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Septuagésimo Primeros Juegos del Hambre: ¿Salvar tu esencia o tu cuerpo? — capítulo 1
-Nova, Nova sal del agua ya- escucho que me llama una voz profunda a través del agua.
Abro los parpados y siento que los ojos me escosen por la sal del mar pero no me importa, ver a los pececillos de colores nadando entre las algas y el vaivén del agua me tranquiliza.
Esta mañana Salí temprano de casa para ver al amanecer en la playa, mi hogar es el Distrito 4, que pertenece a la pesca, en el país donde vivo, Panem, para poder sobrevivir hay que trabajar duro, existimos esclavizados por el Capitolio, 12 Distritos que no hacen más que trabajar e intentar no morir de hambre, hace mucho tiempo trataron de liberarse y armaron un ataque pero no lograron derrocar al presidente ni su Capitolio, lo único que se ganó fue la destrucción del Distrito 13 y la flamante propuesta de Los Juegos del Hambre donde cada año se escogen a un hombre y una mujer de entre 12 y 18 años de cada Distrito y los hacen pelear a muerte hasta que solo queda uno, nos hacen ver esa matanza por televisión y nadie puede hacer nada más que ver morir a los suyos.
Cada año hay un nuevo campeón que después de haber estado en la arena se dedica a vivir el resto de su vida como puede ahogándose en oro y una falsa gloria, casi siempre estos campeones son del Distrito 2 o del 1, el 4 tampoco se queda atrás, esto sucede porque los Tributos que salen de esos lugares están entrenados previamente, aunque se supone que está prohibido hacer eso, no debería quejarme porque cuando un Tributo gana los Juegos eso significa dotación de comida mensual para cada familia del Distrito ganador.
Aún así la vida no es sencilla, siendo de un Distrito donde hay peces en abundancia uno supondría que podemos comer hasta cansarnos, pero no es así, de eso se encargan los agentes de la paz, esos tipos que andan con su traje blanco impartiendo "justicia", ellos cuidan los puertos y miran que los marinos no se lleven mariscos entre la ropa, si queremos ese tipo de comida hay que pagar por ella en el mercado y es carísimo.
Mi familia nunca ha pasado demasiada hambre claro, porque mi padre es lo bastante hábil para coger algún pez de vez en cuando y mi madre trabaja también para poder conseguir un poco de grano y enlatados, yo también aporto algo trabajando después de clases en la recolección de perlas, y un par de ocasiones tuve que anotarme para las teselas porque uno de mis hermanos estaba enfermo y no teníamos dinero para que mejorara, si eso sucede en un Distrito que tiene mejores posibilidades, no quiero ni imaginar cómo les va a los del 7, el 11 o el 12.
-Nova- escucho que vuelven a llamarme, esta vez una voz más suave.
Sé que tengo que salir del agua, hoy es el día de la cosecha, así es como nos escogen para ir a los Juegos. Ese fue el motivo de que esta mañana viniera a ver el sol salir de entre las olas y bañar el agua con rayos rojos, intentando buscar tranquilidad de alguna forma y porque puede que no vuelva a ver este hermoso paisaje.
Cuando salgo del agua veo a mis dos hermanos menores que yo, son gemelos idénticos, o al menos lo eran antes de que Fenrir fuera escogido para ser entrenado como Tributo profesional a los 6 años, a él lo alimentan con lo mejor y ha crecido más alto que Oliver y yo, tiene grandes músculos para su edad, Oliver en cambio esta delgado y algo pálido, es muy enfermizo y a veces se tiene que quedar en cama por días, pero su buen humor nunca se desvanece, lo único que tenemos en común los tres es la forma de los ojos y el color verde mar, aunque los de ellos son ligeramente más claros que los míos. Este es el primer año de los gemelos en la cosecha, yo voy por el quinto.
En cuanto estoy al alcance de Fenrir me saca del agua sin ningún esfuerzo.
