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Carpe Diem — capítulo 4
Se tiró sobre el blando colchón que constituía su cama, que se hundió un bajo su peso. Tenía la intención de recuperar algo del sueño perdido antes de ir al partido de Elise. Acababa de empezar a saborear la tarde de viernes cuando su móvil pitó. Automáticamente, su mano voló hasta el bolsillo de sus vaqueros, que había cambiado por la falda del uniforme. Se incorporó, apoyándose en el codo.
Rose recargó la página, frunciendo el ceño. "Ese idiota..." pensó. Al fin, vio en la bandeja de entrada un nuevo mensaje. Se le encendió el alma al ver la respuesta y rápidamente tecleó una sarcástica e ingeniosa respuesta.
— ¡Já! ¡A ver qué dices con eso! — exclamó en voz alta, inconsciente de que Liam la había escuchado.
— Uy uy, hermanita. ¿No sabes que hablar en voz alta es síntoma de locura? — la joven le dedicó una burlona sonrisa.
— ¿Y tú que escuchar a escondidas es de viejas? Esto quiere decir que te has travestido de señora mayor. Liam, no me lo esperaba de ti — fingiendo sorpresa se llevó la mano del brazo contrario al que se apoyaba, a la boca.
— ¿Qué tal el examen de física y química? — Rose se encogió de hombros, ignorando a su hermano que había entrado en la habitación y se había sentado al borde de su cama. — ¿Vas a sacar buena nota? — la joven no hizo mucha más caso en esta ocasión. — ¿Has copiado? — Rose dejó el móvil a un lado suspirando antes de mirar a su hermano a los ojos.
— ¿Qué quieres, Liam? — su hermano no permanecía más de diez minutos en su habitación a no ser que fuese estrictamente necesario. — Y como me digas que nada te vas, no estoy para tonterías.
— Martin ha quedado, me desplaza ahora prefiere estar con ella antes que conmigo.
— Como es obvio — murmuró la joven esperando ser oída para picar a su hermano. — Oye, es cierto, sois tan petardos que ni siquiera sé por qué tiene él novia, no sé que ve en Martin la pobre chica y sinceramente la compadezco — dijo antes de abalanzarse de nuevo a por su móvil cuando este volvió a pitar.
— Eres tan maja… — comentó sarcástico Liam.
— Lo sé, no hace falta que me lo recuerdes — Rose estaba tan acostumbrada a decir ese tipo de frase que apenas las pensaba, le salían solas.
— He pensado que ahora podríamos pasar más tiempo juntos — Con lentitud, Rose despegó los ojos de la pantalla y miró a su hermano antes de soltar una tremenda carcajada. ¿En serio Liam había dicho aquello?
— No lo decías en serio, ¿verdad? — inquirió, mirando seriamente a Liam, el cual asintió. — Liam, eres mi hermano y te quiero pero si pasamos más tiempo juntos las cosas acabarán mal. Habla con Martin y exprésale lo que sientes. — Pocas eran las veces en las que de la boca de Rose no salían insultos dirigidos a su hermano y mucho menos consejos o palabras amables, así que Liam suspiró, se levantó de la cama y salió del cuarto, pensando que no podía estar tan desesperado como para decirle eso a Rose.
La joven se quedó observando la puerta unos segundos antes de ponerse en pie y mirarse al espejo. Llevaba pantalones cortos, con medias negras, y una camiseta demedia manga grisácea. Los zapatos eran los de siempre, converse negras. El pelo le caía liso por la espalda. Sonrió, cogió el bolso, en el que había guardado el dinero y las llaves, para salir, poco después, por la puerta tras vocear un hasta luego.
Lily tenía el ceño frunció, el lápiz que sostenía volaba por la hoja dejando un rastro grisáceo que no terminaba de gustarle. Separó, varios centímetros, el bloc de dibujo de sí para ver su resultado.
— ¿Quién es? — preguntó su tío Ben, detrás suya.
— Pretendía ser Apolo, pero creo que es más Poseidón — la joven suspiró y dejó el cuaderno a un lado.
