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¿Que hurones me pasó? — capítulo 3

¡Hey! ha pasado tiempo ¿no? bueno, dejando de lado mi ultra ingeniosa pregunta... me permito entregarles el regalo de fin de año a lo que siguen esta locura... Les traigo paz, les traigo amor... ok, no tanto así, pero sí un nuevo capítulo. Espero lo disfruten y se animen a comentar. un besote a todo el mundo :)

PD: si a alguien quieren dar las gracias por mi momento de inspiración, dénsela a Ed Sheeran, quien con su canción Lego House me ha hecho volar la cabeza un poco... sí, sé que no tiene mucho que ver con la historia. Pero es que es muy linda >.< además de que Rupert Grint se ve muy hermoso en el vídeo XD

Tras el asunto del baño, Malfoy continuó comportándose como el animal de siempre. No volvió a decir ni media palabra y permaneció sentado, con aire pensativo en uno de los rincones del blanco lugar. Hermione continuó paseándose de aquí para allá, en el mismo vano intento de encontrar una salida. Maldecía una y otra vez haberse encontrado con el hurón esa mañana, de no haberlo hecho, estaría en un entretenida clase o en la biblioteca; ni sabía en realidad lo que estaría haciendo pues su noción del tiempo parecía estar siendo afectada también al dejar de funcionar su reloj de pulsera.

—¿Qué hora crees que sea? —preguntó, sentándose en el lugar donde permanecía el montoncito de comida que Dobby les llevara para el almuerzo.

El rubio la miró fastidiado.

—¿Me ves cara de reloj? —escupió arqueando una ceja.

—Ojalá fueses un reloj. Preferiría la compañía de uno a la tuya —dijo Hermione indignada por la respuesta del muchacho.

—Oh, créeme que yo sí estoy disfrutando de tu compañía, sangre sucia.

Hermione iba a abrir la boca para responderle como se merecía; pero un sonoro "Crack" se lo impidió. Ante ellos volvió a aparecer Dobby con una canasta repleta de lo que parecía comida.

—¡Dobby! —exclamó Hermione, feliz de ver al elfo.

—Buenas tardes, Hermione Granger señorita. Buenas tardes joven Draco —la criatura dejó la canasta en el suelo e hizo una profunda reverencia.

—¿Hablaste con Dumbledore? —inquirió Hermione, esperanzada en que pronto saldrían de ese lugar.

—Dobby lo hizo —el elfo se retorció las manos, nervioso —. El profesor Dumbledore está tratando de encontrar la forma de sacarlos de este lugar. Tiene una teoría del lugar en el que se encuentran; pero no se le ocurre cómo sacarlos, señorita. Harry Potter está muy preocupado por usted, señorita. Él…

—¿En dónde estamos según el vejete? —soltó Malfoy levantándose y acercándose a Dobby con cara de molestia.

El elfo retrocedió un par de pasos, olvidándose de lo que decía Harry.

—Dice que en la sala de menesteres, joven Draco —informó el elfo.

—¿En la sala de menesteres? —Hermione preguntó, confundida. Ese lugar no se parecía en absoluto a la sala de menesteres. Había decidido preocuparse por Harry después.

—Sí, señorita. No en la misma de Hogwarts, señorita; quizás en una de otra dimensión —el elfo echó las orejas hacia atrás y abrió mucho los verdes ojos.

—¿En otra dimensión? —bufó Malfoy —. ¿y cómo va a sacarme de aquí?

—Sacarnos —interrumpió Hermione —. A ambos —hizo énfasis en la palabra "ambos".

—El profesor no lo sabe aún, Dobby ya lo ha dicho, señor y señorita.

—¿Qué se supone que haga entonces? —el elfo pareció asustado cuando Malfoy lo tomó del suéter con poca delicadeza —. Dime, saco de pulgas.

—¡Suéltalo, Malfoy! —exclamó Hermione alarmada.

—¿Y si no, qué? —la miró con esa arrogancia tan propia de él, sacudiendo aún más a Dobby para provocarla.

Hermione sacó su varita de la túnica y apuntó con ella al muchacho. Estaba hartándose de Malfoy y sus malos tratos hacia un elfo que solo quería ayudarlos.

—¿Vas a hechizarme, Granger? —sonrió, soltando con brusquedad a la criatura.

Dobby pareció volverse más pequeño a causa de los nervios.

—Si no hay de otra —mejoró su agarre de la varita, frunciendo ligeramente el ceño.

El rubio rio, meneando la cabeza.

—Vamos, inténtalo, sangre sucia —se burló —. Enséñame cómo hechizarías a tu comadreja por salir con Brown y no contigo.

Hermione abrió la boca, estupefacta. Malfoy sabía que ella sentía algo por Ron… no, debía ser solo por incordiarla, él no podía estar seguro de nada; no la conocía. Volvió a cerrar la boca; se estaba quedando sin armas para defenderse de las frases hirientes del Slytherin.

—¿No puedes? ¿Weasley ocupa todos tus pensamientos como para pensar en un buen hechizo?

—¡Cállate! ¡No tienes idea de lo que dices! —Hermione se había olvidado por completo de que había un elfo domestico en medio de ambos; solo quería darle una lección a Malfoy por atreverse a burlarse de lo que sentía por el idiota de "Won, Won".