-Ya sé que no es motivo de apresurarnos, pero la verdad es que antes de la cosecha quiero desayunar bien- me dice Fenrir.
-¿Qué te preocupa? Los agentes de la paz no te dejaran presentarte voluntario hasta que tengas 14 años, y si eligen a Oliver alguien más lo reemplazará- respondo caminando rápidamente hacia nuestra casa, mis pies sienten la arena caliente y el sol me acaricia la piel húmeda.
Cuando llegamos a nuestra casa levantada con madera y el tejado de palmas Fenrir me vacía una cubeta de agua limpia en el cuerpo con lo que me desprendo la sal, después de secarme un poco entramos, mis padres están en la cocina, papá está de pie mirando por la ventana perdido en sus pensamientos, su cuerpo musculoso parece frágil, y la hermosura de mi madre se ve algo afectada por las lagrimas que ha estado derramando, nos mira y sonríe, está tranquila pero sabemos que ha llorado por el enrojecimiento de sus ojos. Hoy es un día triste pero celebramos una de los mejores desayunos del año.
Normalmente nuestras comidas pasan entre palabras y risas, pero hoy estamos silenciosos, cuando por fin dejo mi plato vacio sobre la mesa mi madre nos pide que vayamos a arreglarnos, mis hermanos entran a su habitación, si se le puede llamar así, es un espacio reducido donde hay un colchón roto y 2 cajas con su ropa, he notado que Fenrir ya casi no cabe allí, estoy pensando en dejarle mi espacio de casa que es algo más grande y quedarme en su lugar con Oliver, busco la ropa más elegante que tengo, es un vestido azul cielo ligero que me llega a las rodillas, de tirantes gruesos y una cinta para atarme con un moño en la espalda, me pongo unas sandalias y me miro en un trozo de espejo, cojo un botecito con aceite de algas, pongo un poco en mi mano y lo distribuyo entre mis rizos castaños, curiosamente mi fleco es tan lacio como el cabello de toda mi familia.
Oliver sale primero con un pantalón blanco y una camisa ligeramente amarillenta, lleva los únicos zapatos que tiene, me sonríe y veo que tiene mejor aspecto que en la noche, cuando tenía temperatura, es muy guapo, pero Fenrir lo es más, siempre sano.
-Es hora- dice mi padre, es la primera palabra que lo escucho decir hoy.
Antes de salir tomo una bolsita de terciopelo negro de la que no puedo separarme, dentro tiene piedras aguamarinas, son pequeñas y redondas, es muy difícil hallarlas con esta forma pero yo tengo 7 y cada una representa algo muy valioso para mí, la ultima la recibí hace un par de noches.
El camino hacia la plaza central del Distrito lo hago casi por inercia, estoy bastante nerviosa y con miedo porque este año puedo ser elegida para los Juegos, en otras circunstancias si fuera sorteada seria reemplazada por una profesional, pero este año, hace un par de semanas todas cayeron enfermas por sarampión, los hombres no se vieron afectados porque los separaron a tiempo, 2 de las chicas murieron ya por esa razón, las otras aun se encuentran mal y yo solo espero que Ángela, mi mejor amiga se recupere.
-¡Bienvenidos a los Septuagésimo Primeros Juegos del Hambre!- escucho a Sergei Vandála con demasiado entusiasmo, ese imbécil con cabello corto levantado y las puntas verdes que brillan al sol, siempre me ha caído mal.
Ahora estoy parada escuchando la historia de la creación de Panem y la lectura del Tratado de Traición que nos lleva a aceptar de Los Juegos del Hambre, después de haberme registrado y acomodarme en el grupo de edad que me corresponde, aquella historia que no me importa ni me ayuda, después el alcalde recita la lista de campeones de nuestro Distrito, allí están Mags y Finnick Odair. Siento que comienzo a enfadarme y me distraigo viendo a Finnick, terriblemente apuesto, mirando sin ver a la multitud, parece un engreído pero no quiero juzgarlo, seguro hay una historia triste detrás de su mirada seductora y sus labios sonrientes, una historia que todos los Tributos comparten en cierto modo.
