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Los amantes de Hogwarts — capítulo 1
Actualizaré en una semana. Habrá capítulo cada sábado o domingo. ¡Hasta entonces!
Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
Me giré. Él era ahí, ¿cómo se lo hacía por qué a cada momento que yo estaba sola, él estuviera a mi lado? Se lo debería pedir... pero ahora no.
Miré a mi alrededor mientras él me atrapaba. Esperaba que para siempre, las paredes del castillo de Hogwarts guardaran nuestro secreto. ¡Qué suerte que las paredes no hablaran!
Con una sonrisa lo saludé y él me correspondió con una de sus sonrisas de lado. No me gustaba cuando la hacía, pero él lo sabía y la hacía para molestarme.
—Nunca pararás, ¿verdad?
Me miró con mala cara. No, decididamente, jamás pararía de hacérmelo. Yo también me acerqué a él. Una distancia de menos de un metro nos separaba.
Se acercó más a mi y me hizo un beso a los labios. ¡Maldición! ¿Por qué lo hacía? Me quedé paralizada, pero luego le correspondí.
Al cabo de un rato, que se me hizo corto, nos separamos otra vez. Mi cara era un libro abierto en aquél momento y él, como respuesta a mi pregunta me dijo:
—Te echaba de menos —me miró fijamente a los ojos—. ¿Y tú?
—Sí, pero... ¿Y si alguien nos vé?
—Le quitamos la visión de la memoria... ¡Carajos! No te ha gustado, ¿verdad?
—Eres idiota, ¿lo sabes? —le respondí con una sonrisa.
Él se despidió de mi, cuando oímos voces a la lejanía. Yo me quedé ahí, sin moverme. ¡Cómo me gustaba! Pero justamente él. Miré a mi alrededor y me apoyé a la ventana más cercana que había, mirando el pasillo con la mirada perdida. Con la otra mano me toqué, suavemente, los labios.
Hacía escasos segundos que sus labios habían tocado los mios, que sus ojos grises habían estado a tres dedos de los mios, marrones como el café. No era el primer beso y tampoco sería el último.
Sí. Salíamos juntos a las espaldas de Hogwarts. Nadie lo sabía, nadie lo debería saber. Éramos amantes.
Abajando la mano de los labios, me toqué la corbata. Era culpa suya. Por culpa del Sombrero Seleccionador, la corbata y el escudo debíamos ser amantes. Si yo hubiera ido a Ravenclaw, por lo menos no deberíamos fingir que nos odiamos, delante de los otros... pero no. Él era de Slytherin y yo... yo de Griffindor.
Claro está que este no era nuestro único problema. Él es el heredero de una de las familias más influyentes y malas del mundo mágico. Sí, los Malfoy. Y yo, yo soy una de las descendientes de una familia que para muchos es considerada una deshonra. Soy, por mi desgracia, Rose Weasley.
Si mis padres supieran quien es mi novio, me desheredarían. Me regañarían mucho y sería la Oveja negra de los Weasley, además de que dejaría - supongo - mi familia en desgracia.
Aún recuerdo lo que me dijo mi padre cuando vi a Scorp por primera vez, a la andana... "Aquél es Scorpius. Quiero que le pases la mano por la cara en todos los exámenes, Rosie. Suerte que has heredado la inteligencia de tu madre."
En realidad, este es el motivo del inicio de mi rivalidad con Scorp - y de nuestra futura relación -: Yo sacaba las mejores notas de Gryffindor - y de todo Hogwarts - y él de Slyterin. Antes éramos rivales y nos odiábamos a muerte. Pero ahora ya no.
Ahora, aunque hacemos ver, delante de los otros, que nos odiamos, en realidad nos amamos.
La segunda cosa que me dijo mi padre aquella mañana de hace seis años no lo he cumplido: "... No le des demasiadas confianzas. Tu abuelo paterno no te perdonaría nunca que te cases con un mago de sangre pura". El abuelo Arthur es capaz de desheredarme y hacerme mil cosas más si se enterase que me gusta Scorpius Malfoy.
¿Por qué? Quizás sí que su padre nunca fue una muy buena persona, pero... ¡Scorp no es así! ¿Por qué la vida debe ser tan difícil y tan mezquina? A mí me gusta Scorp, pero no lo debe saber nadie porque lo tengo prohibido por los padres, por el odio de las residencias y por mil cosas más...
No puedo tener un poco de libertad con la persona que me gusta. Y la familia se piensa que soy rara porque todos encuentran imposible que ya haga sexto y aún no me guste nadie, según ellos. Nunca antes había pensado todo esto y hoy, sí. ¿Por qué?
—Rosie, ¿qué te pasa? ¿Estas llorando?
Sin darme cuenta, mientras iba reflexionando sobre mi desdichada vida, me había sentado al suelo de piedra típico de Hogwarts y unas grandes y transparentes lágrimas bajaban por mi cara. Me miré a la persona que tenía a mi lado y vi que era mi prima pequeña que me miraba con cara preocupada.
—Lily, no me pasa nada —le mentí.
Lily me miró con aquella cara tan típica de James y pensé que se notaba que era la hermana predilecta de él, y con quien hacía travesuras contra Albus.
La muchacha no me creía, pero yo no podía decirle la verdad. No porqué ella fuese una chica que jura una cosa y luego hace otra, sino por qué era muy charlatana y era posible que se le escapase algo sin darse cuenta.
—Lily, de verdad, ¡no me pasa nada!
Luego noté algo dentro de mi. Todo y que me arriesgaba a tener muchos castigos, necesitaba que mi familia supiese mi - no, nuestro - secreto, que lo supiese todo Hogwarts y todo el mundo.