← Carpe Diem · de
Carpe Diem — capítulo 3
Lily arrancó, por décima vez, la hoja del cuaderno e hizo con ella una bola. Odiaba aquella asignatura que para ella no tenía ni pies ni cabeza, odiaba tener que utilizar las malditas fórmulas que no conseguía aprenderse, podía recitar toda la lista de los reyes de Ítaca, pero no era capaz de aprenderse la fórmula de la aceleración de la gravedad.
Elise entró en el comedor, cargando con una bandeja de madera en la que había dos vasos de cristal transparente y una jarra llena de un líquido amarillo claro. Lily le tiró la bola de papel enfadada, su amiga la esquivó sin mucha dificultad, la puntería de Lily no era precisamente buena. La joven, dejó la bandeja en el centro de la mesa y se sentó al lado de su amiga.
— ¿Lo consigues? — como respuesta, Lily gruñó. — Bueno, todavía tenemos mañana para practicar, pero al menos hemos empezado.
— Esto es odioso. ¿Para qué sirve? Yo quiero estudiar historia no ser física y la gente no va por la vida calculando esta…cosa. — Con desprecio señaló la fórmula.
— Tomemos un descanso — intervino Elise, pacificadora. Conocía a Lily de sobra para saber que no le queda mucho para soltar improperios extraños. — ¿Quieres? — preguntó señalando la jarra, Lily asintió y Elise llenó ambos vasos con parte del líquido: limonada.
— Es extraño tomar limonada en esta época, aunque me encanta — Elise sonrió, había aplacado a la bestia por un rato.
— Si te pregunto algo, ¿me responderías con sinceridad? — Lily tomó un largo trago de la ácida bebida antes de responder.
— Depende.
— ¿Qué vas a hacer con lo de Jace? — la joven se mordió el labio, visiblemente incómoda.
— No lo he pensado todavía — mintió, apartando la vista de los ojos castaños de su amiga y fijándolos en el libro de la materia que estaban estudiando.
— Que va. Llevas todo el día pensando en ello, no me digas que no porque te han llamado la atención varias veces y no estabas escribiendo — replicó Elise.
— Eso es porque he perdido el cuaderno de escribir. Por cierto ¿lo has visto? — cambió de tema "sutilmente" Lily.
— Lils…
— No, no sé lo que voy a hacer. ¿Contenta?
— No, para nada. Lily, mírame. — La joven la ignoró completamente y empezó a copiar los datos de un nuevo problema. — Lils — llamó Elise. — Guapetona, hazme caso — pidió. Lily suspiró y miró a su amiga, no tenía ganas de mantener esa conversación y menos a dos días del examen que decidiría si aprobaba o suspendía física.
— Ya tienes toda mi atención — la joven, tiró el boli a la mesa y miró con los ojos muy abiertos a Elise, para demostrar que lo hacía.
— Jace es el chico de la cafetería ¿verdad? — la muchacha asintió. — Pues, el viernes después de hacer el examen, lo vas a llamar y vais a quedar. Si es la mitad de guapo de cómo me has contado, merece la pena darle una oportunidad.
— Genial, ahora te has convertido en una tonta superficial. Eso podría explicar porque no has dejado de mirar a Cato en todo el día — comentó Lily con falsa inocencia. Una sonrisa, en parte triunfal y en parte vengativa, se dibujó en los labios de Lily al ver como las mejillas de su amiga se coloreaban de un intenso color escarlata.
— Uno, no conozco a Jace en persona y basándome en lo poco que me has contado digo lo que digo. Dos, Cato es nuevo, es un chico simpático y agradable además de guapo, me cae bien, eso es todo. Si he estado tan pendiente de él es porque es nuevo. Y tres yo no soy superficial — se apresuró a aclarar Elise, lo dijo tan rápido que la lengua se le trabó un par de veces, sobre todo cuando habló de Cato.
