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En Llamas. ¿Qué pasaría si...? — capítulo 34

-¿Sabes que se acabó, no? La alianza, tus amiguitos, todo.-le pregunta Emily a Gale, dos horas después, cuando ya ha amanecido y el sol brilla con fuerza. La lluvia ha terminado.

Gale deja de prestar atención a la baya que se estaba comiendo y mira a Emily a los ojos. Tarda algo en responder.

-Sí, claro que lo sé.

-Bien. Porque quedamos siete, Gale.-insiste Emily.

Gale asiente levemente.

-Lo que significa que lo nuestro también, si es que algo ha llegado a existir, también se ha acabado.-Gale la mira.-Puedes quedarte aquí a dormir, si quieres, Philippe todavía andará por ahí…Pero por la mañana tendrás que irte. Quiero que sepas que no te he salvado, Gale. Nadie…-titubea.-Nadie puede hacerlo. Sólo te he ahorrado una muerte horrible. Pero no quiero que seamos aliados…Mira lo que pasó el año pasado.

-Lo sé. -dice Gale, con tono cansino.

Sin embargo, Emily no está convencida.

-Lo que de verdad quiero que entiendas, Gale, es que no tenía por qué haberte salvado. No te tenía por qué haber enseñado a ti, y, ya que estamos a Alix, lo que sé hacer con una lanza. Esto no tendría que estar pasando. Y me va a costar mucho no clavarte una lanza mientras duermas.-Gale abre los ojos muchos, y sonríe ligeramente, creyendo que es una broma, pero al ver el gesto de Emily, comprende que va en serio.-De hecho, podría ahora mismo ahorrarte un mal trago… no te dolerá-continua ella, y coge una de sus lanzas. Gale asustado se echa mucho para atrás, casi cayendo del árbol en el que ambos están subidos. Emily lo sujeta  y lo mete hacia dentro.

-No…no hará falta.-titubea Gale, tragando saliva.

-Como quieras.-dice Emily, encogiéndose de hombros y guardando la lanza.

A continuación, se mantienen en silencio durante unos cuantos minutos. Gale está sentado sobre una de las ramas más gruesas del árbol, y está asegurado con la cuerda de Emily. Aunque Gale esté tan habituado a los árboles como yo, se le nota inseguro e inestable. Por el contrario, Emily está recostada sobre una rama que parece muy frágil, aunque a ella no le preocupa. Tiene sus preciadas lanzas muy cerca, tira bayas al aire y las caza con la boca. Gale la mira de vez en cuando, preocupado y con miedo, sin poder creer aún las dotes de la chica. Emily no sólo le había salvado, si no que había acabado con dos profesionales y había dejado moribundo a otro. Además, no parece tener ningún problema con Los Juegos, es efectivamente, como un juego para ella. No pasa hambre, no pasa sed, a penas pasa frío y casi no tiene ninguna herida.

-¿No quieres dormir? Yo puedo vigilar, estarás bien.-pregunta Emily, al cabo de un rato.

-No, no es necesario, Emily…de hecho, puedo irme ya, si quieres…-comenta Gale, incómodo.

-Oh, vamos, ¿esto es por lo que dije antes de la lanza? Creo que seré capaz de controlarme para no atravesarte con una lanza. De todas formas, no durarás mucho, no supondrás un problema para mí.-El comentario podría parecer cómico, pero lo peor es que sé, que Emily nunca bromea, y que habla en serio.-Y respecto a lo otro, no, si tienes tantas ganas de deshacerte de mí como yo de deshacerme de ti…-Gale mira al cielo con paciencia.-Puedes irte esta noche. Pero ahora no, a no ser que quieras caer en una trampa de Philippe.

Gale asiente.

-¿Ves como en el fondo, muy, muy fondo, te preocupas un poquito por mí? No quieres que me pase nada malo.-dice Gale, riendo. Enseguida, Emily le lanza una mirada asesina que borra ligeramente la sonrisa en la cara de Gale. Sin embargo, cuando Emily se da la vuelta, ambos sonríen un poquito.

El hecho de que Emily esté con Gale me tranquiliza. Con ella, él está a salvo. Emily es un filón muy importante en estos juegos, no todos los tributos matan a  casi todos los profesionales de una tacada. Por eso, sé que los Vigilantes no le harán nada. Mientras que Gale esté con ella, estará bien, a salvo de los vigilantes. Respecto al resto de tributos, si Gale está con Emily tampoco le pasará nada. Emily no se dejará alcanzar fácilmente por un mediocre tributo, y Gale irá detrás de ella. Mientras estén en el árbol estarán a salvo de todos, pero especialmente de Philippe, el que creo que es el rival más peligroso. ¿Quién más queda? Alix, por supuesto, pero está medio moribundo. Pudo sacarse las flechas con la ayuda de sus patrocinadores, pero sigue en el campamento, tumbado y gimiendo. Dudo que dure dos días más. A parte de Philippe y Alix... ¿Quién está? Los aliados de Gale, claro, Nadine, Pam y Penélope. De ellas, sólo calificaría de "peligrosas" a Penélope. Nadine y Pam sin la ayuda de Gale no durarán mucho. Y luego está Emily, por supuesto.

La voz de Gale me distrae de mis pensamientos.

-Emily… ¿puedo preguntarte algo?-pregunta. La chica está sacando brillo a una espada, y sólo asiente con la cabeza.- ¿P-por qué…por qué no salvaste también a Marcy? Podrías haberlo hecho, ¿no? Quiero decir, estabas allí y…

-Ella no era mi compañera de distrito.-corta ella tajantemente.-Ella tuvo una muerte rápida, y te vuelvo a repetir que yo no te salvé de nada. Te ahorré la que hubiera sido una muerte terrible, pero ya estás muerto. Y cuanto antes lo asumas, mejor. Si tú hubieras ido a tener una muerte igual de rápida a la suya tampoco la hubiera evitado. Esto no es un juego por equipos, Gale, esto es un juego individual, ¿de verdad me vas a juzgar por no haber antepuesto la vida de una total desconocida ante tener más opciones de salir con vida de aquí? Pues siento mucho que mire más por mí misma que por mis enemigos.-concluye, de mal humor.

-No te juzgo por lo que hiciste, Emily. Lo siento, no debería haber preguntado. Creo que…creo que voy a aceptar la oferta de dormir un poco. Pero no me claves una lanza, ¿eh?-dice Gale, sonriendo e intentando quitarle hierro a la situación, sin ningún éxito.-

Gale se tumba con cuidado sobre su rama, cierra los ojos y se queda dormido al cabo de unos dos minutos.

-Tú también deberías dormir, Katniss.-dice una voz, detrás de mí.

-Estoy bien.-afirmo yo, aunque no he dormido en toda la noche. De hecho, llevo varias noches sin dormir, y los pocos ratos en los que consigo conciliar el sueño con amenizados con pesadillas.

-No lo estás.-dice Peeta, poniéndome una mano sobre mi hombro. Yo se la aparto con antipatía.

-No eres nadie para decirme cómo estoy o no, Peeta.

-Como quieras.-dice él, con tono de paciencia. Después, se larga a su sillón.

Yo cierro los ojos con fuerza e intento despejarme. Intento llevar mi cabeza a otro sitio, fuera de los juegos…

-¿Problemas en el paraíso?-me dice al oído una susurrante voz, y yo me estremezco.

Tengo que esforzarme por no gritar del susto y por parecer natural.

-¿Qué quieres, Finnick?-le pregunto, dándole la vuelta a mi sillón y clavando mis ojos en los suyos.

-¿Qué os pasa al panadero y a ti?

Peeta, al oír la palabra "panadero" se gira y nos mira. Finnick le saluda y le sonríe.

-Eh, tío, tranquilo, sólo estoy hablando con ella…-le dice Finnick.

Peeta pone cara de paciencia y vuelve la cara hacia las pantallas.

-No, en serio, ¿qué os pasa?-me pregunta Finnick, con un tono más serio y colocando sus manos cariñosamente sobre mis rodillas.

Yo suspiro y decido decirle la verdad a Finnick, ya que por alguna extraña e inexplicable razón, en el fondo, me cae bien.

-Lo hemos dejado, hemos roto.-susurro yo, para que Peeta no me oiga, aunque tiene puestos los auriculares y parece estar muy interesado en una conversación que mantienen Nadine y Penélope.-Bueno, en realidad él me ha dejado.

-¿Y eso por qué?

-Porque…porque Peeta dice que cuando se acaben estos juegos…cuando ya sabes, mi amigo Gale muera, yo de alguna manera, me volveré loca y no querré saber nada de él  y… prefiere sufrir ahora…

-¿Y eso es verdad? ¿Te volverás loca? Eso sólo depende de ti, Katniss. Puedes autocontrolarte, y de alguna manera, dejar que él forme parte de tu vida. Dejar que él te cuida, te proteja, dejar que él te quiera. Ahora mismo no estás loca, ¿no?-yo niego con la cabeza.-Pues entonces, tienes que convencerte de que Peeta no es el culpable de la muerte de tu amigo. De que él sólo intenta quererte. Depende de ti, Chica en Llamas.-concluye, y me hace un gesto cariñoso en la mejilla.

Yo sonrío y veo a Finnick como un hermano mayor, con más sabiduría y experiencia que yo, como un hermano mayor que da consejo a su hermana pequeña, como yo con Prim.

A continuación, Finnick sonríe y se dirige de nuevo a su sillón.

-¡Finnick, espera!-él  se para.-Gracias….por el consejo. A lo mejor te hago caso.

-De nada, Chica Fuego.-continua caminando, pero de repente, se para.- Creía que Gale era primo tuyo, por cierto.

-Eh…si, esto…

-Tranquila.-dice él, al ver mi cara de preocupación.-Será nuestro secreto.-a continuación, se lleva el dedo índice a los labios y yo sonrío.

Como Gale está a salvo, y lo estará mientras esté con Emily, que será, imagino, todo el día, decido aceptar la oferta de Peeta e ir a dormir.

Me levanto y me pongo detrás de él.

-Creo que sí que voy a ir a dormir un poco. Pero traeré a Haymitch para que no estés solo. ¿Sabes dónde está?

-Se fue anoche con Charlotte. Yo miraría en su cuarto.-dice Peeta, con los ojos fijos en la pantalla y sin mirarme.

-Vale. Adiós.-digo yo, secamente.

-Adiós.-

Así, voy al cuarto de Haymitch y llamo tres veces a la puerta. Al no recibir respuesta, decido entrar. Nada más dar un paso, el olor a alcohol me dice lo que me voy a encontrar. Por toda la habitación hay botellas de distintas clases de liquores desperdigadas por el suelo. También hay ropa sucia, agua, comida…  Haymitch está sentado en la cama, en calzoncillos y sin camiseta, bebiendo una botella de cerveza.

Yo me obligo a entrar y me siento a su lado. Él me mira durante un instante y luego vuelca toda su atención en la botella de cerveza.

-Tienes cinco segundos para darme una buena excusa para la borrachera, Haymitch. ¿A qué viene todo esto?

Él me mira, y suelta una carcajada triste, y yo, al estar tan cerca, respiro su aliento, en el que distingo diversas variedades de licor.

-Está casada.-dice con asco y burla, dándole un trago más a su botella.-Está casada y tiene tres hijos.

-¿Charlotte?

Él asiente.

-Oh, Haymitch…lo siento mucho.-De verdad lo hago. Nunca había visto a Haymitch tan contento como en los últimos días, y a veces le descubría con Charlotte desayunando, siempre de la mano. Realmente creía que durarían.

-Ella ya tiene su vida en el Distrito 10. A mí, en el doce, no me espera nada. Nunca me ha esperado nada.-continua él.

-Peeta y yo hemos roto, o lo que sea, ni si quiera sé si estábamos saliendo. El caso es que él ya no quiere saber nada de mí.-Él me mira y arquea las cejas, con interés.-Te lo cuento para que veas que no todos tenemos una vida de color de rosa.

Haymitch suelta otra carcajada triste.

-Parece que no tenemos suerte en el amor, ¿eh, preciosa?

Yo también me río.

-No, parece que no. Al menos siempre nos tendremos el uno al otro, ¿no?-el sonríe de nuevo.-Anda, dame esa botella. Habrá que ahogar las penas de alguna forma.