— Bah, puede ser el que quieras, nadie que los haya visto en persona sigue vivo, por la tanto son como tú quieres — dijo el hombre, con voz suave, mientras se sentaba a su lado.
Lily siempre se había llevado mejor con su tío que con su abuela. Los quería a ambos muchísimo y no era que se llevase mal con Elizabeth, solo que la mujer había estado más unida a Cassie por la edad que a Lily, que había pasado más tiempo con su tío y sus ideas de bombero.
— ¿Has quedado? — inquirió al ver que se levantaba. Lily asintió. Nada más llegar a casa había cambiado el uniforme por unos vaqueros, converse, y un jersey no muy gordo de rayas blancas y azules con cuello de pico encima de una camiseta blanca.
— Sí, Rose se pasará en unos cinco minutos y después iremos al partido de Elise — explicó mientras recogía la melena castaña en una coleta alta.
— ¿Quieres que pase luego a por ti? — la muchacha negó.
— Sé volver sola, tío Ben — argumentó.
— Si cambias de opinión…
— ¿Un llama cuelga? — preguntó, Lily mirando divertida a su tío el cual sonrió. Solían tener conversaciones parecidas muchos viernes y sábados desde que había cumplido los 13 años.
— Exacto, pequeña griega. — la joven arrugó la nariz, molesta, no le gustaba que la llamasen pequeña, aunque no lo de griega no le importaba para nada.
Se dirigió a su habitación, para dejar el bloc de dibujo en su sitio, no era muy ordenada en general pero en lo que se refería a sus dibujos y libros era todo lo contrario. Acababa d terminar de guardarlo cuando el timbre sonó, cogió el bolso y salió escopetada hacia la puerta.
— Cuidado si alguien sangra icor — fue la despedida de tío Ben. La muchacha sonrió.
— Cuidado si por la radio ponen una voz de mujer demasiado bonita, apágala, seguro que es una sirena. — Lo último que oyó antes de cerrar la puerta fue la risa del hombre.
— Vic, nos vamos — oyó Julie que avisaba su madre a la pequeña.
— ¡NO! — gritó la niña. Julie suspiró y terminó de abrocharse el pantalón, antes de salir a rescatar a su hermana.
— Victoire, no tengo ganas de pelearme, ponte los zapatos y vamos, que llegamos tarde — ordenó su madre, con voz cansada. Julie, recorrió el pasillo hasta llegar al salón, no vio a Victoire allí, por lo que supuso que estaría encerrada en su cuarto.
— Mamá — llamó, Catherine se giró sorprendida. — Que se quede conmigo, total, solo vamos a ver el partido de Elise y nos vendrá bien para animar.
— Julie, no tienes porque hacerlo.
— Lo sé, pero sino vamos a terminar todos enfadados y no procede — rebatió la joven. La mujer suspiró.
— Alec, Tom, nos vamos — ordenó a los niños, que jugaban en el suelo. — Chicas tened cuidado — fue lo último que dijo, antes de irse.
Julie sabía que no tendría que esperar mucho hasta que la puerta del cuarto de su hermana. Unos segundos después oyó los pasos de la pequeña que se acercaban y la cabeza asomándose por la puerta del salón.
— ¿Se han ido? — preguntó no muy segura, paseando con nerviosismo sus ojos avellana por la estancia.
— Sí y te vienes al partido conmigo — la niña sonrió encantada por lo que le decía su hermana, las amigas de Julie estaban algo locas y siempre le contaban historias sobre unicornios o animales fantásticos. — Tenemos que animar a Eli — tras dedicarle una dulce sonrisa dulce a Vic, cogió su bolso y salieron de la casa.
Podrían decir que el partido lo tenían prácticamente ganado. Aunque jugasen con las mejores de la liga. Habían mejorado muchísimo en los últimos meses. Pero lo que Nate decía hacía que cualquier esperanza que hubiesen concebido, se destruyese, como si la cerrasen en la caja de Pandora. Sin dejar que viese la luz. Sin dejar que se cumpliese.
— A ver si lo he entendido bien —Kelly interrumpió el silencio en el que se habían sumido los vestuarios, — ¿No estás pidiendo que perdamos? — la joven puso en palabras lo que rondaba la cabeza de todas. Elise miró atenta a Nate.
