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Azabache. La Historia de la Tercera Generación. — capítulo 1
El tiempo había transcurrido durante muchos años, los relojes seguían dando la hora y las manecillas mostraban que el tiempo continuaba pasando lentamente. Las personas que caminaban por Londres en algún momento habían sido mas jóvenes, adolescentes y seguramente muy distintos a lo que eran en ese momento. Pero la ciudad seguía casi intacta, el tiempo no chocaba contra sus muros y solo conseguía crear un poco de moho en los hermosos edificios londinenses. El centro de la ciudad era un mar de personas que iban a trabajar. Los primeros y mas mañaneros turistas aparecían en la plaza del museo nacional británico con sus cámaras de fotos mientras la torre de Westminster se veía a lo lejos. El tiempo transcurría ante ellos mientras los primeros rayos de sol los acariciaban suavemente. No muy lejos de allí, una comunidad escondida también era presa del tiempo y la magia era incapaz de pararlo.El ministerio de magia bullía con gran ajetreo aquel lunes por la mañana, la gente corría hacia sus puestos de trabajo entre risas y conversaciones, el mármol negro traslucía sonorizando en sus paredes las voces de los magos y brujas. Los distintos departamentos comenzaban a encenderse con una luz dorada, mientras las primeras ediciones de el profeta se repartían a voces por un joven muchacho de chaqueta gris. Los ayudantes y secretarios del ministro caminaban haca sus despachos con sus bombines negros en la cabeza y sus túnicas oscuras de invierno; a su alrededor los memorándums, de un color morado oscuro, volaban directos hacia sus destinos. De entre las llamas verdes de una de las tantas chimeneas, apareció un hombre delgado y de cabellera azabache cuyos ojos verdes se encontraban medio escondidos por unas gafas circulares. Harry Potter, el jefe del departamento de aurores, comenzó a caminar hacia su despacho como diariamente, sin detenerse a saludar a nadie. Se monto en uno de los abarrotados ascensores, entre brujas de puntiagudos sombreros y un mago con una curiosa planta llena de tubérculos. ''Segunda planta, departamento de seguridad mágica'' - canturreo una voz femenina mientras las puertas del ascensor se abrían con su diario chirrido. Harry salio con rapidez entre los morados memorándums. Doblando la esquina comenzó a caminar hacia el Departamento de aurores, varias brujas pasaron por su lado llevando en sus brazos ejemplares del Profeta de aquella mañana. Un mago de mantenimiento apareció por la esquina empapado de agua. Harry se dirigió hacia el segundo corredor y las antorchas de color anaranjado le iluminaron el camino Dos grandes puertas de roble aparecieron ante él y se abrieron sin necesidad de que Harry las tocara, provocando un ruido de cerrojos. Entro en una espaciosa e iluminada habitación dividida en cubiculos. La luz del día artificial ilumino la estancia, el olor a madera antigua lleno sus sentidos. -Buenos días, señor Potter - Saludaron varias voces. Los diferentes aurores se levantaba y saludaban con un gesto de cabeza educado y amistoso. Miles de pergaminos revoloteaban por los aires, rodanzo de vez en cuando la cabeza de Harry. Las paredes se encontraban repletas de mapas con señales y puntos de color rojo, fotografías de magos oscuros y ex mortifagos, recortes del profeta poblaban los cubículos cuadrados y en cada espacio personal había fotos de familiares, ex aurores y equipos de quiddicth. Harry llego hasta el final de la sala para sentarse en su mesa de roble vieja, repleta de pergaminos y archivos desordenados. Se quedo observandola y suspiro mientras dejaba su capa negra sobre la silla. -Buenos días señor Potter - saludo un joven de pobladas cejas negras y túnica perlada, su tono de voz demostraba veneración y completo respeto hacia Harry. El auror levantó la cabeza para fijar sus ojos verdes en el joven muchacho que había iniciado sus prácticas hacía solo unos días. Al mirarle, se descubrió recordando la primera vez que entró en aquel departamento, cuando solo era un muchacho inexperto. -Buenos días Remulus - Harry sonrió amigablemente cogiendo la carpeta de archivos de las manos del