— ¿Y por eso te sonrojas? O creía que te gustaba… — Lily se interrumpió al oír el ruido de la puerta abrirse, nadie podía enterarse de eso, si no Elise estaría en problemas. Solo ella lo sabía, pues se lo había sonsacado un año atrás.
La chica, miró a Lily advirtiéndole de que guardase silencio, hasta que se asegurasen de que nadie podía oírlas.
— ¿Elise? — La voz de Jack, el hermano mayor de Elise, llegó hasta ellas desde la entrada.
— Estamos aquí — anunció la joven, alzando un poco la voz.
— ¿Esta…? Ah, hola Lily, no sabía que seguías aquí — dijo al ver a la amiga de su hermana pequeña. Jack desapareció, en el interior de la casa y no tardaron en oír la música que provenía de su cuarto.
— Y ya no me gusta — Elise retomó el tema, jugueteando con un boli. — Además yo soy una cría.
— Que va, la cría aquí soy yo, que todavía creo que existen los unicornios y los burricornios. Hombre, yo no digo que no sea mayor que tú, que lo es, pero hay gente que se lleva más años. Por ejemplo, Harry Styles y Caroline Flack, Teseo y Helena, Zeus y todas sus amantes, menos Hera. Hablando de Zeus… — Elise agradeció a Lily, con una pequeña sonrisa que cambiase de tema, aunque el cambio beneficiase a amabas.
— ¡Rose! Deja ya de una vez el maldito móvil — pidió Julie exasperada, le ponía nerviosa que su amiga estuviese mirando cada dos por tres el endemoniado cacharro. — Roooooosiiiieeeee — la muchacha alzó los ojos color cielo de la pantalla de su blackberry y miró a su amiga.
— ¿Qué decías? — inquirió. Julie bufó.
— Que, que buen tiempo hace hoy — comentó, sarcástica. — ¿Se puede saber por qué estás pegada al móvil más de lo normal?
— No, no se puede, a no ser que quieres que te mienta entonces…
— Vale, deja el tema. ¿Hacemos algo que no sea aburrirnos? Verdad o reto ¿te parece? — propuso, Julie.
— Con dos personas no es divertido — protestó Rose, aunque acabó accediendo dos minutos después por la simple razón de que tampoco tenían muchas ideas para evitar el aburrimiento.
El parque en el que se encontraban, estaba bastante lleno, contando que se habían sentado cerca de la zona de juegos infantiles. Las chicas, se habían sentado en un banco de madera y habían dejado las mochilas en el suelo, sin importarles mucho el si se manchaban o no. El cielo era de color plomizo y aunque amenazaba lluvia desde la mañana, no había descargado ni una sola gota.
— ¿Verdad o reto? — preguntó Rose, con la respiración entrecortada después de perseguir a un ancianito por medio parque preguntándole si había visto a su pegaso y darle una detallada descripción. Julie meditó unos segundos antes de responder:
— Reto — dijo, con voz clara y segura de la palabra que acababa de pronunciar. Pero la seguridad se la llevó el viento cuando vio la macabra sonrisa de Rose, que no auguraba nada bueno, su amiga tenía una mente un tanto retorcida.
— Cuando pase un chico de más o menos nuestra edad — la joven hizo una dramática pausa, para que su amiga se temiese lo peor — lo besarás — terminó, pronunciando las palabras despacio, con calma y sonriendo. Julie palideció.
— Rose, me gustaría saber una cosa. ¿Qué te he hecho yo? Soy buena amiga, no me lo merezco — dijo Julie, mirando a Rose, intentando darle pena para que se compadeciese de ella, se retractase y propusiese otro que no incluyese contacto físico de ese tipo con nadie.
— ¿Te rindes? — fue lo único que dijo la joven, arqueando una ceja, desafiante.
