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En Llamas. ¿Qué pasaría si...? — capítulo 19

Cuando la puerta se abre, Gale se encuentra en una plataforma con unas pequeñas escaleras. Después de las escaleras, nada, sólo roca por la que bajar.

La superficie del volcán es rocosa. Hay pequeños salientes por los que se puede descansar durante la bajada, pero la mayor parte es lisa.

Gale baja los cinco escalones lentamente. Mira a ambos lados, respira hondo, y pone uno de los pies en la bajada. Justo en el momento en el que el pie y la roca entran en contacto, unas rocas pequeñitas se desprenden del volcán y el pie de Gale resbala. Los tres nos asustamos y contenemos la respiración, pero Gale sube rápidamente el pie al escalón. Se concede unos segundos para pensar antes de bajar y vuelve a mirar a su alrededor. Nadie, parece que está solo. Sin  embargo, cuando miro durante unos segundos a la pantalla que aún está emitiendo el baño de sangre de la Cornucopia, compruebo que éste ya está acabando y que pronto los profesionales saldrán del volcán. La ventaja que tiene Gale se le está acabando.

Finalmente, Gale se decide, por la única opción que veo como posible; se siente suavemente sobre el último escalón, respira hondo y se impulsa hacia la superficie rocosa del volcán, va a bajar el volcán sentado. Supongo que bajarlo caminando sería demasiado

Entonces, es cuando me fijo por primera vez en el uniforme de los tributos de este año. Este año visten un uniforme de dos piezas. La pieza de arriba consiste en una tela fina, tan fina que parece papel, de color negro con el número de distrito a la espalda. Por primera vez en Los Juegos, los tributos llevan pantalón corto. No demasiado corto, por las rodillas, dejando el resto de las piernas al aire. También es de color negro. Las zapatillas son de goma, parecidas a las que llevé yo el año pasado. "Al menos esto significa que no pasarán frío". Sin embargo, al ver la cara de Gale al apoyar el cuerpo sobre la superficie del volcán, sé que el hecho de que no va a pasar frío sólo significa que va a pasar calor. Mucho calor. Un volcán, ¿no? Eso significa fuego. No sé el grosor de la parte del volcán que cubre la lava, pero a juzgar por la expresión de Gale, no es muy grande.

Ahora mismo, debajo del  (para entendernos) culo de Gale, fluyen montones de lava fundida a temperaturas inimaginables.

-¿Crees que es la única manera?-le pregunto desesperada a Haymitch.

Él, para contestarme, señala a otras pantallas, en las que salen otros tributos. Algunos han optado por bajar el volcán sentados. Otros, menos afortunados, han elegido mantenerse en pie. La consecuencia de ello ha sido que algunos, están sentados, intentando calmarse las profundas heridas que se han hecho al caer y rasparse la piel con las rocas. Otros, aún más desdichados, yacen en el suelo con heridas muy feas en la cabeza.

Vuelvo mi mirada a Gale, no antes sin pararme en Emily, que también baja sentada el volcán, aunque mucho más despacio que Gale. Se para de vez en cuando para masajearse las partes más afectadas o para gritar de dolor.

Gale no grita, aunque sé que quisiera hacerlo. Odia el fuego. Odia el calor. Desde la pantalla puedo ver cómo se le hincha la piel y se le pone roja.

 De repente, oigo la voz de Caesar y me doy cuenta de que el baño de sangre ha terminado.

-¡Bueno, bueno, bueno!-exclama sin poder evitar mostrar su excitación.-¡Cómo ha subido la temperatura aquí! Y la única culpable es nada más y nada menos que ¡Helen Doyle, nuestra vigilante jefe este año!-la cámara enfoca a una mujer sentada en una butaca muy cerca de la de Caesar. Tiene aspecto del Capitolio; su pelo es de color morado con tonos rosas, y tiene una longitud que le llega hasta las rodillas. Supongo que de pie llegará hasta el suelo. Sólo lleva unos mechones sueltos, el resto lo lleva recogido en un moño muy alto adornado con rosas naturales. La cara tiene aspecto artificial; hasta el último rincón de ésta está retocado. Los ojos recuerdan a los de un gato, y son de color amarillo fluorescente, hace daño mirarlos directamente. Espeluznantemente, su nariz sólo tiene un agujero, y me repugna mirarla. Todos y cada uno de sus dientes están decorados con pequeñas pinturas de corazones, o flores. Es una de las personas más estrafalarias que he visto. Y la odio. La odio muchísimo. ¿En qué clase de mente perversa puede nacer la idea de enfrentar a unos niños al fuego para seguir viviendo? Saluda, y antes de que Caesar pueda hacerle ninguna pregunta, informa de que el volcán está "a puntito, a puntito de entrar en erupción". La gente grita de la emoción.

 El latido de mi corazón aumenta de ritmo. A Gale aún le queda bastante recorrido por bajar, y ¿A Emily? Prefiero no mirar.

Dirijo mi mirada a la Cornucopia, y contemplo aterrorizada como los profesionales siguen ahí, contemplando sus armas, sin saber que la lava del volcán está a punto de desbordarse. Supongo que se les habrá olvidado la advertencia de Claudius.

Sonríen contemplando su botín. Cuentan hasta tres, y los seis profesionales de este año disparan sus armas a la vez por encima del volcán, para que den a los que aún están bajando. Mis ojos se trasladan inmediatamente a la pantalla que enfoca a Gale, y no puedo evitar soltar un grito cuando veo que un cuchillo aterriza a pocos metros de su cabeza. Él, al verlo, acelera su bajada. También, compruebo que ya hay tributos que bajan a su lado, pero son aliados.

Entonces es cuando una risa mezclada con grito hace que mis ojos se vuelvan a trasladar a la pantalla principal. La lava ha llegado. El grito pertenecía a Daphne, que corre hacia su puerta, dejando todas las armas y suministros atrás. Los tributos del 1 y del 2 también corren, sin suministros. Los dos tributos del distrito tres no son tan afortunados. Resbalan, y me obligo a no visualizar como la lava los engulle. Unos diez segundos después, dos cañonazos. Así es cómo veo morir directamente a los primeros tributos de mis primeros juegos como mentora.

La lava rodea el volcán, tragándose todos los suministros que pertenecían a los profesionales. Cuando la lava inunda completamente la superficie del volcán en la cual la Cornucopia estaba apoyada, hay un par de segundos de silencio total y absoluto silencio. Después, sin previo aviso, con una velocidad y potencia indescriptibles, y, haciendo un ruido ensordecedor, lo que yo diría que son toneladas de lava son escupidas por el volcán hacia unos diez metros de altura.  Se mantiene en el aire más segundos de lo normal, y a continuación forma pequeños ríos que se deslizan a una velocidad vertiginosa sobre la superficie del volcán. A una velocidad mayor de la que Gale baja el volcán.