muchacho - ¿Van bien tus practicas? - Pregunto con tono jovial y amigable. Los ojos del muchacho se encendieron con un brillo de felicidad y asintió rápidamente sin parar de mirar a Harry como si se tratase de un dios. -Si, muchas gracias - Las puertas de roble volvieron a abrirse y el silencio se hizo en la sala. Kingsley entro en el departamento de aurores, con pasos grandes y sonoros. El primer ministro de magia se dirigía a Harry directamente. Se escucharon varios cuchicheos por toda la sala y algunos aurores alzaron las cabezas para ver mejor al primer ministro. Kingsley había envejecido considerablemente aquellos últimos años, sus fuertes facciones se habían ido deteriorando, pero su fuerte presencia seguía manteniéndose como años atrás. Para Harry había sido un fuerte apoyo moral y un gran maestro. El primer ministro, había sido un sabio guia de la comunidad mágica hasta ese momento y ponía toda su confianza en Harry como auror. -Hola Harry - El primer ministro llegó hasta él y lo observo unos segundos con sus oscuros ojos. Llevaba su elegante capa con motivos africanos y un alto sombrero de mago. La voz grave de Kingsley mostraba preocupación. Harry evito mirarle a los ojos directamente, sabiendo el motivo de la visita del primer ministro - ¿Has encontrado algo? - Harry se quedo en silencio unos segundos y después negó con la cabeza frustrado - Debes estar preocupado, Harry. No debe ser agradable recibir amenazas anónimas. -Lo estoy - Contesto Harry secamente - No por este individuo en concreto, mas bien por mi familia - Kingsley asintió comprendiendo la rabia que presentaba la voz de Harry - No es mas listo, ni mas rápido en comparación con otros magos que hemos cazado estos últimos años, es mas, es torpe y descuidado en cada pista que deja - Harry ojeo el contenido de la carpeta - Es como si deseara que lo encontráramos, un juego de adivinanzas o algo parecido - Suspiro unos segundos y se toco la destartalada cabellera - Pero es el primero que amenaza de esta manera a mi familia, por lo que no puedo tomármelo a broma. -¿Tu crees que se trata de algo personal? - La pregunta de Kingsley sorprendió a Harry, alzo los ojos y se quedo observando las ventanas que presentaba una imagen falsa del exterior. Realmente se lo había planteado más de una vez, quizás aquel individuo se lo tomaba como algo personal, pero ¿Por qué? - Creo que es un ataque frontal y directo hacia tu persona Harry. -Puede ser - mascullo tocándose los cansados ojos verdes - Puede que sea una venganza por algo que hice, e echo tantas cosas en mi vida que ahora mismo me resulta imposible poder encontrar una respuesta. De todas maneras no creo que trabaje solo, de los cuatro asesinatos que ha cometido, uno de ellos es completamente distinto a los tres anteriores, la forma de atacar, el lugar...- Harry pasaba las paginas del archivo - Es muy confuso. -¿Lo sabe Ginny? - Kingsley lo miro con atención. Harry negó con la cabeza lentamente y por primera vez sus ojos mostraron tristeza. Harry seguía teniendo la maldita mania de no dejar que lo ayudaron en esos casos extremos. Sabia que Ginny escondería su preocupación e intentaría parecer la misma de siempre, pero no quería condenarla a la angustia. Debía contárselo en el momento preciso. -No he querido preocuparla - Respondió rápidamente - Tampoco lo saben Ron y Hermione, creo que aún es demasiado temprano. Pero creo que ambos sospechan algo últimamente, no se me da muy bien mentir - El primer ministro sonrió. Pensó en sus dos mejores amigos rápidamente. La cara de desconcierto de Ron abriendo sus pequeños ojos azules mientras palidecía y la escandalizada Hermione que seria capaz de poner todo el ministerio patas arriba. Negó con la cabeza, aún no estaba preparada para ninguna de las dos reacciones - Es mejor no decirles nada por ahora - afirmo con rapidez meneando la cabeza. -Lo respeto - Kingsley le dio unas palmadas comprensivas sobre sus hombros y se coloco el sombrero puntiagudo de mago mientras sus ojos oscuros lo miraban con atención - De todas maneras los niños están a salvo en Hogwarts, no hay porque preocuparse - La sombra cubrió la oscura piel del primer ministro - Mcgonagall hizo el control de seguridad en septiembre por lo que nuestros alumnos estarán a salvo. -Eso espero - Comento Harry terminando de ordenar los pergaminos de su mesa - Pero no es la primera vez que burlan la seguridad del castillo. Ya hemos sufrido cosas de ese estilo otros años... - Harry volvió a recordar experiencias pasadas, cuando él solo era un mago inexperto y joven. se quedo pensativo mientras la imagen de su antiguo colegio se recreaba en sus pupilas. -El castillo esta defendido por hechizos de toda clase, sabes las defensas de memoria Harry, tú mismo reforzaste la seguridad - Kingsley cruzo sus poderos brazos bajo su pecho. Su oscura piel se camuflaba entre las sombras del departamento de aurores. - Sería una autentica locura intentar atravesar todas esas defensas, Harry - El murmullo de la sala continuaba a su alrededor mientras varios memorandums volaban en diferentes direcciones. -Pero toda esa defensa no sirve, si abre una brecha desde dentro del castillo - Harry se quedo unos segundos en suspenso sin saber porque aquella frase había salido de sus labios tan de repente. Quizás su cicatriz ya no le prevenía del peligro pero Harry seguía teniendo un instinto que pocas veces fallaba. Miro rápidamente a Kingsley - Tengo que hablar con Mcgonagall. Necesito hablar con Minerva - El primer ministro abrió los ojos con sorpresa. -¿Crees que alguien desde dentro del colegio puede estar relacionado? - Kingsley se quedo atónito, pero Harry parecía realmente seguro de lo que acababa de decir - Eso es imposible, Harry. Los profesores son de completa confianza y no me atrevería a decir que algún alumno decidiera tomarse la justicia por su mano - Harry no contesto enseguida pero aun que le resultaba un tanto extraño, seguía teniendo esa sensación en el pecho que le avisaba. -Puede que no, seguramente solo sea para calmar mi mente y asegurarme del control del colegio. Es solo una vaga teoría - Contesto rápidamente sonriendo animadamente para que el primer ministro no viese su preocupación en su rostro - Seguramente no hay nada que temer primer ministro, ya sabe son solo miedos de padre - Pero el sexto sentido de Harry le animaba a pensar lo contrario - De todas maneras creo que lo mejor sera que haga una visita a Hogwarts. Kingsley asintió suavemente no muy seguro de las intenciones del auror. De todas formas confiaba en Harry como si fuera un hijo por lo que no le dio importancia. Harry miro hacia la ventana artificial, aquel día el ministerio había elegido un día ceniciento y lluvioso como decoración de exteriores, el típico y melancólico día londinense. Harry observo pensativo aquellas luces mortecinas y pensó que su animo se encontraba en el mismo estado que aquellas luces grisáceas y melancólicas.
''Mientras lejos de el abarrotado Londres, en las altas montañas de Escocia...'' Los estudiantes se arremolinaban en los jardines con sus bufandas, para aprovechar los últimos rayos de sol de aquel otoño escoces, incluso algunos profesores, habían decidido salir a los patios para disfrutar de aquel tiempo tan poco usual en esas fechas. Había un ambiente aun descargado, sin presión por los exámenes. Varios alumnos de tercero jugaban con sus nuevas escobas voladoras, algunos prefectos regañaban a un grupo de niñas que habían manchado varios libros de la biblioteca, un muchacho Slytherin mostraba en secreto su nueva tarántula Ischnoculus valentinus, el monje gordo de la casa de Hufflepuf flotaba por los alrededores provocando destellos luminosos. Todo eran risas aquel fin de semana. En el jardín central rodeado de fuertes muros de blanca piedra maciza, apareció un muchacho alto y de desgarbada figura, vestido con el uniforme de quiddicth de Gryffindor, en su pecho relucía la insignia de capitán. Camino con la escoba en el hombro de manera despreocupada y desvergonzada, despeinando continuamente el cabello azabache con la mano derecha. James Potter no era un chico perfecto, estaba lejos de la perfección. James Potter aparte de ser irresponsable, gamberro y el dolor de cabeza de todos los profesores de Hogwarts y principalmente de Filch, era un seductor, un seductor necesita mas cerebro que físico. Cada gesto, mirada y sonrisa eran pensadas con precisión y frió calculo, era un ser libre y despreocupado. Esa actitud arrogante, altanera, galante, atraía a las masas de estudiantes del colegio, todo en James Potter era actitud y excesiva seguridad en si mismo. Con paso calmado consciente de las miradas que se posaban en él, se acerco a un grupo de tres muchachos. Los tres chicos se encontraban sentados sobre los balcones que daban a los pasillos internos, dos de ellos concetraban sus miradas en un tablero de ajedrez mientras el tercero se escondía tras un ejemplar del profeta. Lorcan Scamander alzo la mirada al notar la presencia de su mejor amigo, ladeo sus labios en una media sonrisa y volvió a concentrar sus ojos azules en el tablero, su rubio y largo cabello rubio callo sobre su cara como una cortina. Ambos chicos se conocían desde su mas tierna infancia. A pesar de que Lorcan vivía en la cima de una colina bastante apartada, sus terrenos lidiaban con los de la Madriguera, por lo que cada verano, James y Lorcan habían vuelto loca a la señora Weasley con sus travesuras. Se trataba de un chico perspicaz y listo, con excesiva imaginación. Su carácter era calmado y tranquilo, excesivamente misterioso y en general con una personalidad cambiante como el día y la noche. Tenia una voz suave y esponjosa que encandilaba a las jóvenes enamoradizas. Era un joven interesado pero generalmente mal influenciado por la regular vagueria de James. -¿Perdiendo el tiempo? - James se acerco hasta ellos con la escoba al hombro y pasos galantes. Se tumbo en la hierba con agilidad y suspiro con resignación mientras observaba el cielo azul de la mañana. -Ganando a Ralph por cuartavigesima vez - canturreo Lorcan quitando un largo mechón de pelo rubio de la cara. Su voz sonó suave como un murmullo - Esta decidido a ganarme, pero dudo que lo consiga - Una sonrisa misteriosa se formo en sus rosados labios mientras sus ojos azules se fijaban en la persona que estaba tras el tablero. -No te burles - Una voz mas aguda se alzo entre ellos. James miro a un muchacho menudo, de rostro ovalado y sonrojado que miraba con excesiva concentración el tablero de ajedrez. Lorcan y James se miraron unos segundos, sonriendo burlonamente al ver los esfuerzos del pequeño muchacho - Estoy seguro de que algún día podre ganarte... -Vas a explotar - Comento James con tono de burla al ver el rostro del muchacho rojo como un tomate. Ralhp aparto sus ojos del tablero y lanzo una mirada iracunda a su amigo, aunque sus ojos mostraban un ligero roce de vergüenza. Ralhp Rothesay era un chico de buena familia del mismo pueblo de Rothesay. Del grupo de amigos, era el único de familia muggle. Su padre era el alcalde de este pequeño pueblo del sur. Cuando Ralph recibió la carta de Hogwarts, sus padres quedaron muy frustrados, ya que imaginarse a su adorado hijo entre aquella gente tan extraña les resultaba del todo indignante. Habían guardado la pequeña esperanza de que su hijo, tras el primer curso en Hogwarts, volviese a casa destrozado y no quisiese volver jamas. Pero Ralhp, por primera vez había encontrado verdaderos amigos. En Rothesay el pequeño Ralhp había tenido una triste infancia, sobre protegido por su familia y con amigos de interés que le traicionaban cada poco tiempo. Era un muchacho algo inseguro y torpe, pero con una gran capacidad de superación. Bajo para su edad y de facciones redondeadas, con unos hermosos ojos de color caramelo y enormes pestañas que contrastaban con su rizado cabello oscuro, dándole una sensación tierna a su rostro. -¿Que ha pasado en los invernaderos? - La voz sarcástica de un tercero se escucho tras el inmenso profeta. James alzo los ojos y se quedo mirando la primera pagina del periódico con una sonrisa burlona. El tercer muchacho seguía escondido tras El Profeta mientras la suave brisa acaricaba sus frágiles hojas. -Como vuelan las noticias - murmuro James apartando sus ojos del periódico y mirando un grupo de chicas de Ravenclaw con galantería. James se despeino de nuevo el cabello azabache y Claudio resoplo detrás del Profeta, Lorcan sonrió de nuevo mientras uno de los alfiles del tablero destrozaba un caballo de Ralph. -Bueno no es muy usual que un alumno aparezca