Cuando la presentación termina se escucha el himno del Capitolio, odio esa canción con todas mis fuerzas, aprieto mi bolsa de terciopelo tratando de tranquilizarme.
-Amo esa canción- dice Sergei limpiando una lágrima de su pálido rostro. -Bien, bien a llegado el momento de elegir a sus orgullosos Tributos, ¡este año comienzo con la mujeres!- al mismo tiempo le acercan una urna redonda con un montón de papeles que agita con alegría, están comenzando a pesarme mis teselas, siento que el piso se mueve bajo mis pies, y mi estomago se revuelve igual que las papeletas, miro a una chica delante de mí, parece fuerte y muy tranquila, ella sería un buen Tributo… -¡Kristanova Delaqua!
Siento que mi corazón se detiene, un sudor frio me baja por la espalda pese al insoportable calor que hace ¿mi nombre? ¿Sergei dijo mi nombre? *¡Nova!*Escucho que grita una voz que reconozco como la de Oliver.
-¿Kristanova Delaqua?- pregunta Sergei -¿Dónde está la afortunada dama?
*¡Nova!*Vuelvo a escuchar mi nombre, mi bolsa de terciopelo cae y una de mis piedras se sale, eso me devuelve a la realidad, me agacho a recoger mi tesoro y me doy cuenta por primera vez de que varias chicas del colegio me miran, noto que Fenrir tiene a Oliver de los hombros impidiéndole correr hacia a mí, entonces le sonrió y él se tranquiliza, me abro paso hacia la fila de agentes de la paz y camino con firmeza hacia el estrado, casi al llegar distingo entre los uniformados el rostro de Galen, su cabello rojo está oculto por el casco y sus ojos verdes me miran con angustia, un recuerdo me llega como flechazo a la mente: Galen sentado junto a mí en la playa, tomando mi mano bajo una hermosa luna, aparto la vista de él y subo los escalones hasta Sergei que me tiende una mano. Le sonrió a él, le sonrió a la multitud donde mi madre llora en brazos de papá, y por ultimo le sonrió a Finnick, a él se le borra la sonrisa y me mira atónito, debo ser muy convincente.
-Esto es maravilloso- dice Sergei -un Tributo orgulloso de ser elegido, y además muy hermosa. Bien, bien, ahora tu compañero Kristanova- Sergei repite el proceso de las papeletas mientras yo trato de tragarme el nudo que se me ha formado en la garganta quisiera correr hacia mi familia, abrazarlos a todos, sentirlos cerca. -¡Kairos Donovan!
El mundo se me vuelve a venir encima al escuchar ese nombre "él no, por lo que más quieran no él" pienso al ver al Tributo masculino que camina hacia nosotros, es más alto que Finnick, me parece que alcanza casi los dos metros y tiene músculos por todas partes, su cara se tensa al mirarme y sus ojos se clavan en mi con una mueca de desprecio, su cabello rubio corto casi no se ve con el resplandor del sol.
--¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre de su parte!- exclama Sergei.
El alcalde nos dice que nos saludemos, le ofrezco una mano temblorosa a Kairos y él la aprieta tanto que siento que se me romperán los dedos, pero en lugar de quejarme, sonrió como si fuera la persona más afortunada del mundo.
Hola que tal?? Bueno, con esta historia me salgo un poco del genero potterico, y es que los Juegos del Hambre es una saga que me gusta muchísimo, aquí les dejo el primer capitulo que espero que les guste, todos los comentarios son bienvenidos.
Los personajes cuyo nombre no conozcan son totalmente de mi autoria y también me gustaría que me dijeran que les parecen.
PD. La foto de la portada es mía, aunque por lo general mis ojos son cafés :3