frío. Todo lo contrario que su acompañante; una chica de pelo de color miel con ropa blanca con lunares de colores y zapatillas de un rosa fosforito, dando saltitos alegres.

-Creo que nunca te lo he comentado, pero me das verguenza ajena-dijo Voldemort observandola con desagrado.

-A mi me darías verguenza ajena si no fuera porque no tengo-replicó ella con una gran sonrisa.

-Que novedad-murmuró con ironía el mago.

-Venga, vamos a cruzar la calle-dijo la muggle.

Se pusieron a esperar en el paso de cebra, la muggle esperaba en posición de corredora profesional, como si fuera a echar a correr, Voldemort hacía como que la muggle no existía, un coche se paró para que pudiesen pasar, y abrió ligeramente la boca cuando la chica que parecía que iba a echar una carrera, comenzó a atravesar el paso de cebra arrastrando una pierna a paso lento, el conductor se enfadó, la chica iba muy lenta y le tocó el pito del coche para que se diera prisa.

-¡Que te calles!-gritó la muggle como una posesa-¿¡Es que no ves que soy una pobre inválida! ¡Muggle tenías que ser! ¡Seguro que tu boggart es un espejo!

El conductor fue a salir del coche, aunque no tenía ni idea de lo que estaba diciendo aquella chica tan rara, Voldemort aceleró el paso, como que no la conocía, en cuanto el hombre salió del coche, Amy corrió a esconderse detrás de Voldemort.

-¡Papá, me quiere pegar!-gritó señalando al conductor.

Voldemort se giró sin saber que quería decir, en cuanto el pobre hombre vio a Voldemort, se le fue el color de la cara.

-Lo... lo siento señor,... es que ella... su hija...-se apresuró a salir corriendo y cuando se metió en el coche aceleró asustado.

-¡Que no es mi hija, muggle perturbado!-intentó explicar Voldemort de mala manera.

-Gracias, papi-dijo Amy abrazándose al mago tenebroso.

Voldemort se llevó la palma a la cabeza, y dio un profundo suspiro de impaciencia.

-Vas a terminar desquiciandome, muggle-le dijo.

-Que va; tu ya estabas así cuando llegaste.

Por fin llegaron al veterinario, al entrar, los pacientes y sus humanos correspondientes, miraron mal al mago y automáticamente empezaron a gruñir, los menos valientes se escondieron tras las patas de sus dueños. Se acercaron a la recepcionista, que miró con terror a Voldemort.

-Disculpe-dijo Amy muy tranquila-venimos a recoger a nuestro perro Canuto... Ah, se me olvidaba ¿Hay algún psicólogo para serpientes? Es por este amigo mio...

-¡Yo no soy tu amigo, sucia muggle! ¡La que necesita un psicólogo es ella!-comenzó a gritar señalándola con odio-¡Deberían encerrarte de por vida en la planta Psiquiátrica de San Mungo!

-Le pasa siempre-le explicó con mucha tranquilidad a la recepcionista, que estaba bastante asustada-entonces... ¿donde está mi perro?

-El... el doctor Harry, lo... lo está revisando por... por última vez-le señaló una puerta-a... allí.

-Muchas gracias-le sonrió la chica, agarró del brazo a Voldemort, que seguía farfullando cosas que deberían hacer con ella, no muy agradables, y le llevó hasta la puerta.

Amy abrió la puerta sin ningún miramiento, dentro estaba un hombre moreno de espaldas a la puerta, delante de una mesa de acero, donde examinaba a un perro grande y negro.

-¡Canuto!-exclamó la chica con profunda alegría, el perro reconoció a su dueña y ladró, queriendo ir hasta ella, pero el doctor sujetó al perro para que se estuviese quieto.

-Ah, buenos días Amy, veo que eres puntual-no se había fijado en su acompañante, porque no se había dado la vuelta.

-¡Es Harry Potter!-exclamó Amy por costumbre, señalándolo, sin acordarse de que a su lado estaba Lord Voldemort en persona.

-¿¡DONDE!?-preguntó Voldemort frenético, sacó la varita de un bolsillo de su ropa muggle y apuntó al doctor, que se dio la vuelta sorprendido, al ver al hombre-serpiente, apuntándolo con una varita de juguete, le huyó el color de la cara, Amy lo sujetó intentado arrebatarle la varita, pero Voldemort estaba frenético y reía como un perturbado-¡Ya eres mio, Potter!

-Ah, otro de tus amiguitos-suspiró el hombre, suponiendo que tambien era un obseso de Harry Potter.

-¡Que no, Voldemort!-gritó mientras forcejeaba con él-¡que no es ese Harry! ¡Es una confunsión! ¡Ni siquiera es un adolescente! -¡Es por la poción multijugos! ¡Estoy seguro!

Canuto ladraba amenazador porque estaba viendo que su dueña era atacada, cuando se dio cuenta de que el veterinario no le sujetaba, se lanzó a por el hombre (si se le puede llamar así) que forcejaba con su dueña, los tiró a ambos al suelo, y la varita voló hasta otro lugar de la habitación.

-¡Canuto!-llamó la muggle a su perro-¡Busca el palo!

El perro, obediente, fue hasta donde la varita y la cogió, Voldemort trató de arrebatársela, pero el perro lo esquivó y corrió hasta su dueña.

Cuando pudo convencer a Voldemort de que el hombre que estaba con ellos era un muggle como ella, este volvió a la normalidad (bueno, al estado en el que siempre está, osea amargado).

-Bueno, espero que os divirtáis juntos.

-Por supuesto-asintió ella-¡Vamos, Canuto! Y muchas gracias.

-¿Puedo coger al menos mi varita?-preguntó Voldemort con muchisimo odio hacia todos los presentes.

-Claro, seguro que Canuto te lo da.

El mago se acercó al perro, este le dio la varita, pero Voldemort puso una mueca al comprobar de primera mano que estaba llena de babas de perro. Una vez fuera de la clínica, la chica abrazó al perro.

-¡Te he echado de menos, Canuto!-exclamó feliz-Creo que le gustas, Voldy.

Voldemort la miró con cara de pocos amigos, y el perro le dio un lametazo en la cara que le dio mucho asco.

-¿Ves? ¡Ya verás que bien nos lo pasamos juntos!

-Si, seguro-murmuró con odio

Para que os hagais una imagen de Canuto: