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Harry Potter y el medallón del destino — capítulo 3
Capitulo 2: La mansión y el pequeño señor
Durante el trayecto se sintió muy feliz, le daba igual como fuese su nuevo hogar, siempre y cuando no se sintiera rechazado, como con los Dursley, y supuso que sería mucho mejor por que sería auténticamente mágico y estaría con la orden del fénix. Sabía que aunque la orden del fénix le ocultara cosas, todos le querían y le protegerían hasta que él estuviera preparado para enfrentarse a Lord Voldemort.
Aunque al llegar al destino se sintió abrumado, pues su nuevo hogar no era la casita vieja que se esperaba, sino un castillo sólo un poco más pequeño que Hogwarts y con más terrenos. Se bajó del coche del ministerio y miró hacia los terrenos y preguntó si también eran del castillo, y Moody le dijo, que cuanto viera de terreno en tres días de viaje o más era de su castillo, Harry se imaginó volando sobre su escoba sobre esos terrenos y le apareció una sonrisa en la cara.
Al llegar hasta las escaleras del castillo ya estaban allí reunidos los periodistas y los miembros de alta graduación del ministerio, Harry a regañadientes aceptó volver a salir en las fotos y posar con todos como si fuera un mono de feria. Él quería entrar al castillo cuanto antes para investigarlo, por que con lo antiguo que parecía y lo grande que era significaba una tentación muy grande para un merodeador como Harry.
Tras un rato logró zafarse y entrar al castillo, donde no había nadie, bueno, nadie no. Había un pequeño grupo de elfos domésticos colocados en reunión. Harry se fijó en que los pequeños elfos vestían al estilo de Hogwarts pero con otro escudo y las túnicas eran blancas en vez de los colores de Hogwarts. Se imaginó a Hermione reprochándole tener a elfos domésticos en el servicio, por lo que lo primero que hizo fue abrir la maleta y sacar una prenda para cada uno y liberarlos.
Al principio los elfos se ofendieron y se asustaron por ser despedidos tan pronto, pero Harry con gran acopio de paciencia calmó a los asustados elfos y les explicó que los liberaba para poderles pagar un sueldo y que fueran trabajadores libres, les ofreció irse a los que no quisieran quedarse, pero todos se quedaron. El más anciano de todos fue elegido como jefe, para que tratara con el joven señor el tan mezquino pago y los días libres, tras mucho regatear consiguió que el viejo aceptara que les pagara 2 galeones mensuales y un día libre a la semana. Le pareció poco el pago, pero como tampoco tenía mucho con lo que pagarles aceptó al cabo de un rato.
Dumbledore entró con él y vió como los elfos llevaban cada uno una prenda como si fuera un tesoro, Harry le explicó al director que les había liberado y les iba a pagar, el director aceptó subiendo dos galeones al sueldo y pagando la orden esa diferencia. Harry se sentó sobre una de sus maletas y el director le explicó que ese castillo había sido de la familia de su padre desde hacía muchas generaciones, y que el ministerio lo había confiscado tras la muerte de sus padres y que ahora se lo devolvía para que lo hiciera su lugar de residencia.
Harry contento tras la charla con el director subió las escaleras siguiendo a un elfo y su equipaje flotando tras él. Llegados como al tercer piso o cosa así, Harry vió desaparecer su equipaje y se imaginó que estaría esperándole en su cuarto ya colocado. El elfo lo guió por innumerables pasillos y de pronto se paró ante un cuadro de un unicornio que se abrió para dejarlos pasar – ¿hay contraseña para llegar a esta torre? – preguntó Harry al elfo antes de pasar por el cuadro. – no, mi pequeño señor, pero en un tiempo si la habrá para protegerlo.- dijo el elfo dócil- no me tienes por que llamar pequeño señor, llámame Harry como todo el mundo.- dijo el muchacho.
Al pasar el retrato y sin lograr que el elfo lo llamara por su nombre se encontró en una sala que le recordaba extrañamente a su sala común en Gryffindor, la diferencia es que en vez del escudo de Gryffindor había un escudo que supuso sería el blasón familiar: era un escudo alargado con un fénix dorado con las alas abiertas, en un lado con un fondo rojo, en otro recuadro un unicornio de un blanco perfecto con un fondo azul, y la parte baja como único recuadro donde en el centro había un medallón brillante dorado sobre un fondo blanco.