— Sí — dijo con seguridad e incluso ¿felicidad?, Elise no podía creer que estuviese feliz mientras les pedía que perdiesen el partido a propósito. Los murmullos por parte de las jugadoras no se hicieron de rogar.
— ¡Perderemos puntos! — protestó Martha. Nate se pasó la mano por el negro cabello.
— No, no perderemos puntos — Elise lo maldijo por estar tan tranquilo. — Es un amistoso — " Zeus te castigará por esto, Nate" , pensó la joven mordiéndose el labio y sin apartar la vista de su entrenador, que seguía tranquilo y sonriente. Paige se puso en pie, airada.
— Nate, se supone que eres nuestro entrenador y que nos entrenas para ganar partidos.
— La liga es nuestro fin, no un partido amistoso que no le interesa a nadie. — Por cada palabra que pronunciaba con esa calma, Elise le odiaba un poco más. — La semana que viene, en partido de liga, jugamos contra ella y ese partido sí que cuenta en liga.
— ¡Ve al grano!
— Van primeras — Nate continuó, haciendo caso omiso a la interrupción — Si perdemos hoy, les damos una confianza de la que el sábado a estas horas no quedarán más que escombros.
— Haremos el imbécil — susurró alguien, pero la sala estaba tan en silencio que lo escucharon todos.
— Van primeras. Tienen asumido que ganarán los dos partidos, son buenas pero podéis ganarlas — estaba tan convencido de sus palabras que parecía que, como diría Lily, Apolo le había mandado una visión. Transmitía tanta seguridad que pronto más de la mitad del equipo le apoyaba, alegando que era una buena estrategia.
Aunque en lo más profundo de su ser Elise reconocía que era una buena estrategia y que era sensata, iba contra sus principios dejarse perder. Kelly se acercó a hablar con ella, la pelirroja tampoco apoyaba el plan de Nate, pero al ver que Elise no estaba de humor la dejó sola. Por eso, Nate al ver la escena y sabiendo que su estratagema no le parecería bien a Elise, se acercó a hablar con ella.
— A lo mejor no deberías jugar — soltó, tras observar vario segundos como se ataba las deportivas sin hacerle caso.
Elise, alzó sus ojos chocolate, en los que estaban pintadas la furia y la decepción.
— Tú eres el entrenador, tú mandas — Nate se quedó asombrado, no sabía que la joven pudiese transmitir tanto odio con aquellas palabras. Se levantó y fue a hablar con Kelly, para disculparse.
Habían quedado en el polideportivo casi media hora antes del partido, sabiendo que no solían ser puntuales y que cada uno llegaría a la hora que le pareciese. Pero Sam y Chlöe habían llegado mucho antes y habían decidido, para no aburrirse, pasear por el edificio. ´
No mantenían una conversación fluida, sino que cada uno hablaba cuando le parecía. Ambos disfrutaban del silencio acompañado. Chlöe esbozó una sonrisa cuando pasaron junto a una ventana.
— ¡Mira! Un unicornio pegaso — la joven señaló la ventana, abriendo mucho los ojos.
— ¿Dónde? — Sam en vez de seguir la dirección que indicaba su amiga, empezó a dar vueltas.
— Se fue — dijo, Chlöe, entre risas. Sam, la miró fingiendo enfado.
— Con los unicornios pegaso no se bromea — riñó, con semblante serio.
Chlöe le dedicó una enorme y metálica sonrisa. Hacía dos años, cuando le habían puesto los brackets, le daba cosa sonreír y era complicado sacarle una sonrisa pero dejó de importarle, cuando Sam alabó su bonita sonrisa y entre ellos bromeaban.
— ¿Qué tal el examen? — cambió de tema Sam.
— Bueno…— la muchacha hizo como que se lo pensaba — Me he inventado la mitad, pero ante la ignorancia, imaginación.
— No sé te ve muy descontenta — la joven se encogió de hombros, sin saber que responder.
Era cierto que tenía la sensación de haberse inventado gran parte del examen, pero no creía que lo tuviese tan mal. Sonrió y con nuevo ánimo pensó que al menos al cinco llegaría.