Julie no era de ese tipo de personas. Aquel silencioso desafío fue lo que hizo que la muchacha mirase con odio a su amiga y se levantase, justo en el momento en el que pasaba un chico, más o menos de su edad, como había dicho Rose. Le lanzó una última mirada a su amiga antes de acercarse al chico y hacerlo. Antes de besar al chico.
— Entonces ¿Cuál es tu teoría definitiva? — cuestionó Sam, apoyado en la barandilla del balcón que daba a su cuarto.
— En diciembre no se destruye el mundo — concluyó. — En mi opinión — apuntó, sin mirar a su amigo, estaba más centrada en la fachada del edificio que había al otro lado de la calle — Todo seguirá igual. Seguiremos destruyendo la tierra, destruyéndonos entre nosotros hasta que la naturaleza haga algo o tal vez Pan — comentó, alicaída refiriéndose al dios griego de lo natural. Hablar de eso la deprimía. Los humanos destruimos el mundo, nuestro hogar, y no hacemos nada para evitarlo y lo que hacemos o es poco o inservible. — Supongo que tu teoría es menos deprimente.
— También demasiado fantasiosa. ¿En serio crees que los jupiterianos nos invadirán? — Sam la miró incrédulo.
— Eres tú el que lo ha dicho, no yo. Además en ningún momento he dicho que sea más creíble solo que es menos deprimente.
— ¿Estás bien? — le preguntó, no parecía muy animada más bien todo lo contrario. Chlöe negó.
— Me tengo que ir a estudiar — se despidió, antes de darse la vuelta y entrar en la casa.
Eran pocos los días que no quería hablar con Sam, y aquel era de esos. Tampoco tenía ganas de hablar con alguna de sus amigas, ni siquiera con Adam o John que de vez en cuando le sacaban una sonrisa con sus locuras, no. Quería estar sola y no oír sus propios pensamientos, por eso cuando por los auriculares empezó a sonar Na na na de My Chemical Romance subió el volumen hasta que los oídos le empezaron a doler.
Julie cerró de un portazo, estaba cabreada con Rose y con ese chico por haber pasado justo en ese momento, pero, sobre todo, estaba cabreada consigo misma, por haber aceptado el estúpido reto.
Fingió que prestaba atención cuando Victoire le enseñó lo que había hecho en clase, pero se fue apenas unos minutos después con la excusa de que tenía deberes, lo cual en parte era cierto, tenía que estudiar y hacer unos ejercicios de historia. Sin embargo, no hizo eso, se tiró en la cama boca abajo y enterró la cabeza en la almohada, apretando los ojos todo lo que podía.
El viernes por la tarde, al terminar las clases, todas tenían cara de cansancio. Lily y Elise por las clases de física, Rose seguía hablando por internet con aquel estúpido, habían abandonado el tema del ipod que había degenerado en insultos y palabras envenenadas, Julie, porque cada vez que cerraba los ojos veía su maldita sonrisa y eso le causaba "pesadillas" y Chlöe no dejaba de pensar en Sam y en la rubia del autobús, aunque su amigo prometía que no había pasado nada, aunque en un viaje tampoco daba tiempo a mucho.
— ¿Sabéis que parecéis fantasmas? — preguntó John, divertido, ganándose una colleja, varios insultos por lo bajito y una mirada envenenada. Las chicas no estaban de humor.
Unos brazos, cálidos, rodearon a Chlöe por la cintura, la joven se giró para ver quién era el causante del improvisado abrazo, encontrándose con los verdes ojos de Sam, que la sonreían cariñosamente. Ella correspondió a su abrazo, los dos últimos días había estado evasiva, evitándole y le echaba de menos.
— ¿Qué haces aquí? Pensé que nos veríamos en casa y que iríamos al partido de Elise — las chicas les ignoraban, estaban discutiendo las respuestas que cada una había escrito en el examen.
— Un amigo, tenía algo que darle a una chica de aquí.
— ¡¡Sammie!! — las muchachas repararon en el recién llegado y corrieron a abrazarle. No solían verle mucho pero era otro loco más en aquel extraño grupo.