Harry se quedó asombrado con la sala, el elfo le indicó que toda esa torre sería única y exclusiva de él, aunque le habían añadido dos habitaciones más para invitados, Harry supuso que Dumbledore esperaba la visita de Ron y Hermione.
Su cuarto era enorme, como el de Hogwarts, pero con una única cama con una colcha roja con el escudo de Gryffindor, el cuarto parecía decorado sólo para él, pues tenía Snitchs doradas en la lámpara de la mesilla de noche, y la escoba colgada de un gancho en la pared expuesta como si fuera un arma, y debajo de ésta otra escoba un poco más vieja, que Harry supuso sería la de su padre.
El baño contiguo tenía una bañera donde se podía nadar prácticamente, era como el baño de los prefectos que había ido a ver en su cuarto curso. Se alegró de que las cosas cambiaran tanto para él, y se dirigió corriendo a su cuarto para coger el móvil y llamar a Hermione y contarle todo lo que había pasado.
- Hermione, tengo que contarte algo que me ha pasado, es estupendo...- - que tienes nueva casa, que te libraste de los Dursley y que vas a vivir con la orden del fénix en la casa que una vez fue de tus padres. Lo acabo de ver en el profeta, y en corazón de bruja, por cierto, tienes el pelo bastante largo, me gusta, tenías una pinta muy sexy con la toalla alrededor del cuello.- dijo Hermione enseguida interrumpiendo a Harry- supongo que a ti nunca se te escapa nada, pero lo de sexy me lo pagas- dijo riéndose- Hermione ¿qué me dices si te invito a pasar lo que queda de vacaciones en un castillo similar al de Hogwarts, con más terrenos, pero sin lago, que yo sepa, y con un grupo de elfos domésticos trabajadores libres?- dijo Harry ya más serio- que estaré encantada, voy a preparar mi maleta para irme ahora mismo para allá.- dijo la chica alegre.
Harry corrió a avisar al director de que Hermione iba para allá, y que le pidiera a los Weasley que se trasladaran a su castillo. – Ya lo harán más adelante, pero este verano están todos fuera del país y el señor Weasley no podrá venir a quedarse con usted y la señorita Granger.- dijo el director a Harry mientras indicaba a los elfos como colocar el escudo de la familia en el salón de recepciones, pues esa misma noche habría una recepción para dar la bienvenida a Harry a su casa nueva.
Harry corrió a su cuarto para preparar todo para la llegada de Hermione, quería tener el sitio más acogedor de la torre para su amiga, le dijo a dos elfos que lo acompañaran a decorar el cuarto de la señorita que llegaría esa misma noche antes de la recepción.
Los elfos le enseñaron las otras dos habitaciones que eran de similar tamaño a la suya, y Harry señaló una que tenía vistas al norte donde se veía un pequeño bosque para Ron, les dijo que esa ya la arreglarían más adelante, y cogió la otra más cercana a la suya con vistas a unas cuadras y unos terrenos perfectos para cabalgar para Hermione. Les pidió a los elfos que invocaran una colcha azul de estrellas doradas para la muchacha, unos cojines del mismo tono de azul, con bordes dorados, unas cortinas de terciopelo turquesa para la cama y unas violeta oscuro y otras azul turquesa para las ventanas, el escritorio lo decoró él mismo con un estilo muy típico de Hermione, con gatitos y estrellitas doradas. La mesilla de noche tenía un portarretratos de oro donde estaba una foto de la muchacha en su tercer año en Hogwarts. La lámpara de la mesita era violeta oscuro con estrellitas doradas, el baño Harry lo decoró con los mismos motivos, y se alegró de lo hermoso que quedó el cuarto, le dio las gracias a los elfos y se fue a su cuarto para prepararse para leer un rato antes de la llegada de Hermione.