inconsciente en la enfermería, porque le han tirado una mandrágora a la cara en mitad de su hermoso cántico - Contesto una voz con tono de reproche. Claudio Clawson aparto el Profeta y miro a James tras sus gafas de montura cuadrada. Este contesto a su mirada con una sonrisa inocente y suave haciendo que Claudio arrugara el entrecejo - A el único al que se le ocurre hacer ese tipo de cosas tan raras es a ti, James Potter. -¿Me estas acusando? - Pregunto con voz amenazante mientras arqueaba una ceja - No tienes pruebas - Murmuro con tono burlón mientras se mordía la lengua de forma pícara. La reina de Ralph destrozó un peón de Lorcan en ese preciso momento. -No las necesito, como si no te conociera lo suficiente - Corroboro Claudio con ironía. Lorcan asintió con la cabeza y una media sonrisa mientras Ralph se convertía en un tomate rojo debido al esfuerzo que estaba haciendo para continuar con la partida - Semejante locura solo se le ocurre a James Potter ¿Es qué no eres consciente de lo peligroso que ha sido? - Claudio tamborileaba su pluma sobre uno de los libros de defensa volumen siete. -Fue en defensa propia - Se excuso el muchacho alzando los hombros con ojos inocentes - Además tampoco es para tanto, ni que le hubiese echado encima un trol de mil kilos de peso - Claudio arqueo una ceja al escuchar sarcástico comentario de James. -¿Defensa propia? - Ralph dejo de prestar atención al tablero y miro a su amigo con curiosidad. James abrió la boca y cerro la boca varias veces, dándose cuenta de que tenía que dar una explicación - ¿Qué te hizo ese chico? - Lorcan se quitó un mechón de pelo de la cara y miro a James con curiosidad. -¡Pretendía retarme a duelo! - James los miro alarmado mientras se sentaba sobre la hierba con cara de mártir- ¡A mi! ¿ Podéis creerlo?- Se señalo y compuso una mueca de incredulidad. Los tres amigos restantes se miraron ligeramente burlones mientras James resoplaba cosas sin sentido - Indignante, sencillamente indignante -¿Acaso tenías miedo? - Pregunto una voz suave y esponjosa. Lorcan ladeo la cabeza dejando que su melena rubia tapara la mitad de su rostro. James echo una carcajada sarcástica y le dio unos suaves golpes en la espalda - Si te hubieses aceptado el duelo, al menos podrías haberte lucido un poco más James - El muchacho se quedo pensativo unos segundos. -¿Por qué tirarle una mandrágora a la cara? - Murmuro Ralph pensativo - ¿No somos magos? ¿Donde tenías tu varita? - Pregunto el pequeño muchacho con perspicacia. James dejo de acariciar su escoba volaroda y resoplo fijando sus ojos en los tres muchachos que tenía delante de él. -Por los calzones de Merlin - James sonrió pícaro, Claudio alzo una ceja con los brazos cruzados sobre el pecho, Ralph mantenía una ficha en el aire mientras lo observaba con detenimiento y Lorcan jugueteaba con su varita moviéndola entre los dedos - Bueno estaba en una situacion un poco critica...- Los tres amigos seguían mirándole en silencio sin captar el mensaje de James. - ¡Necesitaba ir urgentemente al baño! -Contesto al ver que no lo entendían. Varias chicas los miraron y rieron al entender la frase de James. Los tres amigos se miraron unos segundos - ¡Llevaba todo el entrenamiento de quiddicth aguantando las ganas! Ya sabéis soy el capitán... - Dijo con orgullo, alzando su pecho donde se encontraba la reluciente insignia - Como no tenia mi varita, apareció un chico Hufflepuff con varias mandrágoras así que sin pensarlo dos veces, se las lance a la cara - Termino el relato con una sonrisa generosa - Acabe con el problema rápidamente y sin rasguños. -La profesora Sprout hará de ti picadillo y no quiero hablar del profesor Longbottom - Comento Claudio aguantando la risa e intentando ser lo más severo que pudiese con James - ¿Pudiste ir al baño con tranquilidad después de ese pequeño altercado? Espero que no hayas atascado las tuberías con tus necesidades básicas... -Muy gracioso - Contesto James con sorna mientras volvió a tumbarse en el suelo con desgana, Lorcan y Ralph volvieron a concentrarse en su partida de ajedrez mientras Claudio desaparecía tras el enorme Profeta. El silencio se hizo durante unos segundos, solo se escuchaba el viento y