—Aww que ternura — Malfoy entrelazó sus manos y se las llevó a la mejilla en señal de ternura infinita —. La sangre sucia enamorada de la comadreja… pero ni siquiera él se atreve a tocarte. Es natural sentir repulsión por alguien como tú.

Hermione retorció su varita, concentrándose en aplicar el hechizo "mocomurcielago" en contra del idiota que se atrevía a ofenderla. Sin embargo, nada ocurrió. Su varita siguió luciendo como un triste e inofensivo palito.

—Tarantallegra —trató con un hechizo verbal. Nada.

—¿No lo ha descubierto la sabelotodo? —rio Malfoy.

Dobby miraba de uno a otro, agarrándose las orejas con las manos, con cara de estar sufriendo un profundo malestar estomacal.

—¿Qué no he descubierto? —gruñó Hermione, ofuscada, metiendo su varita en el bolsillo de nueva cuenta.

—No podemos hacer magia en este lugar —él se miró las uñas de la mano derecha con aire de superioridad —. Las varitas no funcionan. Ya lo intenté hace rato.

No podía creerlo, simplemente era imposible que ella, Hermione Granger, no pudiese hacer magia mientras estaba en compañía de semejante hurón malnacido. Miró a Dobby, deseando poder largarse de allí con él. Sabiendo que no podía hacer nada en contra del rubio engreído, decidió dedicarle su atención al elfo.

—Dile a Dumbledore que se apresure, por favor, Dobby —susurró, agachándose frente al elfo para quedar a su altura.

—Dobby así lo hará, señorita —parecía más seguro ahora que Hermione había dejado de amenazar a Draco con su varita —. Pero créame que el profesor Dumbledore ha hecho lo que puede señorita. Él dijo que les trajera víveres, señorita; también iba a traer mantas, pero no se puede, señorita, la habitación no deja.

Abatida, se sentó nuevamente en el suelo, con unas enormes ganas de llorar. Malfoy, para su suerte, cerró la boca y no dijo más nada, ni a Dobby ni a ella; parecía satisfecho con el hecho de haber descubierto algo antes que ella. Se cubrió la cara con las manos, tratando de calmarse y pensar en lo que haría para no enloquecer. No tenía idea de cuánto más tendrían que estar en ese sitio infernal, donde solo contaba con un baño salido de la nada, además de la "maravillosa" compañía de Draco Malfoy.

—Dobby debe volver —el elfo susurró, antes de que un sonido como de latigazo le informara que él se había marchado.


Bueno, por lo menos tenía la ventaja de sentirse mejor que Granger en ese momento. La muchacha simplemente parecía demasiado abatida para decir algo más; no sabía si tomarse el crédito por ello, no estaba seguro de que fuese por la comadreja que ella estaba así.

Se dejó caer de culo junto a la canasta que llevara el elfo, sacando todo lo que había en su interior, notando que la mayor parte de las cosas eran simples enlatados muggles y agua embotellada. Se preguntó para qué demonios necesitaban esa clase de alimentos si el maldito elfo podía traerles comida fresca diariamente; a menos que… la sola idea le aterrorizó. ¿Y si Dumbledore había pensado que quizás el bicharraco no podría volver en cualquier momento? La canasta parecía lo suficientemente profunda para contener la comida de un año entero.

—Granger —dijo alarmado.

La muchacha lo ignoró y continuó cubriéndose la cara con las manos.

—Deja de llorar y hazme caso —gruño, exasperado —. Esto es importante.

—No estoy llorando —bufó Granger descubriéndose la cara y mirándolo con rabia.

—Sí, como sea —se aclaró la garganta —. Me temo que estaremos aquí mucho tiempo. Mira señaló la canasta —. Tiene un encantamiento de expansión indetectable. Dumbledore debe pensar que estaremos mucho tiempo acá… y tal vez… tal vez que en algún momento el elfo no podrá entrar.

La chica se llevó las manos a la boca, ahogando un grito. Lo miró con sus castaños ojos espantados.

—Merlín, no —susurró sin quitar las manos de su boca.

—No me agrada más que a ti —se levantó, pensando seriamente qué haría para dormir. No estaba acostumbrado a echarse en el suelo así como así, y por lo que alcanzaba a notar, el lugar parecía estar haciéndose más frio.

Recogió su túnica del suelo y volvió a ponérsela. ¿Qué haría ahora? Si tan solo la habitación generara un par de camas, tal como había generado el baño. Tal vez si deseaba tener camas la habitación se lo concediera; odiaba admitirlo, pero fue su deseo de tener un baño para Granger el que hizo que este apareciera. Cerró los ojos y trató de concentrarse, poniendo cada célula de su cuerpo en la petición…

—Malfoy… —la voz de Granger llegó hasta él. Parecía asustada.

Abrió los ojos y la miró con desagrado.

—¿Qué?

—Allí —ella señaló algún lugar tras su espalda.

Se volvió para encontrarse con que su deseo había sido concedido. Bueno, no completamente… En lugar de dos camas, solo había una: era grande y de aspecto cómodo, con suficientes cobijas para abrigar a quien quiera que la ocupase. El problema radicaba en que tendría que discutir con la sangre sucia acerca de quién dormiría en ella.

—¿Cómo es que…? —comenzó la chica.

—Es la sala de menesteres ¿no? Al parecer, de una u otra forma, todavía concede algunas cosas que necesites —la cortó.

No quería dar demasiadas explicaciones acerca de su descubrimiento y, por suerte, Granger tampoco preguntó nada más.