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Un Ángel De Ojos Rojos. — capítulo 1
Prologo.
El ser humano esta echo de carne y huesos, con un corazón palpitante. La sangre corre por las venas y solo tenemos que sobrevivir. Un humano corre mucho peligro ante un potente depredador, pero lo que yo e aprendido, es que el mas potente depredador es uno mismo, el, considerado como el peor asesino del mundo… solo nos quita el sufrir. Solo ahí una salida para escapar de todo y de todos… La muerte.
…..
Yo una simple niña de quince años, no podía estar sola en esta ciudad, en este país, en este mundo. Pero todos estaban equivocados cuando me dijeron, "ellos serán buenos padres, nada te faltara" ellos se equivocaron, todo me falto, y lo primordial, me falto amor.
Vagaba por las calles de la oscura ciudad, asía frio y cada vez amenazaba con soltarse una terrible tormenta, era noviembre, época de frio.
Solo veía como las personas caminaban de un lugar a otro, yo era como un fantasma, nadie me veía ni me tocaba, ellos me ignoraban pero aun así no les guardaba rencor, al contrario, les agradecía que olvidaran la hipocresía cuando vieran a una chica como yo vagando por aquí.
Mariana y Carlos siempre me lastimaron, ellos eran mis padres adoptivos, pero solo se quedaron conmigo por la herencia, si ellos se asían cargo de mi hasta mis quince años les darían parte de la herencia y otra aparte a mi, pero eso no paso ellos se quedaron con mi parte también; el dinero no es importante para mi, yo me conformaba con muy poco, pero desidia salir de esa casa cuando me dieron mi ultima golpiza… me lastimaron mucho, tenia marcas en brazos, piernas, y una terrible cicatriz en mi ceja derecha, eso a causa de un latigazo que me dieron.
Me senté en una pequeña banca de color café ya gastada, esta cubierta por algunas hojas, tenia mucho frio y mis labios se estaban poniendo de un color morado, eso era lo mas seguro. Un señor de ropas negras se sentó a mi lado, yo no lo mire, solo intente calentarme, subiendo mis pies en la banca y abrasando mis rodillas y darme un poco de calor.
-¿tienes frio, pequeña?- una voz aterciopelada salió de ese señor. Solo asentí.- toma esto- me tendió una especie de capa del color de sus prendar, negro.
-gracias-
-¿no tienes que estar en tu casa pequeña?-
-no tengo casa, no tengo nada- el señor asintió pensativo, sus facciones angelicales y marmoleas, le daban un aspecto de Ángel.
-¿te gustaría venir a mi hogar? Te ofreceré comida y un lugar mas calientito que… esto- el señor era muy… bueno, peor no debería confiar en nadie.
-¿Qué es lo que desea señor? No cualquiera hace eso por una niña que vaga por las calles como yo-
-tienes razón, pero lo hago porque tienes un gran parecido a mi… difunta esposa- ¿Qué podía pasar si aceptaba? No creo que me toque algo peor que lo que pasaba con mariana y Carlos.
-esta bien señor, acepto-
-gracias, y nada de señor mi nombre es, Marcos, Marcos Vulturi-
-un placer-
No sabia que con esto sellaba mi futuro, o mi condena a la muerte. No sabia a lo que me metía, no sabia nada, una simple humana entrando a boca de lobo… o mas bien a una boca colmilluda.