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Septuagésimo Primeros Juegos del Hambre: ¿Salvar tu esencia o tu cuerpo? — capítulo 7

No he podido dormir un solo momento desde la transmisión de tributos muertos del Capitolio, y no solo lo necesito sino que lo deseo, pero no logro conseguirlo, y menos ahora  que los brazos y las piernas me cosquillean y me pican porque el árbol donde estoy oculta albergaba insectos que se me han subido al cuerpo, poco a poco me han ido alterando los nervios hasta la demencia y cuando no lo soporto más me levanto sacudiendo y restregándome las extremidades mientras escucho gemidos desesperados que nacen de mi propia garganta.

Termino quitándome el abrigo y por poco la camiseta y los pantalones pero el frio es tal que solo puedo quitarme las botas y hacer que los bichos salgan por debajo de las piernas, ni siquiera quiero ver que son, aunque sé, por lo que vi en animales y plantas comestibles, que podrían ser una fuente de alimento, pero mi estomago aun esta lo bastante agitado como para pedir comida.

Después de un examen repetitivo me doy cuenta que estoy libre de mis huéspedes pero me queda una sensación desesperada de seguir restregándome en el cuerpo y una comezón mental que no puedo dominar, estoy perdiendo los estribos casi hasta la locura, y en esta maldita oscuridad que me rodea, donde apenas puedo ver mi contorno, siento la mirada de los ojos azules de Isis, vuelvo la cabeza incesantemente hacia todos lados pero mire a donde mire me siento observada.

Todo esto es producto de mi mente, lo sé, pero no logro controlarme, por las noches normalmente me vuelvo débil porque creo que puedo permitírmelo ya que nadie me obser… "¡las cámaras!" pienso, debe haber cámaras del Capitolio vigilándome, aunque yo no las vea, entonces me imagino lo que debe ocurrir en casa: mi familia viendo el bonito espectáculo de Nova desmoronándose, y es de ese temor y vergüenza de donde sale mi valor, ese valor miserable que no me ayudara a llegar a ninguna parte, pero que suele mantenerme con vida.

Con un esfuerzo descomunal comienzo a acompasar mi respiración, cierro los ojos y me concentro en los latidos de mi corazón, la histeria comienza a pasar, los ojos de Isis se desvanecen pero en su lugar me llega una sed terrible, siento la boca pegajosa y amarga, de eso tendré que preocuparme después. Por ahora… regreso a coger mi abrigo y me lo vuelvo a colocar, al hacerlo noto que estoy toda sudada ¿hasta ese punto llegué a exaltarme?, también me doy cuenta de que mis manos se han entumido, no quiero hacerlo pero es totalmente necesario, busco los guantes que me quite por estar manchados de sangre, me los pongo y los restriego en la nieve para que se limpien un poco, pero estoy segura de que ese olor metálico no se irá nunca.

Lo siguiente que hago es buscar el abrigo de Isis y la bolsa negra de un solo tirante, guardo el primero en la segunda, a tientas consigo hallar los dos cuchillos de los que me hice dueña hace poco, uno de ellos aun está manchado y la nieve tendrá que servir como limpiador, no usaré mi ropa, ya tengo bastante sangre de Isis conmigo.

No me queda más que reemprender la marcha, es peligroso, pero ¿qué importa? ¿Acaso no estoy peor torturándome yo sola en medio de la oscuridad y el aislamiento? Tengo que buscar agua, no probaré la nieve hasta haber comprobado mi teoría y para eso necesito un par de victimas.

***** El sol comienza a despuntar después de lo que me parece una eternidad, su brillo es opaco y su calor no llega hasta la tierra, pero la oscuridad se desvanece, he caminado mucho y me he caído tantas veces que tengo las piernas doloridas, el camino es traicionero y resbaladizo, pero cuando mis ojos comienzan a ver con el nuevo día descubro que delante de mí, a unos cuantos arboles, comienza a extenderse un lago cristalino, me acerco con la esperanza de conseguir agua porque mi lengua esta tan seca que parece pergamino, sin embargo el agua está por debajo de una densa capa de hielo que no se ve sino hasta que estas delante de el.

Saco uno de mis cuchillos y me dispongo a trozar aquel manto helado, aparto la nieve más cercana a la orilla y puedo ver hacia dentro como un espejo, aunque no mucho pues como suele suceder con tanta agua, conforme avanza la profundidad se vuelve oscuro.

Es casi doloroso darme cuenta que después de tanto picar no sirve de nada, el hielo es mucho más grueso de lo que parece, ¡los cuchillos miden mínimo veinticinco centímetros! Pero no estoy dispuesta a darme por vencida, no, voy a hacer un agujero aunque escarbe.

