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Los amantes de Hogwarts — capítulo 2
Cuando convencí a la pesada de mi prima Lily de que no me pasaba nada y de que no dijera a nadie que yo había llorado, me dirigí a la Sala Comuna.Deseaba encontrármela vacía, porque si estaba llena no podría hacer lo que quería hacer. No tuve que esperar demasiado para que estuviera vacía del todo.
Mis cosas estaban en mi habitación, pero no podía perder la oportunidad única que tenía de estar sola yéndolas a buscar, por esto cogí un pergamino de encima de la mesa.
¡Ya se le daría las gracias, al despistado que se lo había dejado! Tenía algo mejor que hacer, ahora. Cogí una pluma del mismo despistado y escribí una carta... para Scorp.
Querido Scorp,
Me han pasado cosas que es mejor que las sepas ya. ¿Qué te parece quedar al lugar de siempre a la hora de siempre?
Te esperaré ahí,
R.W.
Tranquilamente podía usar mis iniciales, porqué había una chica Slytherin que se llamaba Rebecca Wilson y que estaba enamorada del mismo chico que yo. ¡Pero él me quiso a mi!
Tampoco podía alargarla demasiado por qué si alguien la interceptaba y se la leía. Él ya lo entendería porqué siempre quedábamos así: al mismo lugar a la misma hora.
Dejé la pluma encima de la mesa y me fui de la Sala Comuna, guardándome antes la carta en los bolsillos de mi uniforme.
Cuando llegué al Comedor, procuré hacer la mejor cara posible. Lily, durante toda la cena, me miró con una cara interrogativa. ¡Merlín, que chica! Pensaba todo el rato. Me senté de espalda a la mesa de Slytherin.
Durante toda la cena estuve en silencio, sin escuchar a mis amigas ni a las bromas de James, que estaba un poco más lejos de mí. Me debían notar rara, pero la verdad era que estaba muy nerviosa, y el nerviosismo me hizo estar callada.
Me comí la cena muy deprisa, no era difícil, y cuando me pudé escapar de ahí, lo hice aligerada. Me levanté de la mesa y durante unos segundos mi mirada se paseó por la mesa de Slytherin y me encontré con la de él.
Me subieron los colores a la cara pero por poco tiempo. Con la mirada pudé ver que ya había recibido el mensaje porque me hizo que sí con la cabeza. Le hice una pequeña sonrisa, pero no supe si la vio.
Salí del Comedor y me dirigí ahí donde había quedado con Scorp. Iba mirando de reojo, por si acaso había alguien que me veía y le tuviera que decir a donde iba a las nueve y media que no fuera mi Sala Comuna.
Faltaban diez escalones, pero contándolos llegué a cero y deje detrás de mí la escalera. Me planté delante de la puerta dónde casi siempre se me aparecía la Sala de la Necesidad.
La deseé con toda mi alma y, como cuando de pequeña hacía para desear a una cosa, cerré los ojos con mucha fuerza. Cuando los volví a abrir, me encontré delante de mi las puertas de roble de la Sala de la Necesidad. ¡Cómo me gustaban aquellas puertas!
El interior era el mismo de siempre, pero aquella vez no paré demasiada atención. Era una sala espaciada y circular, creo que siempre ha querido reflejar como son las Salas Comunas.
Tiene una chimenea, y a veces me gusta venir aquí sola. Leyendo se me pasan las horas. También tiene un grande sofá y un par de butacas bien cómodas.
Como si fuera parte de una ironía, en una de las paredes hay un enorme escudo de Slyterin y, en la otra pared, de Gryffindor. Decidme, ¿no parece una ironía? Mal gusto tiene la Sala.
Me senté en el sofá, cómodamente. No sabía a qué hora llegaría Scorp. Siempre quedábamos a el mismo lugar a la misma hora y, aunque el lugar fuese siempre el mismo, la hora variaba.
Por mi suerte, no tuve que esperar mucho, llegó de seguida. Me hizo la sonrisa que tanto me gustaba y que me calmaba. Funcionó y el nudo que tenía dentro mí por mi secreto, se fue durante unos segundos. Luego él vio mi cara de angustia y su sonrisa desapareció de su cara. Se sentó a mi lado, preocupado por mí.
—¿Qué te pasa?
—No sé... —se me acudió en aquél momento. Hice un gesto de duda. Me continuaba mirando con su cara de preocupación. ¿Cómo se lo decía?—. Tengo la sensación —empecé, un poco teatralmente— de que debemos explicar a nuestros padres y a todo el mundo que somos novios.
Me miró con cara de alarma, muy alarmado.
—Pero si mis padres lo descubren, me matan. ¿Lo sabes, verdad? —dijo—. Y los tuyos también te van a regañar.
—¡Lo sé! —aturé sus palabras repentinamente. Parecía que me buscaba todos los fallos y me quería hacer cambiar de idea—. Pero cada vez que me miro a mis primos me cuesta hacer cara de no tenerles ningún secreto. ¡Por poco lo tengo que contar a Lily!
—A mí también me cuesta —admitió al cabo de un rato—. ¡Pero es que soy el heredero de la fortuna de mis padres y si lo saben me desheredan!
¿Qué carajos me decía? ¿Sólo le importaba esto? Pe-pero...
—¡Como te pasas! —le grité, levantándome del sofá—¿Sólo te importa esto? ¡Pues jodete, que yo se lo voy a decir estas navidades! —Scorp quería decir algo, pero no le hice caso—. ¡Haz lo que quieras!
Con pasos muy grandes, me dirigí hacía la puerta. Por mi desgracia, Scorp tenía unos buenos reflejos y me cogió del brazo antes de que saliera.
Me cogió bruscamente, como jamás lo había hecho antes, y me pusó entre la pared y él antes de que tuviera tiempo de hacer nada.
—¡Scorp! —le dije con voz asustada.
Él lo notó y me soltó. Daba igual que me cogiera del brazo, porque seguía estando prisionera de él.
—¡Lo haremos, si tú quieres! —me dijo, noté que a él no le parecía buena idea—, pero no te vayas... por favor.
Me hizo otro beso en menos de tres horas que me cogió desprevenida. Cuándo terminamos le dije:
—Me ha gustado. ¿Por Navidad?
—Por Navidad.
Tampoco era esperar demasiado. Sólo faltaban siete días por Navidad. Pero había otro tema que también me preocupaba. Scorp, cómo si me hubiera leído la mente, lo sacó:
—¿Y aceptaremos las consecuencias?