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Un Ángel De Ojos Rojos. — capítulo 18

Aclarando las cosas.

Amanecía en vulterra  y yo ya estaba despierta, preparaba todo para irme a forks con mi bebe. Alguien me había traído mi maleta y se lo agradecía ya que deseaba bañarme.

Me di un baño y me cambie poniéndome un pantalón de mezclilla y una blusa de mangas cortas color azul rey, me peine asiéndome una coleta alta. Arregle mi ropa y metí nueva a la maleta, también ropa para mi bebe.

No me despediría de nadie, así como tampoco había saludado a nadie, Salí  de mi habitación y me dirigí fuera del castillo donde un carro negro ultimo modelo me esperaba, subí al asiendo trasero pero al ver la persona que estaba de conductor quise salir, él puso en marcha el auto.

-déjame salir-

-no lo are, así que es mejor que no cometas una estupidez y me dejes explicarte todo-

-gritare Alec, te juro que lo are-

-hazlo, las puertas y ventanas tienen seguro, no puedes abrirlas a no ser que yo las habrá-

-¡déjame salir!-

-no, déjame explicarte todo-  suspire, no podía hacer nada mas que solo escuchar sus patéticas explicaciones.

-habla entonces-

-lo que tu viste fue un malentendido, abrasaba a Heidi si, pero la abrasaba porque me había echo un favor…-

-no quiero escuchar lo que hicieron tal vez en la cama, eso es asqueroso-

-escúchame ¿quieres? Yo no me acosté con nadie, el favor que ella me izo es… aun no puedo decirte nada, se supone que es una sorpresa para ti, pero enserio Azurá, todo lo que viste no fue como tu pensaste que es-

-¿entonces tú y Heidi no tienen nada que ver?-

-No, ella y yo no somos nada, más que compañeros de guardia de Aro, además tú eres mi vida, tú y Alexandra lo son todo para mi al igual que jane-

-entonces… ¿nada?-

-nada-

-claro- asentí y me recargue en el asiento del auto.

-¿me crees?- lo observe que miraba el espejo retrovisor para observarme, sus ojos estaban de un rojo intento ocultos en un marrón.

-si, lamento haber desconfiado de ti, pero es que…-

-tranquila, suele pasar y creo que aria lo mismo… bueno yo lo mataría- sonrió burlón

-gracioso, oye ¿iras conmigo a forks?-

-claro que si, extraño a mi hija-

Sonreí feliz, todo estaba claro ya, solo había sido un mal entendido, uno que esperaba que jamás se repitiera.