Tomo mi decisión y comienzo con el plan, pero cuando más concentrada estoy, con el rabillo del ojo alcanzo a ver una sombra blanca del centro del lago, un poco a mi izquierda, levanto la mirada y escudriño el lugar, pese a que no es mucho lo que alcanzo a distinguir a ras de la superficie protegida, es entonces cuando me doy cuenta de que en el centro del lago hay una especie de montaña de hielo cavernosa, ese podría ser un buen escondite, si lograra llegar y esconderme allí podría ver a distancia a cualquiera que se acerque y atacar de lejos, aunque antes necesitaría conseguir comida y agua, eso me recuerda la causa que me distrajo de mi objetivo, aquella sombra que fugaz, levanto los ojos al cielo y me imagino que quizá pudo ser la sombra de un ave, pero cuando vuelvo a bajar la mirada descubro con horror una criatura blanca que me mira con los dientes de fuera, se estrella al otro lado del hielo y yo me caigo hacia atrás con el corazón golpeándome el pecho.

Arrastrándome de espaldas me alejo lo mas que puedo de la orilla, nunca había visto nada mas monstruoso, eso es, sin duda, uno de los flamantes mutos del Capitolio y si eso es lo que está más cerca de la superficie no puedo ni imaginar lo que hay en el fondo, esa idea de esconderme en el centro del lago queda descartada, jamás, jamás me iría a parar por allí, ni loca.

Me pongo de pie y doy media vuelta, justo al lugar del que llegue.

Esta sed es inflexible, lo único que se me ocurre es arrancar unas hojas de pino y masticar las puntas, en otros Juegos del Hambre vi que un tributo lo hacía y le sirvió muy bien, pero él parecía muy complacido, algo que yo no comprendo, el agua que retienen es mínima, lo acabo de descubrir, solo ha enardecido mis ansias de beber.

Tendré que cambiar de estrategia, antes que nada a cazar: he visto un par de ardillas y conejos, al principio no los había notado porque son de un color tan blanco como la nieve, pero, soy buena haciendo nudos y en los puestos de entrenamiento aprendí a hacer un par de trampas, sencilla y efectivas, espero que me ayuden.

Después de colocarlas estratégicamente me tiendo sobre un par de hojas, tengo que sacudirlas varias veces para estar segura de que no hay bichos y luego pongo el abrigo de Isis, ahora que es de día me siento más fuerte, moralmente hablando porque las manos llevan un rato temblándome de hambre, estoy pendiente de cualquier sonido ajeno a los animales, no he visto a ningún Tributo cerca y todo está muy tranquilo, al menos de mi lado, hoy tampoco he escuchado ni un cañonazo, lo que significa que o alguien está montando un bonito espectáculo en algún lado o el Capitolio se prepara para un darnos una sorpresa… y justo allí, en la parte donde el bosque comienza a subir otra vez (estoy en un pequeño valle) distingo una columna de humo muy tenue, hace un rato que lleva allí pero yo lo he estado confundiendo con el vaho que sale de mi boca y mi nariz, el frio es intenso, como extraño mi Distrito, sus playas blancas y el agua cálida…

¡Boom!

El primer cañonazo del día me sobresalta, ¿quién habrá sido? No importa, es uno menos.

Comienzo a inquietarme con el silencio que sucede al disparo, el aerodeslizador se acerca por el lado de donde sale la columna de humo, eso es muy cerca, mejor me pongo de pie y voy en busca de mi caza, espero haber conseguido algo.

Tres de las cinco trampas que tejí ya dieron frutos, dos conejos y una ardilla, bien, dos de estos animales serán mis victimas para comprobar lo que desde ayer me da vueltas en la cabeza, los necesito vivos así que la ardilla blanca será la primera en morir.

Es raro, pero me siento más reticente a matar a estos animales de lo que ayer estuve con Isis, es estúpido así que desnuco a la ardilla, su cuerpo se estremece un par de veces antes de quedarse inmóvil, la dejo en el suelo y me dirijo hacia los conejos que luchan por zafarse de las redes en las que están enredados.

Ahora bien, mi teoría es que la nieve esta envenenada, ese extraño olorcillo que despide no es normal, al primer conejo que tomo lo obligo a beber un poco de la nieve que derretí en contacto con mis guantes, y lo devuelvo a su red, al segundo le doy agua retenida en una gran flor cónica que encontré hace poco, puede que el agua que cae en copos sea bebible.

Mientras espero me encargaré de la ardilla, en mi vida he despellejado un animal similar, pero vi a un tributo hacerlo hace un par de años (es increíble lo que aprendes inconscientemente viendo los Juegos del Hambre), me resulta relativamente sencillo cortarle la cabeza y las patas, abrir en el centro del pecho y desde allí desgarrar la salea, después destriparlo, comienzo a detestar el tomo blanco de la nieve, hace que el rojo de la sangre resalte tanto que parece repugnante.