las voces de los estudiantes a su alrededor. El sol aún alto en el cielo los alumbraba, despidiéndose de uno de los últimos días de buen tiempo en el norte de Escocia. -El motivo fue una mujer ¿Cierto? - Lorcan terminó con aquel silencio y miro de reojo a su mejor amigo, sonrió levemente sin despegar la mirada del tablero - Seguramente hiciste algo indebido, te he dicho mil veces que tienes que se un poco mas sútil, James - James carraspeo varias veces y luego se aclaro la voz como si fuese a echar un discurso. Claudio volvió a apartar El Profeta de delante de su cara. -Juro poniendo mi mano sobre nuestro querido mapa del merodeador - James alzo la mano hacia el cielo con solemnidad - Que yo no incite a aquella joven ha hacer actos pecaminosos. Es más, fue ella quién vino a buscarme, yo últimamente encuentro que es un entretenimiento un tanto aburrido. -Por las barbas de Merlín, James - Murmuro Claudio poniendo los ojos en blanco. -¿Al menos fue una grata experiencia? - Pregunto Ralph mirándolo rápidamente con sus ojos inocentes. En ese momento el rey de Ralph se desplomo en el tablero y el muchacho compuso una triste mueca. James se quedo pensativo mirando el cielo - Me refiero a si fue divertido estar con ella... -No fue muy emocionante ciertamente -Contesto con parsimonia - Lo mismo de siempre, comienzo a aburrirme de esas conversaciones tan superficiales - Murmuro el muchacho apoyando su espalda en el tronco del árbol y sonriendo con naturalidad - Además, no tenia tiempo de quedarme a charlar con ella, no me interesaba y el Quidditch para mi siempre será mas importante. -Obvio que no seria emocionante estar con ella - Claudio lo miro indignado dándole en la cabeza con el profeta - Para ti estar en compañía de alumnas es lo mismo a estar en compañía de los cangrejos gigantes de Hagrid - Debería darte vergüenza James, esa chica seguramente estaba enamorada de ti. Eres un bruto insensible. -Los cangrejos gigantes de Hagrid me inspiran miedo - Contesto James burlón haciendo que Lorcan sonriera travieso. Claudio suspiro resignado mientras se tapaba el rostro con las manos. Claudio Clawson era un niño huérfano. Había vivido en un orfanato mágico toda su infancia, no sabia quienes eran sus padres ni pretendía descubrirlo. Era un muchacho auto suficiente que había aprendido a vivir por su cuenta, sin depender de nadie. Estaba decidido a llegar alto y se esforzaba cada día, estudiando montañas de libros en la biblioteca. Un muchacho como Claudio jamas se habría juntado con aquellos holgazanes y gamberros, pero tras la ceremonia de el sombrero seleccionador, la naturalidad de James y su cálida conversación hizo que Claudio por primera vez en su vida sintiera deseos de confiar en alguien. Era un chico alto, con una mirada y expresión muy madura, poco usual para sus diecisiete años de edad, su cabello de color paja y lacio, acentuaba su piel pálida. Mcgonagall le había nombrado prefecto, entre otras cosas para que vigilara a James y compañía, algo en lo que había fracasado completamente. -Mira quien esta aquí... - De repente se escuchó una voz burlona y seca que corto el suave silencio en mil partes. Los tres amigos se alzaron apretando las varitas escondidas bajo sus túnicas, sabiendo a ciencia cierta a quienes pertenecían esas voces - El huerfano, el inadaptado, el lunático y la joya de la corona - Unos ojos negros como el ébano se clavaron en James - El héroe frustrado - Tres muchachos se encontraban frente a los merodeadores, sus túnicas mostraban a que casa pertenecían. Una serpiente plateada adornaba su pecho. -Buenos días para ti también, Cardew- Comento James con una sonrisa burlona siguiendo el juego del muchacho - ¿Mama no te envió tus golosinas favoritas como todas la semanas? No lo olvidaba, tus madre está en Azkaban...