— No sé… — se cortó al oír unas voces que le sonaban bastante. Se giraron y Julie apareció llevando en su espalada iba Victoire riendo.
— Chlöe — gritó al niña, se bajó de un salto de la espalda de su hermana y corrió hacia la joven que sonreía. Cabía esperar que se sintiese intimidada o que hiciese gala de su timidez, pero a las chicas les encantaba estar con la pequeña, que a menudo tenía unas ideas tan disparatadas como las suyas.
— ¡Vic! No sabíamos que venías — Chlöe sonrió a la niña, mientras Julie saludaba a Sam.
— Lie me ha dejado, quiere que anime a Elise — explicó Victoire, con inocencia, como si la pelea con su madre no hubiese existido. Las palabras de Victoire hicieron que Julie frunciese el ceño, y después ella era la malvada por decir lo monstruo que podía llegar a ser su hermana.
— Hace un rato hemos visto un pegaso — comentó Sam, atrayendo la atención de la niña, que abrió mucho los ojos asombrada. Chlöe carraspeó, divertida. — Bueno, en realidad Chlöe, yo me lo he perdido — añadió el muchacho.
— Lily me dijo que le iba a pedir a su amigo narniano uno.
— No es por deprimirte Vic, pero el amigo de Lily volvió a Narnia hace unas semanas — dijo Julie. — No sabemos cuándo volverá, al parecer Lils no tiene intención de que sea pronto.
— La entiendo — Julie, Chlöe y Sam rieron por lo dicho por Victoire. — Vamos a animar mucho a Elise para que gane, ¿verdad? — cambió de tema. Sam iba a decir que Elise iba a ganar aunque no la animasen pero que eso la ayudaría cuando Chlöe sonrió e insinuó:
— Hablando de animar a Elise… — Sam y Julie miraron hacia donde se dirigían los ojos de su amiga.
Cato se acercaba a ellos, una sonrisa algo tímida se formó en sus labios al verlos.
— ¿Llego tarde? — preguntó tras saludarlos y que Julie le presentara a su hermana.
— Que va, todavía quedan Jace, Rose y Lily — enumeró Sam.
— ¿Qué pasa con nosotras Sammie? — inquirió Lily, apareciendo de la nada junto con Rose — Cronos no nos ha timado con el tiempo, por una vez.
— Lils, ya te lo he explicado Cronos no te tiene manía solo
— Es un marginado que se aburre mucho y que está resentido con la humanidad — cortó tajante la chica, desvió la mirada hacia la derecha y sus mejillas se tiñeron de rosa al ver a Jace acercándose al grupo.
Hayley no era una chica que nadie quería tener cerca. A pesar de su cabello dorado, que nada tenía que envidiarle al sol, sus grandes y hermosos ojos turquesas y su carácter, dulce, agradable y tímido aunque desconfiada con los desconocidos, poseía algo que hacía que repeliese a la gente. Unas marcas rosadas recorrían ambas muñecas de lado a lado, fruto del querer escapar, del querer desprenderse de la vida que tanto odiaba y que tanto la maltrataba.
Ella no creía haber hecho nada malo, aunque con el tiempo había acabado creyéndose las palabras de su padre, el cual decía que lo malo que había hecho había sido nacer.
En su mente empezaron a sucederse los insultos y golpes de los que solía ser víctima. Recordó sus ojos ardientes y llenos de furia y los llantos y las súplicas de su madre. Quería salir de ese mar de angustia que eran sus recuerdos, escapar. Sentía que le faltaba el aire y los pulmones empezaban a arderle.
— ¿Estás bien? — una voz la sacó de aquello. Tardó unos minutos en volver en sí antes de poder levantar los ojos, que estaban fijos en el mostrador, y poder mirar al dueño de esa voz.
Al levantarlos, se encontró con el rostro preocupado y algo pálido de un chico de más o menos su edad, si no se equivocaba. Sus ojos, azul cielo, la miraban angustiados a pesar de que no la conocía. Hayley asintió lentamente.