Y una vez listo me doy cuenta de que no puedo comerlo crudo, necesito fuego pero no me atrevería a pretenderlo, eso y que no tengo fósforos, no imagino cómo pudieron encenderlo allá arriba, pero eso me da una idea, deben quedar brasas suficientes para asar mi comida, es seguro que los asesinos ya no estén cerca, a menos que sean de los profesionales, es arriesgado pero lo intentare, con mucha cautela.

Antes de irme me parece que debo esconder mis conejos, y es allí donde obtengo la primera buena noticia desde que llegue a la arena: el conejo que bebió nieve está muerto, como lo sospechaba, esta envenenada, el otro no parece mostrar síntomas, se que aun es demasiado pronto pero ya no puedo soportar la sed, mis labios están partidos y la lengua parece que se me ha pegado al paladar, me acerco a la flor de la que obtuve aquel liquido, la inclino un poco, pongo mis labios y dejo que un chorrito me inunde la boca, quisiera bebérmela toda pero no es prudente, durante un rato mas repito el proceso, ahora mi boca esta tan fría como el hielo, pero mi ansia se ha calmado.

Es tiempo de mi siguiente objetivo, he decidió que estos juegos los hare paso por paso, ayer fue muy agitado pero hoy puedo agarrar el ritmo.

Mato al conejo que sobrevivió, el otro no me da confianza, repito el proceso para quitarle la piel y lo guardo junto con la ardilla en la bolsa, me pongo la capucha, y emprendo el camino.

Como lo imagine está muy cerca de donde he estado escondida, antes de acercarme aprovecho las sombras de los árboles para espiar y reconocer el terreno, parece vacio, hay brasas, pero no mas humo, y muy cerca de ellas un gran manchón de sangre.

Después de un rato decido que debo arriesgarme a acercarme, y lo hago pero cuando voy a medio camino suena otro cañonazo y suelto un grito mientras me arrojo al suelo, nada además de mi parece alterar el lugar.

Cuando logro recuperarme de la sorpresa corro a poner mi ardilla y conejo en las brasas, deseo más que nada terminar y poder regresar a mi escondite, aquí es un pequeño claro y no me siento segura, pero aprovecho para calentarme con el tenue calor que aun despiden los restos de la fogata, no me toma mucho darme cuenta que no es suficiente para cocer bien la carne, pero media cocinada es mejor que cruda completa.

Una vez que el carbón se ha apagado por completo no me queda más que coger mi comida y volver a mi lugar más rápido de lo que me marché, ahora, sintiéndome nuevamente segura me apresuro a engullir media ardilla y lo que queda de agua en la flor, no es suficiente pero tendrá que mantenerme.

Lo que prosigue en mi agenda es buscar refugio, no pienso pasar otra noche igual de terrible que la que acabo de sobrevivir, así que me pongo en marcha, estoy segura que en la madrugada alcance a distinguir una especie de cueva pero no me acerqué por temor a la oscuridad, estaba al norte y hacia allá vuelvo mis pasos.

En efecto, después de una hora más o menos distingo la forma de una cueva de hielo, me acerco con sigilo por si ya está habitada, me asomo, adentro esta todo tan impecablemente blanco y frio como afuera, el techo se halla cubierto de picos de hielo precariamente colgados, pero el fondo parece libre de ellos y hay una roca gigante que oculta detrás cualquier cosa de miradas indiscretas, y detiene el viento que se suelta por las noches, es bueno, si logro llegar, y me parece que voy a intentarlo, necesito descansar o no lograré recuperar fuerzas.

Entro a la cueva decidiendo que es algo más seguro avanzar por las orillas, cualquier movimiento o sonido demasiado fuerte podría tirar los picos y yo quedaría llena de agujeros, pero al parecer, por una vez, la suerte esta de mi lado y consigo llegar a la parte detrás de la roca donde no hay peligro, apenas queda un espacio reducido, pero allí embonó perfectamente, el sueño siente que puede hacer presencia y los ojos se me comienzan a cerrar mientras el cuerpo se me adormece, tiendo el abrigo de Isis y me acuesto sobre el, a pesar del material de que esta construido mi nuevo refugio, es más acogedor que la interperie.

El abrigo, los guantes y las botas evitan que muera de frío y el abrigo que tengo que mas me hace sentir una calidez agradable, me acurruco bien y sin darme cuenta caigo dormida.


Hola!! Esta vez creo que tarde menos en actualizar... o no?? Bueno espero que les guste este capitulo. Hoy tengo un saludo especial para Linda Castillo, que es seguidora de este fic y me entere hace poco, ojala tu espera haya valido la pena :3

Un beso y un abrazo, Lau.

Nota: algo muy similar a esto hay en el fondo del lago.