- James alzo las manos en señal de comprensión. Claudio le dio un pequeño pisotón para que no fuese tan cruel y cerrase la boca, pero James le ignoro completamente - Es comprensible que estes indignado Cardew. -Ser cómico no es tu punto fuerte, Potter - Nero Cardew lanzo una mirada fulminante a su contrincante, pero una disimulada y misteriosa sonrisa se creo en sus finos labios. James contesto a la sonrisa mientras el odio se clavaba en sus cuerpos como un veneno mortal. Se trataba de Nero Cardew, Scipio Doyle y Marcus Naughton, hijos de ex mortifagos jóvenes, pertenecientes a ricas familias mágicas en decadencia. Sus padres habían sido condenados en Azkaban por el ministerio de magia hacía ya varios años. Nero Cardew era familiar de los despiadados Carrow que habían impuesto disciplina en tiempos del Señor Tenebroso. Eran niños que habían crecido en familias despreciadas por lo que ya al nacer se les etiquetaba como ''hijos de ex motifagos'', la única manera de mantener la cabeza alta sin decepcionar a sus familias, era mantener su reputación y defender todas las acciones despreciables que sus propios padres habían perpetrado. Pero el propio James tampoco había dado una oportunidad años atrás a estos niños. El primer día de clase, Nero se había acercado a James en señal amistosa, pero James le desprecio por su nombre y su familia, señalando que el jamas seria amigo de alguien que llevara sangre mortifaga en sus venas. Nero se había transformado en un muchacho oscuro y retorcido, decidido a seguir los pasos de sus antepasados. -¿Queréis algo? - Lorcan se mantenía detrás de James con el rostro calmado y los ojos tranquilos, observando a los tres muchachos con poco interés - No me apetece perder el tiempo - Murmuro, su voz esponjosa se había cambiado a un registro sutilmente mas grave y seco de lo normal. -Solo veníamos a saludar - Marcus Naughton sonrió al lado de Nero Cardew. Se podía decir que era el perrito faldero de Nero, siempre siguiendole a todas partes y obedeciendo sus ordenes sin rechistar. - Es extraño que te encuentres en estos lugares del colegio, Scamander, no sueles salir de tu torre de marfil, donde buscas estrellitas fugaces. Realmente patético para tratarse de un mago de sangre limpia - A Lorcan le encantaba la Astronomía - Bueno, después de todo es gemelo de una lunatica que tiene un sapo como mascota - Los tres muchachos sonrieron con malicia. -Basta - Murmuro James comenzando a sentir como el odio se acentuaba. Todos apretaron sus varitas, escondidas en los bolsillos del pantalón de uniforme. Lorcan no cambio su expresión, se mantenía relajada y calmada, aunque en sus ojos se divisaba una llama de lastima por aquellos muchachos. -Llevabais tiempo sin expandir vuestra pestilente carroña de serpientes por el castillo - Claudio los fulmino, generalmente no solía perder los estribos de aquella manera, pero en ocasiones no podía evitarlo - Si no quieres que llame a un profesor, largaos de aquí ahora mismo - Nero sonrió maliciosamente mientras movía su varita en círculos apuntando al suelo. El odio era palpable en cada fibra y poro, un odio que se mantenía desde hacia siete largos años. La casa de Slytherin ya no era lo que en su tiempo recordaban los profesores de Hogwarts, la casa de las serpientes había abierto sus puertas y tenía una actitud mucho mas sociable. Pero en sus filas, aun quedaban alumnos como Nero, Scipio y Marcus, sentimientos de venganza. Habían llegado ha hacer grandes locuras para vengarse unos de otros, pero aquel año se respiraba una extraña mezcla de tensión y adrenalina, un nuevo odio había surgido entre ellos, iba mas haya del rencor entre casas, un pasado se mantenía latente en cada uno de los chicos, que eran influenciados por sus familias. ¿Como iba a terminar todo esto? -No te preocupes, hemos vuelto - Respondió Nero con suavidad mientras su pelo negro caía a los lados de su rostro - Demasiada gentuza rondando por este triste colegio, Hogwarts ya no era lo que en algún momento fue - Lanzo una mirada de desprecio al pequeño Ralph, bastante mas bajo que el resto y que levantaba su varita con valentía, al lado de sus amigos. -Pues lárgate, nadie va a extrañar tu fea cara de serpiente - Mascullo James quitando un mechón de cabello azabache de su rostro y sonriendo de manera maliciosa - Nos harías un favor a todos, nadie quiere sangre mortifaga en este colegio - Todos palidecieron y en cuestión de segundos seis varitas comenzaron a apuntarse a la cara. James se quedo en medio, sin varita y con la escoba en mano. La palabra Mortifagos era completamente tabú en