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¿Que hurones me pasó? — capítulo 2

Yo aqui estar de nuevo XD ok ya me chifle de nuevo. Bueno muchachas y muchachos (debe haber alguno por ahí) me complace presentarles un nuevo capitulo de esta arriesgada historia (arriesgada porque me expongo a que me lancen tomatazos los fans de los Dramiones XD). Espero que sea de su agrado y que me recompencen con muchos comentarios para saber que tal les va pareciendo.

Un abrazo a todos. 

Lena.

Ese día Hermione despertó muy temprano, demasiado temprano para un ser humano en sus cabales, ni siquiera eran las cuatro de la mañana. Pero Hermione necesitaba indagar sobre el maldito príncipe mestizo, no podía dejar que su amigo dependiera tanto de un libro que le había acarreado semejante problema. ¡Casi había matado a Malfoy!. Y por más que detestara al hurón malnacido, no deseaba que su amigo fuese el causante de su muerte.

Entonces tras vestirse con su uniforme, caminó sigilosamente hacia la sala de menesteres. Solo tenía la mente fija en una cosa: recuperar el libro y destruirlo. Antes pensó en entregárselo a Snape, pero eso solo le traería más problemas a Harry, además, tampoco quería que el murciélago insufrible saliera victorioso a costillas suyas. Cuando llegó al pasillo donde la sala aparecía, pensó con todas sus fuerzas en la necesidad que tenia; afortunadamente la puerta hizo aparición sin ningún inconveniente.

Se adentró en un lugar lleno de pasillos colmados por miles de chucherías abandonadas. Trató de pensar en que lugar habría escondido Harry el libro, pero sabiendo lo desordenado que era, lo más probable era que lo arrojase por ahí en cualquier montón. No trató de convocar el libro, sabia que sería inútil; un lugar así no permitiría que accedieran a sus tesoros tan fácilmente. Recorrió un par de pasillos mirando a un lado y otro, tratando de divisar el mugroso libro. No encontró nada a simple vista.

Estaba por darse por vencida, cuando divisó un curioso busto coronado por una peluca y una tiara, el busto estaba sobre una destartalada alacena, y se le ocurrió que tal vez Harry pudo haber escondido el libro dentro. Estiró la mano hacia la puerta de la alacena, y casi tenia el pomo sujeto, cuando escuchó una voz conocida maldiciendo un poco más adelante de donde ella se encontraba.

Tal vez se le habían pegado las malas costumbres de Harry, o tal vez fue el destino, pero Hermione Granger no resistió la tentación de acercarse para ver quien maldecía.

Se escondió tras una estantería, observando ceñuda al rubio histérico que gritaba hacia las puertas abiertas del armario evanescente donde Montague desapareciera el año anterior gracias a los gemelos Weasley. No fue su intención, Hermione habría podido jurarlo ante el Wizengamot, pero derribó con estrepito la estantería contra la que se recostaba. "un momento de torpeza", pensaría ella como toda una dama; pero ese jodido momento de torpeza, la había llevado a que Draco Malfoy la apuntara con su varita mientras la miraba con los ojos fuera de las orbitas.

—¿Qué haces aquí?

Draco se acercó a ella peligrosamente, llenándola de saliva con su furioso chillido. Hermione no supo responder a aquella pregunta. ¿Exactamente que hacia ella allí? Ya no recordaba; solo sabia que tenia a un rubio con cara de maniático apuntándola con una varita directamente a la cara.

—¿QUE MIERDA HACES AQUÍ? —repitió Malfoy con fiereza.

—Estaba buscando algo —la lengua de Hermione por fin le respondió lo suficiente para articular palabras coherentes.

—¿Qué viste? ¿Qué oíste? —Draco la tomó del brazo y apretó con fuerza —¡Dime todo lo que viste!

Hermione se zafó de un manotón, mirándolo indignada. ¿Qué se creía ese sucio Slytherin para lastimarla?

—No vi nada, salvo un idiota gritándole a un armario —dijo Hermione altivamente —¿Qué se supone que debería haber visto?

Malfoy pareció aliviado de repente, pero su mirada de profundo asco hacia ella no desapareció.