Al cabo de una hora llegó Hermione con sus maletas, pero los elfos colocaron su ropa mientras ésta saludaba a Harry, que prefirió llevarla personalmente al cuarto. Ella se asombró mucho y le dio las gracias preguntándole cómo tenía tan buen gusto siendo chico. Estuvieron un rato hablando tumbados en la cama de Hermione, cuando Lupin vino a avisarles que tenían que arreglarse para la recepción, y le preguntó a Hermione si quería ser la pareja de Harry en el baile de recepción, Hermione miró a Harry y le sonrió diciendo que sí.
Harry se fue a su cuarto preguntándose qué se pondría para la recepción, cuando encontró sobre la cama una túnica verde con el cuello alto a lo chino, con botones de hilo de oro y bordes de las mangas, el cuello y bajos de bordados de hilo de oro. Harry se puso la túnica y unas gafas nuevas que había sobre la mesilla de noche, eran plateadas y alargadas en vez de las negras redondas que solía llevar, éstas eran de metal, en vez de las gruesas de pasta que tenía de toda la vida. Se dirigió al baño y se miró al espejo, le encantó éste nuevo look, las gafas y la túnica le potenciaban tanto los ojos que parecían dos focos esmeralda. Se peinó como pudo el cabello, se hizo una coleta con su cabello largo y para controlar los pelos revueltos, se puso gomina, se miró al espejo y se dio el visto bueno, contento de su trabajo, y se fue a la sala donde esperaría a Hermione.
La muchacha bajó al cabo de un rato de espera, llevaba un traje dorado con falda de tul sin tener mucho relieve y de dos colores, blanco y dorado. La parte de arriba era de cuello de barca, y a la espalda un escote pronunciado que resaltaba la figura que comenzaba a adquirir la joven. Su cabello habitualmente revuelto y sin forma estaba recogido en un moño de cabello castaño rizado, y unos rizos perfectos caían bordeando su cara haciéndola más hermosa, sus labios estaban maquillados de rosa con purpurina dorada, sus ojos de un dorado perfecto, resaltaban su mirada castaña. Llevaba unos pendientes largos que se confundían con sus rizos y brillaban cuando se movía, eso fue lo que necesitó Harry para salir de su ensimismamiento, en el que había entrado al ver a su amiga tan guapa.
Hermione le sonrió y le dijo que estaba guapísimo con el cabello recogido y con las gafas nuevas, y que la túnica le quedaba genial, él logró sonreír también y decirle a su amiga lo hermosa que se veía.
Mientras bajaban las escaleras con destino el vestíbulo donde ya debían estar los primeros invitados y los miembros de la orden del Fénix, Harry y Hermione procuraban no mirarse mucho mientras hablaban animadamente para no sonrojarse ninguno.
Cuando llegaron a las escaleras de mármol que daban camino a la entrada lo hicieron cogidos del brazo para llamar la atención más, los presentes los miraron con gran asombro, y vieron un flash persistente proveniente de la cámara del fotógrafo del profeta. Hermione se imaginó que en breve le llegarían cartas amenaza y demás como en cuarto curso. Harry sonrió ante la mueca de Hermione por el flash, pero la agarró por la cintura y la condujo escaleras abajo como todo un caballero.
- Harry, Hermione, espero que las ropas que elegí para ustedes hayan sido de su agrado- dijo Dumbledore sabiendo que la respuesta era sí. – Nos han gustado mucho profesor, gracias- dijo Hermione con un leve movimiento de cabeza a modo de saludo muy típico de la nobleza. – lo que veo que ninguno de ustedes ha visto son las coronas que preparé para el señor del castillo y para su dama acompañante- dijo Dumbledore. – sólo somos amigos, Harry ya tendrá su dama del castillo- dijo Hermione muy seria, como molesta- supongo que no se ha dado cuenta por que sólo se sabe de memoria la historia de Hogwarts- dijo Ojoloco al oído de Dumbledore para que nadie le oyera más que el director.
La recepción hubiera sido mucho más aburrida si Tonks no hubiera estado allí para entretener a los jóvenes, pero la cosa se volvió más seria a la hora de la cena, cuando se sentaron en la mesa y Harry y Hermione tuvieron que separarse.