el colegio. La mano de Nero temblaba mientras apuntaba el rostro de James con ella. Se hizo el silencio entre ellos. Varios alumnos del colegio observaban la escena con curiosidad y expectación, hablando entre ellos con emoción y miedo, diciendo cosas como ''Se están peleando de nuevo'' -¡¿Que pasa aquí?! - De repente se escucho una voz anciana y desgastada. Varios alumnos se separaron del circulo que los rodeaba y la profesora Sprout apareció torpemente, con macetas en las manos y en los bolsillos del abrigo, observo atónita a los chicos que mantenían las varitas alzadas. Todos las guardaron rápidamente, separándose entre ellos. Los Merodeadores miraron a la profesora con tranquilidad y sonrisas impecables, a su lado los tres chicos de Slytherin tenían una expresión de completo rechazo. -Solo comentamos que su ultima clase fue muy útil profesora Sprout - Comento Claudio con aplomo y seguridad, mientras el resto asentía obediente con la cabeza. La anciana profesora arqueo las cejas y los observo desconfiada mientras las plantas se retorcían en sus brazos. Los alumnos fueron desapareciendo de su alrededor para no meterse en problemas. -No quiero nada de peleas - Les advirtió con un dedo regordete mientras sus mejillas se sonrojaban - Ya lleváis mas de tres peleas en esta semana, ni siquiera los gemelos Weasley fueron tan busca problemas - Tres de los merodeadores sonrieron con inocencia -¡Potter! - El grito les hizo pegar un brinco, James asomo su cabecita de detrás de Lorcan y sonrió amistosamente - ¿Puede explicarme que les ha sucedido a mis mandragoras esta tarde? -¡Hoy esta usted radiante, profesora Sprout! - James salio de detras de Lorcan y se acerco a ella alzando los brazos, con una elegante y pícara sonrisa. La profesora Sprout se aparto rápidamente - ¿Las mandragoras? No se de que me esta hablando profesora, pero si descubro algo la avisare enseguida... -¡Potter! -¡Ese abrigo verde oliva es maravilloso! - Siguio comentando James mientras la rodeaba extasiado. Claudio se tapo la cara con las manos, intentando no ver aquella escena tan vergonzosa. Los tres Slytherin observaban a James como si fuera un retrasado mental o algo peor. Pero Ralph y Lorcan sonreían divertidos. - Debe decirme donde lo compro, seguro que a mi madre le encanta. -¡Potter! - La profesora dio un pequeño salto hacía tras mientras sus mejillas se sonrojaban por tantos halagos Tropezó, haciendo que las macetas con las plantas carnívoras peligraran durante unos segundos. James las tomo en sus manos rápidamente, con la agilidad de un buen buscador y sonrió inocentemente mientras se las tendía. -¿Si profesora? - sPregunto con voz suave y melosa, abriendo los brillantes ojos marrones. Sprout se quedo observandole unos segundos, pensativa y algo turbada. Resoplo resignada mientras sonreía levemente sin poderlo evitar. James Potter era un caso perdido, de eso no cabía ninguna duda al respecto. -No quiero un incidente así de nuevo - mascullo mientras su blanquecino pelo era movido por el viento - La próxima vez tendré que castigarte Potter, tus artimañas no te servirán siempre - James asintió rápidamente y le dedico una sonrisa encantadora mientras besaba su mejilla con rapidez. La profesora se escandalizo y casi cae de nuevo al suelo. Varios estudiantes rieron -¡Cuando se entere el profesor Longbottom! - Murmuro la anciana mujer. Claudio resoplo detrás de él, indignado mientras Ralph echaba una risita cantarina. -¿Como puedes tener tanta suerte? - Pregunto Lorcan, le dio un suave golpe en la nuca cuando Sprout se hubo alejado. James encogió los hombros y sonrió, orgulloso de su interpretación. Los Slytherins se marchaban ante la atenta mirada de la profesora Sprout. Esta les sermoneaba sobre su mal comportamiento y maneras tan poco civilizadas, tomando a Nero de la oreja que era bastante mas alto que ella. Los cuatro amigos echaron una carcajada mientras les hacían burla por detrás, deleitándose con aquella imagen de completa humillación por parte de los Slytherins. Volvieron a sentarse bajo la sombra de un árbol, dejando que la brisa aun caliente del medio día les adormeciera. Continuara...
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