— ¿Seguro? — fue entonces cuando la muchacha notó el acento irlandés que impregnaba sus palabras. La joven volvió a asentir. Iba a decir algo cuando una voz, proveniente del fondo de la tienda, la interrumpió.
— Niall ¿dónde te hallas? — dijo de cachondeo.
— En el mostrador — respondió el tal Niall. Hayley sonrió al escuchar de nuevo el acento, que le empezaba a gustar. Un joven de ojos color miel y cabello rubio oscuro se acercó a ellos.
— Theo ya está fuera, ¿nos vamos? — Niall movió la cabeza en señal afirmativa con tanta fuerza que hizo que su ya revuelto cabello rubio, se revolviese más.
— Espero que te mejores — se despidió Niall de Hyaley con voz dulce. Su amigo debió de decirle algo por que el irlandés respondió molesto: — Will, eres tonto de remate.
Hayley miró con una pequeña sonrisa como se iban. Estaba tan distraída en sus pensamientos que no oyó acercarse a su abuelo.
— ¿A qué viene esa sonrisa? — la chica dio un bote del susto, al oír la voz de su abuelo detrás suya.
— Nada —dijo mientras empezaba a colocar en montones algunos libros. El anciano la miró pensativo antes de comentar:
— Los jóvenes de hoy en día y su cabeza loca — aquello hizo que la sonrisa de Hayley aumentase.
El partido no iba precisamente bien. Perdían la pelota la mayor parte del tiempo y fallaban a canasta bastante. ¿Resultado? Iban perdiendo.
Tras levantarse y gritar un poco, las chicas volvieron a sentarse. No sabían que pasaba. Nunca habían jugado tan mal.
Jace que estaba colocado al lado de Lily le preguntó si siempre era así, a lo que la joven negó.
El resto del partido fue de mal en peor. Salvo porque sacaron a Elise, Kelly y Martha, aunque la situación no mejoró mucho.
— Zeus les mandará un rayo para que pierdan esas sonrisitas de suficiencia — murmuró Lily en una de esas. Jace, que lo oyó, rió.
El pitido final llegó. Las chicas estaban algo molestas y sorprendidas por la gran diferencia del marcador, y se lo hicieron saber a Elise cuando salió de los vestuarios. La muchacha tenía cara de mala leche, aunque se suavizó un poco al verlas.
— Nate y sus grandes ideas. Preguntarle a él. — fue la única explicación que dio antes de pedir que olvidasen el tema.
— Sam — llamó Jace. — ¿Ese no es Daniel? — Sam miró hacia donde miraba su amigo.
— Y esa es Lottie ¿Qué harán aquí?
— Es el hermano de Nate — respondió Elise, que ya conocía al joven.— Suele venir algunos partidos. No es la primera vez que la trae a ella. — dijo refiriéndose a Lottie, una muchacha de cabello largo y castaño muy oscuro terminado en bucles. Daniel tenía el pelo negro, como Nate aunque rizado.
— Jace, Sam. — saludaron al verlos mientras se acercaban. A menos distancia se podía distinguir que los ojos de ella eran color avellana y los de él verdes.
— Jaja, no esperábamos encontraros aquí. Como Niall, Theo y Will aparezcan…— Sam dejó la frase inconclusa.
Tras presentar a las chicas a los recién llegados dijeron de ir a alguna parte. Julie se excusó diciendo que tenía que volver a casa por Victorie, la niña insistió en quedarseny tras llamar a su madre y conseguir su consentimiento aceptó. Mientras iban por la calle Jace y Lily se quedaron algo rezagados hablando.
— ¿Te gustaría ir mañana al cine? — dejó caer Lily, como si nada, aunque llevaba dándole vueltas al asunto durante casi toda la tarde.
— ¿A las seis? — la joven asintió.
Hola holita, siento haber tardado tantísimo. Tenía exámenes y después me quedé bloquedada. Son más de tres mil palabras. Yujuuu.
Gracias a las que habéis comentado y animo a que comentéis por favor. Vuestros comentarios me inspiran para nuevos capítulos.
No voy a poder actualizar en un mes, me voy a quedar sin wi fi aunque lo intentaré si tengo oportunidad.
bss
Nikki