— Atrás víboras — ordenó Chlöe, extendiendo la palma de la mano y rodeando los hombros de su amigo, mientras este seguía rodeando su cintura. A su alrededor bullía la actividad propia de un viernes por la tarde en un instituto, charlas para quedar por la tarde, risas, juegos, tonteo…— Sam es solo mío — el joven, por detrás le hacía burla a su amiga, haciendo que las chicas rieran y cambiasen las caras de fantasmones. — ¿Verdad, Sammie? — se giró, para mirar a la cara a su amigo y le pilló, poniendo caras raras. — ¿A que no te defiendo?
— No puedes no defenderme. Soy tu amigo si yo caigo tú me levantas, si tú caes, yo te levanto - fue el tono en el que lo dijo, sobreprotector, cargado de amor y con una ternura y dulzura que pocas veces empleaba, lo que hizo que Chlöe sonriese y le besase la mejilla, sin saber que a Sam, con aquel roce se le clavaban puñales en el corazón, al saber que solo podría aspirar a eso.
— Oye ¿Y Lily? — inquirió la joven, al ver que faltaba su amiga.
En Dirección, le habían dicho a quién pertenecía el cuaderno, una profesora había reconocido la libreta por las letras griegas grabadas en la esquina superior izquierda de la portada, en las que se indicaba la dirección. El joven sabía griego, su padre se había encargado de que aprendiese a escribirlo y a hablarlo. Al principio las letras no le habían coincidido, más tarde cuando se había dado cuenta de que solo era una transcripción del inglés, lo entendió todo.
Esperó un par de días, esperaba poder dárselo al día siguiente, pero no apareció ni al siguiente por eso decidió ir a dárselo en persona. A lo mejor no quería volver a verle por la nota, pero al menos le gustaría verla por última vez y entregarle el cuaderno.
Paseó la vista por el patio, atestado de chicos chillones, todos iguales con el uniforme, aquello no acotaba la búsqueda. Podía gritar su nombre, la profesora se lo había dicho cuando le preguntó, pero esa sería la alternativa.
— Agente Cero Cero Dos, no esperaba verte aquí — con la cara iluminada por una ancha sonrisa, se giró y la vio, ella también sonreía. — ¿Misión secreta? — ella arqueó una ceja.
— Súper secreta — enfatizó. — Una chica, se dejó un cuaderno en la cafetería el otro día. Creo que su nombre es…Lyra, no, Laly, no, no. Creo que…sí, era ese. Lily _ y extendió el cuaderno hacia ella. Los ojos de la muchacha se iluminaron al ver aquel montón de papelajos en el que se dedicaba a plasmar tanto sentimientos como ideales.
— Sí que has hecho un buen trabajo de investigación — alabó sorprendida, abrazando el cuaderno contra sí, como un niño abraza a su peluche más querido. — Oye, siento no haberte llamado, tenía examen y necesitaba concentrarme — ahora, el sorprendido fue Jace. No se esperaba una disculpa suya.
— Nada — le quitó importancia y los ojos verdes de la joven parecieron iluminarse de nuevo.
— Espera aquí un momentito — le pidió, mientras desaparecía en la multitud. Volvió unos minutos después, no llevaba el cuaderno, debía de haberlo guardado en la mochila que le colgaba del hombro derecho. — ¿Te gusta el baloncesto?
Hola holita locuelos.
Este capítulo va dedicado a JaneCabra 12 también conocida como Kevin.
Kevin, eres insorportable a veces, la mayoría simpática y siempre mi hermanita pequeña loca.
¡¡Felicidades pequeñusa!! Que este sea uno de tus mejores cumpleaños.
Feliz feliz en tu día, hermanita que los griegos te bendigan que reinen las locuras en tu día y en muuuchos muuuchos más.
Que te lo pases muy bien, guapísima, mañana ya te felicito decentemente, espero que mi regalito te haya gustado.