-Me pregunto, por qué tardó tanto el ministerio en darme el hogar de mis padres, ¿estaban restaurándolo?- preguntó Harry curioso a un Kingsley Shackelbot bastante ebrio- no es que le estuvieran restaurando el castillo, es que el ministro se adueñó del castillo y se lo regaló a la secretaria senior, la estúpida esa de Umbridge. Dumbledore lleva muchos años en discusión con el ministro a cuenta de ello- dijo casi sin darse cuenta Kingsley bebiendo copiosamente de su copa.
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¿es eso cierto?- dijo Harry en voz un poco más alta de lo debido, las conversaciones cesaron de pronto y todas las miradas se dirigieron a Harry. – señor ministro, ¿es cierto que usted confiscó sin motivo alguno mi castillo legado de mi familia para entregárselo a esa bruja asquerosa de Umbridge?- la mirada de seriedad y su tono extrañamente adulto sorprendió a la mayoría de la mesa y asustó al ministro que se encogió levemente en su sitio- muchacho, calma, tú estabas en la casa de tus tíos y mi funcionaria más eficaz se merecía un hogar digno de ella- dijo el ministro intentando ser apaciguador.
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primero, éste es mi castillo y yo su señor, por lo tanto debe tratarme de usted señor ministro como señal de respeto, y segundo, una persona capaz de lanzar a dos Dementores a una zona muggle contra dos jóvenes, no es precisamente digna del honor de poseer el castillo de los Potter, que por derecho me pertenece a mí. Una persona capaz de tener prejuicios para con sus alumnos, colegas profesores y demás no se merece el honor de ser considerada digna de algo.- dijo Harry con un tono autoritario y señorial, que sorprendió más aún a los presentes. – es algo que tendré en cuenta más adelante- dijo en un susurro el ministro y se silenció dejando la mesa en el más absoluto de los silencios. –Creo Harry que tienes razón, y una disculpa del ministerio sería levantar sobre ti la prohibición de la magia en menores de edad para poder entrenarte para tu defensa y la de tu castillo- dijo Dumbledore mirando autoritario y frío al ministro que todavía más asustado dijo que por supuesto en un susurro.
Hermione no paraba de echar miradas a uno y a otro y no pudo evitar darse cuenta de cuánto se parecían las miradas de Harry y la de Dumbledore. Las conversaciones en la cena siguieron como antes tras el silencio sepulcral que siguió a las declaraciones de Harry y Dumbledore contra el ministro. No era un secreto que tras haber admitido que Voldemort había regresado y que había estado desprestigiando injustamente a Harry y a Dumbledore la credibilidad del ministro había desaparecido, y la autoridad de Dumbledore superaba la suya con creces, y ahora éste no paraba de atacar a Fudge. Harry era de la misma opinión y pensaba usar toda su autoridad contra él.
Tras la cena se dio paso a un pequeño baile, Harry se acercó a Hermione levantándose el primero, siendo sin darse cuenta ninguno de los dos jóvenes el protocolo que se levantaran él y la joven primero que nadie, por lo que nadie se movió de la mesa hasta que Hermione hubo cedido a las peticiones de Harry y aceptó acompañarlo.
El baile para los dos jóvenes acabó un poco antes, Hermione tenía sueño y Harry quería descansar, al día siguiente empezaría el entrenamiento que Ojoloco le tenía preparado. Mientras subían las escaleras Hermione se dio la vuelta y se acercó a Harry- en el próximo baile que haya en Hogwarts espero seguir siendo tu pareja- Harry la miró y sonrió sonrojado- claro que lo serás, mi bella dama- dijo el muchacho en tono de broma. – por cierto Harry, me gustó mucho tu forma de hablarle al ministro, demostraste gran madurez, creo que los acontecimientos recientes te han hecho crecer. ¿te gustaría hablar? Mi sueño se refería al hastío de esa sala de viejos- dijo Hermione rozando levemente la mano de Harry.
El muchacho la miró sonriente y cogiéndola de la mano siguió subiendo las escaleras, con una muchacha sonrojada sujetada en su mano.