—Nada que te importe, sangre sucia —bajo la varita y le dio la espalda, quedando de nuevo frente al armario.

—Creo que estabas haciendo algo inapropiado, Malfoy —dijo Hermione ofuscada ante la ofensa —. Tal vez sí tramas algo después de todo…

—No tienes pruebas…

—Ese armario es un curioso objeto ¿verdad?

La mente de Hermione comenzó a trabajar a mil. ¿Por qué, específicamente, Malfoy estaba frente a un armario con la habilidad de desaparecer gente? no podía saberlo. No imaginaba cual era el motivo, pero por la cara de Malfoy al girarse nuevamente hacia ella, supo que había atinado al pensar que el armario tenia que ver en el asunto.

—Vuelve a tu casa, Granger —dijo Malfoy peligrosamente —. Lo que yo haga no te incumbe. Vete si no quieres arrepentirte.

—No te tengo miedo, Malfoy —rezongó Hermione —. Harry tiene razón. Tramas algo, y no voy a descansar hasta saber que es. Nada bueno puede ser viniendo de ti.

Malfoy volvió a acercarse a ella y le puso la varita bajo la barbilla; aunque no antes de que Hermione sacase la suya y la ubicara justo en su ingle.

—No lograrás hacerme daño. No antes de que te deje sin descendencia —dijo Hermione con voz temblorosa. No estaba segura de atreverse a lastimar a Malfoy allí abajo.

Malfoy bajó la mano rápidamente sujetando la muñeca de Hermione, casi obligándola a apartar la varita de aquel peligroso lugar. Hermione a su vez, trató de apartar la varita de Malfoy de su rostro, tomando con su mano libre la mano del rubio.

Y comenzó el forcejeo.

Hermione tiraba de la mano de Malfoy, mientras trataba de mantener la varita en aquel sitio del que el muchacho la quería apartar. Malfoy en cambio, se decidió a atacar con un hechizo aturdidor, que Hermione esquivó por los pelos, moviendo un poco la cara hacia la izquierda. Sabia que Malfoy la lastimaría si se quedaba donde estaba, así que soltó la mano del rubio y se arrojó de rodillas, quedando a la altura de donde él sujetaba su mano. Clavó sus dientes con fuerza en la mano del chico, haciendo que emitiera un grito y la soltara.

No pudo cantar victoria al levantarse y salir corriendo; Malfoy la sujetó de la túnica y tiró de ella hacia atrás con el fin de atraparla entre sus brazos. Al parecer el muchacho no calculó bien la fuerza con la que la jaló, y Hermione se estrelló contra su pecho haciéndolo perder el equilibrio, precipitándose ambos hacia el armario abierto.

Todo sucedió tan rápido que Hermione no podría explicar con exactitud que había ocurrido. En un segundo cayeron dentro del armario con un golpe sordo, y al siguiente un destello cegador de luz blanca ilumino la madera. Se sintió arrojada hacia un abismo, aún con Malfoy abrazado a ella, gritando como un par de locos ante la idea de una muerte inminente… y de repente, todo se volvió solido y escuchó como la cabeza de Malfoy daba contra algo duro, mientras el golpazo que ella debió haber recibido era amortiguado por el cuerpo del rubio. Supo que Malfoy estaba inconsciente cuando sus brazos se aflojaron y resbalaron dejándola libre.

Hermione dejo de pensar en la causa de que estuviese en ese lugar. Estaba comenzando a desesperarse. Tenía muchas, pero muchas ganas de orinar, y sentía que su vejiga reventaría en cualquier instante. Además estaba furiosa con Malfoy, quien en ese momento masticaba tranquilamente una tostada cubierta de mantequilla. Pensó que disfrutaría de la comida que Dobby había conseguido llevar hasta ese extraño lugar si tan solo hubiese un baño, o siquiera un matorral tras el que pudiese hacer pipi libremente. Se mordió el labio y apretó aún más las piernas, gesto que evidentemente no paso desapercibido para Malfoy.

—Si quieres ir al baño, hazlo —dijo el muchacho con exasperación.

—No hay ningún baño —escupió Hermione de mal talante.

—Hay mucho espacio. Solo ve a algún rincón y ya.

—Me verías.

Malfoy la miró como si se hubiese vuelto loca.

—No me interesa ver como orinas, sangre sucia —sus ojos grises se iluminaron maliciosamente —. No tengo esa clase de fetiches.

—Puerco —dijo Hermione sonrojándose.

—Ya dije que no me interesa ver eso —dijo Malfoy mordiendo su tostada —. Haz lo que tengas que hacer y regresa a comer algo o voy a acabármelo todo.

—¡No voy a hacer pipi enfrente tuyo!

—Bien. Hazte encima entonces. Por tu cara, no creo que aguantes mucho más.

Hermione volvió a morderse el labio. Esta vez las lágrimas acudieron a sus ojos, llamadas por la desesperación que comenzaba a sentir. Si tan solo hubiese un baño; solo pedía eso, nada más. Se puso de pie, sonrojada hasta la medula mientras obligaba a su esfínter a continuar apretado. Caminó con paso vacilante hacia lo que debía ser el rincón de aquel insólito lugar, vigilando por el rabillo del ojo que Malfoy no fuese a girarse. Tomó aire profundamente y metió las manos bajo su falda con el fin de bajar sus cacheteros. Los deslizó unos milímetros hacía abajo antes de soltar un grito desgarrador.

Malfoy soltó la tostada y se puso en pie ágil como un gato, varita en mano, preparado para atacar a quien fuese que quisiera lastimarlos. Lastimarme, pensó, desechando la idea de proteger a Granger de algo. Casi se cae de espaldas al ver que la sangre sucia no gritaba por estar en algún peligro inminente. Frunció el ceño con rabia, para después cambiar su estado de ánimo radicalmente y soltar una sonora carcajada que resonó en el espacio extraño que habitaban.

Granger tenía las manos bajo la falda y lloraba como si la profesora McGonagall la estuviese suspendiendo de todas las actividades escolares. Al principio creyó que la sangre sucia se había orinado en los calzones, pero al no ver ningún charco bajo ella, supo que simplemente no era capaz de bajarse la ropa interior y orinar allí mismo. Nada le había resultado tan gracioso nunca, ojala tuviese una cámara fotográfica para recordar aquello por siempre.

Se dejó caer nuevamente en el suelo, sujetándose el vientre con una mano y riendo a mandíbula batiente. Casi no podía respirar debido a su ataque de risa, pero es que era tan divertido ver a la sabelotodo en aquella situación.

—¡NO TE RIAS! —gritó histérica la muchacha, arrancando más risas de Malfoy.

—Por favor, no te rías —repitió la chica con un hilo de voz.

Malfoy paró de reírse y observó el acongojado rostro de Hermione Granger. Un repentino vacío se apoderó de su estomago, mandando sus tripas de paseo. En realidad ahora sentía pena por Granger; solo un imbécil como Weasley se reiría de una chica en semejante apuro. Frunció el ceño ante el sentimiento de vergüenza que crecía en su interior. Ya no deseaba una cámara fotográfica, ahora solo deseaba que hubiese un baño en ese maldito lugar. Ya no era divertido ver a Granger sufrir ante la idea de tener que realizar una necesidad fisiológica al aire libre.

De un momento a otro, como si siempre hubiese estado allí, apareció una puerta junto a Granger. No se le ocurrió a donde podría conducir, así que decidió averiguarlo por si mismo. Caminó hacia la puerta pasando junto a la chica y al estar frente al pomo, dudó sobre lo prudente que sería abrirla. Al fin tomo una decisión, y colocando su mano sobre el pomo, empujó la puerta hacia adentro, descubriendo que su deseo se había hecho realidad: un pequeño cuarto de baño, tan blanco como todo en aquel lugar, aparecía ante sus ojos milagrosamente. No se detuvo a admirarlo mucho, solo notó que había una pequeña ducha, un lavabo y un inodoro; pero fue más que suficiente para satisfacerlo.

Se giró hacía Granger y le sonrió amistosamente por primera vez desde que se conocían antes de decir: —Aquí hay un baño, Granger.